Víctor, el futuro médico

Cuando Víctor se levantó cerca de las once de la mañana, lo primero que hizo fue llamarme.
– “¿Hola, Eduardo? Te fuiste sin despedirte”
– “No quería que te despierten.”
– “¿Mañana nos veremos en el Jardín Botánico?”
– “Veo que te gusto el lugar. Sí. ¿Te espero a la una en la esquina del otro día?”
– “No. Mejor espérame en el banco que estuvimos la última vez.”
– “De acuerdo. Allí estaré.”
– “Tenemos mucho de qué hablar.”
– “¿Algún problema?”
– “Casi nada. Mi prima Susana y tú, o crees que no me di cuenta lo calientes que estabas con ella.”
– “¿Y vos no lo estabas conmigo? Mejor lo charlamos personalmente. ¿Si…?”
– “Está bien, mañana a la una hablamos.”

Después del almuerzo familiar y el interrogatorio de mis padres acerca de la cena de anoche, y si me trataron bien, y que me dieron de cenar, y demás etcéteras, me dedique a pensar en lo sucedido la noche pasada. Sabía que en cualquier momento me estaría cogiendo a Susana y la verdad me seducía la idea de tenerla como novia. Nunca había tenido una que sin tantas vueltas y tantas historias me chupara la verga al poco tiempo de conocernos y que además me propusiera que me la coja cuanto antes. También me daba cuenta que si empezaba un noviazgo con ella, y teniendo en cuenta que ella no tenía problemas en compartirme con Víctor, él no tardaría en entregarme su culo. Decidí entonces apostar fuerte. Le iba a proponer a Víctor, cuando estuviéramos juntos, formar una relación de tres.

El lunes me levante a las siete de la mañana, como casi casi siempre, y luego del desayuno mi madre me pide si puedo realizarle un par de compras en la panadería y en el almacén. Para no discutir desde temprano hacía allí me dirigí. Cuando regreso mi madre me dice:
– “Acaba de llamar una tal Susana y dice que te comuniques urgente con ella. ¿Quién es?”
– “Es una compañera del profesorado del turno tarde.”, otra mentira más a mi vieja.
– “¿Y qué tenes que ver vos con ella, si estudias en otro turno?”
– “Es que el profesor de Anatomía Aplicada armó un grupo de estudio, y como da clases en los dos turnos permitió que cada uno se enganchará en el grupo que pudiera.”, cada vez las mentiras eran más grandes, pero todavía creíbles.

La llamé y me recuerda que los lunes no trabajaba y que estaría sola en la casa hasta que volviera de la guardia Víctor.
– “Si quieres cogerme, este es el mejor momento.”
– “Tenes razón. Me había olvidado de la reunión. Decile a los chicos y chicas que me disculpen, ya voy para allá.”, disimulando delante de mi madre para poder seguir sosteniendo las mentiras.

Le avise a mi madre que hasta la noche no vendría. Que me había olvidado de la reunión en la casa de ella con el grupo de estudio. Que estaríamos estudiando hasta el momento de ir al profesorado. Que comería cualquier cosa por allí. Que no se preocupara por mí.

A las nueve en punto llegué. Susana me hace pasar y nos damos un beso interminable, luego me pregunta:
– “¿Qué me quisiste decir con eso de una reunión y disculpas a los chicos? No entendí nada.”
– “Era una pequeña excusa para poder venir hacia acá. Vos vendrías a ser una compañera del profesorado y junto a otros compañeros estamos estudiando aquí.”
– “¿Pretendes que yo sostenga tu mentira?”
– “Si, sino estaría en mi casa en estos momentos.”
– “Pero yo no quiero ser tu compañera. Yo quiero ser tu novia.”
– “Sos mi novia.”

Y nos volvimos a besar sentados en el sofá donde había estado durmiendo hacía varias horas. En determinado momento la aparte y le conté sobre mi encuentro de esa misma tarde con Víctor y lo que pensaba proponerle para acallar sus reproches. A Susana le parecía lo más razonable, dadas las circunstancias. Ella me prometió ayudarme a convencerlo. Volvimos a nuestros besos y caricias por todo el cuerpo. La calentura de ambos crecía a cada momento. Ya le había desabotonado toda la blusa que tenía puesta y le besaba las tetas intentando sacarle el corpiño. Ella me había quitado la remera y sus manos buscaban mi pija por debajo del pantalón de gimnasia. Viendo lo complicado de la situación, ambos nos ponemos de pie y sin dejar de besarnos fuimos hasta su habitación.

Al entrar aproveche para poder quitarle definitivamente el corpiño y me abalance sobre sus pezones como un niño hambriento. Ella comenzó a bajarme el pantalón y el slip empujándome sobre su cama y colocándose a horcajadas sobre mi pelvis, haciendo que mi verga se frotara con la bombacha empapada de sus jugos. Me pide que no me mueva y se quita la pollera y lanza la bombacha hacia un rincón. Ambos desnudos, vuelve a montarse sobre mí. Su concha empapada de jugos la comenzó a frotar contra el tronco de mi verga y finalmente se recostó sobre mi cuerpo. Empecé a chuparle los pezones, y cuanto más se los chupaba, más se mojaba mi verga regada por una vagina que parecía una fuente interminable de jugos. Le pedí que me dejara buscar un forro dentro de mi bolso y ella me dijo que no me preocupara ya que estaba en sus días infértiles.

La di vuelta quedando ella debajo de mí. La besé profundamente y la penetré de un solo impulso. Su vagina estaba tan mojada que mi pija se deslizaba con mucha facilidad allí dentro. Estuvimos durante cinco minutos gloriosos, en que nuestras caderas se acoplaron perfectamente buscando el ritmo más adecuado para continuar con la cogida. Ella me demostró mediante besos y fuertes abrazos el primer orgasmo que ya había tenido y disfrutado. El ritmo continúo creciendo hasta que finalmente, regué tres potentes chorros de mi leche en lo profundo de su vagina al tiempo que ella tenía su segundo y último orgasmo. Me recosté a su lado sin sacar mi verga de dentro de ella y nos besamos hasta que finalmente mi pija salió de su escondite.
– “¡Qué bien que me cogiste! Me hiciste tener dos orgasmos. Estoy muy caliente. ¡Quiero más!”
– “Dame un par de minutos y empezamos de nuevo.”

Se abalanzó sobre mi verga y me la comenzó a chupar con el objetivo que “reviviera”. Lo logró casi de inmediato. Le propongo:
– “Quedate arriba mío.”

Se ubicó a horcajadas sobre mí y pude observar como Susana, sentándose sobre la punta de mi verga, la hacía desparecer poco a poco dentro de su chorreante vagina. Cuando mis 16 cm. estaban totalmente dentro de ella, inició una “cabalgata” que se fue incrementando en el ritmo. Podía observar en plenitud el cuerpo de Susana con sus hermosas tetas bailoteando al ritmo que ella le imprimía a esta nueva cogida. Me apodere con mi manos de ellas y comencé a jugar con mis dedos en sus pezones, estaban muy duros y con un tamaño enorme. Cada caricia que les propiciaba, Susana gemía como una gata en celo. La abracé con fuerza y atrayéndola hacía mí logre meter el pezón derecho dentro de mi boca. Alternativamente cambiaba de un pezón al otro, besándolos, chupándoles, mordisqueándolos. Los gemidos ya eran pequeños gritos y nuestro ritmo se fue incrementando. Sentí mi verga muy mojada cuando ella logró un orgasmo profundo, producto de mi lengua jugando con sus pezones. Le aviso que estoy a punto de acabar y entonces sacando mi verga de dentro de ella me dice:
– “Dámela toda en la boca. Y chúpame la concha que estoy por correrme de nuevo.”

Montamos un sesenta y nueve impresionante. Ella sobre mi cuerpo chupándome la verga y sorbiendo además su flujo impregnado en el tronco, y yo tratando de no ahogarme con una concha que era un mar de jugos. Ambos acabamos casi al mismo tiempo. Yo descargue dos potentes eyaculaciones dentro de su garganta, que Susana tragó sin desperdiciar nada, y mientras mis huevos se vaciaban, ella tuvo un potente orgasmo que inundó mi boca y mojo toda mi cara y parte de mi cuello. Siguió chupándome la pija hasta dejarla limpia y nuevamente tuve una erección. Me di cuenta que pretendía volver a beber la poca leche que pudiera todavía quedar dentro de mis bolas y la detuve:
– “No seas egoísta. Deja algo para tu primo, que seguro hoy a la tarde querrá algo de leche caliente.”
– “¿Él te la chupa en lugares públicos? ¿No es peligroso? ¿Por qué no vienen acá?”
– “Es peligroso y excitante a la vez. Hasta ahora nadie nos ha visto. Ya quedamos en encontrarnos en el Jardín Botánico.”

Al darnos cuenta del enchastre que habíamos realizado en las sábanas y lo transpirados y pegoteados que estábamos, le pedí poder darme una ducha. Susana accedió y me prestó un toallón. Posteriormente ella también se dio una ducha. Entre una cosa y otra se habían hecho más de las once de la mañana. Tuvimos una larga sesión de besos y caricias en el sofá y cerca del mediodía me invita a acompañarla a la cocina para preparar unos sándwiches de fiambres varios que había en la heladera. Almorzamos bebiendo gaseosas y nos “comíamos” con la mirada. Claramente aceptamos la realidad que éramos novios, o amigovios, o como lo quisiéramos llamar. Decidimos que por ahora no diríamos nada, pero Susana me señala que tarde o temprano se lo deberá decir a su madre. Acordamos que me quedaría hasta las doce y media. Nos seguimos “matando” a besos y toqueteadas mutuas.

Me despedí de mi novia Susana con un gran beso de lengua y me encamine hacia el Jardín Botánico. A la una en punto ya estaba sentado en el banco de la vez anterior. A los diez minutos llega Víctor. Nos damos un beso en la boca y luego me dice:
– “Parece que te gusta mucho mi prima. Vi muy bien cómo le chupabas las tetas mientras yo me ocupaba de tu verga.”
– “¿Me vas a hacer una escena? ¿La charla serán puros reproches? Fuiste vos quien en definitiva tuvo su ración de leche…”
– “Si, pero en cuanto puedas te la querrás coger a ella.”

Contra ataqué diciéndole:
– “Ella parece estar más dispuesta a dejarse coger de lo que vos estás.”
– “Eres muy cruel. Ella hace por lo menos tres años que no es virgen. Tu sabes que yo todavía no me decido a tomar la decisión final.”
– “Yo no te apuro. Intento respetar tus tiempos.”
– “Si, pero seguro que te la cojeras en cuanto puedas.”
– “¿Pretendes que me haga el idiota con ella? ¿Que deje pasar la oportunidad que ella me está brindando? Ya les dije a ambos la otra noche que me gustan los dos. Me gustaría ser el ‘pololo’ de ambos, ¿qué opinas?”
– “No sé. A Susana la considero casi mi hermana. Compartirte con ella sería mucho más fácil que compartirte con otra. Entiendo perfectamente que te gusten las mujeres y no me disgusta que sea Susana quien te agrade, pero tengo temor a no poder soportarlo y tener celos de ambos.”
– “Tendrías que tener celos de que esté con ‘otro’, no de que esté con ‘otra’. No sé, pensalo y cuando lo tengas decidido avisame.”

Nos quedamos en silencio por un largo período escuchando el murmullo de las hojas que movía la brisa primaveral y algunos pájaros que cantaban. Coloco mi brazo derecho por encima de sus hombros y con un movimiento lo atraigo hacia mí. Me mira, y nos quedamos explorando cada uno en la mirada opuesta, cuanto de verdad tenían los dichos del otro. Me ofrece su boca y nos besamos apasionadamente. Como un desesperado busca mi verga por debajo del pantalón de gimnasia, la encuentra y la libera. Durante varios minutos nos seguimos besando al tiempo que me acariciaba la pija.

Se decide a chuparme la verga, pero esta vez me sorprendió. Nunca se la metió dentro de su boca. Labios y lengua recorrieron toda la superficie del glande y el tronco durante interminables minutos, mientras mi verga no paraba de crecer y endurecerse. Los dos nos dimos cuenta que más dura no se iba a poner. Imagine que se la tragaría, pero no, me equivoque. Escuchando mis gemidos, comenzó a jugar con su lengua en el frenillo del glande. Supe en ese momento que no tardaría demasiado en derramar mi leche y así sucedió. Un par de eyaculaciones violentas salieron disparadas hacia el otro lado del sendero. Fue en ese momento que se la metió en su boca para sorber la última gota de leche.

Me di cuenta que ya no tendría más descargas durante ese día. Verdaderamente entre Susana y Víctor me habían vaciado. Víctor seguía mamando intentando que mi pija recobrara su vigor pero era una tarea casi imposible en lo inmediato. Me pregunta:
– “¿Te pasa algo? ¿Qué le paso a tu verga que no logro que vuelva a crecer?”
– “Estoy un poco cansado. Estuve entrenando toda la mañana.”, a medias le mentí ya que coger también implica un esfuerzo físico.

Aparecieron los gatos y fue él que decidió que nos moviéramos de ese lugar. Era evidente que había aprendido la lección de los gatos y las viejitas que los alimentan. Caminamos por todo el predio y sin darnos cuenta llegamos a la salida de Plaza Italia. Durante la caminata, Víctor estuvo absorto en sus pensamientos. Por momentos me miraba como buscando una respuesta en mis ojos y luego continuaba ensimismado en sus reflexiones. Supuse que en su cabeza estaría girándole la idea de compartirme con su prima. Tome conciencia de ello cuando me propuso finalizar la tarde en su casa. Recién acababan de dar las dos de la tarde en el campanario de la iglesia de Av. Santa Fe y Uriarte. Ambos sabíamos que nos encontraríamos con Susana.

Llegamos y rápidamente no sentamos en el sofá. Susana estaba en la cocina y cuando nos vio se quedó sorprendida, no entendía nada por qué estábamos allí, pero prefirió quedarse con la duda. Ella sabía que yo pasaría la tarde con Víctor. Nos saluda a ambos y nos dice:
– “Bueno, para no m*****arlos los dejo solos. Me voy a mi habitación.”

Víctor, tomando las riendas de la situación, le contesta:
– “Ven, siéntate con nosotros que tenemos que tener una larga conversación los tres.”
– “¿De qué se trata?”, al tiempo que se sentaba en una de las poltronas.

Ordenándole que gire su sillón para que los tres nos pudiéramos ver las caras, pidió que no lo interrumpiéramos y comenzó un largo monólogo:
– “Todos sabemos que me gustan los hombres y desde que conocí a Eduardo, él me hace muy feliz.”

Y prosiguió dirigiendo a mí:
– “Tengo muy claro que te gustan las mujeres, sería muy egoísta de mi parte obligarte a estar conmigo y solo conmigo. Estuve pensando mucho en tu propuesta y creo que debería aceptarla. No me disgustaría que estuvieras con otra mujer, en la medida que no me dejes a mí. El problema es cual mujer. Seguramente tú conoces a muchísimas y por supuesto que llegado el caso, elegirás a quien te parezca. Pero la otra noche me di cuenta, y además lo dijiste para que los dos lo escucháramos, que te gusta tanto Susana como yo. Si Susana fuera tu elección, yo sería muy feliz por ti y por ella.”

Estaba dispuesto a responder, me hace callar y continúa hablando pero ahora dirigiéndose a Susana:
– “Sabes que te quiero como si fueras mi hermana. No soy idiota para no darme cuenta que estas prendada de Eduardo. Te conozco y sé que harás lo posible y lo imposible para enamorarlo y que él se enamore de ti. Con la única persona que estaría dispuesto a compartir mi cariño hacia Eduardo, es contigo.”

Dirigiéndose a ambos:
– “Entonces les comunico a los dos que estoy aceptando lo que tú, Eduardo, me propusiste. Estoy dispuesto a ser tu novio y acepto que Susana también sea tu novia. ¿Qué dicen?”

Me apresuro a responderle:
– “No sé qué dirá Susana, pero la otra noche les dije claramente, que ambos me gustan por igual. Me encanta que quieras ser mi novio, y sería maravilloso que Susana quisiera ser mi novia, ¿qué contestas?”, ambos varones dirigimos nuestra mirada a ella.

Yo ya conocía la respuesta de Susana. Nuestro encuentro de la mañana había sellado el inicio de nuestro noviazgo, pero quería volver a escucharla:
– “Me encanta la idea. Por supuesto que quiero ser la novia de Eduardo. Y no te preocupes primo, lo compartiremos y todos intentaremos ser felices.”

Nos pusimos de pie y nos abrazamos los tres en el centro de la sala. Víctor me dio un suave beso en los labios, y Susana me sorprendió a mí y también a Víctor con un beso con mucha lengua. Nos sentamos en el sofá los tres, yo por supuesto en el medio. Susana a mi derecha y Víctor a mi izquierda. Los besaba alternadamente mientras ellos me acariciaban el cuerpo y sobretodo la verga por encima del pantalón. Eran cerca de las cuatro de la tarde y sabíamos que en cualquier momento llegaría Marta. Decidí que debía retirarme para no tener que dar explicaciones complicadas a ella. Mi novia y mi novio, me expresan que buscarán la forma de contarle sobre nuestra relación a Marta en el transcurso de la semana.

Me despedí con un beso de ambos y me fui más temprano al profesorado. Yo también tendría que acomodar mis ideas ya que de pronto no solo tenía una novia, sino que además un novio, y como si eso fuera poco eran primos hermanos.

(Continua en: “Víctor, el futuro médico – 7° parte”)

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