Una multa por mal estacionamiento

Estaba oscureciendo cuando salí de ese negocio donde había comprado unas toallas y sábanas. Había dejado mi auto estacionado enfrente. Al acercarme pude distinguir un policía uniformado anotando algo en un papel.
“Sucede algo con mi auto?” Pregunté intrigada.
“Señora, tendrá que acompañarme a la seccional” Me espetó sin más.
“Pero si solo está mal estacionado, hágame una multa y nada más” Dije.
“No señora, suba a la patrulla o tendré que esposarla además…”
La gente se estaba reuniendo alrededor de nosotros y yo no quería hacer un escándalo por algo tan simple; así que dejé mis compras en el baúl de mi coche y subí al asiento trasero de la patrulla.
El policía aseguró las puertas y condujo en silencio durante un buen rato. Ya había anochecido y, a través de los vidrios empañados del auto, yo no podía distinguir las calles por donde circulábamos.
El hombre condujo por una zona de calles oscuras y finalmente llegó hasta una casa particular. Abrió con control remoto la reja de entrada y entró el auto a un garaje cubierto.
“Señor… dónde estamos? Este lugar no es la seccional…”
Le pregunté con la voz algo alterada por lo irregular de la situación.
“Silencio, perra… tranquila y no te irá tan mal…” Respondió amenazante.
Se bajó de la patrulla y entró a mi lado en el asiento trasero.
“Vas a hacer lo que yo quiera o te meto evidencia por adicta…”
Antes de que yo pudiera abrir la boca para protestar, el hombre se bajó los pantalones y sacó una gruesa verga ya bastante erecta. Me aferró por los cabellos, obligándome a inclinarme hasta que mis labios encontraron esa cosa enorme.
“Vamos abriendo esa boca, perra…” Masculló el policía.
Yo la mantuve firmemente cerrada pero eso al tipo no le gustó. Me jaló con violencia por los cabellos haciéndome aullar de dolor y entonces aprovechó mi boca abierta para zambullir su verga hasta el fondo de mi garganta.
Traté de zafarme pero me dio una violenta cachetada en la mejilla, convenciéndome así de prestar cooperación. Entonces sin soltar mis cabellos, el tipo comenzó a mover mi cabeza sobre su verga, cogiéndome la boca sin piedad. Lo hizo con furia, hasta casi dejarme sin respiración.
Mi agitación lo puso impaciente y me golpeó nuevamente la cara para que pusiera más esmero con mi boca. Le supliqué que dejara de pegarme y lentamente me agaché para meter la punta de su verga entre mis labios, comenzando a succionar con más ganas, haciendo que el tipo gimiera.
“Así perra… te conviene dejarme la pija bien mojada…”
Me imaginé por qué había dicho eso, pero cuando quise protestar, el hijo de puta me golpeó nuevamente y me obligó a ponerme en cuatro sobre el asiento. Luego me levantó la falda y se regodeó observando mi delgado hilo dental, que apenas cubría mi vulva depilada.
Intenté debatirme dando patadas y gritando, pero el tipo era muy corpulento y me dominó con mucha facilidad. Arrancó mi tanga con un rápido manotazo y la lanzó al asiento delantero.
Me tironeó del pelo y me azotó el culo a manotazos, disfrutando de mi lloriqueo y mis súplicas para que no me lastimara…
Entonces aferró bien mis caderas y sin compasión hundió su gruesa verga hasta el fondo de mi concha, mientras yo gritaba y luchaba tratando de evitarlo. Pero todo fue inútil… comenzó a bombearme la concha a un ritmo infernal, mientras me soltaba cachetadas en mis nalgas desnudas.
Mientras me cogía así salvajemente, de repente metió un dedo lubricado con saliva hasta el fondo de mi ano, abriéndomelo sin ningún cuidado.
“No, por favor… por atrás no; me duele, se lo suplico…” Grité desesperada.
“Silencio, perra… ahora vas a saber lo que es el dolor…” Gritó en mi oído.
Entonces me sacó la pija de mi concha y sin más preámbulo me la empezó a meter por mi estrecho esfínter anal; haciéndome chillar y retorcerme de dolor mientras el hijo de puta reía y disfrutaba jadeando la presión que hacia mi ano en su gruesa verga.
Me sujetó con firmeza por las caderas y me dejó inmóvil, mientras seguía sodomizándome sin ninguna contemplación. Yo lloraba y suplicaba por ayuda, pero todo era inútil. Me retorcía tratando de zafar, pero solo lograba que el hombre me la metiera todavía más a fondo en mi recto…
Poco a poco mi ano fue cediendo, hasta permitir que esa tremenda verga me llenara por completo. Me bombeó brutalmente por un buen rato, dándome unos tremendos empujones que me partían de dolor, haciéndome aullar y gritar como loca.
Finalmente sentí que ese hijo de puta se descargaba dentro de mi cuerpo, llenándome el culo de semen hirviente. Me la sacó y me dejó recuperar la respiración.
De pronto todo se puso negro para mí. Me imaginé que había utilizado cloroformo o algo similar para hacerme perder el sentido.
Me desperté sentada en mi propio auto; con la llave de encendido puesta en contacto y la música de la radio sonando a medio volumen. Pensé entonces que todo había sido un sueño; pero un intenso ardor en mi dolorido ano me devolvió a la realidad.
Estaba vestida, pero mi tanga había desaparecido. Un río de semen corría entre mis muslos y manchaba el asiento de cuero.
Entonces recordé detalles que antes no me habían llamado la atención: ese policía no usaba gorra, ni pistola, ni una placa en el pecho; solamente vestía un uniforme azul… y su patrulla en la oscuridad solamente llevaba una luz azul sobre el techo…
Así de fácil había sido engañada por ese turro…

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