Una Muestra de Amor

Ella se puso un poco más de lubricante en la mano y volvió a tomar suavemente la ya hipersensible cabeza de la verga de su marido. Miró el reloj y empezó a subir y bajar su mano, primero lentamente, luego más rápido hasta que la respiración de su hombre se volvió agitada, y comenzaron los jadeos. Bajó la velocidad y la presión de su mano para que durara un poco más.

Ya llevaba cerca de una hora de duro trabajo y no quería desperdiciar todo esa calentura en un descuido. Más cuando no solo contaba el tormento de esta sesión sino que los 32 días sin orgasmos y llenos de deseo, estímulos y frustración que le venía dando.

El comenzó a murmurar pidiendo por favor que le dejara acabar y ella sintió que debía aflojar su mano hasta solo rozar levemente esa palpitante verga. Su marido comenzó a gimotear por la frustración al sentir que el orgasmo que estaba a punto de explotar se alejaba nuevamente. Debía ser la tercera o cuarta vez esta noche y esto se venía repitiendo cada dos o tres días desde hacía casi un mes. Pero él no podía estar seguro ya que estaba en un estado de irrealidad. La excitación y la frustración junto con lo poco que dormía por el dispositivo de castidad que Ella le hacía poner, le impedían que tuviera la mente clara.

Ella por el contrario si tenía la mente clara y fría y sabía que ese había sido el cuarto “al borde” que llegaba, y que todavía le faltaba u poco más para llegar a su meta de esta noche.

Luego de un minuto de descanso la respiración de él volvió a la normalidad y Ella retomó la paja. Esta vez comenzó violentamente para llevarlo al borde del orgasmo en 5 segundos y luego fue bajando el ritmo y la intensidad para no dejarlo acabar. Miró el reloj y empezó a contar el tiempo que lo podía mantener ahí. Empezó pensar que tan solo hacía dos meses Ella no sabía nada de esta fantasía de su marido. Se tomo una semana antes de aceptar llevarla a cabo, no porque le m*****ara, sino que quería saber más antes de desempeñar este papel. Se informó, leyó cientos de paginas, chateó con otras personas que lo practicaban, tanto hombres como mujeres, hasta que se sintió segura. Al fin y al cabo Ella amaba tanto a su marido que quería satisfacerlo al máximo y darle lo que realmente él quería.

Ella miró atentamente los signos del cuerpo de él. Su respiración, los movimientos de la pelvis, la contracción de sus músculos; un poco arrogante Ella se sintió ya toda una experta. Siguiendo fríamente su plan esperaba ir aumentando cada vez más la frustración de su marido. Nuevamente empezó a rememorar cuando habían comenzado a jugar y a pesar de todo su investigación se dio cuenta que le faltaba muchísima práctica. La primera vez que lo habían intentado después de una semana de abstinencia Ella por accidente lo hizo acabar en un rato durante la primer sesión; el segundo intento fue mucho mejor y lo hizo aguantar dos semanas antes de que le permitiera acabar. Ahora ya llevaban un mes, pero ella quería empujar sus límites más aún. Perdida en su cavilaciones su marido la alertó que ya estaba por explotar sacudiendo su pelvis. Ella automáticamente soltó el miembro tratando de impedir que acabe y exhortó a su marido a no acabar bajo amenaza. Pero ya era demasiado tarde. El aguantó la respiración y trató de contener lo inevitable. Un segundo, dos, tres. El relajó los músculos y un chorro de su propio semen caliente voló hasta su cara. Luego el resto de su carga comenzó a fluir sin las placenteras contracciones.

– ¿Por qué?¿por qué paraste? – el empezó a reprocharle a su mujer- hace un mes que esperaba tener un orgasmo.

Ella comenzó a reírse y acariciarlo con ternura.

-Pero mi Amor, vos querías acabar y te dejé acabar. ¿Acaso no lo disfrutaste? -pregunto Ella irónicamente haciéndose la inocente. Estaba exultante, la realidad había superado sus planes y fantasías, ya que sin buscarlo lo había frustrado de una manera espectacular. Solo le faltaba darle el golpe de gracia.

Con su mano junto lo que pudo del semen que descansaba en el vientre de él y se lo fue dando de en la boca diciéndole que ahora le tocaba limpiar su desorden si quería volver a acabar alguna vez.

Esto yo le bajo a él los humos de golpe.

– Bueno mi Vida, ahora que acabaste podemos pasar al próximo nivel, pero te voy advirtiendo que esta vez espero que aguantes por lo menos el doble. Te amo

– Yo también te amo, mi Reina. – Dijo mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

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