Una chica con algo diferente

Ese invierno iba a ser muy crudo en New York y, para escapar un poco al frío, Ana y yo decidimos tomarnos una semana de vacaciones en Miami.

Mi sexy mujercita había estado muy excitada y caliente durante esos días. En nuestra tercera noche, después de cenar en un agradable restaurant, ella sugirió que fuéramos a buscar un tercero para pasar una buena noche de sexo en nuestro hotel…

Terminamos la velada en un pub; a unas pocas cuadras del hotel.
Una muy atractiva morocha estilo latino que se encontraba sola comenzó a conversar con Anita. Mi esposa trató de hablar con ella en español, pero la chica dijo que solamente entendía el inglés.
La mujer en cuestión se llamaba Tamara. Tenía un cuerpo escultural, apenas más alta que mi esposa; con unas suaves caderas redondeadas, cintura muy fina y unas piernas realmente matadoras…

Mientras ellas conversaban yo disfrutaba de la música; pero algo me llamaba la atención en el ambiente y los personajes que nos rodeaban. Finalmente llegué a la conclusión de que estábamos en un bar gay…

Se lo dije por lo bajo a Anita y ella sonrió, diciendo que ya lo había notado.
La morocha me observó bien y le dijo a mi esposa que se sentía atraída por mí. Ana rió con ganas y le dijo que podía tenerme envuelto para regalo…

Mi esposa me invitó a bailar y mientras lo hacíamos, yo no podía quitar mi vista de Tamara. Entonces me di cuenta de que era una chica trans…
Se lo dije a Ana y ella sonrió nuevamente, contestando que Tamara era muy sexy, sin importar si se trataba de un hombre o una mujer…

Regresamos a la barra junto a Tamara y un rato después Anita me dijo que quería llevar a su nueva amiga al hotel con nosotros.
Me imaginé toda clase de locuras en manos de estas dos perras, así que acepté encantado. Ellas se veían como si fueran amigas desde siempre.

Ya en nuestra habitación, disfrutamos de unos tragos y las chicas bailaron moviéndose sensualmente al compás de la música.
Tamara se dirigió al baño y mi esposa aprovechó el momento para contarme que se sentía muy excitada por esa mujer trans…
Le dije que por mi parte estaba todo bien; si era necesario, yo solo miraría.
Cuando Tamara regresó, ellas se besaron y Ana le dijo que no había problema por mi lado. Ambas se desvistieron mientras se besaban.
La chica mostró lo suyo y yo no pude hacer otra cosa que asombrarme con el tamaño de verga que calzaba en su entrepierna… era algo enorme…

Ana me miró con sus ojos abiertos por el asombro y yo asentí en silencio.
Apenas mi esposa tomó esa verga entre sus manos y se la metió en la boca, yo noté que Tamara me miraba a mí y se relamía los labios…

Enseguida cerró sus ojos y gimió mientras Ana devoraba esa tremenda verga con su suave boca.
Me senté a observarlas y ellas señalaron mi pija con sus cabezas. Se acercaron y pronto tuve dos lenguas acariciando mi verga endurecida.

Me lamieron durante unos minutos y luego ellas subieron a la cama, donde hicieron un perfecto sesenta y nueve. Tamara gemía y jadeaba sintiendo la maestría oral de mi esposa. Cuando esa verga estuvo bien dura, Ana anunció que deseaba montarla.
Entonces cabalgó a Tamara y se empaló en esa verga hasta el fondo.

Se veía excitada mientras se deslizaba sobre el vientre de esa chica trans.
Decidí sumarme a ellas; así que me acerqué a la cama y besé a mi mujercita, mientras colocaba mi verga dura en la boca de Tamara.

Ana estaba gimiendo en placer, con esa dura pija enterrada en su vagina y mis manos acariciando las firmes curvas de su cuerpo.
Lubriqué mis dedos con saliva y comencé a jugar con su entrada anal.
Luego me ubiqué detrás de su cuerpo y la sodomicé con la cabeza de mi verga pulsante, mientras ella seguía cabalgando sobre Tamara.

Finalmente enterré mi verga entera en el ano de mi delicada esposa y los tres comenzamos a movernos al mismo ritmo. Ana gemía como loca.

Ella alcanzó pronto un par de audibles orgasmos, mientras yo le tiraba del pelo hacia atrás y le azotaba las nalgas a cachetazos…

Yo estaba listo para descargarme dentro del culo de mi esposa. Tan concentrado me hallaba en eso, que no había notado que Tamara se había deslizado fuera de la concha de Ana.
Entonces presentí que esa chica trans estaba a mis espaldas y anunciaba:

“Voy a acabar…”

Lo siguiente fue un agudo dolor en mi trasero. Entonces supe que Tamara me había penetrado con su gruesa verga y me estaba bombeando duro…
De pronto me aferró por las caderas y sentí su semen hirviendo invadiendo mis entrañas; al mismo tiempo que yo explotaba en el culo de Anita.

Durante el resto de la noche intercambiamos posiciones y cogimos los tres como locos, con pasión y con mucha calentura…

Cuando Tamara nos dejó por fin en la mañana, Ana me besó diciendo:

“Me encantó hacer un trio con una mujer así; una experiencia caliente…”

Yo estaba realmente exhausto: había sodomizado a las dos, les había lamido la concha y chupado la verga; y me había dejado romper el culo…

Ana se levantó de un salto y se vistió a las apuradas. Le pregunté la razón de semejante prisa y, antes de salir de la habitación, me dijo que iba a buscar a Tamara otra vez…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Bienvenidos al sitio oficial de historias sexuales! Durante más de dos décadas, hemos sido los líderes en historias porno hardcore anal cuentos de sexo. Con un amor por todas las cosas culo, sexrelatos.com te trae la mejor anal lesbiana, grandes tetas Milf relatos, follando culo interracial, hardcore películas de doble penetración, inserciones extremas, y mucho más.