Un verano diferente

El verano de Buenos Aires pareció precipitarse de golpe, las vacaciones también. Sola en mi departamento el agobiante calor aumentaba el tedio de un enero sin estridencias. Un sinnúmero de llamadas telefónicas al azar me permitió acordar una cita en un Café con una compañera del gimnasio, que como yo estaba sola en la vida, y poco conocía.
Nos reunimos cerca de su casa con nada para hablar, pero de a poco tuvimos un diálogo al menos interesante. Pese a la noche el calor golpeaba con fuerza nuestros cuerpos, y el sudor de los mismos corría por nuestras soleras, haciendo ver perlada nuestra piel bronceada.
La proximidad de una tormenta nos acercó a su casa, de repente empezó a llover copiosamente, corrimos con nuestras ojotas en la mano hasta la entrada del Edificio donde vivía.
Nuestros pelos mojados habían dejado de lado a los prolijos peinados con que nos encontramos, nuestros empapados cuerpos pegados en nuestra escasa y liviana ropa, dejaban traslucirlos de manera sensual y erótica, dando muestra de la ausencia de nuestros corpiños. Nuestros senos se notaban con claridad, nuestros pezones no se podían disimular.
Así descalzas subimos al ascensor y luego de llegar a su piso entramos en su departamento. Ella de inmediato se sacó el empapado vestido que lo dejó en el lavadero de su cocina quedando vestida con una escasa tanga negra.
_Sacate la ropa me dijo, mientras iba al interior de su casa, volvió en segundos con una toalla para que me sacara. Al rato volvió con un bata puesta que claramente no escondía sus desnudeces, yo estaba parada cubierta con la toalla. Tomó mi ropa y la colocó en su secarropas.
Volvió con unos cafés, prendimos los cigarrillos que no pudimos fumar en el Café y comenzamos a conversar de todo y de nada. La lluvia arreciaba, sinceramente no sabía como regresaría a mi casa.
Mi ropa se secó y ella me dijo de quedarme a dormir a lo que accedí, así fue que en el living me armó una cama, luego se fue a bañar. La imité luego que ella terminó, no finalicé de cerrar las canillas de la ducha y siento el golpeteo de sus dedos en la puerta del baño.
–Puedo pasar? Me dijo.
Accedí, ella se sentó en un artefacto del baño mientras terminaba de secarme, me ofreció cremas y productos para el pelo, me sequé el mismo delante de ella. El habernos visto desnudas en el gimnasio no agregaba nada nuevo a esta rutina entre mujeres, que no dejaba de gustarme y porque no de excitarme.
Me ofreció una prenda para dormir y le dije que si no le m*****aba dormiría con mi tanga y nada más. Fui al living, donde estaba mi cama armada y caí rendida.
Al día siguiente me despertó una conversación que se desarrollaba en la cocina, cuya puerta veía.
No pasaron mucho segundos para que vea salir de la misma mi amiga sólo cubierta con su tanga y que me dice_ está la señora de la limpieza.
Dicho eso se asomó una joven treintañera que me saludó y se acercó a darme un beso, sonrrojada atiné a cubrirme mi casi desnudo cuerpo y ella me dijo_Señora no se haga problema. Su beso no me pasó desapercibido
Así fui al baño, me arreglé y volví al living donde mi amiga estaba desayunando, sin aún haberse vestido. La mucama iba y venía con total normalidad mientras mi amiga continuaba semidesnuda.
Le agradecí su atención, me despedí y volví a mi casa.
A la noche ya en la cama empezó a volar mi imaginación pensando en un encuentro sexual con mi amiga y su mucama, decenas de poses desfilaban en mi mente mientras un fuego interno hacía fluir copiosamente mi flujo vaginal, mientras mi cuerpo transpiraba copiosamente. Mis dedos buscaron mi zona vaginal encontrando mi clítoris y empecé a autosatisfacerme hasta que un gemido acompañó mi clímax.
Días después, luego de una llamada, vuelvo a su casa con un regalo en agradecimiento a haberme protegido de la lluvia ese día, ella aprovechó para invitarme a ir a una casa de una localidad cercana a pasar uno o dos días.
Luego de un viaje en auto de unas dos horas llegamos a una casa lejos de todo y que había tenido su época de esplendor. Dejamos nuestros bolsos, ventilamos la casa y mi amiga me sugirió que tomáramos sol , a lo cual accedí.
El calor del mediodía era agobiante y con una escueta bikini me dirigí a un jardín trasero, mi amiga llegó con un pareo que al tiempo se sacó quedando desnuda, no me dijo nada, simplemente me miró con una sonrisa. Así las cosas colocamos unas reposeras, y con una manguera nos aseguramos poder refrescarnos. El recuerdo de la noche en su casa y las fantasías que me había despertado se precipitaron en mi imaginación.
Ella me pidió que le colocara bronceador en su desnudo cuerpo, cuando hizo lo mismo conmigo me aflojó la bikini que quedó en el suelo. Así las dos, sexagenarias, nos quedamos desnudas una frente a la otra. Algo empezó a vibrar en mi cuerpo, nuestros cuerpos perlados por la transpiración eran una imagen de sensualidad atrayente.
Nos pusimos en la reposeras y el sueño nos invadió. Adormecida escuché una bicicleta y un_Como andan? Era la mucama de mi amiga que venía del pueblo. Entró en la casa y regresó con una escuetísima bikini que no tardó en sacarse.
Mi amiga le ofreció colocarle bronceador, cosa que accedió. Mi mirada se alejó de ellas y cuando las volví a ver noté que ellas se masajeaban con suavidad, detenimiento y confianza. Algo comenzó a fluir de mi interior cuando ellas comenzaron a besarse profundamente, estaban cercanas mis fantasías?.
Ellas me miraron y su sola miraba fue una invitación a unirme a ellas, en una nueva experiencia que nunca antes había tenido. Nuestros cuerpos exudaban transpiración y salvajes olores femeninos invadían la pesada tarde campestre.
Ya en la casa la mucama atendió a cada una de nosotras mientras la otra le besaba los pies a ambas. Así, ya tendidas en una cama, mientras yo besaba sus partes erógenas delanteras, mi amiga lo hacía en su zona trasera.
Transpiración y copioso flujo facilitaban deslizar nuestras manos en la piel de las otras. Esporádicos y agudos gritos de satisfacción demostraban nuestro indisimulable placer , hasta quedar las tres adormecidas. La fantasía se había hecho realidad.

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