Un intercambio en Acapulco

Hace dos semanas fuimos mi marido y yo a pasarnos tres días a
Acapulco, para relajarnos y descansar un poco del exceso de trabajo en que
estamos inmersos. Bueno, también para pasarnos unos días placenteros Llegamos el
viernes como a las once de la mañana, nos dirigimos a un hotel de la costera,
nos instalamos y decidimos darnos un baño y bajar a la alberca. Nos bañamos con
calma, yo procedí a depilarme, ya que tengo mucho pelo, las piernas, el área del
bikini, etc. Cuando mi esposo se estaba rasurando me vio por el espejo y me
dijo, ¿no te gustaría que te rasurara todo? Yo le dije que si el estaba
dispuesto yo también. Más tarde en contestarle que él en acercarse a mí con la
espuma y la maquina de afeitar. Me abrió las piernas y procedió a quitarme todo
el pelo. Yo me sentía excitada, porque mientras me rasuraba me acariciaba y me
decía que le encantaban mis labios, a mi sinceramente no me gustan tanto, pero a
él si.

Después me pidió que me diera vuelta para quitarme todos los
pelitos cerca de mi ano, me rasuro casi completamente, excepto unos pocos en la
parte de arriba de mi rajita, me limpio con mucha delicadeza, me acerco un
espejo y me dijo ¿qué te parece el higuito?. Yo me reí, porque en realidad
parecía un pequeño higo colgando, ya que tengo los labios un poco grandes.
Después de limpiarme, me los empezó a chupar sin tocarme otra parte de mi
cuerpo. La sensación era excitante y cuando con su lengua toco mi botoncito me
vine casi inmediatamente. El se separó de mi, me dio un beso, procedió a
vestirse para ir a la alberca, dejándome toda caliente. Yo me acaricié mi
desnudo coño y confirme lo que ya presentía, nos pasaríamos unos días muy
cachondos. No era la primera vez que me depilaba casi totalmente, pero la
sensación era como si lo fuera, me sentía superdesnuda.

Me puse un traje de baño de dos piezas discreto, pero el
hecho de que mis labios estuvieran directamente en contacto con la tela, me
hacían sentir como si todo el mundo se diera cuenta de que estaba con el coño
depilado. Estuvimos un par de horas en la alberca, tomando el sol y uno que otro
trago. Subimos a nuestra habitación a darnos un baño y vestirnos para ir a
comer. Una de las cosas que más me gusta de estar en la playa es que una se
puede vestir con ropa muy ligera y ponerse muy sexi. Ese día me puse un vestido
floreado de tirantitos, más o menos corto, sin nada debajo, y unas sandalias de
tititas. Me sentía excitada, sobre todo porque sentía mis labios como nunca y a
pesar del vestido yo me sentía desnuda.

Llegamos al restaurante y estaba a reventar, por un momento
dudamos en quedarnos, pero decidimos que si ya estábamos ahí, pues esperaríamos.
Nos anotamos en la lista y yo me senté en una banca, junto a una chica que de
inmediato me empezó a hacer la plática. Resulto que era de Barcelona y como yo
había estado en esa ciudad un par de veces, pues teníamos cosas de que hablar.
El encargado de dar las mesas pregunto por alguien y la chica se levantó, se
acerco a un hombre que estaba frente a nosotras, le dijo algo y luego se dirigió
a mí y me pregunto que si quería podíamos compartir la mesa. Como había
demasiada gente antes de nosotros aceptamos de buena gana. Antes de pedir
quedamos de acuerdo con el mesero de que serían dos cuentas separadas. Pedimos
unos tragos y ya relajados procedimos a disfrutar una de las mejores comidas de
que tengo memoria, ya que además de los platillos que estuvieron exquisitos, la
platica fue de lo más ameno, y se dio una identificación entre los cuatro que
hizo que con toda naturalidad dijéramos cosas que rara vez se dicen con
extraños. Nos contaron que estaban de vacaciones, que estarían un mes en nuestro
país, en diferentes lugares, que habían llegado un día antes a Acapulco y que
estarían diez días. Después la platica derivo a cosas más personales y dijeron
que ellos eran muy liberales, mi marido les dijo que nosotros también y yo como
por un impulso, le dije a Marcia, que es el nombre de la chica, que prueba de
ello era que en ese momento yo no tenía ninguna prenda bajo el vestido. Ella se
sonrió y me dijo con discreción que ella tampoco. Con lo cual las dos nos
sonreímos con complicidad. Debo decir que Marcia es una mujer atractiva, un poco
más delgada que yo, de piel blanca y muy simpática. Su marido, Jorge, sin ser un
galán también es de buen ver. Los dos hacen una buena pareja: inteligentes y
simpáticos, nada que ver con la idea que mucha gente tiene de los españoles,
aunque ellos no se consideran muy españoles que digamos, pero ese es otro tema.

La plática de sobremesa estuvo muy amena, tanto que Alberto,
mi marido, que no es muy platicador, charlaba muy relajado con Jorge. Yo por mi
parte, me sentía muy bien con Marcia y cada instante con más confianza. Hablamos
de todo, de cuestiones culturales y también de sexo. Jorge nos invito a cenar en
la casa que estaban rentando, nos despedimos después de darnos nuestros datos y
quedamos en que nos hablarían como a las ocho de la noche para ponernos de
acuerdo sobre los detalles de la cena, lo cual nos resulto un poco extraño,
porque podríamos ahí ponernos de acuerdo, pero no le dimos mayor importancia.
Camino al hotel comentamos de lo agradable de la comida y Alberto me preguntó
que si me gustaba Jorge, yo le dije que si, pero quien realmente me parecía como
si fuese mi amiga de toda la vida era Marcia.

Después de dar un paseo y hacer unas compras llegamos a
nuestra habitación y al poco rato sonó el teléfono, contesté y era Jorge que
llamaba tal y como habíamos quedado. Le pasé el aparato a Alberto para los
pormenores mientras me bañaba por tercera vez en el día. Al salir Alberto me
dijo en lo que habían quedado: Jorge le pregunto que si nos gustaba la comida
china y que no era necesario que lleváramos nada. Después de darle el dato
preciso de la casa y las señas de cómo llegar, le dijo que si no teníamos
inconveniente de que la cena fuera formal y de que si estábamos dispuestos a
hacer un intercambio. Alberto le dijo que todo estaba bien, pero que eso del
intercambio no estaba seguro. Déjenme decirles que nunca hemos hecho un
intercambio y nunca he visto a Alberto cogerse a otra mujer, el dice que no le
interesa mucho, yo tengo mis dudas, pero bueno, nunca habíamos estado con otra
pareja, sólo en tríos con otros hombres. Total que quedaron en que se dejaría
que las cosas fluyeran. Alberto me preguntó que qué pensaba yo de todo eso, yo
le pregunte que si le gustaba Marcia y el me contestó que si, pero que no tanto
como verme a mí con ellos.

Llegamos a su casa como a las diez de la noche, vestidos de
manera más o menos formal. Alberto iba de saco, sin corbata y yo llevaba un
vestido color rojo oscuro, escotado, largo y bastante transparente, con forma
como de bata, se amarra con unas cintas y se le hace una abertura adelante que
llega casi hasta la ingle. Me puse una tanga que me regalo Alberto, pequeña por
el frente y de cintas transparentes que la hace a una verse casi desnuda, salvo
el pequeño triangulo y unas sandalias altas con solo dos tiritas, una en el
tobillo y otra en el frente. Me sentía excitadísima vestida así, tanto que no me
importaron mucho las miradas de las pocas personas que me vieron salir del
hotel. Al llegar, nos recibió Jorge, el si vestido más formalmente, un traje de
lino color hueso, después de mirarme de arriba abajo y decirme que me veía muy
linda nos invitó a pasar. La casa esta por el camino a Puerto Marquéz y tiene
una hermosa vista a la Bahía. Jorge había contratado un servicio para la cena.
La mesa estaba puesta y un mesero nos ofreció de tomar. Jorge nos dijo que tenía
cava y aceptamos. Marcia llegó un rato después y estaba radiante, llevaba un
vestido gris plata con brillos, corto, de tela muy delgada que hacía que se le
notaran los pezones, se veía que estaba tan excitada como yo, porque los tenía
muy parados. Nos dimos dos besos y después de los mutuos halagos nos dirigimos a
la terraza. Como Marcia iba por delante me di cuenta de lo más sorprendente de
su vestimenta, el escote era realmente profundo, se le veía el nacimiento de las
nalgas y le quedaba muy bien.

Después de cenar, Jorge despidió al mesero y puso música.
Marcia me saco a bailar, yo no soy muy buena para el baile, pero me deje llevar
por ella. Jorge puso música lenta, Marcia me abrazó y me pegó a su cuerpo. Yo le
pase los brazos por la espalda desnuda y la empecé a acariciar. No era la
primera vez que estaba con una mujer, cuando tenía 17 años tuve relaciones con
una amiga y a pesar de que me gusto no se volvió a repetir. Ahora casi veinte
años después estaba acariciándome con una mujer y frente a dos hombres que nos
miraban con excitación. Nos empezamos a besar y a acariciar por todo el cuerpo,
ella no traía nada debajo y yo sólo la pequeña tanga. Marcia me quito el vestido
y seguimos bailando, pero ahora yo casi desnuda, me besaba mis pechos y me
acariciaba las nalgas. Me quito la tanga y al verme casi totalmente depilada me
paso la mano por mi raja y se sorprendió al sentir mis labios colgando. Yo le
dije al oído es un pequeño higo para que te lo comas. A esas alturas yo ya
estaba mojadísima, ella se puso en cuclillas y yo abrí las piernas para que me
chupara. Me encanta que me chupen el coño, y Marcia me enseñó lo delicioso que
es que te lo chupe una mujer. Me vine ahí frente a todos, mientras oía que Jorge
y Aberto nos decían lo bien que lo hacíamos. Jorge le dijo a Marcia que se
quitara el vestido y la saco a bailar mientras yo me fui a sentar junto a mi
marido, que estaba calientísimo, lo digo por como tenia la verga de parada. El
me empezó a acariciar mientras veíamos como Jorge y Marcia se acercaban y Jorge
la volteaba y la tomaba de la cintura inclinándola hacia nosotros. Yo me levanté
y la abracé mientras su marido se la metía por atrás. Mientras se la cogía yo la
besaba por todo el cuerpo y me puse en cuclillas para besarle el clítoris y de
paso darle una que otra lamida a la verga de su marido. Marcia se vino diciendo
“que rico Diana, que rico”, lo cual a mi me gusto mucho.

Marcia me tomó de la mano y me llevó a su recámara, ahí nos
retocamos el maquillaje y nos arreglamos el pelo y me dijo: Diana, vamos a
darnos gusto y vamos a darles gusto a estos dos, les encanta ver, pues que vean
y se calienten y tu y yo vamos a gozar. Saco del closet dos mini vestidos de
color, pero totalmente transparentes, nos los pusimos y salimos otra vez a la
terraza, nos veíamos como dos putas, pero eso sí no estábamos vulgares, ya que
los vestidos eran muy bonitos y muy finos. Alberto y Jorge charlaban muy
amigablemente, después Alberto me dijo que hablaban de nosotras, de lo calientes
que somos, de nuestras experiencias, etc. Al vernos llegar, nos abrazaron, nos
besaron, nos dieron la vuelta y nos invitaron una copa. Marcia me tomo de la
mano y me llevo al sofá y ahí me dijo, con una sonrisa, que quería volver a
comerme el higuito. Yo le dije que también quería comerle coño, le pidió a su
marido que trajera unas colchas para ponerlas en el piso y ahí nos empezamos a
chupar mutuamente hasta que las dos nos venimos. Después Marcia se volteó y me
paso una pierna por delante y otra por detrás y me pegó su coño en el mío y
empezamos las dos a tallarnos ante las miradas de nuestros maridos. Que delicia
se siente coño contra coño y más así como yo estaba, sin pelo, sentía los labios
húmedos de Marcia y sus pelitos que me raspaban. Nos venímos escandalosamente,
nos abrazamos y nos besamos. Mientras estaba abrazada a Marcia sentí que una
manos me acariciaban las nalgas y unos dedos que jugaban con mi higuito. Jorge
totalmente desnudo se encontraba detrás de mi con la verga parada, se recostó
sobre las colchas y Marcia de inmediato se llevó la verga de su marido a la boca
y se la empezó a mamar, se separó de ella y me invito a mamársela. Entre las dos
se la mamamos hasta que se vino, Marcia lo masturbó mientras se venía y se trago
todo el semen.

Alberto como siempre, sólo observando, el perverso es un
voyeur en toda la extensión de la palabra. Yo creo que ya se había puesto de
acuerdo con Jorge, porque en ningún momento hubo malestar por su actitud. De
hecho también participo, pero a su manera. Después de refrescarnos con unas
copas de cava, Jorge me dijo que quería metérmela por el culo. Yo le dije que no
era algo que me gustará mucho, pues en algunos momentos me llegaba a doler y no
me sentía muy cómoda. El me dijo que me iba a tratar con delicadeza y que además
Marcia me iba a preparar para que no hubiera dolor y si mucho placer. Marcia
trajo un lubricante, me hizo poner en cuatro y después de besarme el culo me
puso el lubricante metiéndome primero un dedo, después dos y después tres, todo
esto mientras me decía palabras cariñosas. Esa Marcia me estaba enseñando a
sentir cosas que no había sentido antes. No que no me hubieran hecho lo que ella
me hacia, sino la manera en que lo hacia, la ternura con que me hablaba, al
mismo tiempo que me tenía allí, toda expuesta, con tres dedos en mi culo y con
la otra mano acariciándome el coño, me vine de nuevo y en el preciso instante en
que me venía, saco sus dedos y sentí la verga de su marido que entraba hasta
adentro de un solo golpe acrecentando mi placer, mientras ella pasaba por debajo
de mí y me chupaba el famoso higuito.

Después de reponerme le reclamé, en son de broma a Jorge su
“delicadeza”. El por toda respuesta me dio la vuelta para ponerme frente a
Alberto y me la volvió a meter por el culo, con lentitud y con mucho cuidado, no
sentí ningún dolor, ni la primera vez, ni la segunda. Mi marido me besaba
mientras Jorge me la metía cada vez con más fuerza. Alberto me metió sus dedos y
empezó a hacérmelo mientras disfrutaba muchísimo la verga en mi culo. La caricia
de Alberto hizo que me viniera a mares, mi venida me mojo todas las piernas
formando un pequeño charco en el piso. Al verme gozar de esa manera, Marcia dijo
que ella también quería gozar así. Tomé el lubricante y le hice lo que me había
enseñado, Alberto la ayudó a ponerse de pie y la hizo que se inclinara para que
Jorge se la pudiera meter, después le metió dos dedos y como a mí hizo que se
viniera, no con tantos líquidos como yo, pero si se ve que le encantó.

Nos invitaron a quedarnos a dormir, pero Alberto les dijo,
que mejor nos íbamos al hotel para que todos descansáramos mejor. Brindamos por
última vez. Marcia y yo no besamos como queriendo seguirle, me regalo el
vestido. y me dijo que le había encantado mi higuito. Yo la bese agradecida y en
reciprocidad le regalé la tanga que más me gusta, le dije a Alberto que me
prestara su saco, para no quitarme el regalo, nos despedimos, quedando para ir a
bailar por la noche. Al llegar a la habitación del hotel me le fui encima a mi
marido, le quite los pantalones, me le monté y me moví con toda la intención de
hacerlo venir, pero la que se vino fui yo, pues sentir su verga me pone caliente
y más si ya de por si lo estaba. Alberto me dio la vuelta, me puso en cuatro, me
beso el culo y me acaricio con su lengua, como me fascinan sus caricias. Me
metió la verga y mientras me decía que se daba cuenta que me estaba encantando
que me la metieran por el culo nos venimos casi juntos. Platicamos un poco de lo
que había pasado y de lo que nos esperaba. Me dijo que quería que me viera muy
guapa para ir a bailar, le dije que me tenía que comprar un vestido, sonrió y
nos abrazamos y besamos hasta quedarnos dormidos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Bienvenidos al sitio oficial de historias sexuales! Durante más de dos décadas, hemos sido los líderes en historias porno hardcore anal cuentos de sexo. Con un amor por todas las cosas culo, sexrelatos.com te trae la mejor anal lesbiana, grandes tetas Milf relatos, follando culo interracial, hardcore películas de doble penetración, inserciones extremas, y mucho más.