Un día de campo con mi suegro

Cuando todavía vivíamos en Buenos Aires; Víctor y yo fuimos invitados durante un verano a pasar un fin de semana con nuestros suegros en una estancia de campo que habían alquilado.
Ellos insistieron en la invitación porque había lugar para todos…

Llegamos al lugar el viernes en la tarde y cenamos frugalmente, disfrutando de la compañía y la hospitalidad de Ofelia y Ernesto.
A la mañana siguiente, mi suegra le pidió a Víctor si podía llevarla hasta la ciudad, que quedaba a unos cuantos kilómetros de distancia, diciendo que el auto de Ernesto no funcionaba.
Apenas salieron, me dispuse a tomar sol en una enorme piscina que había detrás del casco de la estancia. Para ello estrené una flamante bikini recién comprada, que en realidad era apenas un hilo dental…

La delgada tira de tela apenas cubría mi pubis bien depilado y por detrás casi no llegaba a ocultar la entrada anal entre mis cachetes.
Pero no me importaba; porque sabía que iba a estar sola durante la mañana. Había olvidado la presencia de mi suegro Ernesto.

Unos meses atrás había pasado un par de días en casa de mis suegros, mientras mi esposo estaba de viaje por el interior. En esa ocasión había espiado una noche para verlos coger. Me había sorprendido que Ofelia le entregara el culo a mi suegro. Ese hombre tan viril, me había sodomizado al día siguiente; tal como lo había hecho con su esposa durante esa noche…

Desde ese día Ernesto me cogió unas cuantas veces más; pero de repente toda esa calentura se nos había pasado a ambos…
Al llegar al costado de la piscina, sentí una presencia a mis espaldas y giré mi cabeza. Allí estaba Ernesto en la galería de la casa, disfrutando unos mates mientras su visión se regodeaba con mi cuerpo casi desnudo.
Mi hilo dental no me cubría prácticamente nada en absoluto; pero la mirada de mi suegro terminó de desnudarme por completo.
Comencé a sentir cierta humedad entre mis piernas; pensando si Ernesto se iba a atrever a cogerme después de tanto tiempo…
Me saludó desde lejos y yo le sonreí para devolver su saludo.

Me encontraba acostada boca arriba cerca de la piscina; cuando de repente una sombra se interpuso entre el sol y yo.
Al abrir mis ojos encontré Ernesto con dos vasos de cuba libre en sus manos. Estiró un brazo y me ofreció uno. Al incorporarme, pude apreciar que mi suegro ya no llevaba los pantalones que tenía un rato antes, mientras mateaba en la galería…

Ahora vestía apenas una especie de zunga brasilera, que apenas cubría el tremendo pedazo de poronga que cargaba ese hombre y que yo alguna vez había sentido en el fondo de mi estrecho culo…
Luego de aceptar el trago que me ofrecía, no pude evitar dirigir mi mirada hacia ese enorme bulto; pero pude esquivarla con rapidez, para no dejar mi calentura en evidencia.
Pero Ernesto se dio cuenta que yo estaba hipnotizada por su verga…

Conversamos sobre cosas triviales mientras tomábamos los tragos y de repente mi querido y libidinoso suegro me dijo que me quitara el hilo dental; así no se mancharía al untarme bronceador en mi cuerpo.
Lo hice con mucha naturalidad, quedando completamente desnuda frente a Ernesto, que meses antes me había visto en ese estado mientras me cogía…

Comencé a pasar la crema bronceadora por mi cuerpo; con movimientos sensuales, mientras de reojo miraba a mi suegro que seguía observándome en silencio, sin descaro. Pude ver que su enorme bulto comenzaba a crecer bajo su diminuta zunga…

De repente no aguantó más y me pidió que me acostara boca abajo, para que él pudiera untarme la crema en la espalda.

Sentí sus manos tocar mi piel; sus manos callosas, de macho rudo, que comenzaban a recorrer mi espalda desde mi nuca. Cerré los ojos y lo dejé hacer, sintiendo un placer inusitado. Tuve que reprimir algunos gemidos y las ganas de pedirle a gritos que no me hiciera desear más y me cogiera de una buena vez en lugar de calentarme tanto con sus recias manos.
Sus dedos bajaron por mi espalda sin llegar a tocar mis glúteos. Eso me pareció extraño, pero al mismo tiempo me calenté mal; sintiendo que mi concha comenzaba a humedecerse…

Ernesto no había notado mi excitación. Mis pezones endurecidos estaban ocultos contra la toalla que había extendido sobre el pasto. Comenzó a rozar la raja de mi culo con sus dedos, muy despacio.
Con mucha delicadeza me hizo separar los muslos y entonces sus dedos se abrieron paso con la crema hasta llegar a mis labios vaginales.
Entonces sonrió y me dijo que estaba bastante humedecida…
Sonreí diciéndole que era debido al toque mágico de sus manos.

En ese mismo momento levanté un poco mi pelvis, como si estuviera haciéndole una invitación. Sus manos volvieron a la carga y pronto dos de sus dedos se deslizaron producto de mi propia humedad y con la ayuda de la crema bronceadora se perdieron en la profundidad de mi ahora dilatada concha…

Suspiré y levanté mi cabeza; pero Ernesto hizo un rápido movimiento y me tomó por la nuca, haciéndome reposar nuevamente sobre mis brazos cruzados al frente.

Comencé a sentir un tercer dedo que hurgaba en mi entrada trasera.
Los otros dos que habían estado dilatando mi concha, de repente le cedieron el lugar a la gruesa verga de mi suegro.

Ernesto se apoyó contra mis nalgas y colocó la punta de su dura pija sobre mis labios vaginales. Yo volví a levantar mi pelvis para facilitarle la penetración. Sin sacar su dedo de mi orificio anal, que de a poco iba cediendo, Ernesto se impulsó hacia adelante y entonces sentí ese tremendo pedazo de verga dura abriéndose paso entre mis paredes vaginales.

Levanté la cabeza para aullar de dolor y placer; pero mi suegro volvió a hacer que la apoyara sobre la toalla; ahogando mis gritos…
Me preguntó si me gustaba así bien duro y con mi voz apagada por la toalla le respondí que obviamente me encantaba que me cogiera así bien a lo bruto…

Ya con su enorme pija enterrada hasta el fondo, comenzamos los dos un rítmico sube y baja, mientras Ernesto seguía dilatando mi ano ahora con dos dedos, que entraban y salían sin ninguna resistencia…

Durante un buen rato y después de tres orgasmos de mi parte, me dijo que mi culo ya estaba listo para ser llenado de leche caliente.
Si siquiera darme tiempo para pensarlo, sacó sus dedos de mi orificio trasero y su pija endurecida tomó su lugar enseguida. Mi ano estaba tan dilatado que no alcancé a sentir dolor.

El cuerpo de mi suegro estaba montado sobre mi espalda. Sentí su aliento en mi nuca y me susurró al oído que ya estaba empalado casi por completo dentro de mi culo.
Agregó que para sentir más placer, debía apretar mis nalgas cuando él sacara su verga, como si quisiera atraparla. Cuando sintiera que me la estaba metiendo, tendría que aflojar para dejarlo entrar a fondo…
Obedecí sus instrucciones y pronto sentí un tremendo placer mientras la verga enorme de mi potente suegro me sodomizaba a lo bruto…

Pronto sentí otro intenso orgasmo creciendo en mi interior. Exploté aullando como una loca.
Unos segundos después, Ernesto también acabó, llenándome el culo con su semen hirviente.

El placer me hizo desmayar. Así quedé tendida boca abajo al sol.
Un rato después sentí una suave palmada sobre mis nalgas. Pensé que Ernesto regresaba dispuesto para una segunda vuelta.
Pero la voz de mi adorado esposo me sacó de mi ensueño.

Víctor estaba allí de pie, mostrándome mi diminuto hilo dental y diciéndome que me lo colocara… no fuera que mis suegros se escandalizaran de verme completamente desnuda…

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