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Un descubrimiento

– Juan, pase a mi despacho. Tenemos que hablar.
Uf, mal asunto. Pensé. Cuando mi jefe utilizaba ese tono sólo podía significar problemas. Parecía que esta no iba a ser una buena mañana.
La reunión duró cerca de una hora; pero al final, la bronca no habia sido para tanto; aunque sí suponía que tendría que trabajar el siguiente sábado, para rectificar unos informes que la central no veía correctos. Pero, dentro de lo malo, no me podía quejar. La semana anterior hubo un par de despidos; así que podía darme por satisfecho sabiendo que sólo tendría que trabajar algún que otro sábado.

– ¡Venga chicos! ¡Daros prisa o llegaréis tarde al colegio!
– Ya vamos Mamá

Cada mañana he de pelear con mis dos pequeños para que se levanten, desayunen y se preparen para ir al colegio. Pero hoy tengo fiesta en el trabajo y, al menos, no tengo el agobio de correr para dejarlos en la puerta del colegio y salir disparada para el trabajo. Hoy, hasta las ocho de la tarde dispongo de todo el tiempo para mí solita. Podré aprovechar para poner al día algunas cosas en casa y después dedicarme a cuidarme un poquito.

Después de dejar a los niños en el cole vuelvo a casa, desayuno y me pongo a arreglar unos papeles y a pasar las notas de mis alumnos de secundaria en la plataforma online del colegio. Tras varias horas sin parar lo tengo todo listo. Ya casi es la hora de comer. Así que me hago un pequeño plato combinado con varias sobras de los últimos días y, después de comer, decido que me merezco un buen baño relajante.

Lleno la bañera con agua bien calentita mientras empiezo a desnudarme tranquilamente, me miro en el espejo reconozco que los años van pasando; pero para los cuarenta y seis años que tengo, aún me conservo bastante bien. Sonrío a la mujer que me devuelve el reflejo del espejo, me doy un pequeño cachete en el culo y me digo…

– Venga tía buena… métete ya en la bañera.

Cuando estoy a punto de meter el pie en el agua, suena el timbre de la puerta.

– ¡Diga!
– Hola Papá.
– Hola Princesa ¿qué pasa?¿cómo es que me llamas al trabajo?¿no deberías estar en el colegio?
– Es que he estado parte de la noche con fiebre y vómitos. Así que no he ido al colegio. Me he quedado con la Abuela que me está cuidando.
– ¡Vaya! ¿Pero no habéis llamado al médico?
– No. Mama ha dicho que debe ser por culpa del resfriado y ha decidido que esperemos a ver cómo me encuentro esta tarde.
– Muy bien hija. Sí, supongo que el resfriado te ha afectado y te habrá provocado el malestar en el estómago. Imagino que necesitarás descansar y reponerte, para ver si mañana te encuentras mejor, ¿no?
– Sí. Por eso te llamo. Para decirte que hoy no me vengas a buscar porque no me encuentro nada bien y me quedaré en cama.
– Muy bien hija. Pues descansa y trata de dormir un poco para que puedas reponerte para mañana. ¿De acuerdo?
– Sí, Papi.
– Luego a la noche te llamo para ver cómo te encuentras. Un beso Cielo. Te quiero.
– Vale. Yo también te quiero Papi. Hasta luego.
– Hasta luego cielo.

Vaya, hoy me voy a quedar sin poder ver a mi pequeña ¡Vaya día llevo! Primero la pequeña bronca con mi jefe, ahora esto. Bueno, al menos tendré la tarde para mí y mi chica.

Por un momento dudo; pero al final me decido a ponerme el albornoz y me acerco sigilosamente a la puerta. Miro quien ha llamado a la puerta y, al otro lado de la puerta, puedo contemplar a una mujer que debe tener unos treinta y seis o treinta y siete años, morena y muy atractiva.

Me quedo mirando la puerta pensativa y dudo en abrir. Sólo llevo el albornoz y me da cierto morbo abrirle la puerta a una extraña estando prácticamente desnuda y más una mujer que parece bastante atractiva. Así que, sin dudarlo, me abro un poco el escote del albornoz para que se pueda apreciar mi escote y abro la puerta. La mujer ya estaba marchándose cuando yo abro la puerta y puedo contemplar que no sólo es muy atractiva, sino que tiene un cuerpo espectacular. Lleva un tejano muy ajustado que evidencia un culo fabuloso y unas piernas muy bien contorneadas que sin duda son el resultado de muchas horas de gimnasio y lleva una blusa con un escote más que generoso que deja ver gran parte de unos pechos exhuberantes. Estoy tan ensimismada admirando su espléndido cuerpo que no me doy cuenta que, detrás de ella, va un hombre que la acompaña.

– Buenas tardes señora. Somos de la compañía del gas.

Los dos me muestran unas credenciales.

– Hace varios días debieron recibir una carta de la compañía indicándoles que estabamos haciendo estudios gratuitos para nuestros clientes para encontrar posibles acciones de mejora que les ayuden a lograr un ahorro energético. ¿Han recibido ustedes esa carta?

Por un momento me quedo totalmente cohibida. No esperaba la presencia del hombre, que por otra parte tampoco está nada mal. Más o menos es de la misma edad que ella. Con un poco de perilla, ojos azules y pelo corto. Lleva una camiseta con el logotipo de la empresa que, sin ser ceñida, permite intuir que tiene unos pectorales tan trabajados como el culo y las piernas de la chica.

Lo cierto es que los dos están muy buenos y noto como sus miradas se clava en mis tetas, ruborizada me ajusto el albornoz. Pero me sorprende sentir un cierto cosquilleo entre mis piernas, que hace que aún me ruborice un poco más.

– ¿Eeeehhh?, pues no… no sé. De eso suele encargarse mi marido.

Miro a la chica y por su sonrisa picarona y cómo me mira, me da la impresión de que esté dándose cuenta de que me he excitado un poco. Por suerte, con el albornoz, no se nota que mis pezones se me están empezando a poner duros como piedras.

Ella, aprovecha mi confusión para tomar la iniciativa y, con decisión, da un paso hasta ponerse a escasos centímetros de mí. Puedo percibir el dulce aroma de su perfume y, desde esta posición puedo ver parte del bonito encaje de su sujetador. Eso hace que mi respiración se acelere sutilmente y noto que mi excitación va creciendo.

Ella me habla; pero sólo soy consciente del movimiento de sus carnosos y sensuales labios.

– Ssssí, sí … claro.
Es lo único que logro balbucear. Sin saber exáctamente ni a que estaba respondiendo y, sin tiempo a reaccionar, ella me coge del brazo y tira de mí para dejar pasar a su compañero.

– Mientras mi compañero revisa el estado de la caldera podrías ir enseñándome la ubicación de todos los radiadores de la casa. ¿Te parece bien?
– Sí, claro, claro. ¿Por dónde quieres empezar?

Ella clava sus ojos en los míos de tal modo que provoca un escalofrío que recorre toda mi columna hasta llegar a lo más profundo de mi sexo y, por un momento puedo sentir cómo mis labios palpitan mientras noto como me empiezo a humedecer. Sonríe pícaramente y me dice:

– Podríamos empezar por tu habitación.
– Sí, claro, claro – Me siento algo idiota al darme cuenta de que estoy respondiendo siempre lo mismo..

Nos dirigimos a mi habitación ella viene detrás de mí. Puedo escuchar el lento y rítmico sonido de sus tacones justo detrás de mí y no puedo evitar imaginarla contoneando sensualmente sus caderas y, por un instante, siento el impulso de girarme para poder contemplar su andar; pero logro contenerme.

Entramos en la habitación y, al darme cuenta del descuido que he tenido, siento el impulso de darme media vuelta e impedir la entrada de la chica; pero ya es tarde. Ella ya está entrando y veo como clava su mirada en las bragas rojas que hay tiradas en medio de la cama.

Como siempre hacía, había ido al lavadero, me había quitado toda la ropa hasta quedarme en braguitas después me dirigía a la habitación donde me quitaba las bragas, las olía un instante (me encanta el olor de mis bragas usadas) y luego cogía el albornoz para ir a la ducha.

Después de una larga y dura jornada de trabajo salgo del trabajo. Al menos podré compensar el día que llevo con poder descansar con mi chica antes de que lleguén sus hijos. Bueno y también espero que podamos darnos un buen revolcón sin tener que ir con cuidado de que alguno de los críos pueda oírnos.

Así que entro al coche con una sonrisa de oreja a oreja. Pero la sonrisa me dura poco tiempo. Teniendo en cuenta el día que estaba teniendo debía imaginar que me encontraría con un atasco por un accidente. Así que pongo la radio y me dispongo a tomármelo con calma.

Ella se da cuenta de mi turbación. Y mirándome con una sonrisa picarona se acerca a la cama, coge las bragas y se acerca a mí moviéndose de un modo tan sensual que llega a intimidarme.

– ¿Sabes qué suelo hacer yo cuando me quito las bragas? – Y, para mi gran sorpresa, veo como pega mis bragas a su nariz y hace una profunda aspiración. – ¡Dios! ¡Qué bien huelen! ¿Las has olido alguna vez? – Y sin darme tiempo a reaccionar me las pega a mi nariz.

No puedo evitar sentir un escalofrío recorriendo mi espalda hasta llegar a mi sexo donde explota haciendo que note como mi humedad va aumentando. No quiero que se de cuenta de la excitación. Trato de recomponerme para poder reprobar su actuación. Pero, cuando voy a abrir la boca para hablar y tomar el control de la situación, ella pone sus labios sobre los míos y siento como su lengua empieza a empujar tratando de meterse en mi boca. Estoy tan sorprendida que no reacciono a su ataque y noto como su lengua se abre paso entre mis labios hasta encontrarse con mi lengua. Nunca me había besado así con una mujer; pero lo que más me sorprende es, lejos de desagradarme, ese beso está haciendo que mi coño se llene cada vez más de flujo.

No puedo creermelo, una desconocida me está besando y eso me está dando un placer increíble. Pero debo parar esto. Por mucho que me esté gustando es una locura y tengo que pararla. Me encuentro en esa discusión por aferrarme a mis débiles fuerzas por resistirme a esta delicia que estoy sintiendo, cuando siento una de sus manos deslizarse por mi escote hasta alcanzar mi pezón. Esto es más de lo que podía aguantar y no puedo evitar soltar un gemido que queda ahogado por los labios de la mujer que está logrando que pierda el control.

Ese gemido deja claro a mi atacante de que estoy bajo su dominio y su control y deja mi boca para empezar a besarme el cuello mientras sus dedos propinan un pellizco a mi pezón que vuelve a provocar un gemido que, en este caso se puede escuchar perfectamente. Y siento como mi coño no es capaz de contener mis flujos que parece que empiezan a bajar por mis muslos

Mi casual amante sabe que ya estoy totalmente entregada a ella y noto como su mano empieza a bajar por mi vientre y, con un movimiento suelta el cinturón de mi albornoz dejando mi cuerpo totalmente expuesto a sus deseos. Su mano continúa su descenso hasta llegar a mi coño donde, de repente, se detiene.

– Mira la zorrita. Te has puesto bien cachonda, ¿eh? Tienes el coño empapado. – y, tras decirme eso, noto como varios de sus dedos entran de golpe en mi coño, provocándome un pequeño grito.

– Eso es zorra, disfruta

Y tras decir eso sus labios empiezan a bajar hasta alcanzar mis pechos y noto como sus labios aprisionan mi pezón y su lengua empieza a jugar con él mientras sus dedos no paran de salir y entrar de mi coño en un movimiento frenético.

No sé cómo lo ha logrado; pero estoy totalmente entregada a ella y tengo que admitir para mis adentros que el placer que estoy sintiendo, merece la pena.

– Qué pasa chicas, ¿no pensabais invitarme a la fiesta?

Me quedo helada. Había olvidado que la chica no había venido sola. Trato de soltarme de mi amante; pero ella me agarra con fuerza y me dice

– Tranquila Zorrita. Verás que bien lo vas a pasar.

Vuelvo a intentar soltarme; pero siento como él me atrapa los brazos desde atrás, mientras ella vuelve a comerme la boca, mentiéndome la lengua hasta el fondo, y sus dedos vuelve a taladrar mi coño. ¡Estoy tan cachonda! Que no me quedan ánimos para resistirme. Además dudo que resistirme pudiera evitar lo inevitable. Así que lo mejor que puedo hacer es tratar de gozar el momento.

Respondo al beso, metiendo mi lengua en la boca de mi amante mientras noto como él me quita el albornoz. ¡Dios! Él ya está totalmente desnudo y lo que noto entre mis piernas es su polla enorme y dura como una piedra.

Me ha parecido una eternidad; pero por fin estoy en casa. Abro la puerta de casa y me extraña no escuchar la televisión. A esta hora mi chica siempre está cómodamente tumbada en el sofá viendo su serie favorita.

Con la mala suerte que estoy teniendo hoy seguro que su ex la ha llamado porque no podía quedarse con los niños y está en el parque con ellos. Suelto un suspiro de frustración y decido ir al baño a mear y después a preparar una buena bañera para relajarme y tratar de olvidarme de un día en el que todo me está saliendo al revés.

Entro en el baño y me sorprende encontrarme la bañera llena de agua y espuma. – ¡Qué coño está…- de repente me parece escuchar un ruido. Me quedo inmóvil y atento. Sí, juraría que ese ruido que parece un gemido viene de dentro del piso.

Me acerco sigilosamente a nuestro dormitorio y, a medida que voy acercándome tengo más claro que los ruidos provienen de nuestra habitación. Noto como mi pulso se acelera. Abro la puerta lentamente y mis ojos no pueden dar crédito a lo que ven.

Laura está sentada encima de las almohadas de la cama y, aunque no soy capaz de ver su cara, sin duda alguna la que está a cuatro patas con la cabeza entres sus piernas es mi mujer Maite y terminando el trenecito está Javier, el marido de Laura, no puedo ver su cara porque la tiene entre las piernas de Maite; pero sin duda esa fabulosa polla sólo puede ser de Javier.

Laura me mira con cara de sorprendida por verme ahí y yo sólo puedo hacer un gesto de abatimiento ante tan mala suerte.

Yo siempre había deseado que Maite y yo fueramos una pareja liberal; pero ella siempre decía que ni de coña. Que ella sólo era puta de un hombre y que nosotros ya lo pasabamos muy bien juntos y que no necesitábamos añadir a nadie en nuestra cama.

Conocía a Laura y Javier desde hacía muchos años y sabía que ellos eran liberales. Incluso, antes de conocer a Maite, en alguna ocasión había formado parte de sus juegos. Así Trazamos un plan para intentar que mi mujer “cambiara” de opinión respecto al mundo liberal. Y por como estaba en ese momento, era más que evidente que su opinión había cambiado radicalmente.

Pero yo quería descubrir si Maite era capaz de serme infiel sin contármelo así que les había pedido a Laura y Javier que el primer encuentro lo orquestasen sin que yo supiera nada. Así garantizaba que, en caso de que ella se mantuviera firme en sus convicciones, yo no saldría perjudicado y descubriría si ella era capaz de mentirme en eso y si era capaz de que yo no me diera cuenta.

Estaba debatiéndome en retirarme sigilosamente y que ella no descubriera que había estado allí; pero estaba claro que mi polla tenía una opinión bien distinta. Ver por primera vez a mi mujer comer un coño mientras otro hombre le estaba comiendo el coño a ella me estaba poniendo muy cachondo. Y el gesto de Laura animándome a unirme a la fiesta fue lo que terminó de decidirme.

Me desnudé apresuradamente y, sin vacilar, me lancé a chupar la polla de Javier. Quería que esa polla se pusiera bien dura para que Maite pudiera sentir como esa descomunal zanahoria le abría el conejo. Javiér no me había visto y pegó un bote al sentir que alguien jugaba con su rabo. Asomó su cabeza extrañado; pero enseguida me devolvió una sonrisa pícara, mientras volvía a meter su cabeza entre las piernas de mi mujer.

¡No podía creérmelo! Yo que siempre había dicho que nunca tocaría el coño de otra mujer y aquí estoy. No sólo se lo estoy tocando, sino que estoy disfrutando como una auténtica perra comiéndole el coño a esta perfecta desconocida.

Había querido resistirme; pero cuando apareció el hombre en la habitación le tomó el relevo a ella en follarme el coño con los dedos. Y aprovechó que tenía sus manos libres para sacarse su tanga de encaje y metérmelo en mi cara mientras me decía – ¿Te gusta como huele mi tanguita? – No me quitaba el tanga de la nariz así que no tuve más remedio que terminar aspirando ese olor inconfundible de hembra en celo. – ¡Vamos zorra! ¡Contesta! ¿Te gusta mi olor? – No quería responder. No quería confesar que el olor de otra hembra me estaba excitando; pero entonces escuche la voz grave y profunda del hombre junto a mi oído…
– No hace falta que te responda Nena. Me acaba de responder a mí. De su coño ha salido un buen chorro de flujo. Esta tía está caliente como una perra. Podemos hacer con ella lo que queramos.

Quería poder gritar que NO que no podían hacer lo que quisieran conmigo. Que lo que quería es que se fueran de mi casa. Pero mi cuerpo ya no me pertenecía y mi mente tampoco. Así que, cuando ella se desnudó ante mí y pude contemplar su fabuloso cuerpo y ese coño tan deliciosamente rasurado, mientras no paraba de sentir esos dedos enormes follando mi coño, perdí la poca voluntad que me quedaba y cuando ella se sentó sobre nuestras almohadas con el coño totalmente abierto ya sabía lo que deseaba ella, pues lo estaba deseando yo también.

Estaba disfrutando como nunca lo había hecho. Sintiendo por primera vez un coño en mi boca y gozando con otra boca haciendo lo mismo en mi coño. Lo cierto es que mi marido era capaz de darme más placer con la boca que el que me estaba dando ese hombre. Pensar en mi marido me hizo sentirme sucia por un momento

– Vamos Cielo. No pares me encanta lo bien que comes un coño. Está claro que eres una mujer que sabe complacer a otra hembra en celo. ¡Sigue!.

Y ella empujó suavemente, pero con firmeza, mi cabeza nuevamente justo donde las dos queríamos que estuviera. “Lo siento mi amor. Me vi forzada” me mentía a mi misma mientras no dejaba de disfrutar de ese maravilloso coño.

De repente el hombre dejó de comerme el coño y pensé que por fin iba a sentir esa descomunal polla en mi coño. Eso hizo que me pusiera aún más caliente. Pero, para mi sorpresa no fue así. Volví a sentir nuevamente como ponía su cabeza entre mis piernas y volvía a deleitarme con su boca y con su lengua. Dios, imaginar su polla dentro de mí debía haberme excitado más de lo que imaginaba. Porque ahora sus lamidas sí me estaban llevando a la paraíso. Si no fuera porque sabía que estaba con su hija juraría que era mi marido el que me estaba comiendo el coño.

Por un instante me quedé helada. Sentí algo duro y caliente jugando con la entrada de mi coño. Al principio pensé que eran los dedos de él; pero cuando sentí entrar esa enorme punta no tuve ninguna duda. Me estaban metiendo una polla; pero ¿cómo era posible?

– Ni se te ocurra dejar de comerme el coño, zorra – me ordenó mi amante mientras cogía mi cabeza con fuerza entre sus piernas para asegurarse que no podía moverla para ver lo que ocurría detrás de mí. – Ahora vas a sentir como ese pollón, que tan cachonda te ha puesto cuando la has visto, te abre el coño de par en par. –

Nada más pronunciar sus palabras sentí como esa polla descomunal entraba de un solo golpe en mi coño. Un escalofrío inmenso recorrió toda mi espalda haciendo que me arqueara totalmente y levantando mi cabeza abrí los ojos como poseída y sentí como ese escalofrío llegaba hasta mi garganta haciendo que soltara un grito de placer inmenso.

– Lo sé cielo. Lo sé. Esa polla te va a dar un placer que no vas a olvidar nunca. Y ahora quiero que me trasmitas ese placer con tu lengua. Así que disfruta y sigue comiéndome el coño.

Mi mente era un torbellino. Notaba como mi coño se abría con cada empujón que recibía de ese hombre y con cada embestida sentía un nuevo escalofrío. ¿Y esa lengua? Cada vez tenía más claro que era la de Juan. Dios Cariño ¿Realmente eres tú? Te juro que yo no quería. Perdí el control me vi obligada. Estaba absorta intentando justificar mi conducta cuando sentí un chorro inmenso estallar en mi cara.

– ¡Diossss zorra! No se te ocurra parar ahora. Me estoy corriendo. Aaaaaaaarrrrrrrgggggg

Y nada más decir eso, sentí un chorro inmenso de flujo salir de su coño. Era como si estuviera meándose en mi cara. Casi no podía ni respirar y ella me apretaba la cabeza con fuerza contra su coño así que no tenía más remedio que tragar todo lo que podía de sus flujos para poder tragar un poco de aire.

No me lo podía creer, ella se estaba corriendo en mi boca y, lejos de m*****arme, aún me estaba excitando más. Tanto que un escalofrío que anunciaba mi orgasmo empezó a recorrer mi espalda y yo empecé a resoplar y gemir como una perra. Eso hizo que mi amante desconocido empezase a bombear con más fuerza, dándome unas embestidas que hacían que me empotrase en la cara de quien, cada vez tenía más claro, era mi marido. Él también aumentó su frecuencia e intensidad en las lamidas a mi excitadísimo clítoris y en breves instantes empecé a gritar entre las primeras convulsiones de mi orgásmo. Sentí cómo un torrente que nunca había tenido caía sobre mi marido mientras no podía dejar de correrme.

No sé cuanto tiempo duró mi orgasmo; pero para mí fue un tiempo dulcemente eterno. Finalmente caí extasiada sobre la cara empapada de mi marido y el coño de mi amante; pero la polla, aunque más despacio, seguía bombeando dentro de mi coño. Estaba tan agotada que no tenía fuerzas ni para pedirle que parase.

Él todavía no se había corrido y sentía perfectamente como su enorme polla entraba y salía de mi, ahora agotado, coño.

Mi marido volvió a darme suaves lametazos en mi coño, algo que me pilló por sorpresa e hizo que pegara un pequeño brinco. Estuvieron así durante al menos un par de minutos. Yo estaba ya a punto de pedir que parasen cuando empecé a sentir como mi clítoris se volvía a endurecer. No me lo podía creer acababa de tener un orgasmo brutal y me estaba volviendo a poner cachonda como una perra. No pude evitar soltar varios gemidos que espolearon a mi amante y a mi marido a acelerar el ritmo. Mi amante llegó al orgasmo antes que yo y sentí como un chorro increíble de leche caliente invadía mis entrañas justo unos segundos antes de que yo tuviera mi segundo orgasmo. Menos intenso que el anterior; pero que esta vez sí me dejó totalmente agotada.

Sentí los resoplidos de mi marido que aún estaba bajo mi coño. Cuando me moví para confirmar que era él y ver que pasaba, me dí cuenta que mi amante había dejado su sitio delante de mi cara para ir a sentarse sobre la polla de mi marido que, por los gritos que estaba soltando en ese preciso instante, estaba corriéndose dentro de esa preciosidad que antes se había corrido en mi cara.

Cuando Juan se recuperó un poco, se incorporó y mirándome a los ojos me dijo.

– Creo que tenemos mucho de que hablar, Cielo. – Aunque nunca sabrás quien fue el que realmente orquestó esta situación. Pensé para mis adentros.

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