Un compañero inofensivo

Llevaba apenas un par de días trabajando en esa oficina. Uno de mis nuevos compañeros sentado en otra máquina frente a mí, no me quitaba los ojos de encima, Cada vez que yo levantaba la vista, él me estaba mirando y eso me excitaba bastante.
Mi compañera de al lado me dijo “Es inofensivo, siempre hace lo mismo”…

Esa tarde antes de terminar tuve la necesidad de ir al baño.
Apenas entré al box, él abrió la puerta y se metió adentro conmigo, haciendo el gesto para que yo hiciera silencio. Me hizo levantar y apoyar mis manos contra la pared.

Entonces sentí sus manos recorriendo mi cuerpo. Desprendió mi falda, que cayó arrollada a mis pies. Mis hormonas estaban al límite de explotar.

Me bajó la tanga hasta las rodillas y sentí que su verga tiesa se apoyaba entre mis cachetes, De pronto uno de sus dedos penetró mi esfínter anal, haciéndome dar un agudo grito de sorpresa. Me lo hundió a fondo y luego lo sacó, para volver a meterme dos dedos, esta vez lubricados con su propia saliva. La idea de ser sodomizada por ese tipo me excitaba…

Apoyó su mano sobre mi cintura para hacerme inclinar hacia adelante. Luego sentí que acomodaba la punta de su verga sobre mi estrecha entrada trasera. Me tapó la boca con una mano y entonces empujó…

El dolor inicial fue casi intolerable; yo no había visto el tamaño de su pija, pero la sentía enorme y muy gruesa dentro de mi culo. Dolía mucho, me lastimaba, pero mis hormonas me pedían más. Deseaba que no se detuviera, quería ser taladrada por esa verga ancha y bien dura.
En el primer embate metió solamente la cabeza. Esperó que mi ano se relajara un poco y ya con el segundo embate consiguió que entrara toda.

Volvió a esperar unos instantes y luego empezó a bombear despacio.
Poco a poco el dolor desapareció y él quitó su mano de mi boca. Mientras me bombeaba el culo metía y sacaba sus dedos de mi boca, jugando con mi lengua y excitándome aun más de lo que yo ya estaba…

•Te gusta que te coja por el culo, nena?” Susurró a mi oído.
Yo estaba gimiendo y le contesté empujando mi cuerpo contra el suyo, para ir al encuentro de esa tremenda verga que me volvía loca de calentura.

Unos instantes después el mete y saca era vertiginoso, me estaba destrozando el culo a golpes de pija, pero a mí me encantaba.
En ese momento pensé: “Es inofensivo, siempre hace lo mismo…”

De repente sentí que su verga comenzaba a descargarse dentro de mi ano. Su semen hirviente me provocó repentinamente un intenso orgasmo, que recorrió mi cuerpo mientras sus manos me aferraban por las caderas y me mantenían quieta contra la pared.
Cuando él notó que mi cuerpo dejaba de estremecerse y temblar con semejante orgasmo, me la sacó y me hizo girar para enfrentarlo. Me comió la boca con un beso de lengua profundo, que me hizo humedecer otra vez.

Sentí su semen saliendo de mi ano y deslizándose entre mis muslos. Mi compañero entonces se arrodilló y metió su lengua entre mis labios vaginales. En menos de un minuto me hizo acabar con su lengua. Esta vez podía oír mis propios gritos mientras ese nuevo orgasmo me invadía…

Se incorporó y me miró a los ojos mientras acomodaba sus ropas.
“La próxima vez, te voy a coger en tu propia cama, putita…” Me dijo.

Salió del baño sin darme tiempo a contestarle.
Regresé a mi escritorio con mis piernas tambaleantes, bastante dolorida y sintiendo que el semen se escurría de mi ya no tan estrecha abertura anal.

Mi compañera de al lado sonrió con algo de malicia, mientras me miraba caminar con cierta dificultad…

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