Tres

Considero que las parejas que he tenido han dejado huella en mi vida. Algunas fueron más sentimentales que físicas. Otras se complementaron y podría decirse que fueron exitosas… hasta que me doy cuenta que estoy hablando en pasado, lo cual me trae a la realidad: algo no funcionaba.

En resumen, mis parejas estuvieron marcadas por el tiempo. No hubo tales encuentros de una sola noche. Eran relaciones que comenzaban con una amistad y pasaban a la posteridad compartiendo cariño e intimidad. Hacíamos el amor. Pero tal vez esto cambia al tiempo que el significado lo hace. Si pasamos de HACER EL AMOR a TENER SEXO, todo es distinto.

Al platicar con los compañeros del trabajo me sorprendía lo fácil que les resultaba encontrar una chica en algún bar y llevarla a un motel u hotel, tener sexo y despedirse, y no volverse a ver.
Eso no iba conmigo. Soy más tradicional… si es que tal termino se aplica a mi forma de ser. Tradicional para compartir con la misma persona mis sentimientos y emociones, físicas e intelectuales, intentando con esa misma persona las situaciones que recorren una gran gama, desde la ternura hasta la locura de una noche de pasión.

Y por lo mismo, en estos tiempos de cambio, no encuentro alguien con quien me establezca como pareja. Tal vez haya escasez de mujeres. Al menos de mi tipo. Soy muy exigente?

Todo lo anterior es una breve introducción del comportamiento sexual que he tenido en mi vida. Trato de ubicarme pues aun no alcanzo a comprender lo que a continuación les relatare.

Adriana y yo fuimos pareja durante muchos años. A mí me gustaba relacionarme con diferentes personas y ella era mas bien adaptable al lugar, aunque dependía mucho de mí. Pero nuestra relación termino cuando la inseguridad toco a su puerta, al regreso de un viaje que ella hizo, creyendo ella una serie de rumores acerca de mí que yo no intente dispersar. Debía conocerme. Estuvimos juntos tanto tiempo que me dolía el pensar siquiera que ella podía creer todas esas barbaridades. La ruptura fue, en su momento, trágica. Pero el tiempo, aquel que puede ser amigo o enemigo, cerro las heridas y trajo la tranquilidad.

El trabajo lleno mi vida, y fue trabajando como, después de varios años, reaparece Adriana.

Entre a aquella pequeña oficina federal a llevar unos papeles a firmar, un lunes por la tarde. El trámite en cualquier oficina IP habría tomado no más de diez minutos, pero me topé con la burocracia y tardé treinta minutos en ser atendido por la primer persona que me condujo a una sala de espera en la que estuve esperando por espacio de veinte minutos, en los cuales se sentaron a mi lado otras dos personas. De pronto percibí un aroma que me trajo recuerdos. Volteé para comparar y resulto ser ella. Nuestras miradas se cruzaron. Me levanté al momento en el que ella se acercaba a mí. Sonrió y me extendió su mano, misma que tome y jale un poco para besar su mejilla.

Era curioso, los sentimientos negativos no estaban presentes. La persona a quien yo vería para la firma de papeles abrió la puerta y me llamó. Era un hombre con tipo de gangster, como esos de las películas, y su comportamiento era el de un hombre MUY IMPORTANTE.
Invité a Adriana -que también necesitaba algunas firmas- a pasar para que no tuviera que esperar más, y así entramos en la oficina que estaba cubierta por una gran nube de humo producido por algunos puros que estaban apagados ya en el cenicero, en un extremo del gran escritorio.
El burócrata nos firmó todo en menos de ocho minutos. No hubo ofertas ni solicitudes, así que salimos despidiéndonos y abandonando la oficina y el edificio.

Adriana y yo platicábamos de nuestros trabajos, nuestros logros y nuestros conocidos. Evitábamos el tema NOSOTROS, y así decidimos volver a vernos. Le ofrecí mi tarjeta y ella me dio una de su negocio. Quedamos en hablarnos y nos despedimos cuando la dejé en la puerta de su automóvil, al fondo del estacionamiento.

Pasaron dos semanas. Trabajo, trabajo y más trabajo. Y entonces llegó un mensaje a mi buzón. Era de Adriana. Lo respondí y quedamos de vernos el siguiente viernes por la noche. Nos encontraríamos en un bar.

Al llegar me di cuenta de que Adriana iba acompañada por otras dos amigas. Las tres eran totalmente distintas entre sí y Adriana era, evidentemente, quien más llamaba la atención. Alta, cabello castaño oscuro atado en la nuca y cayendo sobre su espalda. Ojos profundos y boca de esas que parecen siempre dispuestas a besar. Jessica era unos veinte centímetros más baja que Adriana. Muy delgada, con cuerpo como de niña. Su cabello era de un tono castaño medio, a la altura de los hombros. Y su timidez era contrastante con el barullo del lugar. Aylinn me dio la impresión de ser la más pequeña de las tres, y no me equivoque. La diferencia de edad con Adriana era suficiente como para preguntarse cuál seria el tema en común en una plática cualquiera. Físicamente, mediría 1.60, rellenita de cuerpo, y conduciéndose de manera muy poco femenina. No usaba más maquillaje que un poco de pomada para los labios, y el cabello recortado en melena a la altura del cuello.

Adriana me presentó como un amigo, yo dije mi nombre, pero creo que no alcancé a ser escuchado por el sonido del lugar. Ellas bailaban y reían, cantaban y bebían. Yo no bebo, así que pedí una soda y me divertí viendo a quienes llenaban el sitio. Adriana se veía diferente a como era cuando estábamos juntos. Antes ella cuidaba mi mirada, y yo la suya. Salir era como ir una sola persona pues no hablábamos con nadie más, y nos dedicábamos el uno al otro. Ahora era extrovertida. Bebía más de lo que yo recordaba, y sus movimientos eran provocativos… aunque los de las demás mujeres en el lugar no eran diferentes en absoluto. Podría decirse que ella estaba ahí para divertirse sin importar nada mas. Jessica miraba su bebida y de vez en cuando alzaba la vista para ver a la gente pasar. Aylinn hablaba con un grupo de jóvenes mas o menos de su edad.

De pronto Adriana hablo algo con sus amigas y me dijo: Nos vamos.
Tome mi chaqueta y pregunté si se pagaría la cuenta a la salida. Ella solo respondió: No, ya esta todo pagado.

Giró y con paso firme salió del lugar. Detrás de ella Jessica y Aylinn. Y al final, yo.
Pasó un taxi frente a nosotros y Adriana lo detuvo. Entraron al auto Jessica -que iba, a mi modo de ver, ebria-, Aylinn y Adriana. Cerré la portezuela y entonces me coloqué en el lugar del copiloto. Escuché a Adriana dar una dirección. El chofer puso el auto en marcha y comenzó a cruzar calles hasta que llegamos a un céntrico conjunto de edificios, muy cercano al edificio federal en donde nos habíamos reencontrado. Bajamos todos al tiempo en que Jessica pagaba al chofer.
Comencé a sentirme incomodo por tanta liberación femenina, y Adriana lo notó pues enseguida me dijo: Sin estresarte, eh? Algún día te dejaremos pagar, hoy corre por nuestra cuenta.

Al entrar al edificio, pregunte a Adriana quien vivía ahí.
-Aquí vivo yo. Aylinn vive a unas dos o tres cuadras de aquí.
-Y estas segura de que Jessica se siente bien?- pregunte.
Adriana rió y me dijo:
-Si, no te preocupes. Ella es así. Cuando te tome confianza verás que es agradable.

El departamento era un lugar pequeño pero agradable. El mobiliario era escaso, sin sala y con tan sólo un “sillón” simulado por una cama individual con cojines encima. Se podía ver tres puertas y una pequeña cocina. En un rincón se encontraba un escritorio que sostenía una computadora.

Nos sentamos y Adriana trajo una botella de vodka y unos vasos.
-Tú no tomas, verdad? Pero nosotras sí.

Sirvió la bebida y la mezcló con un poco de jugo de uva. Cada una tomo su vaso. Aylinn se levantó y se sentó ante la computadora.
Yo empecé la platica con Adriana, y Jessica de pronto reía entre dientes, o hacia comentarios al respecto de las respuestas de Adriana. Empecé a acostumbrarme a su forma de ser, y a platicar con ella también.
Era curioso, Adriana me llamaba la atención por ser distinta a como era antes. Pero no deseaba retomar la relación sentimental, eso era un hecho. Y creo que ella tampoco. Se veía bien, y cuando su mano rozó mi pierna no pude evitar sentir un latigazo de electricidad corriendo por mi espina.

Sin más, Adriana me beso. Recordar esa caricia me provoco vértigo, e intenté detenerla. Ella no hizo caso alguno. Sujeto mi cara y siguió besándome. No sé si estaría ebria o no. Nunca la había visto así. Empecé a acariciarla, pero me detenía al pensar que había otras dos chicas en la habitación y que nos podrían ver, pero ella continuaba como una gatita que exige atención. Tomó mi mano y me levantó. Caminó hacia una de las puertas y abrió. No encendió la luz. Entramos a obscuras, yo delante de ella. Podía ver su silueta y nada más.

Mis manos acariciaron su rostro, su cuello, sus pechos. Podía sentir sus pezones erguidos a través de la tela de su blusa. Ella me besaba las orejas, los labios, el cuello, y tenia sus manos sujetando mis hombros, las bajaba sobre mis brazos y acariciaba mi pecho.

Se sentó en el borde de la cama y empezó a desabrochar mi pantalón. Yo estaba muy caliente, y sentir sus manos en mis nalgas me sorprendió y me encendió aun más, así que cuando bajo mi pantalón, mi erección era evidente para cualquiera. Cerré los ojos. Sus manos en mis huevos, sus caricias como antes. Nadie me hacía lo que ella. A nadie le había contado, todo aquello que me gustaba, y que ahora volvía a mi mente y a mi cuerpo como un recuerdo de algo vivido, pero al mismo tiempo diferente. Su boca engullía mi verga, y yo jadeaba de placer al sentir sus manos acariciándome, provocándome, llevándome hacia ella mientras me empujaba sosteniendo mis nalgas. Sentí como pellizcaba un poco mis tetillas y gemí de placer y de sorpresa pues las manos de Adriana aun estaban en mis nalgas… Entonces, de quien eran los pellizcos?

Abrí los ojos pero aquella persona estaba detrás de mí y no me permitía verla, al tiempo que cerraba la puerta dejando la habitación tan obscura como una caverna. Tan solo me abrazaba por detrás, acariciando mi pecho y mi espalda con sus manos, mientras Adriana seguía mamándome como sólo ella sabe hacerlo.

Quería penetrar a Adriana, mi calentura no podía esperar, así que la empujé sobre la cama y ella se acomodó, pasando la blusa por sobre su cabeza y dejando sus pechos al aire. Lamí sus obscuros pezones y bese sus labios, mientras me disponía a quitar su pantalón. No alcance a hacerlo. Mis manos estaban apoyadas sobre la cama, y si quitaba una sola perdería el equilibrio. Mi verga sintió unos labios que la rodeaban y volvían a mamarla, pero esta vez de una forma distinta. La succionaban suavemente, pero las caricias en mis huevos eran tal como me gustaban.

-Bésame- fue la orden de Adriana. Lo hice, acomodándome sobre mis rodillas y poniendo mi pecho sobre el de ella, mientras levantaba el culo para que quien-quiera-que-fuera siguiera mamándome y excitándome aun más. La boca dejó de succionar mi verga, pero las manos siguieron acariciando mi piel, rodeando mi cadera, dibujando mis nalgas. Sentí que una mano entre mi pecho y el de Adriana y me levante un poco. Quise distinguir quien de las dos amigas de Adriana era la audaz, pero no alcanzaba a distinguir los rasgos y para este momento Adriana me tenia sostenidas las manos de manera que no podía moverlas.

Quien-quiera-que-fuera alcanzó uno de los pezones de Adriana, mientras yo me incliné para continuar con el otro, mientras Adriana tomaba mi verga y rozaba con la punta su coño que estaba mojadísimo por la excitación. Recordaba que Adriana era golosa, pero esto me estaba haciendo alucinar. Ella jadeaba de una manera deliciosa que hacia excitarme más y más cada vez, mientras le lamíamos los pechos y ella acariciaba nuestros sexos de una forma rítmica, cada vez más rápido, pero luego despacio otra vez.

Entonces decidí moverme. Acomodé el peso de mi cuerpo sobre la cama, a un lado de Adriana, y con mis ojos acostumbrados a la oscuridad pude distinguir como era Jessica quien lamía sus pezones. Metí una mano en la entrepierna de Adriana, acariciando su clítoris y metiendo la punta de mi dedo en su vagina. Ella alzó la cadera como pidiendo mas, y fue cuando no pude esperar y me coloque frente a ella, abrí sus piernas y la penetré en un solo movimiento, mientras con una mano acariciaba las nalgas de Jessica.
Adriana gimió y arqueo su cuerpo. Sentía como se venía, como apretaba mi verga con su coño, como sus jugos cubrían mi erección y salían resbalando por sus nalgas, hacia su culo. Jessica no hacia ruido. Pareciera como si no estuviera ahí. Era una sensación muy extraña… como si fuera un fantasma. Cualquier cosa que yo hacia intentando provocar alguna reacción sólo era recibida por ella, pero en silencio.

Saque mi verga del coño de Adriana, y Jessica se acercó hacia mí para mamármela otra vez. En este momento me acostaron entre las dos en la cama, boca arriba. Mi verga en la boca de Jessica, la boca de Adriana sobre la mía, la mano de Jessica acariciando las nalgas de Adriana y metiéndose un poco entre ellas para acariciar ese apretado culo, mientras Adriana metía y sacaba su lengua de mi boca y mordía un poco mis labios. Me di vuelta con cuidado de no lastimar a ninguna de las dos, pero con la intención firme de tenerlas a las dos frente a mí, tumbadas en la cama. Así, me acomodé frente a Jessica y le deje ir mi verga dentro, escuchando un leve gemido. Mi mano hurgaba en el sexo de Adriana. Por supuesto que yo sabía exactamente en dónde y cómo tocar, y así lo hice, logrando que se viniera más rápido que en ningún otro momento. Con Jessica la cosa era diferente, pero pude sentir como me apretaba la verga con las paredes de su vagina, mientras emitía unos grititos apenas distinguibles que se dejaron de oír tan pronto Adriana se deshizo de mi mano y se volteó para cubrir con su boca la boca de Jessica. No me imaginaba que a Adriana le pudieran gustar las relaciones bisexuales, así que verla besándose con Jessica fue para mí mas de lo que podía esperar y me hizo correrme de la manera más abundante que puedo recordar.

Quedamos los tres acostados en la cama. La música que antes se escuchaba en el exterior se había terminado, y ya no se oía siquiera el ruido de Aylinn en la computadora. Abracé a las dos mujeres que tenia a mi lado. A esa a quien yo había hecho mujer, y a la otra con cuerpo infantil. Adriana acomodo su cara en mi hombro, haciéndome escuchar su respiración, y susurrando:
-Te gustó?
-Si -le respondí- lo haces muy seguido?
-No. Jessica y yo compartimos alguna vez esta fantasía, y hoy la realizamos.
-Pareciera que lo habían hecho antes- dije yo, incrédulo a la idea de ser yo quien les ayudara a efectuar tal locura.
-No. Pero creo que si fantaseas mucho acerca de algo, es como si practicaras… tú que piensas?

Cambie el tema pues no quería involucrarme demasiado. Jessica permanecía a nuestro lado, echada bocabajo sobre las sábanas, como dormida. Busque la boca de Adriana con la mía y volví a besarla. Su mano tomó casi como un reflejo mi pene en estado natural, haciéndolo erguirse bastante rápido.
Entonces empecé a escucharla:
-Que dura está!
-Quiere estar dentro de ti- le dije.

Y se levantó, y se sentó en mi, metiéndose mi verga en su vagina.
Mis manos alcanzaron sus tetas, y pellizcaron sus pezones, y acariciaron todo su torso. Ella subía y bajaba, mientras gemía y jadeaba. Súbitamente, cayó hacia atrás, sin dejar de mover la cadera. Me levanté y la tomé por la cintura, mientras ella se movía y retorcía de placer. Acaricie sus tetas, y al bajar sobre sus costados me tope con sus pies. Entonces acaricie sus plantas. Mis piernas estaban abiertas, con Adriana entre ellas. Las embestidas fueron cada vez más veloces, y ella se repegaba a mí cada vez que yo salía de su coño. Por fin, salí completamente, y alcance a escuchar como me decía: No, te quiero adentro, te quiero adentro.
Me coloque de rodillas sobre la cama, hice girar a Adriana y la puse con el culo apuntando al techo. Sus mismos fluidos me ayudaron y la penetré por detrás.

Yo ya no aguantaba más. Me moví hacia afuera y adentro, acariciando la espalda de Adriana. Y Jessica se unió a nosotros lamiendo mis huevos y el clítoris de Adriana. Esta lanzaba unos gemidos que eran claramente de placer, y yo sentía que me venía. Al mismo tiempo que el gemido salía de mi boca, Adriana se contrajo de tal forma que exprimió hasta la ultima gota de semen que quedaba en mí.

Después de eso, nos quedamos dormidos un rato. Al despertar, Jessica se había ido a la otra habitación, y Adriana permanecía a mi lado sobre la cama. La cubrí con las sabanas y me dirigí a darme un baño. Eran las 4 de la mad**gada. Adriana entro al baño y me pregunto si necesitaba algo. Antes de responder, ya se encontraba debajo de la regadera, a mi lado, recorriendo mi cuerpo con el jabón en la mano.
Me bañó, me enjuagó y me secó como si fuera un niño.

Volvimos a la cama y esta vez sólo nos abrazamos.

Siempre había sido partidario de aquel refrán que dice: TRES SON MULTITUD, en especial cuando de hacer el amor se trata.

Tal vez el sentimiento con Adriana aun se comparta. Pero, al final de cuentas, para que son los amigos?
vsn

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