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Sumisa en el trabajo

Marisa es una pequeña chica que trabaja en una gran empresa como ingeniera. Casi todo lo que le rodean son hombres, fuertes y grandes a su lado. Su escaso 1,55 de altura, su menudo cuerpo, y su pelo lacio y rubio, le dan apariencia de niña indefensa entre un grupo de salvajes.

Pero en realidad Marisa tiene carácter y tiene la situación controlada. Es verdad que siempre se siente observada, y que las cabezas masculinas se giran para mirarle el culo, pero eso practicamente no le importa si no le faltan el respeto. Lleva peor los piropos, o que le digan guarradas. Es algo diario, aunque esta controlado.

Salvo un caso. Uno de los chicos, uno fuerte y alto, bastante mayor que ella, le dice diariamente lo que quiere, y ella es incapaz de responder, o girarse y mostrar su carácter. Y si no lo hace, es porque le excita de una manera loca y descontrolada. Tanto, que cuando alguna vez ha estado cerca y ha sentido su olor, ha llegado a sentir excitación entre sus piernas.

Por eso, lo máximo que hace cuando este chico le dice piropos muy subidos, es encogerse y sonrojarse.

Pero claro, Marisa tiene carácter, y cuando le dice alguna cosa que se excede, responde como es natural en ella, aunque después sale corriendo avergonzada.

– Niña… te voy a comer todo lo rubio- Le dijo un día mientras pasaba por un pasillo y estaban solos.

Ahí le salto el carácter y respondió.

– Tu solo conseguir comérmelo atándome.- Al momento se dio cuenta de lo que había dicho.

– Pues si te tengo que atar… te ataré y te lo comeré con gusto.

– Hombre, si me atas no tendré más remedio que dejarme.- Dijo ella un poco cachonda.

El chico se sorprendió ante el cambio de actitud y continuo su camino. Pero tras unos segundos, comenzó a seguirla sin alertarla. Cuando vió que se metía en uno de los despachos libres, entró tras ella.

Ella no se sobresaltó, como si lo esperara. El le enseño la larga cuerda que llevaba en la mano. En ese momento sabia que era mejor no resistirse, y comenzó a excitarse como una loca. El la cogió con decisión de una muñeca, y poniéndola de espaldas, le ató las dos manos a la espalda. Con el resto de cuerda, se lo pasó por la boca para amordazarla, quedando unidas sus manos con su cabeza.
Luego le dio la vuelta, y alzándola con los fuertes brazos la sentó en una mesa. Hizo que se tumbara mientras le quitaba los pantalones. Ella no ponia resistencia alguna. Solo observaba con una especie de sonrisa.

Tras quitarle las bragas, se encontró con un pequeño coño blanco con grandes labios rosas y húmedos. Se acerco poco a poco y vio como se abrían para el. Directamente metió la lengua, y le recibió una oleada de fluidos. Ella empezó a gemir como una loca en el acto, y pocos segundos despues, empezó a sentir los orgasmos de Marisa en su boca.

Él había comido muchos, antes, pero aquel era especialmente agradecido. Lo seria ella también. Se levantó y puso su gran polla entre sus piernas. Realmente se veia enorme entre aquella chica tan pequeña. Empezó a penetrarla, sin que ella pusiera ningún tipo de pegas. El orgasmo femenino corria entre sus piernas, mientras el la follaba con fuerza.

Cansado de la postura, le dio la vuelta para penetrarla por detrás, y tras unos empujones, pensó que ya que estaba en tan buena situación, podría probar a follarle el culo.

Aunque le costó, ella tampoco puso empedimentos, y tras unos empujones de prueba, pudo follarla por allí igual de salvajemente.

Pensó en como de controlada tenia la situación, y decidió probar algo más. La puso de nuevo boca arriba con la cabeza en el borde y se masturbó en su cara dispuesto a correrse en ella. Al contrario de lo que esperaba, ella no evito esa situación, al contrario, intentaba abrir la boca como si quisiera que se corriera dentro. El comprendió y le quitó la cuerda de la boca, momento en el que ella se metio su polla tanto como pudo. Se la comió tan bien, que él no pudo evitar correrse en el fondo de su garganta. Y aun después de correrse, ella continuo chupando, impidiendo desperdiciar ninguna gota.

Fue entonces cuando comprendió, que si bien el la había atado, ella era quien lo había dominado.

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