Sorpresa

Sorpresa en la sesión…
Las vacaciones en un Buenos Aires pasaban por un tedio propio de la soledad de mi vida. A mis sesenta años, con varios fracasos amorosos y sin poder constituir una familia, decidí pasar unos días en hotel de esa ciudad, donde yo vivía.
El mismo quedaba en el Centro de la ciudad y tenía un servicio de SPA, para atención de belleza personal. Al alojarme inventé una dirección ficticia del interior del País y pagué los siete días de estadía, que me permitían acceder al sauna todos los días, y con cargo extra tomar masajes.

Una amplia habitación me permitía estar descansando, leer, ver tv y poner mi mente en cero que era el objetivo de mi estadía. Mi celular estaría en vibración o apagado, de manera tal de desconectarme del Mundo real y sí estar atenta a cualquier cosa que algún ser querido pudiera necesitar. Mi solitaria vida me había hecho la confidente de muchas personas.

Salí de mi casa en un taxi y a los pocos minutos estaba en un lujoso hotel, un botones me acompañó a la habitación donde dejó mis valijas, a mi pregunta sobre donde estaba el SPA me indicó que si quería él me acompañaría. A mi pedido una hora después golpeó la puerta de mi habitación y con una sonrisa me indicó que lo siguiera.
Ya en el ascensor me comenzó a relatar los servicios del SPA que estaban incluidos en la tarifa y cuales no. Llegamos al último piso y nos introducimos en el mismo, una recepcionista me dio una pequeña introducción y me invitó a visitarlo. Accedí a un vestuario donde había un variado grupo de mujeres semidesnudas, pasé por las duchas que tenían separaciones pero no cortinas y luego al sauna, al cual llegaban hombre y mujeres. Frente al mismo había un sector para masajes con cabinas individuales, lo mismo que para belleza de los pies, maquillaje, limpieza de cutis etc. Excepto los vestuarios el SPA era mixto.
Algunos de los huéspedes circulaban en albornoz y otro con una toalla anudada a sus hombros, si eran mujeres, o en la cintura si eran hombres.

Un cartel indicaba el vestuario de hombres, al cual desde ya no accedí. Ya de nuevo en la recepción digo que voy a tomar un sauna y me entregan toallas, ojotas y una llave para mi locker. La recepcionista me dice que me cambie tranquila y que en unos minutos me acompañaría. Me saqué la ropa, anudé la toalla a mi cuerpo y me saqué la ropa interior que coloqué en el locker cuando veo a la recepcionista que viene con algo en la mano.

-Es una vedetina me dice. Ante mi mirada atónita me agrega- una tanga descartable por si la queres usar en los sectores mixtos. Me señala el sector de duchas y la sigo, me indica como usarla y permanece a mi vista mientras yo regulaba el agua, ya desnuda.
La vedetina eran dos triángulos de material sintético, unidos por un fino elástico, que colocada no era más que una prenda que cubría mis partes íntimas lo mínimo posible. Decidí no usarla y me dirigí al sauna, antes de entrar la recepcionista me indica que una vez adentro para llegar al área de descanso había que salir por otra puerta que me indicaría y ahí encontraría una piscina.
Entramos juntas y ante mi sorpresa unos diez hombres y mujeres compartían el espacio desnudos o semi desnudos. Algunos con vedetinas otros no, algunos cubríendose la zona del pubis y todos con el pecho desnudo. Los había de todas las edades, la recepcionista se fue y así quedé frente a todos. Una mujer me invitó a sentarme cerca de ella y así lo hice dejando mis pechos al aire.
En ese variopinto grupo humano había quienes manejaban su desnudez con soltura, en general europeos y retraidos latinoamericanos. Me dejé acostar y corrí la toalla quedando desnuda, simulando cerrar los ojos pero reconozco que el ambiente, extraño para mi me despertaba curiosidad. Sin duda el calor ponía flácidos a los penes de los hombres, que aún bajo las vedetinas no podían disimular su tamaño, pocos estaban desnudos por completo, y no dejé de mirarlos.

Los desnudos cuerpos transpirados de hombres y mujeres realmente me excitaban y al copioso sudor provocado por el sauna se sumaba un abundante flujo vaginal que sin duda era olido por los presentes, como yo olía el de las otras mujeres. Al rato me incorporé, sin cubrirme y ví que quienes dejaban el sauna, de ambos sexos lo hacían con sus toallas en la mano.

Entraron dos mujeres que al ver el panorama se tomaron de sus toallas como para que ni se cayeran, sin duda nunca habían tenido una experiencia así. Se sentaron a mi lado algo cohibidas, resultaron ser del interior de Argentina, familiares entre sí según me dijeron. Conversamos un rato y la más joven me preguntó si venía seguido, le dije que no, y que era la primera vez que estaba desnuda en un lugar así, ella soltó una risa nerviosa. Le dije que dejara sus pechos al aire y que luego dejara caer su toalla, que nadie la miraría. Ella me confesó que ni ante mujeres había estado desnuda, la mayor miraba en silencio y dejó caer su toalla dejando sus pechos al aire.

Salí del sauna con la toalla en la mano y en un cesto la dejé, me dí una ducha fría donde enfríe mi cuerpo y mi espíritu acalorado de fantasías eróticas, me puse contra la pared y dejé que mis manos autosatisfacieran mi sexo. Al cerrar la ducha una asistente me da una toalla y me señala un sector de reposo, donde hombres y mujeres estaban tumbados en reposeras, sea leyendo, durmiendo, conversando. Frente a todos había una piscina sin nadie en su interior, busco una reposera me acuesto, me ofrecen una bebida y pongo mi mente en blanco.

Al rato llegan las dos mujeres que había visto en el sauna, como yo y como todos en el lugar estaban cubiertas con sus toallas. Nos pusimos a charlar de cosas banales, al rato una de las mujeres que estaba en una reposera se acerca a la piscina se desnuda y se mete en ella, quedándose un rato. Luego le siguen otros de ambos sexos, que al rato desnudos o con sus escuetas vedetinas se dirigían al sauna.

Esto me hace acalorar me dijo una de ellas, yo pensaba que se refería al sauna, pero no era al hecho de estar desnudas o semidesnudas en ese ambiente mixto. Al quedarnos las tres solas decidimos irnos a esa pileta, colocamos los brazos sobre el borde y conversamos, al raro chorros de hidromasaje comenzaron a fluir con una cómplice sonrisa dejamos que nuestros pubis se colocaran frente a ellos, cerrando los ojos hasta lograr silenciosos orgamos.
Le pregunté a la mayor de ellas que hacían por Buenos Aires, somos pareja me dijo, nos escapamos de nuestros esposos y familias por unos días. Repetimos el sauna, ya sin gente en él, desnudas por completo. Disfruté de ver sus cuerpos desnudos transpirados y sonreí ante sus indisimulados besos, en un momento una de ellas comenzó a masajearme la planta de los pies, sin que yo me resistiera.

Terminadas de ducharnos nos vestimos las tres con atuendos parecidos, solera sin soutien y ojotas y me invitaron a ir a su habitación. Me senté en un sillón mientras me sacaba las ojotas y la mayor de ellas iba al servicebar y me ofrecía bebidas. Ya la había observado y realmente era una mujer atractiva cercana a los setenta años, su pareja de unos cincuenta también. Esta tomó mis pies y me dijo voy a terminar el masaje del sauna, me hizo subir mi pollera y comenzó a recorrer con suavidad y dulzura cada dedo de mi pie, mientras me sonreía sin hablarme. La mayor colocó música suave y pareciera que coordinadamente la que me masajeaba los dedos del pie me los empezó a besar y luego chupar, yo no me resistí y noté que mi flujo vaginal aumentaba precipitadamente, realmente no sabía que hacer.

Siento que me toman del cuello por la espalda y recibo un profundo beso de la mayor, que luego con sus labios busca los mios, trato de resistirme pero estaba llegando a un clímax de placer que nunca había experimentado. Al abrir mis ojos veo que está desnuda, y comienza a sacar mi ropa.
Así empecé el primer trio de mujeres de mi vida-no hagas nada- me dijo una de ellas.

Mientras una recorría con su boca la parte delantera de mi cuerpo la otra hacía lo mismo con la trasera, yo estaba de costado tendida en la cama. Sus bocas coincidieron una en mi ano y otra en mi pubis, realizando una danza coordinada de masturbación, con mis manos me automasajeaba mis pechos, era notable como el flujo vaginal invadía mis piernas, ellas no dejaban de besarme yo de masajearme.

En un momento empecé a tener un orgasmo intenso, mojado, en todo sentido, comencé a gritar de placer mientras ellas al notar que había llegado al clímax se besaron sus bocas y se masturbaron mutuamente, ya estaban motivadas en segundos ambas cayeron rendidas luego de demostrar el placer obtenido.

Quedamos las tres desnudas en la cama, en silencio, una se levantó, luego otra, después yo, las sábanas estaban mojadas de flujo y orina, el momento fue intenso. Cada cual tomó su copa en silencio, un pesado silencio interrumpido por una carcajada de las tres.

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