Sexo en Halloween

Llevábamos un tiempo chateando. En cierto modo nos conocíamos. Sin embargo, no me habías visto nunca. Te excitaba la idea de sentirte “usada” por un extraño, pero obviamente era algo que también te causaba cierto miedo. No eras la única. Yo tampoco había quedado nunca con una desconocida, pero la idea… me daba mucho morbo.

Por fin un día, me mandaste la dirección. Habíamos pactado un código, dado que podrías no estar sola. Yo te llamaría al telefonillo y preguntaría si “vendías de segundamano”. Si me habrías la puerta, significaba que podría subir. Yo había pasado por tu puerta varias veces, pero no me había atrevido a llamar. La primera vez que llamé, me dijiste que no vendías nada. Supuse que estabas sóla pero que te daba miedo abrirme la puerta.

Un día estaba haciendo ejercicio y estaba bastante excitado. Pasaba cerca de tu casa y aunque estaba sudado y en chándal, llamé y pregunté por una cámara de segundamano; me abriste la puerta sin hablar. Subía en el ascensor super nervioso y muy excitado por la situación. Habíamos quedado en que la primera vez que quedásemos me dejarías la puerta abierta y estarías esperando a oscuras.

Así era. La puerta de tu casa estaba abierta y sólo salía oscuridad por la rendija de la puerta. Suponía que estarías muy nerviosa. Habíamos quedado en que no hablaríamos; la primera vez sería sólo sexo. Te daba morbo sentirte usada. Habíamos quedado en que me esperarías de espaldas con las manos contra la pared, como si te fuera a cachear.

Entré y cerré la puerta. Vi como efectivamente me estabas esperando cara a la pared. El ruido del pestillo te aceleró las pulsaciones una barbaridad. Era una situación en la que te sentías muy vulnerable: tenías a un desconocido en casa, estabas con la luz apagada sin saber dónde se encontraba él, sin saber si sería atractivo o un horco. Sabías que yo estaba casi más nervioso que tú. Al fin y al cabo, las fotos que me habías mandado podrían ser falsas; podrías ser horrible y tener 50 años, pero la situación era muy excitante: era una chica con ganas de follar y no había nadie para juzgarnos.

Me acerqué lentamente. Escuchabas cada paso que daba y notabas que cada vez estaba más cerca. Me paré justo detrás de tí, sin tocarte. Sólo escuchabas mi respiración acelerada por la excitación. Yo notaba como temblabas. Una mezcla de miedo y excitación.

Habíamos quedado en que esa primera vez, llevaría una minifalda y tu tanga azul. Me apetecía besarte el cuello, acariciarte, girarte para que me vieras -sabía que te gustaría-, pero me habías pedido que esta primera vez te usara. Era algo que siempre te había excitado, pero que también te daba miedo.

Dí un paso más. Te rozaba el culo con mi paquete totalmente empalmado. Me quité la sudadera, la camiseta, los pantalones y los calzoncillos. Los iba tirando en el suelo en sitios donde ella pudiera verlos. Lo iba haciendo con mucha tranquilidad; lentamente. Quería que supiera que me estaba desnudando completamente para aumentar su nerviosismo. Tenías a un desconocido, completamente desnudo detrás de tí y no habías tenido oportunidad de ver absolutamente nada de él.

Me acerqué hasta el punto de que notabas mi polla te rozaba la cara interna de los muslos. Metí mis manos bajo su minifalda y te bajé el tanga en un movimiento brusco hasta las rodillas. Con mi mano izquierda te agarré el interior del muslo derecho. Lo hice muy arriba; notaba tu bello rozando el dorso de mi mano. Con el pulgar empecé a juguetear con los labios de tu vagina; empezaste a lubricar enseguida. Ya estabas tranquila; tu excitación hizo que empazaras a moverte pidiendo más acción. Te metí el pulgar bien dentro mientras jadeábamos. Notabas mi polla rozando tus glúteos mientras te masturbaba. Tu te apretabas con fuerza contra ella.

Te reclinaste aún más con la manos contra la pared para facilitarme el trabajo. Dejé de masturbarte para cogerme la polla y pasarte la punta entre tus húmedos labios. Tu hacías movimientos haciéndome entender que querías que te la metiese. Y así lo hice, hasta dentro. Te empecé a penetrar de forma muy profunda. A la vez que te acariciaba esas tetas preciosas. Jugueteaba con tus pezones duros por la excitación mientras te follaba. Tu te abrías bien de piernas para que entrase todo lo dentro que se podía. De forma, rápida e intensa. Hasta que nos corrimos.

Ahí te dejé que te dieses la vuelta. Te gusta lo que ves. Lo que aumenta el placer. Pero no hablamos, me visto y me voy. Ambos sabemos que volveremos a vernos.

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