¿Quién eres?

Observaba desde hace días que Laura se presentaba nerviosa –tal vez no es el término exacto- cada vez que su móvil emitía el sonido típico de un mensaje entrante, inmediatamente lo buscaba, a veces le bastaba con sacarlo de su bolsillo, desbloquearlo mediante el patrón (que sólo ella conoce) y perderse en la lectura…

Hacía meses que detecté esta conducta en mi mujer, conforme pasaban los días se intensificaba más, los sonidos eran cada vez más continuos, entendía que de ser simples saludos llegaron a convertirse en conversaciones, las primeras fueron rápidas, apenas duraban unos minutos, las ultimas sin embargo, llegaron a durar horas. Laura pasó de “charlar” con alguien en cualquier estancia de la casa, a hacerlo de forma íntima, bien en el baño, bien en el dormitorio, o en la sala de lectura de casa, un espacio luminoso y confortable que solemos usar para evadirnos del ritmo cotidiano de nuestros quehaceres.

Estoy seguro que hasta el día en el que os cuento o publico esto, Laura no había tomado conciencia de que yo intuía algo de lo que pasaba, tras acabar de conversar –o lo que fuera- siempre justificaba su ausencia con “el grupo de whatsapp del trabajo es agotador”. Yo, tratando de evitar demostrar interés alguno o quizás excitación por la cantidad de cosas que podía y estaba dispuesto a imaginar, cambiaba el rumbo de la conversación, destacando alguna noticia que saltaba desde la televisión. Cuando el ambiente se distendía, volvía a mi mente tratando de averiguar qué se traía entre manos, quién o quienes contactaban con ella y sobre todo, cuál era el contenido de tan extensa conversación. Mi mujer puede imaginar – de echo lo sabe- la cantidad de cosas que se me pasan por la cabeza, ella es consciente de mis gustos sexuales, se atreve – menos de lo que me gustaría- a formar parte de mis deseos y fantasías, y vosotros/as también sois conocedores/as de ellas.

El lunes pasado llegué a casa más tarde de lo habitual por cuestiones laborales, por la mañana, antes de salir Laura ya me advirtió que a medio día no coincidiríamos en la comida pues tenía que asistir a dos reuniones. Como decía, comí sólo, me duché y estando a punto de salir de nuevo para ir a la oficina llegó ella. “Pasa Jose, quiero contarte algo”, obviamente no supe que decir ni cómo actuar, lejos de parecerme algo excitante se me presumía una noticia desagradable. Me hizo sentarme en el sofá, apagó la tele y expuso: “Vengo de follarme, o mejor dicho, me ha follado un usuario de x-hamster, esa página que solemos visitar de vez en cuando”.- Sí, se cuál dices. -No te voy a decir quién es, replicó, ni qué hemos hecho ni cómo, se lo mucho que te pone todo esto y me he atrevido a hacerlo por mí misma y deberás aceptar el juego: “El usuario en cuestión se pondrá en contacto contigo, será el quien te cuente todo, absolutamente todo y además, deberá compartir contigo todas las fotos que nos hemos hecho”.

Y ante esto, como podréis entender, no me queda otra que esperar “desesperadamente” (valga la redundancia) a que alguien se ponga en contacto y me cuente.

Gracias, saludos: Jose.

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