Probandome las tangas de mi prima.

Después de experimentar y disfrutar por primera vez el maravilloso aroma de la tanguita de mi prima, los días fueron pasando y yo dejé de ser el mismo niño. Me convertí en un pervertido libidinoso y comencé a mirar a Jaqueline de otra manera, la miraba con deseo y disfrutaba cada momento junto a ella. En ocasiones, cuando ella me abrazaba, debía ser cuidadoso de que no se percatara de las erecciones que sus caricias, besos y aroma me provocaban.

Su enorme trasero, gordo y redondo, lo empecé a mirar con deseos y con ganas de poseerlo, de sentir su olor de cerca y de disfrutarlo, al igual que su entrepierna. Quería descubrir de donde provenía ese maravilloso elixir con el cual impregnaba sus tanguitas y que alborotó todos mis sentidos, activando mis más perversos instintos.

Cada vez que iba de visita donde mi abuela y mi prima, aprovechaba los momentos en que Jaqueline no estaba para meterme en su dormitorio y buscar ropita sucia con la cual saciar mis deseos, pero no tenía la suerte de encontrar alguna tanguita como la de esa última vez y debía conformarme con el aroma de sus calcetines sucios que dejaba dentro de sus malolientes zapatillas o de su pijama, en el cual quedaba impregnado su aroma después de tantas noches de dormir con el puesto.

Al revisar sus cajoneras, descubrí una gran cantidad de calzones y tangas del tipo colaless, de todos los colores y diseños, pero todas limpias, lo cual me generaba un poco de frustración y para aliviar mi enfado, frotaba esas tanguitas limpias con mi pene para dejarles mi olor.

Un día, estando sentado en el baño, comencé a mirar la lavadora que estaba ahí y me dió curiosidad por saber cómo era por dentro, ya que ésta era una de las automáticas y en mi casa solo teníamos una vieja de tambor.

Después de terminar con mis necesidades y de lavarme las manos, observé la lavadora de cerca, miré sus botones, leí las instrucciones y luego la abrí para verla por dentro y grande fue mi sorpresa al descubrir que en su interior estaba repleta de ropa sucia; delantales, blusas y medias de mi abuela, jeans, calcetines y poleras de mi prima. Comencé a hurguetear más y más y ahí encontré lo que tanto anhelaba; tres colaless, hediondos y manchados.

El primero era un colaless de color rojo y con el borde blanco, el hilo tenía un fuerte y excitante olor a culo y el sector de la entrepierna tenía una generosa mancha blanca de flujo seco, presumo que tenía al menos tres días de uso.

El segundo colaless era de color blanco y con encajes, el hilo tenía manchas amarillentas y un delicioso aroma, al igual que la parte de la entrepierna, pero sin grandes manchas, presumiblemente tenía uno o dos días de uso.

El tercer colaless era de color calipso con líneas horizontales blancas y por dentro la tela solo era blanca, el hilo estaba extremadamente sucio, lo más seguro es que no pudo limpiarse el culo bien. La parte de la entrepierna tenía costras de flujo de un color amarillento y con un aroma exquisito.

Estaba alucinando con esas tres tanguitas en mis manos, eran lo que llevaba buscando por días. Pasado unos minutos disfrutando el extasiante aroma de esas diminutas prendas tuve la singular curiosidad por saber cómo Jaqueline se sentía llevando puestos esos colaless.

Me quité la ropa y me probé las tres tanguitas, se sentían tan cómodas, el hilo sucio de cada una de ellas se perdía entre mis nalgas, lo que me llevaba a imaginar cómo es que se metían en la rajita a mi prima. Mis pequeños testículos rosaban en todo momento las manchas de flujo vaginal que tenían y mi erecto pene fue imposible mantenerlo dentro de la prenda y se me escapaba por los costados.

Todo era tan placentero, pero ya llevaba 15 minutos en el baño, así que me vestí rápidamente y dejé los colaless dentro de la lavadora, pero antes de cerrarla no pude resistirme y me quedé con uno, lo guardé en mi bolsillo y salí.

Jaqueline estaba en la cocina lavando la loza y al entrar me quedó mirando.

– ¿Por qué te demoraste tanto? Hace rato que quiero hacer pipí, me dijo.
– Me duele la guata (estomago), parece que comí muy rápido, le contesté.
– Pucha que fome. Voy a pasar al baño para después irte a dejar a la casa.

Cuando salió del baño, mi prima fue a dejarme a mi casa y llegada la noche, estando en mi cama, saqué el colaless de había guardado y me puse a jugar y a disfrutar con él.

Espero que les haya gustado mi relato y que me dejen sus impresiones en los comentarios. Denle “like” y guárdenla en sus favoritos para que otros la lean… Les cuento que la tanguita que me guardé fue la calipso con líneas blancas… ustedes cuál hubieran elegido?

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