Primera hora extra y extraordinaria

-¡Buenos días, Clara!
-¡Buenos días, Luis!
-¡Ese Michael!, ¡qué guapo estás cabrón!
-Buenas Mónica, ¡me gusta esa blusa!
-¡Hola jefe!, ¿qué tal hemos descansado?

Y así un sin fin de saludos, siempre con energía, siempre con alegría. La empresa se va a pique pero con una sonrisa.

Es el pequeño inconveniente de entrar una hora más tarde, que todos están es sus puestos de trabajo y, uno a uno, vas saludando a todos los compañeros. No es que sea un gran inconveniente, me gusta hablar con la gente, me gusta saludarles a todos, me gusta ver una sonrisa en sus caras, en definitiva, me gusta tener un buen ambiente de trabajo.

Al final, bajo la ventana, me espera mi sitio, mi mesa, mi rincón de trabajo, mi receptorio de e-mails, estrés, informes y disparates varios. Donde recibo a compañeros de todos los departamentos para acabar haciendo favores de trabajo hasta al más inepto de la empresa, pero es mi trabajo, con alegría me lo tomo, porque aunque no sea el mejor del mundo, ahí, en ese rincón, encajo perfectamente.

El día pasa con rapidez, la rapidez de los días en los que no paras de hacer cosas. Esos días de trabajo que se esfuman y, aún volando las horas, son las seis de la tarde, hora de marchar y sin embargo, todavía me queda trabajo por hacer.

Encerrado en el monitor de mi ordenador no dejo de pasar informes, mandar e-mails, redactar todo tipo de documentos, organizar pedidos… y dentro de ese universo de referencias, letras, números y archivos, una voz rompe toda mi concentración:

-Ángel, si me invitas a un cigarro charlamos un poco mientras te echas tú otro, ¿trato hecho?

Levanto lentamente la cabeza por encima del monitor, ahí estaba ella, Nuria, sonriendo con cara de pilla, como si echarse un cigarro en ese momento fuera como saltarse una clase del instituto.

Nuria no es solo una trabajadora más, una empleada, un número para la Seguridad Social; desprende esa alegría que me encanta, me siento tan cómodo a su lado y, aunque no lo sepa, me resulta tan atractiva y sensual que no puedo evitar mirarla de arriba a abajo en cada oportunidad. Donde muchos de mis compañeros ven a una chica normal yo veo ese precioso pelo, esos labios suaves y definidos, esos enormes ojos de color miel, esa sonrisa que podría llenar de dulzor medio universo. Aunque cuando ella no mira, ese cuerpo esbelto, ese redondo culo, esa estrecha cintura que me encanta y esos sugerentes pechos que sin ser grandes llenan de armonía su bonito cuerpo.

Sentarse en la puerta a su lado era algo más que un descanso, era un oasis. Esos momentos en los que hablas de cualquier cosa y cualquier cosa es divertida, que un comentario fuera de tono, políticamente incorrecto, cínico, hipócrita o sarcástico se convierte en una comedia desternillante, esa química, esa conexión, ese feeling.

Nuria comparte mi situación, ambos estamos encerrados en la oficina con la esperanza de que al día siguiente todo sea más liviano y mejor, pero mientras subimos las escaleras de vuelta a nuestros puestos se da la vuelta y me mira. Tardo en darme cuenta de que me mira un segundo, tiempo de sobra para que ella se percate de que la estaba mirando el culo descaradamente.

-Podrías ser más discreto, guapo.
-No es mi culpa que tengas un culo tan bonito-, le contesto poniendo un gesto cómico.

Ella se ríe, siempre lo hace, cada vez que le digo algo se ríe, y me susurra en voz baja:

-Tengo malas noticias para ti, luego voy a tu mesa que tengo que darte más trabajo.- y se vuelve a reír.

No han pasado ni diez minutos y ya estoy oyendo sus pasos acercarse. Me asomo por el lateral del monitor y la veo entrando con su sonrisa en la cara y un taco de folios en las manos.

-Tengo esto para tí, guapo y me lo tienes que explicar.

Se acerca a mi, muy cerca. Yo estoy sentado pero ella se abalanza sobre mi mesa para ver la pantalla, me arrebata el teclado y el ratón y se pone a buscar archivos mientras deja el taco de folios en la mesa. No para de hablar y yo no entiendo nada, no la estoy escuchando, no estoy atento.
Se acaba de echar perfume, lo noto. ¿Es porque venía a visitarme o para evitar el olor a tabaco? No puedo evitar fijarme en su cintura, en como se redondea su culo mientras está inclinada sobre la mesa, en su voz.

Me mira a los ojos y me pregunta: -¿Me estás entendiendo?- arqueo una ceja y le digo: -Sinceramente, no.-

Suspira y se sienta sobre mi rodilla. No se si me excita o me pone nervioso, tengo que hacer algo, así que opto por prestar algo de atención aunque inconscientemente la rodeo con mi mano por su cintura. Al notar mi mano Nuria tartamudea un instante y agarra mi mano y la mueve alrededor de su cuerpo. No puedo evitarlo, la aprieto contra mí y una pequeña caída de ojos me demuestra que lo deseaba tanto como yo.

Nuria ya no sabe lo que dice, a perdido la atención en el trabajo y yo no quiero que preste atención al trabajo. Es ese momento en el que ambos, abrazados, sabemos que no vamos a trabajar, que necesitamos algo más el uno del otro. Nuria se recuesta hacia atrás contra mi pecho y la retiro el pelo del cuello, quiero ver sus ojos mirarme y ahí están, entornados y fijos en mis pupilas, ya no expresan alegría, está concentrada en sentirme. Deseo abrazarla y no puedo evitar acercar mis labios a su cuello. Sé cual es el camino, sus gestos me lo van mostrando, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos exhalando el aire con un suave jadeo.Acaricio un muslo con mi mano y otra vez su mano agarra la mía y la aprieta, quiere guiarla, quiere que la toque y yo quiero acariciarla, cada centímetro de su piel. Me mira, me mira y me besa, y guía mi mano entre sus piernas, puedo sentir el calor que emana. Y ella puede notar mi calor también, puede notar como tengo una erección muy fuerte debajo de su culo.

Con un ligero movimiento se levanta mientras no deja de besarme, noto sus manos desabrochando mi pantalón, hurgando entre mi ropa interior, agarrándomela, sacándola, masturbándome. No recuerdo haber sentido tanta excitación nunca, sentía que me iba a explotar y ella la agarraba como si lo supiera, sabía que me estaba gustando, que me gustaba ella y que deseaba más.

Decide empujarme hacia atrás y arrodillarse delante mía. No puedo imaginarme cuánto lo desea, pero yo lo deseo con todo mi cuerpo. Se agacha lentamente y saca su lengua, empieza recorrer con ella toda mi polla, desde los huevos hasta el final, con sus ojos mirándome fijamente, quiere verme disfrutar y lo está consiguiendo. Nota como respiro más fuerte y noto como a ella le gusta y sin separar la lengua de mi capullo a punto de explotar empieza a metérsela en la boca poco a poco. La acaricio la cabeza mientras ella baja lentamente, pero empieza a acelerar el paso y yo la agarro más fuerte y cuanto más fuerte la agarro más deprisa respiro. Noto su saliva goteando y mi sensación de placer no se puede contener, me invade todo el cuerpo. Pero ella me conoce, aunque es la primera vez sabe que tiene que parar y eso hace. Se levanta mientras acerca sus labios a los míos y me besa profundamente, jugando con su lengua.

Deseo tanto tocarla que decido quitarle la camiseta que lleva puesta, ella levanta los brazos aceptando lo que estoy haciendo. Un sujetador de algodón blanco evita que pueda ver esas tetas que ando deseo lamer y morder, pero antes de que pueda agarrar nada se da la vuelta y se desabrocha el pantalón, se lo baja lentamente mientras disfruta enseñándome ese culo que tan caliente me pone. Tiene un pequeño tanga a juego con el sujetador y Nuria, mi deseada Nuria, lo tiene empapado. No dice absolutamente nada, estamos mudos, no necesitamos hablar, pero ella sabe provocarme y yo la deseo tanto que no necesitaba hacerlo. Pero por provocarme decide quitarse el tanga de la misma forma que el pantalón, despacio, mostrando todo, enseñándome su empapado coño para que lo vea de cerca.

No puedo resistirme, me puede el deseo, está sacando el depravado de mi interior, la tengo que hacer mía y no puedo evitar cortar su provocación.

Sé muy bien que ella no se lo espera, pero me siento desbocado. Hundo mi cara entre sus muslos mientras la agarro de las caderas, un gemido corta el silencio cuando mis labios y mi lengua entran en contacto con su coño, empiezo a lamerlo, besarlo, morderlo, noto como me empapa la barba y la oigo gemir cada vez más fuerte. No estoy siendo dulce y delicado, no estoy siendo suave y cariñoso, lo sé, Nuria lo sabe. Sabe que no la estoy dando placer, que no la estoy comiendo el coño, sé que la sensación que está teniendo es de sentirse devorada, algo más intenso que el placer, más primario, más instintivo. No puedo parar, no puedo dejarlo necesito devorarlo.

Empiezo a notar como empiezan a temblarle las piernas, como le faltan las fuerzas y empieza a gemir más deprisa y alto, como empieza a tener espasmos. Ese es el momento en el que paro, cuando está a punto.

Ella jadea y tiembla, me mira y me dice: -No pares ahora, por favor.- con voz entrecortada.

La miro atentamente, le sonrío. Agarro mi polla y muy lentamente empiezo a abrirme paso dentro de ella. Ella lo siente mientras le dan espasmos a punto de correrse y yo quiero que se corra, noto que le falta el aire mientras entro hasta el fondo de ella, me recuesto sobre ella le susurro: -Córrete cariño.- mientras me aprieto muy fuerte contra ella. No puede evitarlo, ni si quiera lo desea, se corre, se corre intensamente.

Todavía estoy dentro de ella y la noto como sigue jadeando, como intenta recobrar el aliento mientras está tumbada sobre la mesa con cara de satisfacción y los ojos cerrados.

Me pongo a su lado y le pregunto: -¿Estás bien, cariño?-

-Estoy mejor que bien, estoy en la gloria.- me contesta.

-Ya llevamos una hora extra hoy, ¿no es hora de irse a casa?- le susurro.

Me sonríe, me mira. Lo dice todo con la mirada, agarra mi polla todavía dura y me dice tras morderse el labio:

-Todavía hay trabajo pendiente, que nos apunten dos horas extra.

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