Otra vez mirando a Ana

Un par de días después de ver a mi esposa en manos de ese negro Aaron, llegué temprano a casa y encontré a Ana cambiándose para salir.
Me dijo que había arreglado otra cita con el tal Aaron, pero esta vez su amante negro pasaría a buscarla y yo me quedaría en casa.

Para no dejarme esperando con ansiedad, ella me mandaría mensajes de textos y fotos durante la velada…

Esta vez había elegido un vestido muy corto, de color verde oscuro, casi negro, zapatos de taco alto y me mostró especialmente que no llevaba tanga.
Su pubis perfectamente depilado brillaba en la poca luz, señal de que se había estado tocando mientras se vestía para su amante.

Después de besarme apasionadamente, Ana salió al encuentro dl negro que la esperaba en la puerta. El balanceo de sus caderas mientras se alejaba me provocó una dolorosa erección…

Cené frugalmente a solas y después me senté a mirar algo de televisión, con un vaso de mi whisky favorito.

Después de cuarenta minutos, mi teléfono cobró vida. Allí estaba, la imagen de una mujer sentada con los muslos abiertos, la falda oscura apenas levantada para revelar el pubis depilado…

Reconocí que era el vestido de En un rincón había una mano negra haciendo la señal de aprobación con un pulgar arriba…

Sentí de repente que mi verga iba a explotar, mirando esa imagen de Ana, con sus piernas abiertas y ese negro desagradable a punto de empezar ese juego perverso con ella…

Entonces el teléfono volvió a vibrar y pude ver una foto similar. Esta vez las piernas estaban más abiertas y los dedos negros estaban claramente acariciando los labios vaginales mientras entraban en esa concha ya bien humedecida…

Podía imaginarme la expresión de Anita, sentada allí mirando entre sus piernas, mientras el negro jugaba con sus sucios dedos entrando y saliendo de su ahora dilatada dulce concha.

Hubo un lapso más prolongado sin recibir nada.
Luego el celular comenzó a cargar un pequeño video. Allí se veía a mi esposa; sus muslos abiertos ofreciendo acceso completo a su entrepierna, mientras los dedos negros entraban y salían de su vagina. Ana gemía constantemente, con el ritmo y volumen de esos gemidos en sincronización con el toque de los dedos negros.

De fondo podía escuchar la profunda voz del negro susurrar:

“Esto era lo que querías, puta blanca… para esto viniste…?”•
“Sí…” Solamente respondía mi mujer entre suspiros.

Volví a ver ese video una vez más y al finalizar el mismo, el teléfono cargó otro. Era otro un poco más extenso…

Ana todavía estaba en la misma posición, con sus muslos bien abiertos. La cámara giró mientras los dedos entraban y salían de su concha; ahora acariciando el clítoris y haciendo que mi mujercita gimiera de manera constante..

Durante casi cuatro minutos observé cómo ese negro hijo de puta le metía sus dedos hasta llevarla al orgasmo. Se notaba que Ana estaba excitadísima mientras esos dedos la hacían delirar, gemir y aullar de puro placer…
Podía ver que ya había acabado al menos una vez, por la cantidad de líquido que salía entre sus labios vaginales. La velocidad de los dedos negros fue en aumento, lo mismo que los gritos de Ana, cada vez con mayor volumen, hasta que eventualmente, ese orgasmo tan esperado estalló dentro de ella.
Aaron mantuvo sus dedos enterrados en su vagina mientras las caderas de mi esposa se levantaban en el aire, como si tratara de hundirlos más todavía en su cuerpo.

Cuando el orgasmo terminó, el negro retiró despacio sus dedos de la delicada concha de mi mujercita y ella finalmente volvió a sentarse sobre ese sofá. Ambos rieron mientras el clip terminaba.

Durante la próxima media hora fui recibiendo fotos y videos; todos mostrando las diversas posiciones en que Aaron cogía a mi Anita.

En el último clip se veía esa enorme verga negra entrando a su concha por detrás, mientras ella giraba la cabeza aullando salvajemente; para pedirle que la cogiera más duro todavía,
Con esa visión sentí que mi pija explotaba dentro de mis pijamas.

No podía creer que mi esposa estuviera tan caliente con ese negro y que su cuerpo respondiera de esa manera a su toque. Realmente me sorprendía ese nivel de excitación en Anita…

Pasó otra hora sin que nada apareciera y luego el celular comenzó a chisporrotear otra vez. Me llegó una nueva serie de fotos y videos; la sesión sexual era frenética; en todas las posiciones imaginables, ambos gimiendo y gritando mientras cogían salvajemente y decían toda clase de obscenidades.
Ana todo el tiempo le pedía que la cogiera más duro y más rápido.
Aaron decía que era la mejor puta blanca que jamás había cogido.

Después de eso hubo otro prolongado silencio de casi una hora y por fin luego mi teléfono sonó otra vez. La pantalla mostraba una sola imagen, lo suficiente explícita como para decir que ya todo había terminado.
Mi sensual esposa estaba yaciendo en una cama boca arriba, cubierta en sudor, con su bello rostro arrebujado en color rojo. Se veía exhausta, totalmente destruida; entre sus muslos abiertos
podía verse un charco de semen que se deslizaba desde sus labios vaginales y caía manchando las sábanas.

Un rato más tarde, Ana me envió el último mensaje:

“Amor, no me esperes despierto; Aaron invitó a un amigo suyo que jamás estuvo con una mujer blanca… pasaré la noche con ellos… te amo!…”

A la mañana siguiente la puerta de calle se abrió cuando yo estaba tomando un café. Ana entró a la cocina y sin decir palabra tomó mi mano y me condujo a nuestra habitación.

Se desvistió despacio, quitándose toda la ropa excepto los tacos altos. El olor a sexo llenó la habitación. Se veía claramente semen desparramado por su pubis depilado y sus labios vaginales estaban muy abiertos, dejando salir un poco más de semen fresco.

Tenía su delicado cuerpo marcado por varios rasguños y moretones. Mi esposa se incline para mostrarme su entrada anal, que estaba totalmente enrojecida y dilatada; manchada también con una sustancia blancuzca que solo podía ser semen.

No había dudas de que entre esos dos negros la habían dejado destrozada por todos sus orificios.
Le pregunté si se encontraba bien.
Ana sonrió y respondió que había quedado muy relajada después de ser usada y abusada por esos dos negros; aunque también un poco dolorida…

Le dije que yo había disfrutado mucho ver cómo ese negro hijo de puta se la cogía durante toda la noche.

Ella volvió a sonreír, diciendo que en un par de noches tendría otra nueva oportunidad…

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