Otra vez en la oscuridad del cine

Otra vez en la oscuridad del cine

La tarde anterior había permitido que un perfecto desconocido me masturbara contra mi voluntad en medio de una función de cine; arrancándome un orgasmo intenso y brutal, que había tenido que reprimir en silencio para que los demás espectadores no se enteraran…

El sábado a la tarde me encontraba dentro de mi auto estacionado a unos metros de la entrada del cine; buscando desesperadamente un impulso en mi conciencia para vencer la tremenda carga de excitación y morbo que me había llevado hasta allí.
El extraño me había dicho que, si quería terminar con eso que habíamos empezado, debía verlo adentro de la sala en la función de la tarde…

Esta vez me había vestido de manera menos conservadora: una breve falda con una blusa abotonada, medias de nylon negro y tacones. Había decidido ir sin mi tanga; no tenía sentido regresar con ellas sucias…

La noche anterior había estado hablando con mi esposo por teléfono. Mientras él me erotizaba diciéndome toda clase de cosas cochinas, yo me masturbaba en la cama, con mis muslos abiertos y mi concha humedecida; pero pensaba en esos dedos magistrales del desconocido que me había hecho disfrutar de semejante paja en medio del cine…

Ahora seguía sentada en mi auto, pensando qué me podría pasar…?
Nada que no quisiera. Cerré los ojos y volví a sentir aquellos dedos acariciando mi entrepierna… Involuntariamente sentí un hormigueo en mi concha otra vez.

Faltaba un cuarto de hora para que empezara la película. Miré mis piernas enfundadas en medias negras que quedaban al descubierto por la apertura de mi impermeable. Mi mano se dirigió a la llave de contacto para arrancar el auto y regresar a mi casa. No lo hice, las extraje y salí del auto.

Un rato después estaba sentada cerca del mismo asiento de la tarde anterior. Había menos de veinte personas en toda la sala. Enseguida comenzó la película, que era la misma de la tarde anterior, aunque tenía unas escenas eróticas muy excitantes para disfrutar…
Vi un movimiento, alguien de las últimas filas, se levantó y se sentó detrás de mi. Me sentí observada. De repente susurró a mi oído:
“Me alegra que hayas decidido venir…”

Sus labios depositaron un húmedo beso en mi nuca, lo cual me hizo estremecer. Su mano pasó por mi cuello y comenzó a recorrer mi mentón, mis mejillas… mis labios.
Me recogió el pelo de un lado y me besó el cuello. Yo incliné la cabeza hacia el lado contrario. Apenas me había rozado con sus labios y yo ya estaba húmeda…

La mano bajó de mi cara hasta mis tetas. Las rodeó sopesando su volumen. Sus dedos comenzaron a desabotonar mi blusa de seda.
Acarició la dureza de mis pezones entre sus dedos, lo cual me hizo reprimir un suave gemido de placer. Yo trataba de mirar la pantalla, mientras sus dedos recorrían mi cuerpo una vez más…

De repente retiró sus manos y susurró suavemente sobre mi nuca:
“Vamos al baño de caballeros…”
Esta vez no me negué. Me levanté de un rápido impulso y me colé en el baño de hombres sin que nadie me viera. Me miré en el espejo. Estaba muy colorada, con algunas pequeñas gotas de sudor perlando mi frente.
Unos segundos después, el desconocido entró al baño y trabó la puerta detrás de él. Me hizo girar dándole la espalda y deslizó mi impermeable fuera de mi cuerpo.

Luego desprendió mi falda y suspiró de admiración cuando vio que yo no llevaba ropa interior. Me hizo girar para enfrentar el espejo del lavabo. Volvió a tomarme por los hombros, inmovilizándome con uno de sus brazos.

Luego me hizo inclinar sobre el lavabo, mientras me separaba un poco los muslos. Entonces sentí sus dedos que invadían mi concha humedecida, pasando rápidamente entre mis labios externos y llegando hasta el fondo de mi vagina. La sorpresa me hizo impulsar hacia adelante, pero el tipo me sostuvo con firmeza, mientras comenzaba a meter y sacar sus dedos de mi concha; ahora con un ritmo febril, casi con desesperación…

Comencé a gemir frenéticamente y a pedirle más y más, mientras sentía sus dedos adueñarse de mi sexo. Estaba entregada, perdida; había abandonado mi cuerpo a un descontrol total.

El hombre volvió a demostrar su maestría como lo había hecho la tarde anterior. De repente sacó sus dedos de mi concha chorreante y se quedó quieto. Yo estaba con mis ojos cerrados, sintiendo todo el goce que me habían estado provocando sus dedos mágicos…
Un beso en la cara interna de mi muslo hizo que me tensara, la lengua se fue acercando con una lentitud enervante hacia mi zona más sensible. Un lengüetazo que me abrió los labios vaginales hizo que gimiera según se acercaba al clítoris. Allí se detuvo y con la punta de la lengua estuvo jugueteando con él, lo atrapó entre sus labios y lo succionó.

Me retorcía de placer y de gusto, gemía, suplicaba…Cuando me metió dos dedos, hizo que encogiera el vientre. Comenzó a masturbarme como lo había hecho, pero esta vez con total libertad de movimientos ya sabiendo donde yo era más vulnerable.
No pude más y esta vez a solas no tuve que disimular, con un gemido continuo, me tensé como una gata y acabé como nunca…
No me dejó ni siquiera recuperar el aliento. Me levantó en vilo y él se sentó en la taza del inodoro, arrastrándome sobre su verga durísima.

Me hizo sentar sobre su regazo, haciéndome sentir la dureza de su verga que se apoyaba contra mis cachetes.
“Quiero que me lo pidas…” Me dijo, mirándome a los ojos…
“Por favor… “Susurré, al borde de la desesperación
“Por favor… qué…?”
“Por favor, te pido que me cojas… no me dejes así…”
El muy turro sonrió ante mi cara de desesperación y me levantó por la cintura. Apuntó su verga hasta rozar mis labios vaginales y allí esperó.

Entonces muy lentamente, yo fui descendiendo sobre su verga erecta, deslizándome sobre ella hasta sentirme totalmente empalada.
Así clavada como estaba sobre su verga, comencé a moverme suavemente hacia atrás y adelante, mientras el desconocido jugaba con sus dedos, acariciando mi clítoris. Ese tipo me iba amatar… me sentía llena con su verga dura y además me masturbaba con sabiduría. Noté que un orgasmo me alcanzaba como una gigantesca ola y aullé mientras acababa.

Quedé desmadejada e inmóvil sobre el cuerpo del tipo, todavía empalada..
El desconocido, mientras yo recuperaba el aliento, se entretenía en extender mis abundantes flujos hacía mi estrecha abertura anal. Apreté los dientes y aspiré aire cuando un dedo me penetró sin demasiada dificultad.

“Yo sabía que vendría…” Escuché otra voz a mis espaldas.
Abrí los ojos y giré mi cabeza. Para encontrar que un hombre mayor se estaba masturbando mientras no quitaba su vista de mi culo.
Me asusté e intenté salirme del hombre que estaba debajo de mi cuerpo; pero él me sostuvo con firmeza por las caderas, inmovilizándome…

Entonces sentí que esa segunda verga comenzaba a invadir mi ano. Ahora bien embadurnado su pito con mis jugos, no le costó introducir la cabeza. Yo buscaba aire desesperadamente y grité calladamente cuando venciendo la resistencia del esfínter, esa gruesa cabeza me invadió hasta el fondo.

Ya todo me daba igual. Mi vagina seguía empalada en la dura verga del primer hombre, que enseguida dirigió sus dedos a mi clítoris, dándome otra paja alucinante…
El dolor anal se convirtió en algo para nada desagradable. El hombre me embestía desde atrás tomándome por las tetas. Yo ya ni intentaba resistirme, me estaban dando lo que había ido a buscar…

El viejo aceleró el ritmo, de pronto soltó un gruñido, se tensó y se descargó en lo más profundo de mi ahora dilatado ano. Se salió resoplando y restregó su pito todavía erecto por toda mi vencida raja.

El primer hombre entonces me levantó sin dificultad y me hizo apoyar las manos sobre el lavabo. Luego se ubicó detrás de mi cuerpo y fue directo a mi culo. De un solo movimiento me penetró analmente. Yo gemí y aullé de dolor, luego agaché la cabeza y comencé a gozar como una loca. El tipo entraba y salía; me tenía agarrada por las caderas y su pelvis golpeaba contra mis cachetes.
No aguantó demasiado el ritmo. No avisó, solo sentí sus chorros de lava hirviente bañándome el interior. Se salió y me dio una palmada en la cola.

Abrió la puerta, saludó al hombre mayor y desapareció

Yo me quedé exhausta, inclinada sobre el lavabo, sintiendo todo el semen que se deslizaba entra mis piernas. El viejo ya se había recuperado; así que, viéndome en esa invitadora postura, volvió a tomarme por las caderas y a penetrarme por la vagina…

Aceleró su ritmo, me lo marcaba con sus manos en mis caderas. Mi mano volvió a estimular mi clítoris y sintiendo su verga entrando y saliendo, volví a explotar. El aún siguió un rato. Al final terminé suplicándole que se detuviera, porque yo ya no podía más…

No me hizo caso. Me bombeó unos segundos más y por fin sentí una nueva descarga de semen hirviente dentro de mi concha…
Al igual que su amigo, el hombre mayor salió del baño sin saludarme…

Me quedé allí vencida, temblorosa, sintiendo el semen saliendo a borbotones de mis dos orificios bien abusados y dilatados.
Por suerte el auto estaba estacionado cerca, porque me costó bastante trabajo poder caminar. Casi no podía abrir las piernas…
Esa noche volví a masturbarme bajo la ducha, pensando que esos dos hijos de puta me habían dado lo que yo había ido a buscar… y me lo habían dado con creces…

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