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MIERCOLES… PAQUETE SORPRESA

El miércoles cuando llegué del trabajo me esperaba el portero con un paquete de amazón. Amable como siempre, me lo entregó y no dijo nada ante mi sorpresa de recibir algo que no había pedido. Será algún regalo por buena clienta, dijo, por justificar un poco mi extrañeza. Por suerte esperé a estar en el ascensor para abrirlo porque no hubiera sabido qué explicarle al portero al verme con una pera irrigadora en la mano.Junto a ella, ese objeto tan poco estético y burdo, una nota de regalo. “Para mi zorrita. Si te interesa, ya sabes mi número”.

Nada más, sin más remitente, ni nota, ni titular del pedido. De todas formas, me sobraba una frase para saber de quién era. Los colores me subieron a la cara nada más atar cabos y las ganas se me dispararon justo al centro de las bragas. Guardé corriendo el paquete no fuera a llamar el ascensor algún vecino y me pillara con la pera en la mano y saqué las llaves. Necesitaba llegar a casa.. YA.

Estaba cachonda. Joder, qué cabrón!! Me había regalado una pera irrigadora, que era lo más humillante del mundo, y me había puesto cachonda. Pues no le pensaba dar el gusto tan rápido. Pensaba hacerme un dedo así rapidito con lo caliente que estaba pero la curiosidad me pudo. Quería saber lo que me tenía preparado, asi que le hice una foto al regalito y se la mandé al whatsapp. “Me interesa. Qué me propones?”

No tardó en contestar. Imaginaba su sonrisa burlona y firme. Sus ojos oscuros brillando de deseo.. Aquello ardía y aún era media tarde.

“Quiero que la uses y aprendas a preparar ese culito de zorrita viciosa para darme placer”.
“Hoy tienes una misión. Tengo una reunión aburridísima hasta tarde y quiero que me la amenices. Estrenarás la pera y me enviarás un extenso reportaje gráfico de cómo la usas, y del resultado de después. Y quiero que me escribas antes de las 10 para contarme cómo te sientes con tu culito limpio. Si eres buena, el viernes tendrás un regalo mejor, y el fin de semana, disfrutarás como la perra que quieres ser”.

Jolín, yo nunca había usado eso, pero me moría de ganas de ver lo que me tenía preparado para el fin de semana. Por otro lado, el sentirme así de humillada también me hacía sentirme más zorra, y eso me gustaba, así que no me lo pensé más. Ya era tarde para los tabúes así que miré en internet cómo hacer un enema en condiciones y me puse a ello. Preparé también el móvil para el reportaje fotográfico con el trípode y cuando me ví a mí misma con la pera en el culo y las bragas por mitad del muslo me di cuenta de que estaba super cachonda, y que aquello era lo más excitante que había hecho en mucho tiempo. Así que cargué un poco más las tintas, me puse a cuatro patas y activé el disparador por voz..

El reportaje estaba en marcha y mientras el enema hacía su efecto le escribí como quería. Sabía lo mucho que le excitaba leerme y lo que iba a agradecerlo en esa tarde aburrida así que no me hice esperar. Yo también esperaba su respuesta que no me dejó fría: “Me encanta verte tan guarra y tan entregada, zorrita mía. El viernes tendrás noticias mías. Disfruta del dedo que te harás esta tarde”.

Y vaya si lo disfruté. El primero, el segundo y otro más para irme a dormir. La excitación no se me bajaba.

El jueves se me hizo excitante recordando a cada poco la aventura de la tarde anterior, y sintiendo las sensaciones nuevas de después del enema. El viernes sin embargo, me tuve que contener para no salir corriendo del trabajo ansiosa por llegar a casa para descubrir mi sorpresa. De nuevo la sonrisa del portero, esta vez ya nada inocente, fue la primera señal de que empezaba algo interesante. El paquete, de nuevo a mi nombre, de nuevo sin remitente, llegó puntual y a las tres y media de la tarde tuve que contenerme para no abrirlo en el ascensor.

Ya en casa me senté ceremoniosa en la butaca a deleitarme con la sorpresa. De la cajita salió algo que me encantó: un plug anal transparente con el tope brillante como si fuera un diamante. Ahora entendía por qué tenía que tener el culito bien preparado. En el fondo de la caja aún había otra cosa.. ¡¡Una correa!! Seré su perra, pensé para mi. Tenía una larga cadena de eslabones plateados… Aquello no era de perro, era para mi. A los regalos les acompañaba una nota. “Espérame esta tarde a las 9 en tu casa con tus regalos puestos. Te dejo escoger los zapatos.Solo los zapatos. Y deja la puerta abierta”.

Quedaba un largo rato así que me dí una ducha y me acosté un poco. Quería estar relajada pero no hacía más que darle vueltas a una cosa: sabía qué ponerme, qué hacer, y a qué hora, pero no sabía cómo ponerme. ¿Le esperaba de rodillas ofreciendo la correa como había visto tantas veces por internet? Esa pose me excitaba mucho, pero me parecía que aún no era sincera. No era tan sumisa yo. ¿a cuatro patas, junto a la puerta, con el nuevo plug brillando en lo alto de mi ano, y la correa en el cuello, sujetando con la boca la cinta, como la perra que espera a su dueño para salir a jugar? Eso era muy de sumisa, seguro que le excitaba..

Él quería jugar a humillarme y yo había descubierto que me excitaba sentirme así. Y no tenía que fingir. Con él, no. A él le gustaba que fuera su zorra, y no le cabía duda de que a mi, ser su zorra, me gustaba también.

Su zorra… su perra. Y de pronto, llegó la luz y lo vi claro. A las 9 en punto estaba totalmente limpia y depilada, perfumada y acicalada, y le esperaba de cara a la pared con el culo en pompa y la correa cayendo por mi espalda, y miles de destellos de luz por la sala al incidir en el plug, los últimos rayos de sol de aquel atardecer.

Mi puesta en escena no lo dejó indiferente, desde luego, y captó el mensaje a la primera. “Mi perra viciosa..” me dijo nada más entrar. “Menuda tarde te espera”.

Y dicho eso, acarició mi espalda repasando uno a uno los eslabones de la cadena, se deleitó con mi culo y me dió el primer par de azotes. Después tiró de la correa y me giró y de pronto me empotró contra la pared asestándome un largo y húmedo beso. Mi piel desnuda al contacto con su ropa me hizo sentir aún más vulnerable y cada vez más cachonda. Sus dedos exploraban todo mi cuerpo que se arqueaba para pegarse junto a él. De pronto tiró de la correa, me obligó a arrodillarme y me indicó que caminara hacia mi habitación. A cuatro patas la cosa es bastante incómoda, pero estaba tan excitada.. Me sentía humillada de verme así, pero a la vez terriblemente zorra y excitada. Y me encantaba la idea de saberlo tan excitado a él.

“Mi zorrita.. te voy a dar tu primera ración de hoy” me dijo, y parado frente al espejo de pie que hay en mi habitación, se desabrochó los pantalones para dejar salir su rabo tieso.Me atrajo hacia sí y me dejó suelta la correa para que lo chupara a mi placer. Hazlo como tú sabes, me dijo, y procuré esmerarme. Mi lengua subía y bajaba lubricando aquella polla que deseaba todo mi ser, mientras sentía latir el pulso en la entrada del ano, chocando con el plug.

Solo me dió un par de minutos y antes de darme cuenta se había acomodado en una butaca, frente al espejo, y me atrajo de nuevo hacia sí. Me dió la vuelta dejándome frente al espejo mientras jugueteaba un rato con el plug y la correa y me recordaba que era su perra a la vez que castigaba mi clítoris.

El primer orgasmo llegó sin que lo pudiera evitar, mientras me tocaba y aún me temblaban las piernas cuando me apoyó las manos en el espejo mientras me follaba desde atrás, apretando con su pelvis el plug contra mi ano y haciéndome sentir más llena y más zorra de lo que lo había hecho jamás.

“Mírate -me dijo- y correte como la zorra que eres”. No me hizo falta más.

“Sí, soy tu zorra. Vamos, fóllame como a tu zorra.” Me escuché decir a mi misma instantes antes de correrme como no lo había hecho hasta ese momento jamás.

Cuando acabamos miré por el rabillo del ojo y vi el reloj encima de la mesilla. Aún no eran ni las diez. Menudo fin de semana me esperaba…

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