Mi sobrina Florencia se hizo adicta al sexo total

Los encuentros amorosos con mi sobrina Florencia. Fueron frecuentes. Nos encontrábamos una o dos veces por mes. Lo hacíamos así, para evitar caer en la rutina acostumbrándonos al sexo y perdiera encanto nuestra relación. Además lo hacíamos para minimizar el riesgo de que algún conocido nos viera.

Las citas eran programadas con unos días de anticipación para acomodar los horarios y buscar excusas, esto de mi parte. Por eso me sorprendió un llamado que me hizo Florencia. Después de los saludos de rigor, me dijo…Tío necesito que nos veamos hoy mismo…Pero que pasa Flor?…Nada para preocuparse pero necesito estar contigo y que llenes de cariño, si no tienes problemas te espero esta tarde a las 18 en mi departamento, dale?…Bueno, arreglo mis asuntos y allí estaré.

Como un soldado, a esa hora estaba llamando a la puerta de Florencia con el consabido cava. Abrió la puerta y colgándose de mi cuello me recibió con un beso largo y profundo. Me tomó de la mano y nos tiramos en un sofá para abrazarnos y seguir con la sesión de besos donde nuestras lenguas se cansaron de jugar entre ellas. Cuando por fin nos separamos del abrazo pudimos cambiar unas palabras

• Flor, que pasa que me llamaste con tan poca anticipación?
• Mira tío, desde anoche que vi por televisión una película en donde justamente se desarrollaba un romance entre una sobrina y su tío, me agarraron unas ganas locas de tenerte junto a mí y que me hicieras el amor. Quede supremamente caliente, por eso te llamé. No te m*****ó, verdad?
• Para nada querida, sabes que estar contigo es lo mejor que me puede pasar. Cuando te tengo en mis brazos, me siento en el paraíso.
• Gracias tío, yo sabía que podía contar contigo Espera un minuto que ya regreso

Se levantó y salió para regresar con un cachetero negro de encaje en sus manos.

• Toma, me lo acabo de sacar, todavía tiene mojada la parte que roza mi conchita, que por cierto, con la calentura que llevo, está muy mojada. Como sé que a ti te gusta olerlas, te la doy para que disfrutes.

Florencia sabía, porque se lo había contado, que mi debilidad o vicio, como quieran llamarlo, de oler bragas era algo que me ponía en estado de revolución. Y era eso lo que se proponía. Tomé la prenda y me la llevé a mis narices para aspirar profundo y engolosinarme con ese perfume. No conforme con esas profundas aspiraciones, sintiéndola muy mojada, pasé mi lengua para chuparla. No encuentro las palabras para definir el olor y sabor de esos jugos, solo puedo decirles que para mí saben a gloria y me exacerban la libido.

Estuve un largo rato en eso, y como era previsible me enloquecí de pasión. La tomé a Flor del brazo y la dejé caer en el sofá, para empezar a besarla con furia. Le comí la boca, sus mejillas, el cuello, las orejas y sus lóbulos, le levanté el sweater que llevaba puesto y como no llevaba sostén, me di de lleno a comer sus senos. La locura desatada me llevó a chupar una y otra vez cada una de esas tetitas erguidas y encarnizarme con sus pezones como si buscara amamantarme. Entretanto mis manos buscaron y encontraron su vagina, que penetré con mis dedos. Juro que no podía parar, tal era la locura que se había apoderado de mí, para gloria de Florencia que gozaba con mis juegos. Realmente no recuerdo cuanto tiempo estuvimos en esas lides, pero debieron ser muchos minutos.

Cuando, me detuve unos segundos para respirar profundamente, Florencia, que también había llegado al estado de ebullición, me propuso pasar al dormitorio. Allí, como si me llevara el diablo, le quité sus prendas y urgía que hiciera lo mismo conmigo. Desnudos ambos nos arrojamos abrazados a la cama. Entonces Flor me dijo

• Tío, hay quiero que me trates como a una puta, quiero que hagas de mi lo que se te ocurra por más guarro que parezca. Estoy súper caliente y quiero gozar al máximo de tus caricias y juegos.
• Descuida mi amor, que te trataré como a mi puta. Te voy a comer toda, de la cabeza a los pies.
• Si tío, dale, como lo hiciste la primera vez, que con eso te robaste mi corazón y mi cuerpo

Esta vez empecé por los pies. Uno a uno besé y chupé los dedos, los empeines. Subí por sus piernas y muslos besando y chupando cada centímetro de recorrido. Al llegar a la entrepierna, besé los muslos que rodean la vagina pero, exprofeso, no toqué su vulva. El recorrido me llevó a su pubis. Lo encontré peludo como a mí me gusta, pero prolijo como si hubiera ido a la peluquería. Refregué mi cara en ese pelambre y subí hasta su ombligo, mi lengua escarbó allí y logró que Flor se tensara visiblemente alterada y comenzara a suspirar profundamente.

El viaje erótico siguió hacia sus axilas, me detuve claro está en sus dos tetas a las cuales dediqué tiempo lamiéndolas y chupándolas. Jugué con mis labios y dientes con sus pezones, que estaban durísimos. Seguí con su cuello y cara. Juntamos los labios para besarnos mientras la abrazaba muy fuerte. Le pedí que se volteara, para iniciar el mismo recorrido, pero por su parte trasera. Comencé con sus tobillos, pantorrillas, muslos, y al llegar a su culo, lo besé apasionadamente en toda su superficie. Mordí, suavemente sus cachetes y me deslicé hacia su espalda. Terminado el viaje, le pedí que se volviera de espaldas y abriera sus piernas. Había llegado el momento de comerle la almeja, algo que desde siempre fue uno de mis mayores placeres sexuales.

Ataqué su vagina en forma salvaje. Hundí mi cara en su panocha para olerla y degustarla. Con mi lengua revisé cada rincón de su entrepierna y el interior de su vagina. Cuando le tocó el turno al clítoris, Florencia, que ya había dado muestras de estar llegando a su éxtasis final, me hundió la cabeza en su sexo y se vino con un orgasmo terrible por su intensidad y duración.

• Que hermoso es esto tío, me derrito. Me gusta, que lindo. Dijo con voz entrecortada
• Estás gozando putita mía?
• Si tío, por favores no pares, sigue así.
• Te voy a volver loca de placer
• Sí, sí. Ya estoy loca, dame más con esa lengua perversa que tienes
• Te voy a seguir comiendo el chumino hasta que no tenga más aliento.

Y seguí por un largo rato, porque era un deleite mayor chupar esa concha joven, que sabía a gloria con su olor y sabor que me enloquecían. Y además porque sentía que Florencia gozaba muchísimo con mi labor. Creo que nunca más duré tanto tiempo aferrado a un coño dándole máquina con mi boca y lengua, que en esa oportunidad.

Sin demorarme me dispuse de inmediato a cogerla. Mi falo, endurecido por las caricias que daba a mi sobrina reclamaba participación. Ella quedó de espaldas, y en esa posición, levantándole las piernas sobre mis hombros me dispuse a penetrarla. El trabajo bucal que había hecho y los jugos derramados por Florencia me allanaron el camino. Mi verga se deslizó suavemente y sintiendo que llegaba al tope, comencé a bombear como un poseído. Mi sobrina, se mordía los labios de placer y me animaba pidiendo más y más.

• Vamos Nacho dame más. La quiero toda adentro.
• Ya la tienes toda adentro mi amor.
• Dame con fuerza que me gusta
• Te doy todo y pronto te llenaré con mi leche
• Sí, sí. Quiero que acabes adentro. Quiero toda tu leche que es mía.
• Ya me vengo Flor, ya me vengo, no puedo aguantar más
• Yo también me corro tío, esto es un sueño. No pares por favor

Mi descarga fue total. De mi pene salieron como seis o siete chorros de esperma que inundaron la cueva de mi sobrina que las recibió encantada y apretando los músculos vaginales parecía que me estaba ordeñando. En suma, un polvo brutal por lo intenso y duradero. Irrepetible.

Pasamos largos minutos, juntos y tomados de la mano, solo atinamos a recuperar aliento. Fue Flor quien rompió el silencio

• Tío que te pasó que hoy parecías una fiera sexual
• La culpa la tuviste tú cuando me diste a oler tus bragas.
• Fue eso?
• Si mi amor. Cuando las olí y pasé mi lengua por ellas, me volví loco.
• Tanto?
• Sentí dentro de mí una fuerte necesidad de hacerte sentir que soy tu macho. Quería darte el máximo de placer, no sé si lo logré..
Además me habías dicho que querías sentir mucho cariño de mi parte.
• Claro que sí. Me hiciste gozar como nunca, creo que lo viví más intensamente que en nuestro primer encuentro
• Festejemos entonces. Ya abro la botella de cava y nos la bebemos, te parece?
• Siiii.

El cava y los minutos de relax calmaron el cansancio que teníamos después de ese polvo brutal. Yo sabía que esa paz no era duradera, que Florencia demandaría más y más. Y no me equivoqué. Echados en la cama, soltó mi mano y se montó arriba mío, pero a la inversa, de modo tal que puso mi verga a disposición de su boca y su concha, a la mía. Era el momento de nuestro 69.

Empezó ella tomando mi verga y llevándosela a la boca, empezó con suaves lamidas y chupones, buscando que se pusiera dura, cosa que consiguió luego de unos minutos de ardua labor. Logrado el objetivo, comenzó con sus suaves pajas mientras engullía el tronco en su boca para acariciarlo con su lengua. Por mi parte, teniendo a mi total disposición ese regalo de la naturaleza, volví a regocijarme con esa almeja tan preciada. Repetí los juegos que a Florencia le gustan y que hice extensivos a su ano. Tener a sus dos agujeros sexuales frente a mí era una dicha total. Su ojete bien fruncido y cerrado se ofrecía a mis juegos. Con la lengua lamí su alrededor y puncé en el centro buscando entrar en el mismo. Cuando pude alcanzar a introducirla en parte, Flor se estremeció regalándome otro hermoso orgasmo que recibí en mi cara.

Las caricias en su ojete, despertaron su libido y no demoró en pedirme que la cogiera por su culo. Le pedí que esperara un momento porque yo todavía me estaba deleitando saltando de un orificio a otro,

• Quiero que me des por detrás y me rompas toda. Lo harás?
• Veo que la experiencia que tuvimos tuvo que haber resultado placentera que quieres repetir.
• Sí, me gustó mucho y ahora cuando me chupaste mi agujerito, encendiste la chispa. Dale tío, no seas malo.
• Ya muñeca, to a su tiempo. Quiero seguir comiéndote el chumino un rato más y luego lo hacemos, vale?
• Sí, pero no te demores que me pongo ansiosa.

Tanto insistió que tuve que darle el gusto. Lubriqué con una crema mi picha y su agujero anal, me puse de espaldas y la invité a que ella manejara la situación. Se acomodó poniendo sus rodillas a mis costados, tomó mi verga y la llevó a su agujero anal, para ir descendiendo lentamente. Lo hizo de tal manera que su ojete fue dilatándose rápidamente y permitiendo la entrada de mi pene. Cuando
llegó al final del recorrido, me miró sonriente y dijo

• Que rico, parece que la tengo toda dentro de mí.
• No parece, está toda adentro.
• Me siento llena. Ahora te voy a cabalgar, te gusta?
• Claro que me gusta. Es realmente fabuloso darte por la cola.
• Y me a dar tu lechita?
• Lo que me queda, mi amor. Mucho no debo tener porque me sacaste todo en el polvo anterior.
• Qué bueno!

Y empezó a moverse. Despacio primero como amoldándose, y luego fue aumentando la velocidad de ese sube y baja que poco a poco me fueron llevando a un estado de explosión que tuve que aguantar un largo rato para seguir en ese goce mutuo. Como estábamos enfrentados, aproveché para jugar con sus tetas y pellizcando sus pezones, sumando más placer a su cabalgata. Me miraba con los labios apretados como conteniendo su lujuria. Cuando llegó al límite me anunció

• Tío, esto es lo más, ya pronto me va a venir.
• Te espero mi amor, a ver si acabamos juntos esta cabalgata
• Ya, ya, me voy, me voy, cielos que cosa linda
• Yo también me corro Flor, te doy mi leche mi amor.
• Ahhhhh

Otro polvo memorable. Ambos habíamos acabado al unísono, el placer y el goce eran infinitos. Se dejó caer sobre mi cuerpo, buscando mis labios para volver a besarnos con furia, como si fuera, ese, el primer beso que nos dábamos. Nos abrazamos muy fuerte por largos minutos con las pocas fuerzas que nos quedaban. Nos sentíamos satisfechos y completos de amor.
La sesión de sexo y amor había sido completa y total. Rendidos uno junto al otro tomados nuevamente de la mano, estuvimos un largo rato. Era la paz que llegaba después de tanto ardor sexual. Recuperados en parte, nos levantamos para ir al baño a darnos una ducha que nos librara de los testimonios de nuestra pasión.

Para recuperarnos y antes de mi partida, devoramos unos sándwiches que Florencia había preparado antes de mi llegada. Como el cava se había terminado nos conformamos con gaseosas.

Besos y muchos besos apasionados antes de mi partida. Eran ya las 12 de la noche y me fui esperando que mi mujer no me esperara despierta y con ganas de hacer el amor. No hubiera podido de ninguna forma.

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