Mi primera eyaculacion

Sabía más o menos en qué consistía, había investigado un poco, pero aún no lo conseguía y me refiero a llegar al orgasmo y por consiguiente poder eyacular. Si bien, cuando me masturbaba sentía ricas sensaciones, aún no lograba llegar al clímax y no fue hasta cumplir los 12 años que experimenté unas de las más fantásticas sensaciones.

Habían pasado pocos días desde mi cumpleaños número 12 y continuaba siendo un chico pervertido. A mi temprana edad, ya era un fetichista consumado, había entrado en la pubertad y mis hormonas se alborotaban día a día, pero por cosas de la naturaleza y el desarrollo de mi cuerpo, aún no lograba tener un placentero orgasmo y eyacular esa lechita tan rica que hoy por hoy mi novia disfruta con mucho gusto.

Una noche llegué desde la casa de mi abuela y Jaqueline, con los bolsillos cargados, en ellos traía escondido un par de calcetines malolientes y dos colaless apestosos y manchados de mi prima. Al entrar en mi dormitorio, lo primero que hice fue esconderlos bajo la almohada y enseguida fui a darme un baño. Al volver, mi cuerpo estaba relajado y yo estaba mentalizado en que esa noche sería de mucho placer, disfrutando las fragantes prendas que había hurtado esa misma tarde.

Me acosté en mi cama semi desnudo, me acomodé, tomé el par de calcetines y colaless, los acerqué a mi nariz, inhalé profundamente su olor y luego los dejé caer sobre mi erecto pene.

El par de calcetines, eran de color rosa con vivos blancos y los saqué desde el interior de las zapatillas que mi prima acostumbraba a dejar bajo su cama. Por el olor que tenían, presumo que los había usado por al menos un par de días.

El primer colaless, era de color negro con encajes. Su hilo estaba sucio y hediondo a ano sudoroso, en la zona de la entrepierna tenía unas pequeñas manchas blancas de flujo vaginal seco.

El segundo, era de color celeste con una cintita banca en la parte frontal. Tenía el hilo muy manchado por su culo y un olor muy fuerte al igual que la zona de la entrepierna, la cual tenía unas manchas amarillas viscosas y aún húmedas. Lo más seguro es que lo haya dejado en la lavadora ese mismo día después de haberlo usado a lo menos dos o tres días.

El olor combinado entre las prendas era extasiante y luego de estar una rato masturbándome con una de las tangas enrollada en mi pene y la otra pegada a mi nariz, mi glande se fue poniendo casa vez más rojo y palpitante, a ratos escupía en mi mano y usaba mi saliva como lubricante.

Estaba demasiado excitado, pero como ya era muy tarde, decidí apagar la luz y continuar a oscuras. Seguí masturbándome aún más rápido, ocupando más saliva e intentando no hacer tanto ruido, hasta que de pronto una extraña sensación se apodero de mí, tan extraña era como placentera. Una especie de electricidad comenzó a recorrer mi cuerpo, agitando los latidos de mi corazón y mi respiración. De pronto, acompañada de un espasmo corporal, sentí una de las más placenteras sensaciones que hasta el momento había tenido. Tuve que poner una almohada en mi boca para no despertar a nadie, mientras intentaba recuperar el aire. Entre mis manos, un extraño liquido escurría por mis dedos, pero por la oscuridad no podía distinguir que era, solo se sentía algo pegajoso y caliente.

¿Acaso había tenido mi primer orgasmo? ¿era semen lo que escurría entre mis dedos? Las respuestas eran claras y obvias, pero en ese momento, para mí no lo eran, solo sabía que quería volver a sentir esa maravillosa sensación. Cerré mis ojos por un momento, pero sin darme cuenta el sueño me fue venciendo hasta quedarme profundamente dormido.

Al día siguiente por la mañana, desperté pensando en lo ocurrido la noche anterior y con unas ganas tremendas de volver a masturbarme y comprobar si había sido un orgasmo el que había tenido y si era capaz de volver a tenerlo.

Luego de desayunar, me encerré nuevamente en mi dormitorio, tomé los colaless sucios de prima que habían quedado entre las sabanas y me empecé a masturbar. Después de unos 10 minutos, nuevamente volví a sentir esa electricidad recorriendo mi cuerpo, mi respiración comenzó a agitarse hasta que sentí como algo desde mi interior recorría mi erecto pene hasta salir eyectado.

Un líquido blanquecino semi transparente salió disparado hasta caer al suelo, el resto comenzó a escurrir por mi mano, hasta mojar unos de los colaless que tenía envuelto alrededor de mi pene, el cual poco a poco fue perdiendo su rigidez.

Desde ese momento supe lo que era un orgasmo y experimenté la rica sensación de eyacular. Actualmente me sorprendo de lo ingenuo que fui en ese momento, pero siendo sinceros, todos los hombres pasamos por esa singular situación.

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