Mi primer trío homo.

Os voy a contar ahora cómo llegué, sin comerlo ni beberlo, a disfrutar de un trío junto con dos amigos homosexuales.
Corría el año dos mil y poco y era verano, caluroso como casi todos en ese Madrid sin piscinas privadas y casas pequeñas; acogedoras pero sin corrientes de aire.
Resulta que esos días tan acalorantes, quedábamos en el parque del barrio al salir de trabajar para pasar la tarde bajo los árboles unos cuantos amigos. Si se terciaba nos íbamos de copas o si no, cada mochuelo a su olivo o, cuando había suerte a la casa de alguien con aire acondicionado jajaja.
Pues esa tarde estaba solo. Ninguno llegaba y los pocos que tenían teléfono móvil habían escrito el sms de: Hoy no bajo (curro horas extra, hace mucho calor…). Me veía más solo que la una, con un petardo en la mano y una botella de refresco en la otra. Había decidido que en cuanto me fumara el porrito me iría hacia mi barrio (sí, yo vivía en un barrio a diez minutos del de mis amigos) a ver si veía a alguien por allí pues subir a casa era firmar la sentencia de asado, el tercero donde vivía era el último del bloque y todas las ventanas daban al Sur: por si alguien no ha caído, mi casa era un horno.
Y en eso estaba yo, en terminarme el canuto para volver caminando cuando vino un amigo al que hacía un par de meses que no veía. Los colegas decían q había salido del armario, que estaba con un tío… Que era marica, vaya. Claro que no lo decían con tono neutro, informando no. Me sorprendió lo homófobo de su conducta hacia este amigo de toda la vida sólo por tener una elección distinta y pensaba: Qué pensarían de mí si se enteran de lo golfo que soy.
Total, que mientras nos fumábamos el porro estuvimos hablando y noté que no sacaba el tema o cuando lo dejaba caer yo, él buscaba una tangente para escapar así que le pregunté directamente. Le costó responder y su cara cogió un acaloramiento tal que me reí diciéndole que ni se preocupara, que por mi parte ni problema, ni prejuicio, ni nada que juzgarle. Le conté que yo había tenido alguna relación con chicos y alucinó, se volvió a ruborizar por lo que yo creía que era verse al desnudo delante de alguien a quien no le importaba, me pasó el porro tras darle una calada y cambiamos de tema para ver dónde la tomábamos, que tanto tiempo sin vernos no podía quitarnos las ganas de salir por ahí. Decidimos ir al centro de Madrid a pesar de vivir yo en la periferia, en el barrio donde hasta hacía un mes vivía él (sí, él me había introducido en el grupo de sus antiguos compañeros de instituto, los que paraban en aquel parque del que hablé antes) antes de mudarse con su pareja.
Fuimos al barrio de Chueca, estuvimos tomándola hasta que de repente vi que ya no iba a tener una buena vuelta a casa pues el transporte público había finalizado y sólo quedaba la opción de taxi o los autobuses nocturnos; una opción carísima y otra de una hora y tres cuartos. Pues decidí que me quedaba por la zona con mi amigo, que esperaba a que su chico saliera del pub en el que trabajaba para irse a casa. Yo esperaba que me acercase en coche al barrio. Era eso o hacer amigos, o ligar para no tener que volverme solo con la m*****ia que me ocasionaba. Llegaron las tres y media y con ellas JL, el novio de mi amigo: un chaval moreno, con un cuerpo bastante atlético, ojazos verdes y una mandíbula que derrite a la más pintada. Pero el guapo había ido sin coche a currar ese día, así que les pedí que me acompañasen hasta la parada del búho a lo que JL propuso que me quedase en su casa, que Lavapiés estaba más cerca y al día siguiente podía irme a casa descansado. Acepté; a parte de que no me apetecía tomarme la m*****ia de volver, tenía ganas de juerga y sabía que JL también. Mi amigo tenía más ganas de cama que de tomarse otra pero no puso objeción alguna ya que hacía mucho que no nos veíamos y le había gustado coincidir conmigo.
Subimos a su casa: típico patio de corralas del madrileño Lavapiés con casas de pocos metros, una habitación, un servicio (que normalmente era añadido a la vivienda, pues cuando se contruyeron la mayoría de esos edificios el servicio estaba fuera de las viviendas y era comunitario) y una cocina. La decoración escasa pues no había espacio más que para una mesa, el mueble bajo el que descansaba la cadena de música y dos sillones muy cómodos que se juntaban y hacían las veces de cama para invitados. Juntamos los sillones para sentarnos sobre lo que sería mi cama y JL preparó un par de combinados mientras yo me liaba otro porro, mi amigo se metió en el baño, que curiosamente la puerta era transparente, y vi cómo se desnudaba para ducharse. En ese momento me fijé que estaba completamente depilado.
Volvió JL de la cocina y se quedó mirando a su chico a través de la puerta: “Cómo me pone tu amigo. Me dan ganas de irme con él y darte el espectáculo jajajaja”. Mi respuesta no fue nada ambigua: “Por mí como si le sacas aquí y me dais el espectáculo en esta cama, no me voy a asustar ni voy a salir corriendo”. -“¿No será que quieres participar? No te culpo, me ponen a mil estas situaciones”. -“Oh, no -dije un poco sin saber cómo reaccionar y debí ruborizarme- no se me ocurriría meterme en medio de una pareja”. JL volvió a reir y levantándose fue quitándose ora la camisa, ora el pantalón mientras se dirigía al baño. Antes de abrir la puerta transparente se volvió y me preguntó qué le parecía la puerta tranparente, a lo que respondí que muy morbosa e inmediatamente callé pensando que estaba metiendo la pata. ¿Y la decoración del baño? preguntó. “No la he visto, me he sentado en la cama sin ni siquiera ver tu casa”. -“Pues ven a verlo antes de que se empañe con el agua de la ducha”. No se por qué pero algo me atrajo, supongo que lo morboso que soy, hacia el baño con la excusa de ver la decoración. Mientras me acercaba, JL se desnudaba; menudo culete más rico el suyo, y menuda tranca también. Entré medio disculpándome y me dijo que sin problema que él se metía a la ducha a juguetear con su chico. “Claro, claro” -Dije mientras miraba hacia la ducha y veía que también tenía la mampara transparente. Ahí me quedé, me la saqué y oriné tranquilamente mientras veía cómo se sobaban, se mamaban, se agarraba, besaban… Y me vieron. Resulta que me había quedado embelesado viendo esas dos pollas empalmadas y yo me había empalmado también, lo que llamó la atención de mi amigo que así como me vio cachondo, abrió la mampara y me dijo: “¿No te apetece ducharte? jejejje”.
Pues ducharme no es que me apeteciera con tanto calor, pero de lo cachondo que estaba eso me daba igual; lo que quería era desnudarme y dejarme llevar, así que me quité los pantalones y dejé al aire mi polla dura. Ni tiempo me dieron a quitarme la camiseta, cuando estaba en ello, una mano me agarro del brazo y me metió en la ducha. De repente me vi besando a JL mientras intentaba agarrarle el rabo, pero no podía porque ahi había una cabeza mamándosela mientras me agarraba la mía. Me senté en un banquito que había en la ducha y me dejé mamar pero yo quería juerga, le pedí polla a JL y éste, alucinado pues me imaginaba más pacato, se me acercó, me la brindó y me la empecé a comer, hasta la garganta, como me la estaban comiendo a mi. A partir de ahí sólo decir que me comí las dos pollas juntas, que me follé a ambos y abos a mi, que me corrí no pocas veces y no pocas veces les hice correrse. Que, como bien excitado pedí, se me corrieron ambos en la cara, y que al sesenta y nueve le añadiesen una polla follándome y acabar corriéndome y sacarle todo el semen para tragarlo a quien se lo mamaba. Menudo colofón de noche, sobre todo cuando nos despertamos al día siguiente y nos dimos otra sesión antes del desayuno y de despedir a JL que se iba a… Misa. Sí; a misa después de haber pecado como el que más, JL iba a misa como todos los domingos, así que los dos que nos quedamos, nos dedicamos a follar que no se puede estar, como dice el refranero; en misa y repicando.
Con mi amigo no he vuelto a follar en trío homo, sí en un trío bi con una amiga mía, y a JL sólo le vi un día más antes de que mi amigo le dejara por otro novio, menos promiscuo y sin puertas transparentes y otra vez después en la que le estuve follando unos meses más tarde que coincidimos por la calle, tomamos un café y le propuse darle caña.
Espero que os haya excitado la historia como a mi recordarla. Y es que un trío con otros dos hombres, puede ser una experiencia maravillosa.

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