Mi personal trainer negro

Mientras vivíamos en Villa Urquiza, trabajaba en un estudio de abogados que me dejaba bastante tiempo libre. Entonces decidí dedicarme ese tiempo para mí misma y concurrir a un gimnasio tres veces por semana, para mantenerme en forma y tonificar mi cuerpo.
El lugar contaba con una gran variedad de máquinas, pero en especial con un par de entrenadores para asistir a los gimnastas. Uno de ellos se llamaba Eduardo; era un chico cubano de raza negra, con un torso ancho, enormes espaldas y labios gruesos. Un hombre realmente sexy…
Algunas veces era él quien me asistía y noté que me estaba empezando a atraer esa mole de ébano…
Una tarde estaba casi sola en el gimnasio; pero Eduardo también estaba allí. Luego de completar mi rutina, lo saludé desde lejos y me dirigí al vestuario. No había agua caliente en el que correspondía a Damas; por lo tanto, pensando que a esa hora ya nadie vendría, decidí ducharme en el vestuario de hombres.
Apenas había empezado a enjabonarme, cuando apareció Eduardo, totalmente desnudo, con una toalla al hombro, dispuesto a ducharse…
Me miró con un poco de indiferencia, a pesar de que yo estaba desnuda, aunque no intenté cubrirme, como si fuera algo natural…
Le pregunté qué estaba haciendo ahí.
Lo mismo me preguntó él; ya que era yo la que estaba en el vestuario de hombres…
Sin responderle bajé mi mirada, para encontrar una verga negra enorme que se bamboleaba entre sus piernas…
Eduardo se rió, preguntándome si alguna vez había visto una verga negra.
Yo estaba un poco aturdida, pero llegué a mentirle, diciendo que jamás había visto de cerca una pija negra tan grande…
Eduardo se acercó de manera amenazante, pero entonces sonrió y me pidió si podía darle algo de shampoo…
Se lo ofrecí y entonces el mulato me aferró ambos brazos, me empujó contra una pared dentro de la ducha y pegó su cuerpo contra el mío…
Le pregunté qué estaba haciendo y que me soltara…
“Vamos puta blanca, estás calentándome hace mucho tiempo…”
Intenté debatirme para zafar de su abrazo; pero todo fue inútil; su fortaleza me impedía moverme; sentía que su enorme verga comenzaba a crecer al chocar con mi pubis depilado…
En un momento de descuido finalmente bajé mi guardia y sus gruesos labios atraparon mi boca. Me besó de manera salvaje y entonces sentí que mi concha se humedecía al contacto con ese tipo…
Entonces pensé que ya no valía la pena seguir resistiendo y finalmente me entregué a sus deseos. Comencé a acariciar su ancha espalda; mientras sus enormes manos recorrían mis firmes nalgas…
En un momento Eduardo empezó a meter un dedo en mi ano, y yo solté un profundo suspiro, mientras lo miraba inquisitivamente a los ojos.
El negro enorme me confesó entonces que era bisexual y que, en general, le gustaba sodomizar a las mujeres, tal como lo hacía con los varones.
Antes de que yo pudiera reaccionar ante sus palabras; me hizo girar para apoyar mis manos contra la pared, bajo la ducha.
De repente sentí su poderosa verga negra que intentaba penetrar mi esfínter anal. Le costó un poco, ya que yo no tenía mi ano lubricado; pero finalmente logró empalar mi culo con su tremenda pija negra…
Me cogió por el culo durante unos quince minutos, mientras el agua de la ducha mojaba nuestros cuerpos entrelazados…
Su verga me estaba matando y se lo dije, para que me cogiera con más suavidad. Pero el negro se rio y comenzó a arremeter con más bríos contra mi castigado trasero
Mis quejidos se fueron transformando en gritos e intenté escapar, pero el negro nuevamente aferró mis manos y empujó su cuerpo sobre el mío, con lo cual introdujo todavía un poco más su verga. De pronto me tomó por las tetas desde atrás y sentí que me alzaba en el aire, quedando más empalada a fondo sobre su tremenda pija negra…
Grité como loca, mientras sentía que el negro me desgarraba a golpes de verga; me poseía,; me volvía loca de placer…
Su boca de nuevo de fundió con la mía tapando mis quejidos y gritos.
Entonces comenzó a acelerar el ritmo, logrando meter toda su monstruosa serpiente en mi ya no tan estrecho culo. De repente sentí una especie de descarga eléctrica que recorría mi cuerpo y tuve un increíble orgasmo aullando como una loca, mientras esa verga dura seguía taladrando mi ano y los gruesos dedos de Eduardo me hurgaban la concha…
Me bombeó por el culo todavía diez minutos más, hasta que de repente el negro se tensó, hundió su verga más a fondo y por fin descargó su semen caliente en el fondo de mi ano…
Después mantuvo su pija enterrada a fondo hasta que se puso un poco fláccida; aun así le costó bastante sacarlo, dejándome vacía…
Comprobé que Eduardo era un macho dominante brutal, que me manejaba a su antojo. Durante un tiempo me convertí en su amante. Cogíamos de manera salvaje cada vez que nos encontrábamos a solas en el gimnasio; siempre de la misma manera brutal, bajo el agua de la ducha…

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