Mi hermana me la mete por el culo 1ªparte

Llevaba tiempo sin ir a casa de mis padres, ellos ya no habitaban su casa dado su estado de salud. Habíamos acordado con mi hermana que le prepararíamos un apartamentito en la propiedad de ella. No era un espacio muy grande, pero el caso era que tuvieran compañía el máximo de tiempo posible.

Entre todos preparamos un dormitorio – salón y un cuarto de baño, sin puerta con ancho suficiente para la silla de ruedas, necesitábamos mejorar la movilidad. Las situaciones de movilidad cambian con el tiempo. Yo siempre estuve en contra de casas con escaleras y con muchos recovecos. Cuando se tienen niños y ancianos se convierten en una fuente de accidentes.

Al final llegué con solo una semana de mis vacaciones para acabarlo todo, hacer los tabiques, encalar las paredes, armar el cuarto de baño. Saqué de internet los planos de un baño que permitiera la maniobralidad de la silla de ruedas.

Encontré a mi hermana un poco entradita en carnes y muy contenta de verme. Ella siempre tuvo unas buenas tetas y ahora con esos kilos se antojaban enormes, al igual que su culo, sencillamente esplendido.

Era mediados de agosto, justo esa noche sería la lluvia de estrellas.

– Ya han pasado unos años desde la última vez que vimos juntos la lluvia de estrellas, ¿Qué tal si nos preparamos y recordamos viejos tiempos?

– Genial, aquí el cielo es precioso y se ve todo estrellado durante la noche en donde vivo ahora es imposible, demasiada contaminación lumínica.

No faltaba nada, nos fuimos a una loma cercana donde ya estaban las dos hamacas. La bolsa nevera, el ron, la hierbabuena, el azúcar moreno ( en casa tenemos de hacer los mojitos con azúcar moreno, nos parecen más sabrosos), y el hielo picado.

Entre las estrellas cayendo y los mojitos estábamos recuperando años divertidos en otro tiempo, donde conversaciones sobre el universo, los ovnis, la parasicología…nos hacían llegar hasta el amanecer.

Nos llevamos 7 años y ahora las antiguas conversaciones ya no eran divertidas, ya sabemos que no hay ovnis ! Y que hablar del aura ya no mola.

– Oye, como es que te dejaste engordar, tu siempre estabas flaca, le dije.

– Ya sabes, los embarazos y los años. Y la falta de ejercicio. No es lo mismos la ciudad que el campo. No tenemos gimnasios y esas cosas.

– Ya, pero ya pasaron los tiempos en que la mujer casada se despreocupa y engorda. Te tienes que cuidar o tu marido se buscará una que le ponga más.

– Pues va a ser que no, saber que él es diabético y a una cierta edad el pajarito no canta.

– Pues si que es una putada, ¿y cómo te las arreglas?

– Vaya con el ingenuo, que tu eres el mayor y no te tengo que explicar las cosas. Internet te ofrece muchos juguetes, además de discreción. No solo de deditos vive la mujer, jajaja.

– Uff, hermanita, no te imaginaba tan moderna.

– La necesidad aguza el ingenio, pero lógicamente echo de menos un buen trozo de carne. Un yoni no tiene ni la textura, ni la calidez y por supuesto no te regala premio al final del evento. Pero me arreglo. No tengo queja.

No volvimos a hablar del asunto. Ni llegamos al amanecer, ya no éramos jóvenes y trasnochadores.

Entre que compré las cosas para la obra y los trabajos se me fueron pasando los días. Y ya el baño lo tenía listo. Decidí pegarme una ducha y así probaba la caída del agua, los sumideros. Qué carajo, me hacía falta una ducha, tenía el cuerpo derrengado de la paliza que me estaba dando.

Fui a la casa de mi hermana a buscarme una toalla, gel champú. Ellos estaban en su trabajo y tuve que buscar en su armario. La curiosidad me llevó a mirar en sus cajones, ya era una afición cuando vivíamos juntos. Tenía unas tangas bastante sugerentes, y ligueros y un cajón con disfraces de caperucita roja, de enfermera, de vikinga. Todos muy sugerentes. Ya conocía su afición a los disfraces de carnaval, ¿me conoces mascarita? Pero esto era para otro carnaval. Abrí un baulito de marquetería, de esos que venden en tiendas de chinos y me quedé perplejo. Eran los juguetes de mi hermana. Se me paré enseguida.

Guardé todo corriendo y me fui. La verdad es que me arrepentí de fisgar entre sus cosas. Una era mirar sus bragas y otra esto.

Me metí en la ducha, el agua caliente y el jabón me sentaban bien. Y no podía dejar de ver en mi imaginación a mi hermana jugando con sus cacharros. Me estaba haciendo una paja, no la podía tener más dura.

– Hola, ¿Cómo va eso? Ah, perdón. Y salió del baño. Lo siento no sabías que ya estaba operativa la ducha.

– No pasa nada, ya termino.

– Sí, tomate tu tiempo, pero parece que ya te falta poco, deja algo para los pobres. Jaja, hermanito.

Se me bajó el rollo. Menudo corte el que me viera con el manubrio y dándole caña. Menos mal que los pensamientos no se pueden ver.

Ya en la cena.

– Oye, que has estado mirando mi armario.

– Es que buscaba una toalla

– Ya, y acabaste mirando mi cajón de ropa interior, como cuando vivíamos en casa de papá. Que la policía no es tonta!.

– Gluck, no sabía que estuvieras al tanto de mis pesquisas de antaño.

– Te valían a ti como me valían a mí.

– ¿y eso?

– Bueno, tu no te conformabas con mirar, yo tampoco.

– Que guarra!

– Que guarro, tú eras el hermano mayor y yo necesitaba aprender, tener estímulos. Siempre fui un tanto calentorra. Por eso ahora me tengo que buscar la vida y no estoy para buscar los relax fuera de casa. ¿Qué te parecieron mis juguetes?

– Uf, los tienes de todos los tamaños y formas. Una pasada.

– ¿Cuál es el favorito de tu mujer?

– Oye, que mi mujer no usa. Tiene bastante con lo que le doy.

– No te confundas, hay que estimular la imaginación: disfraces y juegos estimulan la pareja. Yo juego, pero no sola. A el no s ele pone dura pero es un experto con la lengua, los dedos, y con los juguetes. Lo compartimos todo.

– ¿Y es suficiente?

– Hombre, no. Ya te dije, la textura, la temperatura, y sobre todo el regalo final. Eso es lo que más echo de menos. Ya te dije.

– Bueno, que me voy a la cama, que estoy muy cansado.

Al levantarme quedó en evidencia mi estado.

– Jajá, No recordaba ese tamaño de paquete. Estas apurado. Jajá, te tendrás que arreglar. ¿no acabaste en el baño? ¿O vas a por la segunda?.

– No hermanita, no es que la tenga más grande que antes, y no sabía que te tuvieras tomada la medida. Es que la conversación tuvo su efecto. Y no, no acabé antes, me corté cundo llegaste.

– Pues claro que le tenía tomada la medida. Ya te dije que tenía curiosidad y el que la sigue la persigue.

– ¿Qué guarrilla era mi niña?

– Te corrijo, que guarrilla es tu niña, aunque ya hace tiempo que dejé de serlo, una niña, me refiero.

– Bueno, pues lo dicho, que me voy a la cama. Espero que te lo pases bien con tus juguetitos esta noche. No hagas mucho ruido que el hambre no avisa.

– Descuida. Y bueno, que si se me escapa algo que te valga para estimular tu imaginación y tan contentos. Buenas noches.

– Buenas noches, hasta mañana.

Ya en mi cuarto me puse a dormir. Pero el tiempo pasaba y yo estaba desvelado y tenía la polla dura. No podía dejar de imaginármela jugando con el consolador. Me estaba poniendo muy malo.

Oigo que se abre la puerta de mi cuarto, era mi hermana.

– Oye, que pensando en que igual te falta estímulo, te he traído mis juguetes para que elijas lo que quieras y te arregles.

– El mejor juguete es la imaginación.

– Pues parece que no es suficiente, llevas rato trajinando y no te corres.

– Y tú, ¿Cómo es que estás al tanto?

– Y bueno, igual es que estoy igual de cachonda, y me apetecía pajearme oyendo tus suspiros.

– Ya, igual que yo. Me duelen los oídos de intentar oír tu trajineo.

– La próxima vez te pongo en el cuarto de al lado.

– Que sea cabecero con cabecero.

– Oye, y si llegados hasta este punto ¿no nos hacemos una paja face to face?

– Tía, no te pases que soy tu hermano mayor.

– Mayorcitos ya somos los dos. Los dos estamos contentos y deseando imaginarse al otro. Nos damos un capricho y luego lo olvidamos ¿vale?

Y se quitó el pijama, quedando con una tanga roja y al igual que el sostén. De encaje. De la caja sacó una caperuza que se puso en la cabeza.

– Ya tenemos a caperucita roja. Ya solo falta el lobo. Ponte esto.

Y sacó un tanga para hombre, de esos que en la parte delantera tienen una funda para el pito con forma de a****l. Era el hocico de un lobo.

Me empezó a gustar el juego, lo tomé y dándome la vuelta me lo puse, me costó meterlo pero el caso es que ya estaba al palo.

Se sentó en la butaca y se empezó a tocar las tetas. Yo la imité y también me toqué los míos. Los tenía duros y pienso que ella también. Llevó una mano a su boca jugando con los dedos, como si fuera un pito. Yo la imité y me chupé los míos. Jugó con la lengua entre los dedos medio juntos, como si fuera una almejita. Y yo la imité.

– Veo que te gusta jugar al juego del espejo. Pues juguemos, será muy divertido.

Fue bajando la mano tocándose la tripa, luego las nalgas. Un culo impresionante.

– ¿te gusta mi culo? Me pongo muy cachonda cuando me lo sobo.

– Uf a mí me encanta, siempre me lo sobo. Será cosa de familia.

Sacó un pene de goma, de los de doble punta, de los que usan las lesbianas para follarse. Se lo metió en su coño y empezó a pajearse la parte externa, como si fuera un tío. Me quedé clavado, con los ojos como plato.

– Vamos hermanito, pajéate, ponte burro, yo ya lo estoy.

– Que cabrona, que cabrona que eres.

Y me puse a pajearme. Al mismo ritmo que ella. Ella se pasaba la lengua por sus labios y le seguía el juego. Con la otra mano seguía jugando con uno de sus pezones, lo estiraba para agrandarlo, igual que yo. Aquello de jugar al espejo me estaba encantando. Pasó a masajearse las nalgas. Se chupaba los dedos y luego pasaba la saliva por su cuerpo, las tetas y las nalgas. Pasó la mano por toda su raja. Decidía pasar la mía por mis muslos.

– No cariño, estamos jugando al espejo. Esto lo hacemos juntos ¿vale?.

Le seguí el juego, me acaricié y toque el culo. Tengo que decir que me gustó. Ella se chupó el dejo y jugó en el ojal. La imité, de perdidos al río. Y se metió un dedo en el culo. A mí me costó más, no estaba habituado. Ella se volvió a mojar él dejo dejando mas saliva, se lo metió derecho mientras me miraba a los ojos. La imité, me lo metí hasta el fondo. Una corriente recorrió toda mi coluna.

– Aug, esto no puede ser normal.

– Joder, menuda cara de cachondo tienes. Fóllate con el dedo, como yo. Me estoy poniendo malita.

Se metió un segundo dedo, pero yo no, lo intentaba pero me dolía. Quería metérmelos todos, como ella, pero el dolor era total.

– Toma cariño, usa esta crema. Te ayudará.

Y sí, me ayudó. Me acabé metiendo tres dedos. Y me follé. Y me corrí.

– Muy bien hermanito, me gusta cómo te aplicas en el juego. Ven ponte boca abajo que te voy a poner contento.

Me quedé de piedra, acojonado. Pero me puse como ella quería, de cuatro. Empezó a besarme el cuello mientras notaba sus pezones clavados en mi espalda y su pene de goma rozaba mi raja. La recubrió con la crema y la encaró al ojete.

– Si cariño, te la voy a clavar. Te voy a hacer a ti lo que siempre has querido hacerme y nunca te atreviste. Ahora yo te endeñaré el camino. Espero que luego tú te portes.

Y me la metió. No pude evitar jadear.

– Aug, me gusta, no sabía que me pudiera gustar pero me gusta, dame duro hermanita. Ensáñame el camino.

– Si, toma, sufre mamón. Toma, toma.

Me corrí, me corrí como un colegial mientras mi hermana me daba por el culo.

Me quedé dormido pensando en que luego tendría que demostrarle a ella que había recibido una buena clase.

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