Mi abogada es la que manda.

Jamás imaginé que me iba a pasar esto a mí, lo deseaba, fantaseaba, y me daba los mejores pajazos del mundo pensándolo, pero confieso que nunca esperé que sucediera. Una tarde estoy en la oficina, terminando mis asuntos para salir a entrenar, como de costumbre, y revisando la correspondencia me doy cuenta que tengo una citación en el juzgado de competencia laboral por un caso que quedó abierto con una ex-empleada. De inmediato me comunico con mi asesor quien me recomienda abiertamente una abogada laboral muy joven pero muy calificada, y pues sin dudar realicé la llamada para concertar una cita con su asistente, y efectivamente al día siguiente a las 3:00pm debía estar puntual en su despacho.

Salgo rumbo al gimnasio, y al llegar ya listo para mi rutina, una rubia deliciosa, mandada a hacer, se baja de una camioneta del año. Su lycra blanca mostraba unas piernas gruesas torneadas y definidas, firmes, con las nalgas más redondas, grandes y duras que había visto, se notaba el entrenamiento. La curva que dejaba ver en su espalda baja el top corto negro que llevaba me hizo tragar saliva, se hacía ese caminito sexy que les veo cuando las tengo “en cuatro” castigándolas, su cintura pequeña casi cabía entre mis manos pude calcular, hasta que seguí recorriéndola con mis ojos y veo su rubio y largo cabello recogido, listo, como si la pudiera montar en ese mismo momento, al entrar la veo de perfil, y unos ricos y paraditos pechos redondos y grandes me roban la atención, yo suspiré, su piel blanca y muy suave parecía una crema que me podía comer lentamente, y su cara terminó de armar el cuadro perfecto, era sencillamente una mujer que puede hacer con uno lo que quiera; y sin dudar tuve que contenerme para no tener una muy obvia erección.
Pasé toda mi rutina disimuladamente pendiente de ella, la vi haciendo sentadillas y recorría con mis ojos las goticas de agua que se le derramaban al beber y le bajaban entre su rico busto, yo tragaba saliva conforme bajaba esa gota. En un momento ella muy amablemente, me dice: -“¿Me puedes ayudar con este disco? Por favor. Sin duda, muy calmado la ayudé, y pude ver sus ojos mirarme tan fijamente que casi me intimida, pero yo soy alfa, y me controlé. Ahí terminó ese encuentro, llegué a mi casa y caí rendido pero pensando en ella, no alcancé a masturbarme, estaba muerto.

Amaneció y seguí con mi agenda, llegada la hora, a las 2:50pm estaba en el despacho de mi futura abogada, ese día estrenaba todo lo que llevaba puesto, hasta el perfume (Yo siempre ando preparado). Estaba muy concentrado leyendo el expediente del caso cuando oigo una voz que casi reconocí decir: -Buenas tardes, y pronunciar mi nombre. Levanté la mirada y casi me pongo pálido al ver que la abogada era la rubia del gimnasio. Entré, estrechó mi mano y mirándome a los ojos se baja lentamente los lentes y me dice: “¿Nos conocemos? Me jacto de tener muy buena memoria, y sé que esa cara y también ese cuerpo lo he visto antes”. Fue el segundo más largo, cuando le respondí, que si yo mal no recordaba tampoco, habíamos coincidido ayer en el gimnasio. Todo esto se lo dije mientras veía que ella me estaba escaneando de pie a cabeza, y no disimulé, yo también la recorrí. Una minifalda roja sobre sandalias de tacón rojo, sus pies eran perfectos, y sus pantorrillas ricas sostenían unos muslos que me hicieron agua la boca, las caderas y las nalgas, y las vi porque ella no dudo en disimular una vuelta, pude ver su escote con una blusa que dejaba ver su sostén negro y una chaqueta negra.

Se suelta el moño que tenía con un bolígrafo, me invita a sentarme y ya para este momento fue lo mejor, porque yo ya volaba, mi erección ya había despertado y estaba a millón. Se hace una cola como la del día anterior, yo tragaba grueso. Se acercó al auricular y le indicó a su secretaria que no la m*****ara de ninguna manera y que cancelara el resto de las citas, cerrando la orden con un contundente “No estoy para nadie”. No dudó en sentarse frente a mí justo de mi lado del escritorio en una esquina de la mesa, cambiaba sus piernas mientras leía y comentaba; en cada cambio tenía justo en frente el medio de sus piernas muy poco cubiertas y noté su ropa interior negra en varias oportunidades. Se veía una enorme cosita rica, abultadita y carnosa, porque ella no era discreta al abrir sus piernas y su falda era tan corta como la hubiera soñado. Al terminar de leer, dio unas conclusiones que de verdad no escuché.

Entramos, con toda la tensión sexual que había en el tema del pago, y cuando le abordé me mandó a hacer silencio poniendo su dedo en mi boca, la cual acariciaba suavemente mientras dijo: – “Te cobraré una cuota especial, de ese trozo que tienes entre las piernas y que me quieres meter desde que llegué ayer al gimnasio, te vi, y eso me calentó demasiado. Así que prepárate para pagar, el caso está ganado y yo muy muy mojada, de aquí no sales hasta que me des tan duro como nunca le has dado a ninguna, la perra que buscabas está aquí.” Todo esto lo dijo mientras me soltaba la camisa lentamente, la correa y el pantalón. Con una rapidez única, retiró todas las cosas de su escritorio para abrir espacio, y no dudé en tomarla por la cintura y apretarla contra mí, nos fuimos besando como si nos tuviéramos hambre, y sí, besa como si te fuera a comer pero muy rico, sus labios carnosos y una lengua que sabe lo que hace, nos estábamos comiendo literalmente. Ella sin ningún pudor me apartó un poco y aun con la falda puesta, metió sus dedos entre su tanga y se tocó la vagina, sacó sus dos dedos muy húmedos y los puso en boca para que probara su sabor, parecía como una droga, me enloqueció, y de inmediato comencé a lubricar. Le quité la chaqueta, y mientras le besaba su cuello con ese olor delicioso, y sus hombros, le recostaba todo mi paquete súper duro en su mojada entrepierna, con un vaivén que ella estaba disfrutando, ¡Se estaba masturbando con mi paquete! A la blusa le arranqué los botones y se la quité. En eso quedó al aire su sostén negro con tela transparente, y vi cómo se apretaban los más rosaditos, redondos y paraditos pezones que yo había visto, metí mi cara en el medio de sus melones redondos y firmes y aspiré ese olor a hembra que me vuelve loco, como un maestro con una sola mano solté su sostén y liberé toda esa ricura que estaba ahí guardada. Me volví como loco lamiendo, acariciando, besando y tratando de meter en mi boca esa delicia de tetas que esa mujer tiene, mientras me comía ese regalo la escuchaba gemir, y respiraba profundamente, me tomaba por la cabeza y me movía entre ellas mientras yo seguía con el vaivén de mi paquete sobre su vagina, la parte que la hizo enloquecer fue cuando con mi lengua jugaba muy suavecito con la punta de sus pezones, alcé la mirada y la vi mordiéndose los labios, me dijo: “Cómetelas, son tuyas papi, me tienes mojada, me voy a venir no pares”. Y por supuesto seguí comiéndome sus tetas mientras presionaba con mi paquete su entrepierna, hasta que ella con mucha habilidad y fuerza me sujetó con sus piernas y me presionó a su cuerpo; en ese instante toda mi ropa interior y la de ella se empaparon de su gran acabada, no pude verla salir porque aún teníamos la ropa, pero quedamos muy mojados, ella chorrea, de verdad me enloqueció verla como temblaba, y se retorcía ahogando los gritos.
Mientras aún temblaba, con mucho gusto le besé y lamí su abdomen plano y firme, pero su piel tan suave y blanca, sabía mucho mejor de lo que me imaginé, fui recorriendo su cuerpo mientras le bajaba la falda, quería ver esa rica tanga negra mojada, tapando muy poco todo lo que tenía por ofrecerme entre sus piernas.

No puedo sacar de mi mente la imagen, ella montada en la mesa, sin sostén, solo con la tanga y sus tacones, de piernas abiertas mirándome con cara de pervertida, muy excitada, sus pezones rosaditos perfectos, y del borde de la tanga sobresalía esa carnosidad antes de la más rica vagina, húmeda, rosadita que apenas estaba tapada con la tela transparente negra. Me acerqué a su tanga, y el olor era delicioso, perfume con olor a placer, esa mezcla insuperable. Con mucha malicia empecé a frotar con mi barba y bigote con su tanga justo encima de los labios, los vellos recortados de mi cara le producían unas cosquillitas que la hacían mojar más, y mi boca, mi nariz y mi barbilla ya estaban húmedas de su flujo. Rodé la tanga para ver lo que esperaba, y mi boca se hizo agua, me excité mucho más al ver esa delicia, carnosa, de labios rosaditos, firmes y brillantes de tanta excitación, un clítoris endurecido listo para lamer y saborear. Se veía estrechita, pero estaba tan caliente que se notaba como se abría y cerraba, como si me hablara, demasiado rico.
Viendo eso, metí dos dedos en su boca, y ahí pude ver lo hábil que iba a ser cuando metiera otra cosa, muy experta los mojó con su saliva, y los metí por ese hueco rico que palpitaba, estaba tibio y muy húmedo, se sentía divino, al entrar los doblé hacia arriba y suavemente halé hacia mí presionando, ella se arqueaba y gemía, lo hice varias veces hasta que me dijo: “Sabes lo que haces, me vengo de nuevo, me vengo” y en un grito ahogado, vi como disparaba un chorro de flujo. Es la primera vez que veo esto y casi sentí que yo me iba a venir con ella, tuve que contenerme, pero acerqué mi cara y disfruté de sus jugos de hembra, se sentían tibios, y sabían a gloria. Acariciaba sus piernas mientras la veía temblar y perder la consciencia, veía su vagina contraerse, y me deleitaba, mi bóxer estaba empapado de sus jugos y los míos. Sin darme cuenta ella se levantó, puso sus manos en mi pecho y sentó en un sofá que estaba detrás de mí, terminó de quitarme la ropa mientras me miraba a los ojos y se saboreaba con mucho morbo; tomó flujo de su vagina con su mano, y me las untó en el pene, su mano subía y bajaba con la fuerza justa, lo puso en sus labios y abrió la boca dejándolo ir lentamente hasta el fondo de su garganta, sin dejar de mirarme, al estar toda atragantada, tragó, y garganta me acarició la cabeza y me sentí en la gloria, se me escapó un gruñido ronco y fuerte, luego lo sacó y con sus ricas y enormes tetas comenzó a apretarlo y a subir y bajar, la mejor rusa que me han hecho, cuando bajaba, sacaba su lengua y me rosaba el frenillo, se sentía tan rico!
Así estuvo un rato hasta que lo engulló a fondo y empezó la mejor mamada que me han dado, jugaba con su lengua y la cabeza, frotaba el frenillo con su lengua, lo tragaba a fondo, fue un tan rico ver como la hacía desaparecer en su boca, hasta el fondo de su garganta mirándome fijamente a los ojos, se comía mis testículos haciendo que apretara todos mis músculos de puro placer, en ese sube ya baja estuvo, hasta que me dijo: “Cógeme por la boca, clávamelo duro”; sin remordimiento la tomé por la nuca y empecé a embestirla hasta el fondo de su garganta a la velocidad que yo quería, ella hacia pequeñas arcadas y le bajaban lágrimas, pero igual me seguía mirando con esa cara de placer que no se me olvida; así estuve unos minutos hasta que me vine en su boca, mi cuerpo se contraía a cada chorro que se guardaba en el fondo de su garganta, y ella no desperdició ni una gota, lo mantuvo en su boca y luego con mucho morbo lo escupió sobre mi pene, para luego restregar el semen que corría sobre sus tetas, la sensación de recién haber acabado, y que me acariciara con sus tetas no la puedo describir, el morbo de verla dueña de la situación, fue excitante, para hacerlo más intenso, lamió con mucha habilidad su pecho y se dedicó a limpiar con su lengua hasta el último resto de semen que había, todavía lo recuerdo como si fuera ayer.

Se acostó sobre mí y ahí recuperamos el aliento por unos minutos; mientras estaba sobre mí, sentía sus tetas sobre mi pecho y olía su cabello. En ese instante me dice: “Que rico el sabor de tu semen papi, sabe más rico de lo que esperaba”. Confieso que eso me prendió de nuevo y comenzamos a besarnos, y mientras le acariciaba la espalda, ella se levantó y se dispuso a penetrarse, sí penetrarse porque justo fue ella quien tomó mi sable y lo puso en la entrada de su vagina, justo ahí contraía sus músculos de la misma forma que se dejaba bajar lentamente para hacerlo entrar hasta que todo su peso quedó sobre mí y se lo enterró todo hasta la base, y comenzó a moverse de una forma que pocas lo habían hecho antes; la fuerza y el vaivén eran perfectos, y más perfecto era sentir como contaría sus músculos para succionarme de una forma excepcional, su vagina ya estrecha me tenía atrapado, y yo sentía la tibia sensación de estar dentro de ella.

Debo aceptarlo ella tenía el control, y no me importaba. Eso era placer puro, después de un rato decidí cambiar de posición, así que la tomé por la cintura, y aun unidos me levanté, la apoyé en el sofá y le levanté las piernas y las uní, dejan aún más estrecha su vagina, las apoyé en mi hombro y la seguí embistiendo con tal fuerza que ambos volábamos de placer. Ella gemía, disfrutando me decía sin vergüenza alguna: “Coño que rico me estás cogiendo, que rico, dame duro, préñame, dame con fuerza aaaahhhh que rico, no pares dame duro” y comenzó a venirse, mientras yo seguía dándole sin compasión, ella se vino tres veces más. Hasta el momento en que me dijo quería que le bañara su vagina en semen, y así lo hice, con todo placer y abundancia me vine afuera de su ricura rosadita e inflamada de tantas embestidas que llevó, los chorros de semen le mojaban su vagina mientras ella se masturbaba y se venía de nuevo, mezclando ambos fluidos. Yo aún estaba como mareado del placer cuando la veo tomar los líquidos que tenía en toda su entrepierna con sus dedos y comenzar a lamerlos con un gusto exquisito. Ambos recuperamos el aliento, nos aseamos y vestimos.

Este es mi primer relato, así que espero sus apreciaciones. Gracias por leerlo.

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