“Memorias de Denisse”.

Qué tal, mi nombre es Denisse, me ha costado trabajo decidir si plasmar estas líneas en papel o solo conservarlas en mi mente, y más aún compartir este secreto que me quema la sangre, ya que a nadie se lo he contado.

Llegué a esta página gracias a mi marido, y lo agradezco, porque así me estoy desahogando y haciendo público este silencio. Él quería subir algunas fotos que tengo porque según él le excita mostrarme… ¡y a mí también!

Soy una mujer como todas, que le gusta sentirse alagada, asediada, que los hombres suspiren al vernos pasar, ¡me encanta el sexo! Y aunque mi vida sexual con mi marido ha sido grata, sin ser extravagante, siempre se enciende algo muy dentro de mí, como una chispa que me hace volar la imaginación.

Bueno… resulta que en el trabajo hay más hombres que mujeres y pues eso nos da la ventaja de hacer y pedir lo que nos plazca. Si requiero que vayan a traer comida, solo digo “Ay, ya es muy tarde y no traje nada de comer”… y listo, algún caballero me compra algo. Si tengo carga de trabajo digo: “hoy me quedaré más tarde para terminar”… ¡y listo! ¡alguien me ayuda! (No solo yo hago así, mis demás compañeras igual, creo que yo aprendí de ellas).

Como les decía, al haber más hombres, me asedian y hay uno en especial que me pretende, me acosa más… y es sobre eso de lo que estoy hablando. Siempre está pendiente de mí, me observa, se me queda viendo mis pechos, mis piernas, mis nalgas, lo he descubierto, pero él no se incomoda, al contrario, me lanza unas miradas picaras. Cuando estoy en el ordenador, me observa mis senos a través de la blusa, roza a propósito mis piernas, se acerca por detrás y me toma de la cintura, me dice piropos como “qué bien te ves hoy”… “ese pantalón ajustado te resalta tus nalgas”… “Mmmmm… quiero” … y yo ya acepté, porque nunca le detuve o le dije algo para que dejara de hacerlo. Por el contrario, me arqueo y coloco mi culo para rozarlo y le digo: “Ay mi vida, gracias, qué lindo”. A veces me inclino por encima de mi escritorio para ver mi correo y paro mi trasero para que lo vea, y de reojo veo que se toca su pene sobre el pantalón.

Así ha sido el juego hasta que un día, directamente, me dijo: “¡vamos a un hotel!, ¡vamos a hacer cositas, te va a gustar!

Ese día acepté. ¡Sí! ¡Caí en sus redes! Ya no pude más, ese encanto que tiene su sonrisa pícara, su mirada que es lujuriosa a la vez que tierna, esos brazos fuertes que tiene y ese cuerpo que se nota que lo trabaja en el gimnasio, ese porte al usar traje… Mmmm… La verdad que si caí redondita, me dejé llevar. Ese día, 13 de febrero de 2015, no se me olvidará. Era viernes y nos dejaron salir temprano para festejar el día del amor y la amistad. ¡Y vaya que me fui a festejar!

Nos fuimos en su coche a un hotel el cual ya lo tenía reservado y todo planeado el muy cabrón. Mientras íbamos para allá, pensaba si estaba haciendo mal, engañando a mi marido, pero esa fuerza que salía y hacía latir mi corazón tan rápido no me dejaba, y más cuando a través de mi pantalón comenzó a tocar mi ardiente chocho que ya lubricaba y se dilataba. Subía su mano a mis pechos, los cuales también estaban encendidos, y mis pezones se endurecían cada vez más.

Llegamos y rápidamente me comenzó a besar el cuello, la boca, la nuca… Esa lengua quería entrar en cada uno de mis orificios y el primero que estaba ahí era mi oído. Me arrancó la blusa y el sujetador, y comenzó a succionarme mis senos. Ese ruido que hacía al desprenderse, sentía que me arrancaba el pezón, era estupendo uno y después otro los alternaba, fue bajando por mi vientre y me besaba cada centímetro de mi piel. Bajó mis pantalones y se detuvo a contemplar mis caderas y mi vagina enmarcada por un tanga que se encontraba empapado… Estaba jugosa, escurriendo ahí fue cuando comenzó a lamer todo…

Me tumbó en la cama y comenzó a comerme cada palmo de mi coño, metió un dedo, después dos… ¡y su lengua! ¡Dios! Me acuerdo y me mojo nuevamente. Recorría mis labios, la metía hasta donde alcanzaba, siguió metiéndome los dedos y me volteó boca abajo para seguir su lengua recorriéndome todo el cuerpo. Yo me arqueaba de placer. Cuando llegó a mis nalgas las succionó al igual que mis pechos, y entonces me hizo descubrir una nueva sensación cuando con su lengua recorría el agujero de mi culo. Eso y sus dedos dentro de mi chocho me hizo llegar a mi primer orgasmo.

Fue entonces que me volteó de un solo movimiento y se deslizó entre mis piernas, se colocó y me arremetió de golpe su bien dotado falo. ¡Qué sensación! Estaba suficientemente gruesa. Odio comparar, pero más que la de mi marido. He de confesar que me casé muy joven y no había probado otra verga que no fuera la de mi marido, pero todo eso se me olvidó.

Así estuvo bombeando una y otra vez, hasta que la lujuria se apoderó de mí, saqué fuerzas y lo volteé quedando yo arriba, y comencé a moverme despacio, despacio, de una manera circular, para que me tocara con su enorme verga todo mi clítoris, y metiéndola y comiéndomela hasta el fondo de mí. Entonces empecé a moverme con más fuerza entrando y saliendo, y mientras con una de sus manos me agarraba una nalga y con la otra un pecho, su boca me succionaba mi pezón, así subía y bajaba, entraba y salía, me comía ese enorme trozo de carne para mi solita… Fue cuando lo hice llegar al orgasmo y sentí como escupía un gran chorro de semen caliente. No me detuve, seguí hasta tener otro orgasmo.

Caí sobre un costado para controlar la respiración y recuperar el aliento. Cuando todo estuvo en calma, ya se había hecho tarde y tuvimos que salir corriendo. Así fue como un coqueteo se convirtió en un jugueteo y terminó en un toqueteo… Email.

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