Maduras Anónimas Capitulo 01

Mi nombre es David. Tengo 18 años y vivo con mi madre en un complejo departamental de 5 pisos. Mis padres se habían divorciado un par de meses atrás y mi madre y yo nos mudamos a dicho complejo luego de la separación. Siempre he sido un chico solitario por lo que la mudanza no me afecto en lo más mínimo.

El complejo está ubicado en la parte tranquila de la ciudad y está habitado casi en su mayoría por señoras maduras y sus familias. Muchas de estas maduras se dedican al cuidado de la casa por lo que permanecen en sus departamentos todo el día mientras sus hijos y maridos salen de casa.
Las hay de todas formas y edades, algunas casadas, otras divorciadas y otras más solteras. Todas son bastante agradables y habían recibido a mi madre con los brazos abiertos.

Está de más decir que a mí me vuelven loco las maduras y al llegar a aquel peculiar complejo me sentía en el paraíso. Como cualquier joven calenturiento me pasó cada momento libre matándome a pajas y gracias a mis nuevas vecinas, tengo bastante material de donde inspirarme.
Mi madre se había adaptado rápido al complejo y se le notaba más alegre luego del divorcio. Ella trabaja de enfermera en un hospital por lo que en muchas ocasiones me dejaba solo en el departamento, cosa que me beneficiaba pues me daba más tiempo para entregarme a mis pajas.

Debido a la mudanza y a que el ciclo escolar estaba por finalizar, no había sido aceptado en la escuela del rumbo. Tenía que esperar a que el siguiente ciclo escolar iniciara para poder integrarme; mientras tanto únicamente iba por un par de horas a clases de regularización y luego regresaba a casa solo.
A veces daba paseos por los diferentes pisos del complejo, principalmente con el fin de encontrarme con las maduras para poder tener material para mis pajas. Termine congeniando con varias de ellas que me saludaban al pasar y conversaban un rato conmigo. En ocasiones las escuchaba hablar entre ellas por los pasillos, los clásicos chismes de vecindad pero en otras ocasiones las veía casi cuchicheando y se callaban repentinamente al verme. No le di mucha importancia hasta aquella tarde cuando en uno de mis paseos escuche furtivamente una conversación.

-Ya falta poco para el día. Estoy que se me cuecen las habas por que llegue el miércoles. No te imaginas lo mojadas que tengo las bragas- dijo una.
-Pero claro que me lo imagino, si yo estoy igual. No puedo esperar para ver a los nuevos jovencitos que Elide consiguió. Esto de Maduras Anónimas es lo mejor que se le pudo haber ocurrido.- dijo la otra.

Las maduras se alejaron riendo mientras yo me quede paralizado luego escucharlas.
Maduras Anónimas. No era la primera vez que escuchaba eso. Era una especie de leyenda urbana en la red. Supuestamente se trataba de un complejo departamental adonde acudían los jóvenes a follar con maduras, según rumores era sumamente secreto y exclusivo y solo podías participar si eras invitado. En la red solo había vagos rumores al respecto y nadie sabía dónde se encontraba dicho lugar o si en verdad existía.

Si lo que había escuchado era cierto me encontraba viviendo en dicho lugar y con la posibilidad de follar a las deliciosas maduras que lo habitaban. El problema era como podría lograrlo.
Los rumores decían que solo se permitía participar con invitación. Tenía que conseguir una como diera lugar.
Los siguientes días me los pase en mi computadora visitando todos los foros y páginas de maduras que conocía, tratando de encontrar cualquier indicio o información pero solo había humo y espejos. El tiempo se agotaba, el día señalado estaba cerca y yo aún no encontraba nada.
Desesperado, recurrí a la última opción que me quedaba: hablar con doña Elide.

Doña Elide era la casera y dueña del complejo. Era alta y delgada. Tenía 50 años y un cuerpo bastante bien conservado. Sus senos eran medianos y un poco caídos. Era de tez morena y pelo corto y pintado de rubio. Solía vestir con jeans ajustados que se pegaban a su magnífico trasero.

Mi madre y yo la habíamos conocido en nuestro primer día cuando nos dio la bienvenida al lugar.
Por lo que había escuchado estaba casada con un empresario rico quien todo el tiempo se encontraba en viajes de negocios. Le había comprado aquel complejo para que lo administrara y se mantuviera ocupada. A pesar de ser rica era muy humilde y servicial. Siempre estaba al pendiente de las necesidades de los inquilinos y siempre estaba dispuesta a ayudar. Doña Elide vivía en el departamento 101, el cual se encontraba en el primer piso del lugar y era increíblemente amplio, del tamaño de 3 o 4 departamentos.

Aquella tarde del martes y luego de otra búsqueda por la red sin resultados me encamine a su departamento. Llame a la puerta y me recibió con su sonrisa de costumbre.

-Hola David. ¿Cómo estás? ¿Qué te trae por aquí?- me pregunto.
-Buenas tardes, doña Elide. ¿Puedo pasar? Tengo algo que preguntarle- dije armándome de valor.
– Claro, claro. Pasa. Mi puerta siempre está abierta. ¿En qué puedo ayudarte?- pregunto mientras tomábamos asiento en la sala de su casa.
-Pues vera… lo que sucede es que…- tenía miedo de decirle. Si no era verdad aquel rumor seguramente me llevaría una buena reprimenda de ella y de mi madre. Pero si era verdad, estaría en la tierra prometida. La lujuria pudo más que la cobardía y le lance la pregunta.- Escuche a 2 vecinas hablando acerca de Maduras Anónimas y mencionaron su nombre. Sé que se trata de un lugar donde los jóvenes pueden follar con maduras y también sé que es este complejo por lo que quiero participar.-

La habitación quedo en completo silencio, la sonrisa se le borro del rostro a doña Elide quien me miraba con un rostro sumamente serio. Los segundos me parecían horas, no sabía qué hacer. ¿Debía quedarme? ¿Levantarme y correr? Finalmente la escuche respirar profundo para luego esbozar una pícara sonrisa.

-Eres un jovencito muy atrevido. Nadie nunca me había pedido una invitación personalmente y entre las reglas no está permitido que participen inquilinos pero creo que por esta vez hare una excepción. Estoy segura que valdrá la pena. Ven mañana al mediodía al cobertizo detrás del edificio y será mejor que no le digas a nadie.-

No podía creer mi suerte, había funcionado. Luego de agradecerle, salí a toda velocidad, ansioso por lo que sucedería al día siguiente. A duras penas puede dormir aquella noche. La ansiedad era demasiada, tanta que ni siquiera me había pajeado en todo el día.

El miércoles al mediodía me dirigí puntual al cobertizo. Doña Elide se encontraba en la puerta y sonrió al verme. Me entrego una máscara y luego de ponérmela me abrió la puerta del lugar. Al entrar me encontré con casi una docena de jóvenes esperando. Todos tenían aproximadamente mi edad, entre 14 y 18 años. La puerta se cerró y doña Elide entro poniéndose al frente de nosotros.

-Bienvenidos sean a Maduras Anónimas. Todos están aquí por su amor hacia las maduras, amor que será restituido en unos momentos. Pero primero les explicare las reglas para que los nuevos las sepan y los antiguos no las olviden.
Todo lo que suceda aquí es confidencial. Tienen estrictamente prohibido revelar o divulgar lo que pase.
En esta urna se encuentran los números de los departamentos de las maduras que los esperan. Elegirán un número al azar. Al llegar al departamento no usaran el timbre, tocaran 5 veces a la puerta y esperaran a que les abran. Todo lo que suceda será consensual, no pueden obligar a la mujer a que haga algo que no quiera ni ellas a ustedes. Algunas de estas mujeres tiene ciertos gustos o fetiches, si no se sienten cómodos pueden retirarse del departamento y les asignare otra madura.
El tiempo es algo limitado para algunas de ellas así que se marcharan cuando se los indiquen.
Una vez que el encuentro haya terminado tienen prohibido regresar aquí hasta que yo los vuelva a llamar así como contactar a cualquiera de las señoras del lugar.
Si rompen cualquiera de las reglas les recuerdo que tengo los medios y el poder para hacer que paguen caro por su ofensa.
Ahora acérquense a tomar su número y diviértanse.-

Uno por uno fuimos pasando hasta la urna. Cuando llego mi turno podía jurar que vi como Doña Elide me guiñaba un ojo. Saque mi número de la urna, 306.

Si la memoria no me fallaba se trataba de Doña Claudia. Una alegre gordita risueña de casi 60 años. Tenía un par de tetas enormes, como dos ubres. Era chaparrita y de amplias caderas. Vivía sola con su marido. Debido a que ambos eran estériles nunca habían podido tener hijos, aun así doña Claudia era muy maternal. Siempre estaba dispuesta a cuidar a los hijos de los vecinos cuando estos se lo pedían. También le gustaba cocinar y muchas veces llevaba comida a los vecinos.
Mientras subía las escaleras me encontraba sumamente excitado. De solo recordar esas enormes tetas mi polla se había puesto dura. Al llegar a su puerta toque 5 veces como lo habían indicado y espere.
Doña Claudia abrió la puerta, llevaba una máscara para cubrir su identidad e iba vestida de manera normal, con un largo vestido azul de una pieza.

-Vaya, pensé que nunca llegarías, llevo un buen rato esperando ansiosa como no te imaginas. Bienvenido corazón.-
Entre al departamento y luego de cerrar la puerta con seguro me dirigí con ella hasta la sala de su casa, lugar donde ya había estado antes solo que ahora con un propósito diferente.
Al llegar Doña Claudia se despojó de aquel vestido dejando ver que estaba completamente desnuda bajo de este.
-¿Qué te parece si vamos directo al grano? Estoy que se me cuecen las habas por que llegara este día-
Al decir esa frase la reconocí como aquella que había escuchado el otro día en aquella conversación que había iniciado esto.
Sin perder el tiempo me deshice de mi ropa pero antes de poder quitarme mi ropa interior, doña Claudia me detuvo.

-Espera, corazón. Esa parte me toca a mí. Primero dame un poco de cariño-
Me acerque a ella y me planto un apasionado beso. Su lengua penetro en mi boca chocando con la mía. Le seguí el ritmo y pronto nuestras lenguas se entrelazaban una a la otra. Una de sus manos bajo hasta mi verga que ya se encontraba bastante dura y comenzó a frotarla por encima de mi ropa interior. Motivado por la lujuria lleve una mano hasta su enorme seno y comencé a apretarlo, jugando ligeramente con el pezón.

-Mmmm, me agradan los chicos atrevidos. Ahora cariño es momento de ver esa rica polla- dijo Claudia separándose de mí y sentándose en el sillón.
Llevo sus manos hasta mi ropa interior y la bajo de un golpe, haciendo que mi pija saliera repentinamente y la golpeara en la cara.
-Ufff, adoro recibir una buena polla en la cara.- dijo sonriendo y comenzó a examinar mi verga.- veamos que tenemos aquí. Si, muy buena para tu edad, no es tan larga pero sí bastante gruesa. Muy apetecible.-
Al decir esto se relamió los labios y engullo mi verga de un solo bocado. Estuve a nada de correrme enseguida al recibir mi primera mamada. Era algo sumamente increíble, una sensación por demás placentera. Doña Claudia se deleitaba con mi verga, sacándola por completo para volver a engullirla.
Realizo esta acción varias veces, aumentando la velocidad cada vez más hasta que no pude más y sin dar aviso me corrí llenándole la boca con mi semen. Doña Claudia se afianzo a mi verga y no dejo escapar ni una gota.
-Mmmmm, adoro el sabor de la leche virgen. Creo que soy adicta a ella. – dijo relamiéndose los labios y recolectando los restos de mi corrida. –Mientras te recuperas te daré unas lecciones para complacer maduras. Si vas a ser regular de estos encuentros y por el bien de mis vecinas más te vale que vayas aprendiendo.
-Si señora.- respondí aun disfrutando la sensación de mi primera mamada.
Recostándose en el sillón, la madura se abrió de piernas mostrándome mi primer coño en vivo. Tenía una mata de pelo pequeña y un par de labios grandes y gordos.
-¿Y qué te parece este coño viejo? ¿Seguro preferirías uno más joven?- pregunto la señora.
-No, es precioso.- respondí completamente embelesado.
La señora se rio y dijo- Eres un amor. ¿Por qué no te acercas para verlo mejor? Y ya que estés ahí dale unas buenas lamidas.

Me puse de rodillas frente aquel jugoso coño y su olor me fue llegando mientras me acercaba. Era intoxicante. Estaba completamente empapado y sus jugos relucían brillantemente. Tímidamente me acerque y le di un lengüetazo saboreando mi primer coño maduro.
-MMMM, siii, que rico, lo haces bien, sigue, mete la lengua dentro. Mmmm, si, chúpame el clítoris, uffff, no pares.- Doña Claudia se retorcía de placer mientras me daba indicaciones.
Yo trataba de seguirlas al pie de la letra y le añadía aquello que había visto en películas pornográficas y leído en la red. Lleve mi mano hasta aquel hambriento coño y comencé a introducir dos dedos dentro, mientras mi lengua se enfocaba en atender aquel hinchado clítoris.
Doña Claudia gemía cada vez más indicando que hacia un buen trabajo. A duras penas podía seguir dándome indicaciones.
-Ahhhhh, que rico, mi cielo. Mmmmm, aprendes rápido, uffffff, méteme un dedo más, corazón, aaaahhh, siiii.-

Siguiendo órdenes introduje tres dedos en su coño, el cual ya comenzaba a chorrear sus jugos. Poniéndole más ahínco a mi labor aumente la velocidad de mis dedos y de mi lengua en su clítoris haciendo que al fin se corriera lanzando un gemido de placer y llenándome la boca con sus jugos.
Doña Claudia jadeaba acaloradamente.
-Ese ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida, cariño. Tienes talento. Estoy segura que mis vecinas van a disfrutar mucho contigo.- dijo para luego atraerme hacia ella y darme otro lujurioso beso.- El tiempo se agota y yo deseo ese pedazo de carne en mi panocha así que será mejor que vayamos a la alcoba. Es hora de hacerte hombre.-

Tomándome de la mano me llevo hasta su alcoba donde se recostó en la cama invitándome a seguirla. Se abrió nuevamente de piernas mostrándome aquel hambriento coño maduro.
-Vamos, querido. Trae acá esa polla y métemela toda – dijo mientras abría su coño peludo y jugoso.
Yo estaba completamente hipnotizado ante tal celestial visión y como pude me subí a la cama. La señora tomo mi verga y la fue guiando hasta su entrada donde queso posada contra sus labios. Lentamente empecé a meterla dentro de su raja, disfrutando la sensación de mi primer coño y perdiendo mi virginidad al hacerlo. La señora gemía tímidamente disfrutando mi joven polla que iba desapareciendo en su interior.

Me encontraba atontado viendo como había entrado toda mi hombría dentro de aquel mujeron cuando mire hacia arriba y vi a doña Claudia sonriéndome.
-Me encanta la expresión de los jovencitos cuando disfrutan su primer coño.- dijo la señora.- Ahora pon manos a la obra y follame como el hombre que ahora eres.-
Obedeciendo nuevamente comencé a mover mis caderas buscando devolverle a aquella madura todo el placer que me había dado.

Pronto encontré mi ritmo y apoyándome sobre ella aumente las embestidas. Lanzaba todo mi cuerpo hacia adelante, tratando de meterle mi polla hasta el fondo. Los gemidos de doña Claudia me indicaron que iba por buen camino. Sus enromes senos se movían al compás de las embestidas; se me hicieron un manjar y me lance contra ellos para llevármelos a la boca.
Los apretuje con fuerza haciéndola gemir más, los amasaba y chupaba con ahínco, lamia sus erectos pezones tratando de no descuidar el ritmo de las embestidas.

-Así, cariño. Vamos, métemela toda, con fuerza, ahhhh, no paress, siii, masss- doña Claudia gemía sin control mientras mi polla entraba y salía de su ansioso coño.
-Ufff, señora, que rico coño tiene. Es increíble.- dije completamente extasiado.
-Llámame Claudia, amor. Que buena verga tienes. Follame más, que rico. Chúpame las tetas, cielo.- dijo la caliente madura.
-Sí, Claudia. Son riquísimas. Me encantan.- dije devorando ese par de eróticos globos de carne
-AHHHHHH, que rico. Con fuerza, corazón. Dale a esta vieja lo que necesita. MMMM, siii, vamos-

A pesar de su edad Doña Claudia estaba hambrienta de sexo y no paraba de gemir pidiendo más. La cama crujía al ritmo de las embestidas que le daba, trataba de meter mi verga lo más que podía dentro de su coño. Deseaba tanto que aquel momento no terminara pero sentía que pronto me correría y por lo que parecía ella también.

-Ohhhh, cariño. Sigueeee, masss, asiii, que rica verga, me encantaaa, vamos, ahhhhh.-
-Ohhhh, Claudia. Ufff, no aguantare mucho, estoy a punto.-
-Tambien yo. Vamos, corazón. Dámelo todo. No te preocupes, lléname el coño con tu leche. Vamos, ahhhhh, siiii, que ricoooo.

Puse todas mis fuerzas en aquella última estocada para luego disparar mi semen dentro de aquel maduro y caliente coño. Doña Claudia gimió de placer al sentir como mi corrida le llenaba las entrañas y sentí como mi verga se empapaba con sus jugos.
Caí sobre ella exhausto, sobre aquellos enormes y deliciosos senos. Permanecimos un rato recuperando fuerzas hasta que ella vio el reloj y dijo que era hora que me marchara. Me vestí rápidamente mientras ella se colocaba una bata encima para cubrir su desnudez.

-Has estado increíble, tesoro. Espero que alguna vez te vuelva a tocar mi número en la urna. Y si eso pasa, asegúrate de regresármelas llenas con tu leche.-
Me dijo dándome un beso de despedida y deslizando algo en mi bolsillo.

Al salir del departamento me encontraba aun atónito, no podía creer todo lo que acaba de pasar. Era una fantasía hecha realidad. Busque en mi bolsillo lo que haba colocado en él y me encontré con sus bragas húmedas. Sonriendo me encamine hacia mi departamento cuando al bajar las escaleras una voz me hablo.

-¿Fue todo lo que esperabas?- se trataba de doña Elide, quien se encontraba fumando un cigarro. – Espero que ella no haya sido muy ruda contigo.
-N-no, para nada… fue increíble- respondí algo atontado.
-A Claudia le gusta estrenar jovencitos. Por eso siempre que tengo nuevos van primero con ella.-
-Disculpe si soy algo entrometido pero, ¿Cómo es que se le ocurrió hacer algo así? ¿Este servicio de Maduras Anónimas?-

Luego de darle una larga chupada al cigarro comenzó a hablar.
-Comencé con esto el año pasado. Al igual que muchas de las mujeres de aquí, hacía tiempo que no tenía nada de acción. Mi marido está todo el tiempo en sus viajes y negocios para tomarme en cuenta. Y cuando lo hace suele ser algo rápido y monótono. Pensé en buscarme un amante pero a la larga todos ellos son iguales, solo te buscan por tu dinero. Fue por ello que pensé en los jovencitos. A ellos solo les importa el sexo, además que son fáciles de manipular e intimidar, sin mencionar que están llenos de vigor y energía. Su inexperiencia los hace perfectos para saciar los deseos de estas maduras. Prefiero que sean ajenos a este complejo, para evitar encuentros fuera del tiempo asignado así como evitar conocer la identidad de las maduras. Después de todas estas señoras tienen familias y algunas también maridos, esto es solo un desahogo. Eres un chico listo y confió en que no romperás las reglas.-

Una vez hubo terminado de hablar apago su cigarro y se dispuso a marcharse.
-Quédate con la máscara, solo no olvides llevarla a las reuniones. Se hacen regularmente cada 15 días, a veces al mediodía y otras veces por las noches, cuando sea que las señoras se encuentren solas. Yo te avisare cuando sea la siguiente. Y una cosa más…-

Se acercó a mí y me planto un apasionado beso que me puso la verga dura al instante.
-Yo también soy parte de la urna y ansió con ganas que saques mi numero alguna vez.- dijo para luego marcharse a su departamento.

Yo regrese al mío donde mi madre se preparaba para salir rumbo al trabajo. Luego de saludarla y charlar un poco me dio un beso de despedida y se marchó.
Por la tarde cuando veía un poco de televisión sonó el timbre. Al abrirlo me encontré a doña Claudia quien como en otras llevaba comida para mí por encargo de mi madre. El verla frente a mí me hizo recordar los momentos que habíamos pasado juntos más temprano. Tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no revelarle que era conmigo con quien había follado e invitarla a pasar para repetir la faena. Antes de marcharse le di una buena vista a aquellas enormes tetas que horas antes había chupado con deleite.

Vaya que sería difícil poder aguantar hasta la próxima reunión. Por suerte tenía algo que me ayudaría a resistir. En mi bolsillo aún tenía las húmedas bragas de doña Claudia. Me encargaría de llenarlas de leche por si alguna vez volvía a tener un encuentro con ella.

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