Macho muy macho

La primera vez que Dora, mi mujer, me penetró el culo con un consolador de silicona me llevé una gran sorpresa, primero porque no me dolió y después porque, casi inmediatamente, empezó a gustarme y a excitarme mucho, pero mucho. Me pareció que estaba tardando un poco más de lo habitual en recuperar la erección completa (ya me había corrido unos treinta minutos antes gracias a una de las estupendas mamadas que tan bien sabe hacerme Dora), pero cuando tuve mi eyaculación, ayudado por el excelente movimiento de sube y baja de la mano derecha de mi mujer, fue una sensación muy placentera, aumentada por el largo y lento fluir del semen. Me quedé dormido y luego, al despertar, sí sentí leves m*****ias y escozor en mi ano, pero estaba contento y sorprendido por lo caliente que me había puesto y lo mucho que me había gustado. Hará de esto como un par de años.

Siempre tuve reticencias para que Isadora (Dora) me diera por el culo. Llevaba mucho tiempo pidiéndomelo con dos argumentos casi irrefutables: se iba a excitar mucho haciéndomelo (excitada pasa a ser una ardiente erupción sexual y garantía de muchas y buenas corridas para mí) y dado que yo penetro su culo desde hace años porque es algo que me pone a mil, ella también quiere hacérmelo a mí.

Durante meses empezamos los preparativos: me dilata el agujero acariciando la entrada muy suavemente, primero con los labios y la lengua (esto me vuelve loco), con mucha saliva, y después con los dedos impregnados de un aceite hidratante de rosa mosqueta y al cabo de un buen rato de caricias me mete el dedo meñique en un lento y suave metisaca, que un rato después es sustituido por el dedo índice y, con el paso de más minutos, por el dedo gordo. Me gusta, sí, me excita mucho, pero al final siempre le niego la posibilidad de penetrarme con uno de sus consoladores, de los que usa a menudo en nuestras prácticas sexuales y con los que se masturba siempre que salgo de viaje y paso seis o siete días fuera de casa, lo que suele suceder la primera semana de cada mes.

Desde la primera vez que Dora y yo nos acostamos hemos tenido sexo tres o cuatro veces por semana, prácticamente día sí, día no, o día sí, día también, con repeticiones los fines de semana. Llevamos casados poco más de quince años y el sexo sigue siendo una importantísima parte de nuestra relación que, por suerte, hemos sabido mantener y acrecentar con el paso de los años. Isadora es una mujer caliente, mucho, siempre dispuesta para el sexo y con verdaderas ganas de gozar y de darme placer. Se siente bien cuando me proporciona varios y sentidos orgasmos, y como a mí también me encanta ver que se corre y disfruta cuantas más veces mejor, nuestro sexo ha sido siempre variado, poco monótono y me atrevo a decir, mutuamente solidario. Hemos tenido varias experiencias de sexo en grupo y tríos con otra mujer u otro hombre, además de que tenemos un matrimonio amigo, Alberto y Mercedes, con quienes algunos fines de semana y cuando tomamos días de vacaciones follamos y nos montamos algunos numeritos y juegos sexuales (Mercedes tiene un puntito masoquista que nos resulta muy excitante a ambos).

Me he follado el culo de casi todas las mujeres con las que me he acostado y de algunos hombres (a nuestro amigo Alberto le gusta mucho, le he metido mi polla con ganas en varias ocasiones y él siempre se ha ofrecido para desvirgarme), lo que me ha gustado bastante, pero nunca me he sentido tentado a que me den por el culo en el sentido estricto del término.

No se trata de miedo a que me duela o no lo aguante, ni mucho menos temor a que me guste demasiado y siempre pida hombre en vez de mujer. No, es una cuestión psicológica, probablemente yo me consideraría a mí mismo menos hombre. No sé, cuestiones de la infancia, de lo que se mal aprende en la calle con los amigos cuando eres adolescente, paranoias sin sentido. A saber la verdadera razón, pero siempre me he negado a recibir polla de verdad, de un hombre, por el culo. Que uno es un macho muy macho, coño.

Debo decir que tengo cuarenta y siete años, me llamo Luis, me gano la vida muy bien gracias a la importación de bisutería de alta calidad, piedras semipreciosas y joyas de plata desde México, Colombia y Ecuador, que después vendo a importantes distribuidores de Madrid, París, Berlín, Milán y Londres, por lo que al menos una semana al mes debo viajar a estas ciudades. Podría decir que soy algo así como un intermediario con buen gusto personal para elegir mercancía escogida que luego vendo en Europa y que apenas tengo gastos de empresa porque con una secretaria y un chico para todo que se encarga del almacén que tengo en el mismo edificio de la oficina, ya me vale.

Isadora tiene dos años menos que yo, es enfermera y se especializó como fisiote****uta. Es hija única de una familia adinerada y la verdad es que no necesita trabajar, sólo cuando le apetece, con cita previa y para pacientes con problemas serios. En el mismo céntrico edificio (es nuestro, por herencia familiar) de tres plantas en donde está ubicada mi empresa (y en donde también tenemos nuestro hogar) tiene en la planta de calle un moderno local con su afamada clínica, en donde hay dos fisios contratados (hombre y mujer) además de la recepcionista. A mí Dora me parece muy guapa y deseable: alta, melena de pelo castaño hasta más abajo de los hombros que muchas veces tiñe de rubio y casi siempre recoge en una cola de caballo, rostro agradable con grandes ojos marrones oscuros y unos labios rojos, gruesos y brillantes que hacen pensar en besarlos en cuanto los miras. Su cuerpo es el propio de una mujer grande, ancha y curvilínea que se cuida bastante en el gimnasio (está situado en un edificio cercano gestionado por nuestros amigos Alberto y Mercedes) con el añadido de tener bonitas tetas grandes con unos gruesos pezones increíbles y un culo fabuloso (ella lo considera demasiado grande, pero yo digo que es maravillosamente grande). Siempre me gustó desde el primer momento que la vi, y como intimamos rápidamente y fuimos pareja sexual y sentimental enseguida, no he necesitado fijarme en otras mujeres. Llevamos quince años casados. Para mí es única, además de que estoy muy enamorado de ella.

Nuestra vida habitual fuera del trabajo se centra en intentar aprovechar al máximo que no tenemos hijos ni personas mayores a nuestro cargo, estamos bien de dinero y el hecho de que vivimos en una pequeña y tranquila capital de provincia cercana a Madrid, por lo que vamos muy a menudo a la capital por razones de ocio y comerciales (tenemos un apartamento en una zona próxima al Santiago Bernabéu y hemos inaugurado hace algunas semanas una pequeña tienda en un centro comercial cercano para vender los excedentes de las mercancías que importo de América) y disfrutamos, además, de la tranquilidad y sosiego propios de nuestra ciudad. Dora pasa casi tanto tiempo en el gimnasio como trabajando en la clínica y yo suelo cumplir con dos o tres horitas de trabajo en la oficina un día detrás de otro, aparte los viajes. Y con tanto tiempo libre, el sexo es el entretenimiento que más nos gusta. A mí me pone especialmente cachondo follar a la hora de la siesta.

Amasar, acariciar, besar y chupar durante unos minutos las grandes tetas de mi mujer es el prolegómeno que más la prepara para el sexo. Hacerle lo mismo a su maravilloso culo deteniéndome en el estrecho agujero del ano para meter dentro, muy dentro, la lengua varias veces y darle un par de sonoros azotitos antes de pasar a centrarme en sus marrones, gruesos y largos pezones, estirándolos y apretándolos con los dedos y dándoles pequeños mordisquitos, es el argumento definitivo para que Dora pase a ocuparse de mí, buscando la ya dura y crecida polla, que acaricia y chupa como una docena de veces. Habitualmente no necesitamos de mucho más para que me pida penetrar su húmedo coño y comenzar una follada tranquila, sostenida y de ritmo creciente que la lleva al orgasmo en muy poco tiempo. Cuando recupera su respiración y de nuevo siente ganas, mi mujer pasa a ser la dueña de mi polla, de la que se ocupa con la lengua y la boca haciéndome una mamada rápida, profunda y muy ensalivada que me lleva a eyacular en apenas tres o cuatro minutos (es una chupapollas fabulosa, la mejor que he conocido, y, además, le encanta el sexo oral). Esta rápida primera corrida nos deja a los dos adormecidos.

Si sus tetas grandes me encantan (tiene un canalillo verdaderamente llamativo al que se van los ojos sin poderlo evitar siempre que lleva escote), en particular los pezones, el redondo y duro culo de Isadora me vuelve loco. Tras el primer polvo, un rato después, aunque esté aún adormecida, le pido que se dé la vuelta y me dedico a su culo y su coño, excitándolos con la lengua, los labios y mis dedos. Mi mujer se moja con facilidad y en poco tiempo tengo la cara empapada por mi saliva y por sus fluidos vaginales, además de que casi siempre lleva completamente depilado su sexo (excepto cuando yo le pido que deje crecer el vello durante una temporada para poder comerme su denso pelo castaño). En estos momentos Dora ya está completamente despierta y entra en acción metiéndose de nuevo la polla en la boca y excitándome como a un garañón en celo gracias a unas chupadas guarras y viciosas, chupando, lamiendo, ensalivando, mordisqueando, aspirando, buscando mi máxima dureza en una erección que me parece gloriosa y que aumenta cuando penetra mi culo con un vibrador de tamaño mediano. Mi mujer no sólo tiene cogido el punto a la profundidad, el ritmo y la velocidad para penetrarme, sino que tiene buen ojo para dar con el momento justo en el que poner a funcionar la vibración y excitarme todavía más. Cuando mi polla está ya palpitante, se la vuelve a meter en la boca para, sin parar ni un momento de follar profundamente mi culo con el vibrador, hacerme explotar de gusto en una corrida larga, fuertemente sentida y compartida, beber y tragar mi semen y limpiar con la punta de la lengua, ya lenta y suavemente, la polla hasta que le pido que pare. No puedo pedir más placer. ¡Qué bueno es!.

De vez en cuando quedamos con Mercedes y Alberto para cenar y tomar unas copas. La noche suele acabar en nuestra casa porque no tenemos vecinos a los que m*****ar, follando los cuatro y montándonos algún juego sexual que nos llame la atención. Mercedes es una morena no muy alta y delgada de tetas y culo de pequeño tamaño que a sus cincuenta y dos años tiene un bonito cuerpo musculado esculpido en el gimnasio y que nos excita un montón a Dora y a mí con un puntito de masoquismo por su parte que nos permite algunas prácticas de dominación, azotes, humillación y cosas por el estilo. Nos pone a mil por hora castigarla un poco.

Tras un rato de ver alguna película porno y las correspondientes bromas, pasamos a distintos jueguecitos, besos, caricias y meternos mano los cuatro mientras acabamos las copas, nos desnudamos y las mujeres se ponen a chupar nuestras pollas, pasando de una a otra cada poco rato. Ya metidos en faena, a Dora y a mí nos gusta vendarle los ojos a Mercedes y atar sus manos y piernas a una mesa baja de madera de buen tamaño, de manera que queda a cuatro patas, abierta, con todo su cuerpo (con la piel muy morena todo el año, sin marca alguna de biquini, completamente depilada y el negrísimo cabello muy corto, con flequillo, de manera tal que en la intimidad le apodamos la Negra) expuesto a nuestros caprichos sexuales. Mientras me toco para no perder la erección, Dora azota el durísimo culo de la Negra con sus grandes manos, provocando que suene como un tambor y los quejidos de excitación de la mujer morena. A mí me gusta castigar los pezones de sus pequeñas duras tetas estirándolos, arañándolos y mordiéndoselos un poco más de la cuenta, lo que unido a los azotes que le propina Dora, ahora ya con una estrecha pala de azotar de suave goma que suena como si fuera un látigo restallando, hace que Mercedes se queje dando fuertes gritos, respirando muy hondo y pidiendo de manera entrecortada que le demos gusto porque está tremendamente excitada (perra, le gusta decir que está muy perra) y ya no puede aguantar más.

Alberto, su marido, no castiga a la Negra, suele mirar mientras se la menea muy despacio y pasado un rato le gusta meterle su larga y delgada polla en la boca, sujetarle fuerte la cabeza e insultarla, diciéndole toda guarrada y barbaridad que le apetece en ese momento. Después de unos pocos minutos, se va a uno de los sillones y le pide a Dora que se siente sobre su polla de cara a él, de manera que pueda mamarle los pezones grandes, tiesos y duros (él siempre los compara con dos pequeñas sabrosas pollas) mientras follan. Da unos gritos y jadeos tremendos durante el rápido metisaca, pero cuando se corre queda completamente callado durante bastantes segundos, como si no respirara, sintiendo su orgasmo de manera íntima, recogida, privada. Es curioso.

Mientras Dora y Alberto están follando, yo me pongo detrás de Mercedes y penetro su empapado coño de un buen pollazo. Se queja de excitación y ganas contenidas y empieza a moverse adelante-atrás lentamente, con mucho cuidado al principio y cada vez más rápido después. Se corre al cabo de sus buenos diez minutos sin necesidad de que le acaricie el clítoris y durante muchos segundos siento las contracciones de su vagina apretando mi rabo. Sigo con la polla dentro y la dejo descansar durante uno o dos minutos, según esté mi calentón, hasta que la saco y me dirijo al agujero de su culo. Empujo con ganas y casi nunca tengo problemas para entrar ni necesidad de utilizar lubricante, aunque siempre se queja como si la estuviera matando y si Dora y Alberto han terminado, el marido se acerca y llena de saliva su ano y mi capullo, chupándonos a los dos a la vez de manera muy golosa y húmeda, lo que me gusta un montón, la verdad sea dicha. Me excita mucho que la Negra se queje cuando la estoy dando por el culo. Me encanta encularla durante muchos minutos soltándole de vez en cuando un azote sonoro o un fuerte pellizco en sus excitantes redondos y duros pequeños glúteos y oyendo sus quejas y grititos (a los pocos minutos vuelve a decir que está muy perra y que necesita correrse de nuevo) demandando que yo termine. Cuando siento cercano mi orgasmo le saco el rabo del culo y eyaculo sobre su espalda, normalmente cuatro o cinco chorros de leche muy blanca y densa que también salpican su corto pelo negro. Suele ser el momento en el que Dora y Alberto liberan las ligaduras de velcro de Mercedes y ante su urgente petición (vuelve a gritar que está muy perra) mi mujer le hace una rápida mamada en el clítoris que lleva a la Negra a correrse rápidamente.

Ya dije que hace como un par de años dejé a Dora penetrar mi culo por vez primera y como ambos le cogimos gusto al asunto, desde entonces se ha convertido en una fuente de excitación y placer para los dos, de manera tal que últimamente es habitual que mi mujer se ponga un suave arnés de tejido elástico en donde sujeta una polla de silicona del tamaño que le apetece (yo procuro que no sea demasiado grande), y me la mete bien lubricada, pasando a cabalgarme con unas folladas tremendas en las que asume claramente el rol de macho activo y en donde incluso llega a gozar gracias al roce del arnés en su clítoris. Me gusta, me gusta mucho y tengo unos orgasmos verdaderamente satisfactorios.

Me parece que he hecho referencia a que vamos a abrir una tienda en un centro comercial madrileño cercano a la Plaza de Castilla, en especial para poner a la venta, a buen precio a modo de outlet de calidad, aquellos productos que tienen menos salida en los distribuidores habituales, porque o tienen precio algo elevado o gustan menos que otros. Todos los años me quedo con algunas pocas mercancías que liquido a comienzos de verano entre las tiendas de mi entorno, pero he pensado que eso me saldrá más rentable en un comercio propio abierto al público en general durante todo el año. Ya veremos. De la tienda se va a encargar Sonia, una prima lejana de Dora que vive en Madrid y que no tiene trato alguno con la familia debido a una serie de circunstancias que yo desconocía hasta hace pocos días.

Cuando Isadora y yo elegimos el local en donde ubicamos la tienda no sabíamos muy bien quien iba a dirigirla, hasta que recordó a su prima Sonia, algo más joven que ella, especializada en diseño, confección y búsqueda por encargo de joyas (venta y alquiler) para productoras de cine, televisión y teatro que en ocasiones me ha comprado mercancías y que está muy metida en los ambientes artísticos de la capital.

Quedamos a cenar con Sonia en un coqueto restaurante italiano cercano a nuestro apartamento madrileño y al verla recordé como me impactó físicamente las dos o tres ocasiones que he tratado con ella: tiene unos cuarenta años, de altura media, melena un poco rizada rubia con mechas rojizas, rasgos muy finos y delicados en el rostro, ojos oscuros, labios impresionantemente bonitos (debe ser cosa de familia), un cuello llamativo, largo y estilizado y un cuerpo propio de una tía buena elegante en sus gestos y movimientos. Parece tener tetas de tamaño no muy grande y destacan unas caderas anchas cobijando un redondo culo duro que tiene que ser cojonudo y unas piernas torneadas y musculadas verdaderamente de infarto que luce con una falda abierta por los lados. La debo mirar mucho, porque mientras Sonia habla con un actor de una serie televisiva que se ha acercado a nuestra mesa a saludarla cariñosamente, Dora hace un pequeño aparte conmigo y me dice: ¿te gusta, eh?; ¿te excita?. No dejas de mirarla y no me extraña por lo atractiva que es. ¿Sabes que es un hombre?.

Vaya sorpresón. ¿Sonia, esta mujer tan guapa y maciza, un tío?. Joder, ya me he enterado de la razón por la que la conservadora familia de mi mujer no trata con esta prima que es primo.

Jesús es (fue) su nombre de pila, y ante mi cara de asombro y mis continuas miradas intentando calibrar qué tiene de hombre y de mujer, Sonia nos acompaña a casa a tomar una copa y decide contar su historia:

Por tus miradas y la cara de sorpresa que aún mantienes ya me he dado cuenta que mi prima te ha dicho que nací hombre, de hecho se puede decir que lo soy por mis atributos sexuales, dentro de un cuerpo, un cerebro y unos sentimientos de mujer. Estarás de acuerdo conmigo en que en la carpetovetónica ciudad en donde vivís y en donde nací, ser homosexual ya es difícil, así que ser además tremendamente femenino como siempre he sido desde mi infancia sólo me ha servido para recibir burlas, incomprensión, desprecios, insultos, malos tratos y alguna que otra violación por parte de machos salidos que querían probar con el chico-chica sin que nadie se enterara y después de satisfacerse, darle una paliza al maricón para disimular que les había gustado follar conmigo. La he metido en el culo de unos cuantos convecinos de las mejores familias de la ciudad.

Con dieciocho años tuve un golpe de suerte, mi abuela materna murió y me dejó una importante cantidad de dinero en la herencia que me permitió independizarme, poner tierra de por medio hasta Madrid, comprar un buen piso y abrir el negocio que sigo teniendo y que gracias a muchos años de estudios artísticos y trabajo responsable es hoy conocido y respetado en medios profesionales y muy rentable económicamente.

Me considero mujer a todos los efectos, me puse pecho, me arreglé la cara, las orejas y el cuello, me depilé con láser de manera integral, no he tomado hormonas ni he intentado fabricarme una vagina, no me he atrevido, y practico sexo con hombres y mujeres. Soy perdidamente bisexual, aunque prefiero a los hombres. Os aseguro que tengo mucho éxito y hasta he recibido propuestas de matrimonio y concubinato por parte de varios hombres y alguna que otra mujer. Legalmente me llamo Sonia y soy del sexo femenino (un juez amigo arregló mi documentación hace años). Muchos de los que me conocen ni se imaginan que no sea una mujer guapa que está buena y que muchos desean. Ahora que sabes que no soy sólo una mujer, ¿tú también me sigues deseando?. Tus miradas parecen las del lobo feroz intentando comerse a Caperucita, ¿o será Caperucito?.

No sé exactamente qué contestar, pero Isadora lo hace por mí. Se acerca a Sonia y la besa en la boca durante muchos segundos, acariciando al mismo tiempo los muslos bajo la falda, aunque no alcanzo a ver si llega hasta la entrepierna. Después me besa a mí mientras acaricia mi paquete por encima del pantalón y se cerciora de que estoy ya empalmado. Se separa tras el largo y húmedo beso y me empuja suavemente hacia Sonia, que no ha dejado de mirarnos con una cierta cara de cachondeo. Nos besamos, primero suave y lentamente, como con curiosidad, y después con fuerza, con glotonería y ganas, con mucho deseo. Me gusta como chupa mi lengua dentro de su boca y como recorre después mis labios con la punta mojada de la suya. Me muero de ganas de ver su cuerpo y lo nota porque se levanta del sofá y mirándonos a Dora y a mí con expresión de deseo, se desnuda sin prisas pero sin perder un segundo. Tiene la piel muy morena, sin marca alguna. Sus tetas no son grandes, pero sí bonitas, altas, muy picudas, como las que se dice que caben en una copa acampanada de champán. Se da la vuelta para quitarse las pequeñas bragas blancas que lleva y ocultar de nuestra vista su sexo, con lo que nos enseña un culo precioso, redondo, duro, sin vello alguno ni marcas, cobijado en unas caderas amplias, redondeadas, muy femeninas. Las piernas son llamativas de verdad: preciosas, largas, musculadas, muy torneadas, con unos muslos que llaman a ser lamidos en cuanto los ves. ¿Su sexo?, cuando lo enseña vemos una polla no muy larga pero sí gruesa que está ya tiesa y dura, levemente elevada hacia arriba, con un par de gordos testículos que tienen que estar muy llenos por su aspecto. Todo ello sin un solo vello, con una total completa depilación.

Dora y yo nos hemos desnudado rápidamente y mi mujer se arrodilla ante Sonia para chuparle el rabo mientras yo le como las tetas y acaricio suavemente su culo (sí, Franco, por favor, sigue con mis pezones, son muy sensibles). Al cabo de unos pocos minutos pide a Dora que pare (que bien lo haces, qué maravilla de boca; no sigas, no quiero correrme tan rápido) y se ponga a cuatro patas sobre uno de los grandes sillones (siempre he querido follarte, prima, qué buena estás). Mi mujer está mojada como una fuente y recibe la polla de Sonia con gemidos y grititos de complacencia y mucha excitación. Mientras miro y me acaricio la polla para que no se baje, Sonia le está pegando una follada tremenda a Dora, bien agarrada a sus caderas, entrando y saliendo a mucha velocidad, respirando con fuerza y manteniendo un ritmo impresionante que no está al alcance de todos los tíos. Mi mujer dura sólo unos minutos antes de correrse con un grito contenido, largo, muy largo, que da idea de un orgasmo verdaderamente sentido y disfrutado.

(Ahora tú, Franco. Déjame descansar un minuto). Dicho y hecho. Nos sentamos en una esquina del sofá y nos acariciamos muy suavemente, nos besamos y Sonia comienza a tocarme el excitado rabo (qué grande es, cómo me pone) hasta que se levanta, se arrodilla en el suelo y utiliza su lengua para lamer todo el largo de mi polla, muchas, muchas veces (qué polla más bonita, qué dura está). De repente se la mete en la boca y empieza a mamar el capullo con mucha rapidez, con mucha saliva, como si estuviera lamiendo una bola de helado o algo parecido, apretando el tronco con fuerza con una de sus manos y acariciando suavemente mis huevos con la otra. Tras unos minutos se pone en pie, se arrodilla en el sofá, me ofrece el culo y pide que se la meta (dentro, cariño, métela muy dentro, llena mi culo). Se la he metido sin problema alguno en el primero de mis intentos e inmediatamente hemos acompasado perfectamente el ritmo de mi metisaca y su movimiento adelante y atrás (qué pollón más bueno tienes corazón, sigue, sigue), hasta que mis embestidas son ya muy rápidas y siento que voy a eyacular. ¡Qué corrida más buena!. Me encanta ver el culo de Sonia con mi semen asomando de su ano medio abierto mientras que la oigo decir: vaya par de cabrones, bien que os habéis corrido; ahora me toca a mí.

Isadora y Sonia me han puesto arrodillado a cuatro patas en el sofá y llevan ya varios minutos acariciándome, besando, lamiendo, chupando, mordisqueando toda parte de mi cuerpo susceptible de ser excitada. Mientras Dora sigue meneando mi polla con suavidad y mordisquea mis pezones o sube a chupar mi oreja, su prima ha empezado a comerme el ano con una pericia que da idea de tener mucha práctica y también ganas de excitarme. Que a gusto me encuentro con la lengua de esta guapa mujer-hombre entrando y saliendo de mi culo, es una sensación estupenda sentir esa dura suavidad mojada que parece darle vida propia a mi ano y que me lleva a pedir más (hazlo, por favor; quiero ahora, dame por el culo).

La gruesa y corta polla ha entrado en mi culo sin ningún impedimento. Ni siquiera me han dado lubricante porque Dora ha estado lamiéndonos a los dos y llenándonos de saliva y no he sentido más que una leve resistencia de mis esfínteres, menos que con algunos de los consoladores que mi mujer me mete. Me gusta. Joder si me gusta sentir la polla. Sonia me está pegando una follada impresionante, con un ritmo endiablado taladra mi culo durante bastantes minutos y sin avisar se corre dentro de mí, dando un grito fuerte, sonoro, largo y sentido que termina al sacarme el rabo del culo de golpe, darme un azotito como de agradecimiento o de desprecio y sentarse a descansar acurrucada en el sofá, medio dormida.

Isadora me besa en los labios (¿estás bien?, ¿te ha gustado?) y como sigo sin moverme en la postura en la que Sonia me ha dado por el culo, se pone detrás a lamer mi ano y a recoger con la lengua el semen de su prima, entrando muy dentro del culo, lo que me excita más aún de lo que ya estaba. Al mismo tiempo menea mi empinada verga haciendome una paja que me lleva a eyacular y gozar de una corrida tremenda. Me derrumbo sobre el sofá y en cuestión de segundos me quedo dormido.

Al día siguiente ninguno de los tres dijo nada sobre la sesión de sexo nocturno. Tras desayunar mientras fijábamos definitivamente los términos del acuerdo para la explotación de la tienda, Sonia se fue porque los sábados es un día de mucho trabajo en su negocio y mi mujer y yo nos fuimos de nuevo a la cama a dormir. En ningún momento me he puesto a darle vueltas al asunto de que ya me han metido una polla de verdad en el culo, simplemente sé que ha sucedido y que me ha gustado.

Aún no me he decidido a que un hombre (a Sonia la considero mujer a todos los efectos, aunque probablemente esto lo digo para disimular o para auto-engañarme por lo mucho que me gustó ser penetrado por ella y su polla masculina) me dé por el culo con una polla de verdad, de hombre, de tío. Sigo teniendo mis dudas y temores de macho muy macho, pero no creo que tarde en probarlo ya sin reparos, quizás con Alberto, porque es una idea cada vez más presente en las conversaciones que entre polvo y polvo mantenemos Isadora y yo. Ella no deja de animarme a ello, en serio y también gastándome bromas sobre mis gustos. Ya llegará, no tengo ninguna prisa. Mientras tanto, hemos quedado con Sonia para el próximo viernes para celebrar el éxito de las primeras semanas de la tienda y tanto Dora como yo deseamos tener sexo con ella.

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