Las estudiantes de Bellas Artes

Hace unos meses que he trabado gran amistad con una chica que estudia Bellas Artes en el mismo Campus que yo. A decir verdad, somos un grupo que nos hemos formado y nos vemos especialmente en las horas de descanso, e incluso hemos hecho alguna salida nocturna.
Pues bien, lo aquí explicado es lo que me sucedió con esta chica, llamada Silvia, chica con la que tengo más amistad porque muchas veces coincidimos para volver a casa. Estábamos tomando algo en la terraza del bar, cuando me empezó a mostrar sus dibujos. La verdad es que tenía habilidad, y los dibujos estaban muy bien. Entonces me explicó lo difícil que era conseguir gente que se dejara dibujar en vivo, posando como modelos, y que eso le ayudaría mucho, pero que no tenía mucha gente que colaborase en ese aspecto, y es que ella no tenía la familia cerca, pues se había desplazado a vivir a otra ciudad ya que en la suya no había universidad.
En un intento de ser amable con ella, me ofrecí.
– Pues oye, si no tienes a nadie y algún día quieres, yo me presto para que me dibujes. Además, nunca me han dibujado, y tú lo haces tan bien que seguro queda genial.
– En serio? – su cara de sorpresa era tremenda – Pues vamos ahora si quieres para casa y te dibujo, que no tardo más de treinta minutos.
Como era primera hora de la tarde y no tenía nada que hacer, accedí y nos fuimos hacia su casa. Silvia vivía en un piso compartido con dos chicas, estudiantes también. Al llegar, pasamos al comedor, y fue preparando las cosas sacando un caballete y un lienzo, y mientras lo montaba afanosamente le pregunté.
– Y bien, ¿qué hago? ¿Cómo me pongo?
– Pues mira, quítate la ropa y ponte ahí junto a la silla
– Qué me quito? – pregunté algo cortado
– Pues todo, claro, es un desnudo lo que vamos hacer – debió ver mi cara de cortado, porque rápidamente reaccionó – Ay, ¡que igual no lo he explicado bien! Lo que solemos hacer son desnudos del cuerpo humano, todo, rasgos faciales, musculatura, piernas…todo…
– Ah, ok, es que no tenía ni idea – intenté relajarme, aunque me sentía tenso y sorprendido
– Si, lo lamento, igual tenía que haber sido más explícita, si no quieres o te da vergüenza lo dejamos – dijo ella con bastante pena en su voz
– No, no, deja, si algunas veces he ido a playas nudistas – mentí para no hacerla sentir incómoda
Total, que comencé a quitarme la ropa con cierto morbillo, y la fui dejando en el sofá, pero la vi tan concentrada y puesta en lo que estaba haciendo que se me pasó la excitación. Luego, ya desnudo ante ella, me marcó una pose que yo imité, se sentó en su taburete y comenzó a dar los primeros trazos.
Allí estaba, desnudo frente a ella, que escudriñaba todos los rincones de mi cuerpo, mientras dibujaba en su lienzo. Era excitante, encontrarte desnudo ante tu amiga, por mucha seriedad que quisiéramos darle al tema.
A los quince minutos, me dijo que descansara. Se fue a la cocina, y trajo dos cervezas bien frías y me dijo que nos sentáramos un rato en el sofá.
– ¿Qué? ¿Cómo va? ¿Te cansas? – me preguntó
– Hombre, un poco, pero estoy bien. ¿Cómo va el dibujo?
– Bien, ya sólo me quedan algunos detalles. Gracias, de verdad, ¡no sabes lo contenta que me haces! Hacía mucho tiempo que quería poder realizar un desnudo y ahora, gracias a ti… – me sonrió
Como no me había ofrecido nada para taparme estaba desnudo con ella en el sofá. La verdad, no me importó porque hacía calor, y porque llevaba 10 minutos desnudo delante de ella, así que…no le di importancia. Hubiera sido algo incómodo pedirle algo para taparme.
Mientras hablábamos, se abrió la puerta del comedor. Entró una chica muy guapa, alta, delgada, pelo lacio largo, castaño oscuro y una cara angelical con grandes ojos y unos labios muy llamativos. Se nos quedó mirando, y al verme desnudo comentó:
– Ostras Silvia, ¿interrumpo algo?
– No, ja ja – rio mi amiga – Estamos en un descanso de una sesión de dibujo. Mira el caballete, lo tengo bastante avanzado, en cinco o diez minutos más termino.
La amiga se dirigió hacia nosotros, pasando por delante del lienzo para echar un vistazo, luego se acercó a nosotros, yo me levanté y Silvia hizo las presentaciones.
– Encantada – me dijo Paola, la compañera de piso, mientras me daba un repaso aprovechando que estaba desnudo – Voy a dejar mis cosas – comentó desapareciendo por el pasillo con su mochila al hombro. Silvia, volvió hacia mí, y me marcó de nuevo la pose a tomar, la misma de antes.
A ver, déjame verte bien – dijo mientras se agachaba – es que desde allí no veo con claridad tus partes, y si te digo la verdad, es el primer pene que dibujo – Y dicho esto, noté como sus dedos cogían mi pene y lo movían de arriba a abajo, en varias posiciones para verlo bien. Obviamente bajé la mirada y la vi allí observando muy de cerca mi miembro. Paola volvió aparecer y se apoyó en el marco de la puerta, mientras nos observaba y esbozaba una sonrisa al ver la situación. Instantes después Silvia se levantó y volvió a su puesto para terminar el dibujo.
Paola aprovechó para sentarse justo en el sofá donde hace unos instantes me había tomado una cerveza con Silvia, quedando bastante cerca de mí. Desde esa posición me miraba, y la verdad es que lo hacía con descaro, me miraba de arriba a abajo, pero muchas veces se centraba en mirar mis genitales. Desde mi pose, podía mirarla, pues quedaba justo enfrente de mi al tener la cara ladeada. Me preguntaba que pasaba por su cabeza mientras me miraba con ese descaro que me incomodaba y me excitaba partes iguales. Debido a eso, al poco, mi pene pasó a estado morcillón.
Tras unos interminables minutos, Silvia anunció que había terminado. Con un suspiro me relajé y estiré mi cuerpo. Paola se levantó y fue directa a ver el resultado, igual que yo. El dibujo era bastante bueno, aunque no se distinguía mi cara, sí que estaba bien proporcionado el cuerpo, sombreados los contornos de los músculos y dibujados con cierto detalle los genitales.
– Vaya, ha quedado muy bien – dije todavía desnudo, pues no me había dado tiempo a vestirme
– Me falta acabar de sombrearlo del todo, pero eso puedo hacer con calma, no necesito tenerte ahí tieso – nos quedamos mirando los tres y nos reímos.
– Hombre, tieso, tieso no está – dijo Paola mirando mi pene
– Ya me habéis entendido – respondió Silvia con risa todavía nerviosa
– Pues oye, ya que estás así, te gustaría que hiciéramos un posado de desnudo – me dijo Paola
– Cómo? – pregunté sin entender que pretendía
– Yo soy fotógrafa, y me encantaría hacer un posado de desnudo masculino, y ya que estás en pelotas en mi salón, que menos que pedírtelo – me explicó
– Es muy buena – añadió Silvia
– Si, mira – dijo Paola mientras alcanzaba un book de una estantería – he hecho ya varios desnudos, ¿ves? – comentaba mientras pasaba las páginas del book, mostrando toda clase de desnudos, en su mayoría femeninos. – A quién más he hecho son a chicas, claro, con tíos no me atrevo tanto. Mira, incluso le he hecho fotos a Silvia – Y me mostró unas fotos, donde mi amiga aparecía completamente desnuda por varios rincones de la casa, en poses sugerentes y bastante eróticas. Silvia se ruborizó un poco, pero añadió que era muy excitante y divertido. – te animas? – insistió Paola
– Y qué tengo que hacer?
– Nada, es muy fácil. Tú vas tomando las poses que te diga y yo voy haciendo fotos, es mucho más sencillo que aguantar la pose del dibujo, porque aquí cambiamos muy rápido de postura. Ya verás cómo te gusta, y si quieres, procuro no sacarte mucho la cara si te da vergüenza. – debió ver mi cara de duda, ya que finalmente añadió – mira, hacemos unas pocas, si te gusta seguimos y si no paramos, ¿te parece?
– Venga, ¡va! – dije finalmente animado, aunque todavía inseguro
– Ven, pasemos a la habitación que uso de estudio – me indicó Paola
La seguí por el pasillo, completamente desnudo. Llegamos a una habitación doble, con una ventana grande que estaba cubierta por una cortina blanca, muy clarita, y donde había unos paneles de colores, para usarlos de fondo deduje. También había un mueble con varios cachivaches como trípodes y objetivos de cámaras. Paola alcanzó una cámara y mientras la encendía me pidió que me colocara frente a la cortina que cubría la ventana.
– Empezaremos con un contraluz, ya verás que bien queda. Ponte como si mirases por la ventana – cosa que hice, mientras ella lanzó dos o tres fotos. – A ver gírate, dándome la espalda – nuevos sonidos de disparos se oyeron detrás mío. – Sube los brazos como si te apoyaras y aprieta un poco el culete – me indicaba, mientras yo hipnóticamente obedecía.
– Mira, ¿ves? – me hizo un gesto para que me acercara – así quedan, ¿qué te parece? – miré las fotos, se veían bastante bien. Mi cuerpo quedaba a contraluz, ligeramente oscurecido, tan sólo marcándose los músculos y la silueta. Mi cara apenas era visible por las sombras y la tenue iluminación de la habitación. Silvia apareció por el pasillo y entró a ver las fotos.
– Están muy bien, quedan muy bonitas – comentó ella mientras las miraba
– Seguimos? – me preguntó Paola
– Ok, vamos – respondí
– Bien, ponte ahí de pie, mira hacia el techo y abre las piernas. Coloca una mano sobre tu pecho. – me indicó – Así, ves bajando, ahora pon la mano en el abdomen – seguía disparando su cámara – y ahora bájala y tápate tus partes – cosa que hice – así, muy bien – clic, clic, los disparos de su cámara se oían resonar. – Bien, ahora quiero que te la cojas y mires hacia abajo, como si te la estuvieras mirando y pensando sobre ella, sobre la relación de placer y control que ejerce tu pene en tu vida – ambas chicas rieron y yo no tardé en unirme tras entender su humor. Agarré mi pene y lo miré, mientras ella hacía varias fotos cambiando de lugar por la habitación para buscar el mejor ángulo
– Están saliendo muy bien – decía Paola muy contenta – sería genial una de ambos, así en pareja – dijo girándose hacia Silvia – ¿Te hace? – le preguntó
– Claro, dime como me pongo – le contestó mi amiga mientras comenzaba a quitarse la ropa
– Quiero que os pongáis enfrente uno del otro, mirándoos a los ojos y quietos – explicó Paola. Yo me sorprendí al ver a Silvia desnuda que venía hacia mí, pero supuse que para ellas el desnudo era algo normal pues ambas estudiaban anatomía del cuerpo humano. Silvia se puso frente a mí, y nos quedamos quietos mientras Paola hacía varias fotos – hombre, sonreíd un poco, como si tuvierais cierta complicidad – y una dulce sonrisa nerviosa brotó de nuestros labios por todo aquello.
– Ok, ahora date la vuelta, apóyate sobre la ventana, y que Silvia te ponga las manos en la espalda. Así, muy bien – Paola parecía estar muy cómoda y se le notaba desenvoltura a la hora de dirigir la sesión de fotos. – Ok, Silvia, ahora abrázalo desde atrás, así, cierra los ojos y sonríe, muy bien.
– Genial, vamos muy bien, están quedando fantásticas – me animaba Paola – Sería posible que la pusieras erecta un momento, me encantaría poder sacar fotos de un pene erecto.
– Hombre… – reí algo sorprendido por la petición
– Tranquilo, que no se te verá la cara, luego revisas las fotos y si alguna no te gusta la borramos.
– Bueno, a ver… – la verdad es que me excitaba la idea, pero por los nervios y lo raro de la situación no sabía si conseguiría una erección fácilmente – ¿cómo lo hago? – dudaba de cómo ponerla dura, pues no sabía si tocarme delante de ellas o qué esperaban que hiciese.
– Ponla dura como tú sepas, no te preocupes. Tócate si hace falta – parecía que Paola había adivinado mis pensamientos.
Mientras comenzaba a tocarme Paola le dijo a Silvia que fuera a buscar unos cojines al comedor. Cuando volvió se los hizo poner en un butacón que había en una esquina de la habitación y que también debía usar para sus sesiones fotográficas, por la forma tan inusual que tenía. Por mi parte, ya la tenía casi erecta.
– A ver, perfecta, déjame que haga unos primeros planos – Paola se acercó a mí y se agachó, apuntando con su objetivo a mi pene – Cógetela, así, aprieta un poco para que se hinche más y se noten las venas…así, perfecto. Me encanta ver una mano grande y fuerte agarrando un pene, es algo muy sensual – decía – Ven Silvia, cógesela tú, vamos a ver cómo queda tu pequeña mano sujetando su pene, será un contraste interesante.
Silvia se agachó a mi lado, y cogió mi pene y me sonrió con cara traviesa, como diciendo, por esta sesión de fotos te estoy cogiendo la polla, pero no pasa nada, es por amor al arte. Yo alucinaba un poco, pero me dejaba llevar en aquella situación tan morbosa. Su mano, más pequeña que la mía parecía tener problemas para cerrarse sobre mi pene.
– Apriétalo un poco para que se hinche – le dijo Paola, aunque no hacía falta porque ya la tenía totalmente dura e hinchada, aunque Silvia efectivamente comenzó apretar – Así, bien, bien. Ahora suéltalo y acerca la cara mirándolo de cerca, como si vieras un lindo gatito – Silvia se quedó quieta, con su cara a un palmo de mi pene, mirándolo fijamente mientras Paola hacía varias fotos – Bien, ahora apoya tu nariz en su punta – Silvia obedecía sin dudar mientras su amiga seguía disparando fotos. Pude notar la piel de la nariz de Silvia apoyada contra mi glande lo cual fue muy erótico. Paola solía hacer fotos de primer plano, y otra general, donde ambos quedábamos a contraluz por la luz que entraba desde la ventana.
– Bien, ahora haz como si besaras su punta – Silvia posó sus labios en la punta de mi pene, y a mi casi me da algo al notar la humedad de sus carnosos labios quietos sobre la punta de mi glande – Esta ha quedado genial. A ver, ahora sepárate un poco y abre la boca. Bien, saca un poco la lengua, en plan sexy – Silvia lo hizo, y yo que miraba desde arriba cruce la vista con ella, que sonreía pese a tener la boca abierta bajo mi pene, como si fuera a correrme o me la fuera a comer, aquella visión me puso a mil – Agárratela y apunta un poco hacia su boca – la orden de Paola me sacó del trance. La fotógrafa hizo un par de fotos y luego se acercó a nosotros, se apoyó junto a mi brazo e hizo una desde arriba, como si fuera desde mi punto de vista. A través de la pantalla digital de la cámara, pude ver mi mano sujetando mi pene y debajo el rostro de mi amiga con la boca abierta y la lengua fuera. Hizo otra aplicando algo de zoom, para que no se vieran los ojos de mi amiga y tener un mejor plano de mi glande y la boca encuadrados.
– Quiero hacer una de perfil. Tú Silvia, abre bien la boca y saca la lengua todo lo que puedas, y tú apoyas un momento el pene en su lengua, será un instante, ¿ok? – dijo como pidiendo nuestra aprobación. Silvia hecho la cabeza hacia atrás ligeramente, y sacó más la lengua – Así, muy bien, ahora apóyala en su lengua – Lo hice y pude notar la humedad de la saliva de Silvia en la parte inferior de mi pene – ¡Quietos! ordeno Paola mientras disparaba varias veces su cámara desde un par de metros, y se acercaba rápidamente para hacer unas cuantas más en primer plano. – Ahora cierra la boca un momento Silvia – ella obedeció y vi como mi pene desaparecía en el interior del pene de mi amiga a la vez que Paola hacía fotos como una condenada. Pude notar toda la calidez y humedad de la boca de Silvia atrapando mi pene, del cual al menos la mitad estaba dentro de su cavidad bucal – Ok Silvia, mira hacia arriba, como si lo mirases a él… bien, ahora cierra los ojos…ajá, muy bien chicos, no os mováis… ahora hago una desde aquí…. – Silvia por el simple hecho de tener un objeto en la boca, empezó a salivar y en un momento dado tragó la saliva, haciendo como un pequeño espasmo en su boca, que noté como una pequeña succión y un movimiento de su lengua que rozó contra la parte inferior de mi pene, lo cual me produjo un intenso placer.
– Bien, ya está – dijo Paola, mientras Silvia abría la boca y mi pene reaparecía erecto y mojado de saliva. – Ten, límpiate con esto que sino, salen los reflejos – me indicó Paola mientras me daba un pañuelo blanco. – Cómo vais chicos? – nos preguntó
– Uf, menudas fotos estamos haciendo, ¿no? – dije algo acalorado
– Si, el desnudo y el erotismo es un tema que me apasiona, es siempre muy interesante, y ya que hay confianza, pues genial que podamos hacer estas fotos, no siempre tienes con quién hacerlas.
– Sí, sí, pero me están dando unos calores importantes – bromee
– Claro, de eso se trata, de la pasión ja ja – rio Paola – y tú la tienes bien dura la pasión – y comenzamos a reír los tres. – A ver, cuando queráis paramos, pero creo que está siendo una sesión muy interesante
– La verdad que si, nunca habíamos hecho una sesión chico-chica, no tenemos tanta confianza con nadie como para hacer esto – explicó Silvia
– Así ¿qué? ¿Seguimos? – nos animó Paola
– Venga, poneros frente a frente, como si os dierais un abrazo – mi pene erecto chocaba con el vientre de Silvia – Bien, abrazaros, como si fuerais amantes y se terminara el mundo. Ahora apoya tu cara sobre el hombro de Silvia y dale un beso en el cuello, muy bien, un momento que hago un par más….ok, ahora bésale el pezón – me deslicé un poco hacia abajo, y siguiendo las órdenes de Paola, posé mis labios sobre el pezón derecho de Silvia, de hecho el pezón acabo sumido entre mis labios – Quiero un primer plano de tu lengua y pezón – separé mi cara del pecho de Silvia y saqué mi lengua para rozar su pezón – Ves moviendo la lengua, haz como si lo lamieras – al comenzar a lamer el pezón de Silvia con mi lengua, se comenzó a poner duro – así mejor, se ve mejor el pezón
– Me haces cosquillas – se reía Silvia
– Ok, Apoyaros en el butacón, y tú ves bajando y dale un beso en su abdomen, un poco más abajo del ombligo, y Silvia, sepárate hacia atrás y estira su mano hasta su cabeza. Bien. Y sube un poco esa pierna. – la cosa se iba caldeando, ya que ahora era yo quién bajaba hacia el sexo de mi amiga, siguiendo las indicaciones de nuestra incansable fotógrafa.
– Abre sus piernas y dale un beso en el muslo, así por la parte interior – nos guiaba Paola. Al dárselo, noté que Silvia se estremecía. – Ahora saca la lengua, como si lamieses su muslo – su voz se mezclaba con chasquidos de la cámara al dispararse. – Uf chicos, que calor, ¡lo estáis haciendo genial!
– Bien, ahora quiero que pongas tu boca junto a su pubis, como si le estuvieras haciendo sexo oral. – Lentamente acerqué mi boca a su sexo – ponte más cerca, pegado, así… – me fui acercando, hasta que inevitablemente mis labios se posaron sobre su sexo, y pude notar una dulce humedad. No cabe duda que Silvia estaba muy excitada por todo aquello, pero era normal, yo estaba igual. – Levanta la mirada, como si la mirases a los ojos – me dijo Paola. Al hacerlo pude ver una expresión de deseo en Silvia con unos ojos muy abiertos, al igual que la boca que delataban una respiración agitada. Aquello fue un detonante para mí, y sin poderme refrenar, saqué mi lengua de la boca y relamí todo su sexo. Silvia, se arqueó ligeramente y comenzó a gemir.
Mientras Paola hacía varias fotos y se movía buscando la mejor captura, sin saber muy bien lo que pasaba, yo tenía ya metida media lengua dentro del sexo de Silvia y la relamía sin control, al tiempo que ella se retorcía de gusto y gemía cada vez más intensamente.
– Se lo estás comiendo de verdad, ¿no? – Gritó Paola comenzando a entender, aunque lo cierto es que ni Silvia ni yo respondimos, y seguí lamiendo y devorando su sexo y ella contorsionándose de gusto. – A ver separa un poco la cabeza, deja que fotografíe como tu lengua la relame.
Así lo hice, y aproveché para relamer el sexo de Silvia desde abajo del todo hasta su clítoris en varias pasadas, antes de concentrarme en su centro neurálgico de placer, aunque también la relamía de abajo a arriba en sucesivas pasadas, mientras oía sobre mi varios disparos de cámara, y también pude ver como Paola sacaba algunos primeros planos de la expresión de placer de Silvia que estaba con la boca abierta y gimiendo intensamente.
Aquel delicioso sexo, tenía un sabor suave, era de esos que me podía pasar horas comiendo, salvo rampa muscular en la lengua, porque me encantaba su dulce sabor. En un momento dado noté una mano de Silvia que se posaba sobre mi cabeza y estiraba de mi pelo, al tiempo que colocaba su pierna izquierda por encima de mi hombro y se enrollaba sobre mi cuello, apretando mi cara contra su sexo. Sus gemidos aumentaron súbitamente y todo su cuerpo convulsionó mientras se corría, hecho que me excitó mucho, y me hizo aumentar aún más mi deseo por lamer su sexo.
Cuando se comenzó a destensar, paré lentamente y me puse de pie. Nos miramos unos instantes. Tenía una expresión de placer y al mismo tiempo de confusión. De pronto su mirada bajó. Al bajar la mía vi que mi polla estaba erecta, hinchada y algo morada debido al rato que llevaba ya dura. Silvia se llevó una mano a su húmedo sexo y lo acarició. El que mirase mi polla y se tocara, instintivamente fue como si me pidiese que la penetrase. En ese momento realmente, me estaba dejando llevar más que pensar con la cabeza. Es lo que pasa por tener tanta sangre acumulada en el pene, y al mismo tiempo tan poca en el cerebro debido a la erección. Paola por su parte seguía haciendo fotos en silencio, dejándonos a nosotros el control.
Yo me arrodillé, y puse mi pene a lo largo, sobre el sexo de Silvia, empapándolo de su humedad. Comencé a acariciar y abrir aquellos labios carnosos jugando con mi pene sobre su vulva, siendo muy placentero el roce de ambos sexos. Miré a Silvia a los ojos, pero solamente me miraba sin decir nada. Así que apunté un poco y metí la punta de mi polla en su sexo. Paola se apresuró a hacer varias fotos mientras mi pene entraba en el sexo de su amiga. Con tan sólo media polla dentro, comencé un mete saca muy suave que permitía humedecer mi sexo con el suyo, y que a cada embestida entraba mejor y más suave, y permitía introducir un trocito más de pene. Así que tras unos cuantos meneos, mi pene ya entraba y salía entero del sexo de Silvia, totalmente humedecido y brillante.
Me incorporé para poder coger a Silvia por las caderas y tener más control de la penetración y comencé a penetrarla con algo más de ritmo e intensidad. Ella, a cambio, me rodeó con sus piernas atrapándome en un abrazo pasional. Los dos comenzamos a gemir y a sudar cuando juntamos los cuerpos y notamos el calor del otro. Silvia respiraba agitadamente sobre mi cuello, el cual lamía y mordía desordenadamente. Nuestras bocas se unieron en un beso largo donde las lenguas se encontraron y se relamieron la una a la otra. Luego yo me arqueé para poder lamer y besar sus pechos mientras seguía penetrándola.
En un momento dado, me salí y le indiqué que se diera la vuelta. Ella lo hizo, quedando de espaldas a mí y apoyada sobre la butaca. La cogí por la cintura y la penetré desde atrás, fue muy placentero volver a meterla, pues estaba muy húmeda. Estuvimos así unos minutos más, al tiempo que Paola no perdía detalle y ya en silencio, sin darnos ninguna orden, sabiendo posiblemente que no la escuchábamos iba haciendo sus fotos, mientras nosotros follábamos delante de ella.
Silvia empezó a gemir más fuerte, señal de que se estaba corriendo, y aquello me excito muchísimo, así que tras unos meneos más, cuando vi que ella ya había terminado, saqué mi polla y comencé a venirme sobre su espalda. Paola gritó no sé qué, pero no logró sacarnos de nuestro trance orgásmico, ya que ninguno nos inmutamos. Silvia se giró un poco para verme mientras eyaculaba y le llenaba la espalda de leche. Paola tomó posiciones y disparó varias fotos más. Unos instantes después, algo más recuperados Paola se dirigió a ambos.
– Ha sido increíble cómo ha terminado la cosa, se ha calentado a un nivel que no esperaba. ¿Os dais cuenta? ¡Acabáis de echar un polvo de lo excitados que estabais! – Silvia y yo sonreímos algo avergonzados, como si hubiéramos sido unos niños traviesos.
– Nos hemos dejado llevar – repliqué
– Si – dijo Silvia, con un tono entrecortado todavía en su voz
– Pues me has jodido la corrida, quería hacer un primer plano, y hacer fotos con disparo rápido… – me regañó Paola
– Lo siento, no tenía ni idea de que querías hacer eso, y tampoco estaba para ponerme a posar en ese instante
– ¿Puedes volver a correrte? – me preguntó
– Hombre – me reí – me habéis tenido una hora con el pene tieso, creo que merece un descanso
– Si hace falta te la meneo yo, que no me importa – dijo Paola, lo cual me sorprendió y me dejó pensativo sobre si ella también se había calentado y quería participar de alguna forma
– Piensa que la corrida ahora será mucho menos abundante – intenté disculparme con la polla dolorida
– Tienes razón… bueno, otra vez será, pero a ver si quedamos y lo hacemos, ¡que quiero fotografiar la corrida en condiciones! – propuso Paola
Tras tomar algo para reponer líquidos, estuvimos charlando, y ya os digo que no me fui de allí, hasta que me dieron un cd con las fotos grabadas de la sesión. Todavía no he vuelto para fotografiar la corrida, pero he tenido unas tardes muy agradables volviendo a ver las fotos de aquella tarde, os lo aseguro.

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