Helena, el jardinero y yo

Un sábado de verano estaba por la tarde en la casa de Helena; tomando sol en la piscina del fondo, mientras criticábamos a nuestros maridos.
De repente interrumpí lo que estaba diciendo y me quedé observando a un hombre joven que caminaba por el jardín entre los arbustos del fondo.
“Ese es mi nuevo jardinero, que te parece, amiga…?”. Dijo Helena.

Le contesté que me parecía un chico muy sexy, realmente guapo y musculoso… pinta de macho bien recio. Vestía jeans y una camiseta musculosa bastante transpirada, que se le pegaba a su trabajado torso.
Le dije también que, seguramente, tendría una pija enorme siempre lista; pero mi amiga me juró que todavía no se la había podido ver…

“Vamos a jugar un poco”. Dijo sonriendo mi amiga, desabrochándose el corpiño de su bikini. Sus hermosas tetas redondas quedaron al sol…
Ella no tuvo que insistir demasiado para que yo la imitara. Me causaba cierta excitación que ese desconocido pudiera deleitarse mirando de lejos mis tetas.

“Hermosas tetas, amiga… imagino el festín que debe darse Víctor allí”
Dijo Helena, mientras estiraba sus dedos para acariciarme los pezones.
Le dije que tuviera cuidado. Mis pezones son una de las partes más sensibles de mi cuerpo y sus caricias podían excitarme con mucha rapidez. Yo podría tener un tremendo orgasmo en pocos minutos entre sus dedos; lo cual podría convertirse en un papelón con ese chico rondando cerca; aunque la idea de que él me viera acabar gimiendo y gritando me provocaba cierto morbo. Pero Helena continuó acariciándome suavemente, mientras me miraba a los ojos por encima de sus gafas de sol.

“Sos una hija de puta, amiga” Le dije suspirando, mientras sentía que un orgasmo comenzaba a tomar forma dentro de mi cuerpo. Entonces Helena también lo notó y de repente retiró sus dedos de mis pezones.
Abrí los ojos y la miré fijamente: “No me dejes así, por favor… ya casi…”
La turra largó una sonora carcajada, que fue oída por ese chico allá lejos. Volteó y se quedó mirándonos a ambas. Helena entonces me dijo:
“Ya picó el anzuelo mi pescadito… por qué no le damos un buen show…?

Se desató los hilos de su tanga y abrió las piernas a cada lado de la reposera, quedando completamente desnuda a la vista del jardinero. Comenzó a acariciarse suavemente el interior de sus muslos con sus dedos largos y finos; comenzando a subir hacia el pubis perfectamente depilado…

Sonreí para mis adentro y comencé a imitarla, pero sin quitarme la tanga. Cerré mis ojos sin darle importancia a la presencia de ese chico allí cerca y pronto Helena y yo estábamos gimiendo, mientras nuestros dedos se adentraban en nuestras vaginas.
La tibieza del sol sobre mi piel y mis propias caricias me excitaron mucho. Hacía varios días que no tenía sexo con mi adorado Víctor y realmente necesitaba una descarga.

Abrí los ojos para mirar a Helena. Ella seguía hundiendo sus dedos entre sus labios vaginales cada vez más profundo y su otra mano retorcía los pezones bien endurecidos…
Helena gemía ruidosamente. Verla tan caliente me contagió un poco de su excitación y yo también hundí mis dedos más profundamente en mi concha y, al acariciarme los pezones, de repente exploté en un orgasmo tremendo.
A mi lado, Helena terminó casi al mismo tiempo que yo, pero de manera mucho más escandalosa. Busqué al jardinero con mi vista y comprobé que ahora estaba más cerca; de pie entre unos arbustos. Tuve la sensación que ese chico se estaba masturbando, oculto entre la maleza, después de haber visto cómo nosotras acabábamos utilizando solamente los dedos…

Enseguida Helena se acercó a mí y me comió la boca apasionadamente. Podía sentir su lengua dentro de mi boca y sus manos acariciando mis tetas. Sus manos luego bajaron por mi cuerpo, buscando con sus largos dedos mi estrecha entrada vaginal…

Sin dejar de besarme la boca y el cuello, Helena me metió un par de sus dedos en mi vagina. Yo apenas podía sostenerme sobre mis piernas. Ella tomó mi nuca y me obligó a besar sus pezones; lo cual agregó un poco más de morbo y excitación a ese momento.
Los dedos de mi amiga siguieron invadiendo mi concha cada vez más adentro. Me estaban dando una cogida espectacular. Me sentía más húmeda que nunca, gimiendo de placer mientras sus dedos insistían cada vez más y más…

De reojo pude ver que el jardinero se había acercado y estaba observando toda la escena con los ojos muy abiertos; mientras se tocaba la entrepierna por encima de los jeans.
Helena le dijo que se acercara y se masturbara para nosotras…
El chico asintió y se bajó los jeans hasta las rodillas, mostrándonos una enorme verga ya bastante endurecida, que apuntaba hacia el cielo…

Helena se tendió boca arriba sobre la reposera e hizo que me sentara sobre su cara. Metió su lengua entera dentro de mi vagina y me la comió de una manera increíble. Comencé a jadear mientras su lengua me invadía; sin poder quitar la vista de ese tremendo pito erecto del jardinero, que se masturbaba frente a nosotras. Finalmente no pude aguantar más y le pedí a ese chico que se acercara. Se me hizo agua la boca al tenerlo junto a mí…

Cuando Helena metió su afilada lengua en mi estrecho orificio anal, cerré los ojos y lancé un alarido de placer. Entonces sentí la presencia del jardinero a mi lado. Abrí mis ojos y me encontré su verga tiesa casi rozando mi cara. La tomé con una mano y me la engullí en un solo tirón. Comencé a mamársela con desesperación.

“Quiero cogerte”. Me dijo el chico con cara de lujuria.
“Me encantaría que me la metieras bien adentro” Le respondí mientras me sacaba esa enorme pija de la boca para tomar un poco de aire…
En ese preciso momento acabé en un intenso orgasmo, que me hizo gritar. Todos mis fluidos fueron a la boca de Helena. Me desprendí de la gruesa verga que estaba lamiendo y caí hacia adelante, incrustando mi rostro entre los muslos abiertos de mi amiga, dando contra su humedecida vagina…
Estaba muy mojada, con olor a hembra en celo. La probé con la punta de mi lengua, lamí sus labios vaginales y finalmente me comí su endurecido clítoris…

Helena se debatió sobre la reposera con desesperación y tuvo un orgasmo increíble, jadeando y aullando como loca. Entonces sentí unas gotas de líquido caliente sobre mis nalgas: era el semen del jardinero, que tampoco había podido contenerse más.
Giré mi cabeza y vi al chico masajeándose su verga, que seguía tiesa como al principio. Le supliqué que me la metiera por el culo, mientras yo me acomodaba otra vez para que Helena tuviera mi concha al alcance de sus labios rojos.
Pronto sentí un ardor en el ano, mientras el jardinero cumplía mi pedido.

Mi amiga a su vez, comenzó otra vez a lamerme los labios vaginales, haciéndome delirar de placer.
El chico no aguantó demasiado; enseguida tensó su espalda y pude sentir una nueva descarga de semen tibio; pero esta vez dentro de mi trasero.
La sacó y la dejó al alcance de los carnosos labios de Helena, que entonces se puso a alternar lamidas entre mi concha y esa tremenda verga.

Finalmente acabé otra vez y quedé entonces rendida sobre el pubis de mi amiga, que siguió chupando esa pija hasta que el pibe finalmente se quedó sin una gota de leche.
El jardinero subió sus pantalones y se alejó hacia el fondo, a continuar con sus tareas.

Helena me tomó entre sus brazos y nos besamos con mucha ternura y calentura. “Estuvo espectacular…” Coincidimos en decir ambas…

Entonces sonrió con malicia y me dijo, mientras me ofrecía un trago:
“La próxima vez, amiga, yo voy a estar encima de tu cuerpo…”

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