Entregando a Lorena 33

Lorena y yo habíamos pasado un agradable fin de semana en la costa.
Para evitar el pesado tránsito de regreso, habíamos decidido viajar el domingo bien tarde.
Era una hermosa noche otoñal y la autopista estaba casi vacía.
El tanque de combustible estaba lleno, pero después de un par de horas, tuve la necesidad de detenerme para usar un baño.

Nos detuvimos en una estación de servicio en medio de la nada, donde solamente se veía otro auto estacionado. Lorena se dirigió al baño de damas y yo caminé hacia el de caballeros.

Me crucé con dos hombres enormes que salían del baño. Ambos me miraron con cierto desdén, pero continué mi camino sin hacerles caso.

Cuando terminé, abrí la puerta para salir y allí me encontré con una nada agradable sorpresa.
Esos dos hombres estaban allí sosteniendo a mi dulce esposa, que tenía la boca amordazada por un pañuelo y el terror pintado en su cara. Reaccioné intentando golpear a uno de ellos, pero me dieron un violento empujón y terminé cayendo al suelo dentro del baño.

Ambos hombres rieron y entraron llevando a Lorena en volandas entre ellos, sujetándola por los brazos.

Le quitaron la mordaza a Lorena y ella entonces les suplicó que no nos lastimaran y que tenía dinero en el auto.
“Silencio, putita… no nos interesa tu dinero…” Dijo uno de ellos, mientras metía una enorme mano entre los muslos de mi esposa, buscando su entrepierna.
Lorena gimió cuando esa mano llegó a sus labios vaginales, que se veían bien marcados en sus calzas de gimnasia.

“Lo que me imaginaba… tiene la concha bien caliente esta putita…”
Dijo el tipo a su compañero, mientras ambos reían a carcajadas…

Entonces el otro se acercó a mí, que seguía todavía sentado en el suelo y me golpeó nuevamente.
Lorena comenzó a llorar y les pidió que no me golpearan; ella haría lo que ellos quisieran.

Ambos rieron a carcajadas y uno de ellos ató mis manos a mi espalda. Luego se volvieron a Lorena, que ahora temblaba de miedo parada frente a ellos.

El más agresivo le dio una cachetada en la cara y la tomó por la cintura, haciéndola girar de espaldas a él, enfrentando los espejos empotrados en la pared.
Le ordenó que apoyara sus delicadas manos sobre el lavatorio y se preparara para lo mejor…

Lorena hizo lo que le ordenaba y para ello tuvo que inclinarse un poco sobre el lavatorio.
Ambos hombres sonrieron al ver el redondo trasero de mi esposa bien marcado dentro de sus calzas de nylon. El otro tipo se acercó a ella y la tomó desde atrás por sus redondos pechos.

Lorena gimió al sentir esas rudas manos acariciando sus firmes tetas. Pude ver por el espejo que sus pezones se endurecían al instante.

Entonces el hombre de un rápido manotazo, bajó las calzas de Lorena hasta la mitad de sus muslos. Ambos tipos silbaron en aprobación, mientras miraban detenidamente el Redondo culo de mi delicada esposa.

“Ya sabía que esta perra tenía un lindo culo…” Suspiró uno de ellos.

“Vos vas primero, así esta puta puede sentir mi verga después…” Le dijo a su socio, que enseguida se desabrochó los pantalones.
Se acercó por detrás a Lorena y sin decir palabra la tomó por las caderas y de repente se hundió en ella.
Pude ver que mi esposa abría la boca para gritar, pero no pudo exhalar un solo sonido.
Su atacante permaneció unos segundos quieto y luego comenzó a bombear e manera furiosa, hacienda que Lorena se pusiera en puntas de pie con cada embestida.

“Tenías razón, Willy… tiene la concha bien caliente… y muy apretada…”
El tal Willy sonrió y me miró con sorna, mientras su amigo seguía bombeando furiosamente a mi esposa desde atrás.

Desde el suelo podía ver la cara de Lorena reflejada en los espejos. Ya parecía que el dolor inicial había dado paso al placer, porque ya no se quejaba, sino que ahora suspiraba y gemía suavemente…

De repente el tipo que estaba cogiendo a mi mujercita se quedó quieto y gruñó como un oso salvaje, demostrando que estaba vaciándose dentro de la delicada vagina de mi esposa.
Se apoyó sobre la espalda de ella y le besó la nuca, diciéndole algo al oído que no pude alcanzar a oír…

Luego se salió del cuerpo de Lorena y le cedió el turno a su amigo.

Willy me miró mientras sacaba a relucir su tremenda verga. Era realmente enorme y supe que esta vez Lorena iba a sufrir un poco más.

El tipo se ubicó detrás de mi esposa y se volvió hacia mí:
“Le das por el culo a la putita de tu mujercita? Me preguntó sonriendo.

Antes de que yo reaccionara para responderle, Lorena suspiró suavemente, diciendo que sí…

Willy se largó a reír a carcajadas y, frente a mi cara de terror, me dijo que la cogería por la concha, ya que su amigo Daniel la había dejado lista…

Tomó a Lorena por la cintura y sin piedad le enterró esa enorme verga en su humedecida concha. Esta vez mi mujercita aulló de dolor y no dejó de hacerlo durante las salvajes embestidas que le pegó Willy durante un buen rato.

Finalmente el tipo también acabó en esa delicada vagina.
Lorena había sufrido bastante con el embate de esas dos vergas y ella no había podido acabar, a pesar de que algo de placer le habían provocado entre ambos.

Los dos hombres salieron del baño sin decir una palabra. Yo estaba inmovilizado en el suelo y Lorena seguía reclinada sobre el lavatorio. Podía ver el semen de esos dos hijos de puta deslizándose entre sus muslos, manchando sus calzas todavía arrolladas en sus rodillas.
Le pregunté si se encontraba bien. Ella suspiró y contestó que estaba muy dolorida, porque ambos hombres la habían cogido de manera brutal.

Pero también se puso a llorar y me pidió perdón… porque esas enormes vergas la habían hecho gozar como una verdadera perra…

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