En la cocina de mi vecino

Un par de días después de la tremenda cogida que me había dado mi vecino en el ascensor, todavía la concha me ardía.
Víctor había observado todo desde afuera, en secreto y después me había sodomizado con bronca por lo que yo había hecho con ese hombre a escondidas.

Esa tarde estaba sola en casa y ya que hacia bastante calor, me encerré en el baño a darme una ducha refrescante. Al rato pude oír el timbre de la puerta. Me envolví en una toalla y salí para atender.
Allí estaba parado mi vecino, el mismo del ascensor, con su cuerpo fornido y su sonrisa matadora. Cuando me vio envuelta en la toalla alargó su mano por debajo y sus dedos comenzaron a acariciar mi clítoris mientras conversábamos.
Me pidió ayuda porque había decidido agasajar a su esposa esa noche preparándole un rica cena; pero había comprado de todo en el supermercado y no tenía ni idea sobre qué poder cocinar…

Le dije que si sus dedos liberaban mi clítoris, entonces podría vestirme decentemente y subir a su departamento para ayudarlo. Le dediqué una mirada sensual y cómplice, que él entendió perfectamente, pero me dijo que debíamos portarnos bien, porque su tierna mujercita podía llegar en cualquier momento.
Apenas quitó sus dedos de mi vagina, cerré la puerta y me fui a vestir. Por si mi vecino cambiaba de opinión, elegí una falda corta y una musculosa de algodón muy sexy; me puse zapatos de taco alto, por si quería cogerme estando de pie…
A último momento, me quité la tanga de algodón, para que su verga tuviera mejor acceso a mi excitada y humedecida concha.

Cuando golpeé a su puerta me abrió enseguida. La casa olía a comida; a especias, a condimentos, a sabores exóticos y pronto también podría oler a sexo…
Me ayudó a preparar un excelente plato para lucirse frente a su delicada esposa, mientras compartíamos unas copas de vino tinto.
Mi atento vecino brindó por mi ayuda y mi agradable compañía.
Cuando quise acordarme, estaba entre sus fornidos brazos, mientras él sostenía mi nuca y me comía la boca a besos. Luego sus manos bajaron por mi espalda, para acariciar y estrujar mis nalgas desnudas bajo la falda…

Me hizo girar y me arrancó de un tirón la pollera, hundiendo sus dedos en mi concha chorreante, mientras me apretaba contra su cuerpo, sintiendo su verga dura contra mis nalgas…
Me hizo apoyar las manos contra la mesada de la cocina y en un par de segundos sentí su poderosa verga dura abriéndose paso a fondo entre mis labios vaginales.
Le pedí que me cogiera con delicadeza, porque todavía me ardía la vagina después de la última intervención suya en mi cuerpo.
Me dijo que solamente era para lubricar bien su verga; ya que enseguida sentí que intentaba penetrar por mi entrada trasera.
Dolió un poco al principio, pero después mi vecino dispuso de un ritmo parejo de bombeo que me volvió loca de calentura. Su verga entraba y salía de mi ano con mucha facilidad, provocándome el inicio de un tremendo orgasmo.
Después de sentirme acabar, él tampoco aguantó más y finalmente se vació dentro de mi ano. Descansó apoyado sobre mi espalda y luego me la sacó muy despacio.
En ese momento se oyó claramente que la puerta de calle se abría.
Cuando su esposa llegó a la cocina, yo estaba inclinada abriendo el horno para controlar la comida y mi vecino estaba preparando los platos para servir la mesa.
Mi vecina sonrió agradecida por mi ayuda y abrazó tiernamente a su esposo, agradeciéndole la sorpresa que le había preparado.
Me despedí de ellos y en la puerta de mi departamento encontré a mi adorado Víctor; que traía cara de hambriento después de un largo día en la oficina.
Me besó diciendo que mis cabellos olían a especias y que le encantaría una cena bien sustanciosa y a la luz de las velas…
Le dije entonces que debía contentarse con alguna comida de pedido a domicilio, ya que estaba muy cansada por haber estado cocinando toda la tarde para ayudar a otros vecinos…

También le dije que otro ya se había comido el plato principal, pero que él iba a poder disfrutar del postre…
Eso lo entendió perfectamente…

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