En el subte atestado de gente

Esa noche tenía a mi adorado esposo montado entre mis piernas, sintiendo su dura verga deslizándose dentro de mi cuerpo. Me cogía haciéndome sentir mucho placer; me encontraba muy, muy caliente, muy dilatada y humedecida.
De repente Víctor me susurró al oído:
“Estás más caliente que nunca hoy… te dejaste manosear en el subte…?

Sin abrir mis ojos exhalé un suave suspiro y le dije que sí. En ese instante acabé en un orgasmo increíble, mientras comenzaba a describirle a mi esposo lo que me había sucedido durante el regreso a casa.

El subte iba atestado y yo estaba vestida con una falda por encima de mis rodillas. Había sido un día caluroso y, para estar más cómoda, yo me había quitado la tanga antes de dejar mi oficina.
Me encontraba casi pegada a una puerta, cuando sentí que alguien quedaba estampado contra mi espalda. No volteé a ver quién era, pero en menos de cinco segundos comencé a sentir que su bulto crecía mientras se frotaba entre mis nalgas a través del vestido.
Un minuto después ese hombre se animó a pasar su mano por mi cintura y pronto sentí que sus dedos levantaban el ruedo de mi vestido y acariciaban mis labios vaginales. Enseguida me humedecí, lo cual debe haberle parecido al tipo una señal de mi parte para que siguiera adelante. Hundió sus dedos en mi concha y me acarició el clítoris.

Quise girar mi cabeza, pero su mano libre se enredó en mis cabellos y me obligó a mirar hacia afuera por la ventanilla de la puerta. Me quedé muy quieta entonces.
Parecía que se había formado una valla a nuestro alrededor y toda la gente nos daba la espalda; era como si nadie se hubiera dado cuenta de lo que me estaba haciendo ese hombre. Yo no pude más y empecé a acariciar su bulto que estaba duro como roca. Se apartó un poco sin dejar de invadir mi vagina con sus expertos dedos…

Cuando se volvió a pegar contra mi espalda puso su verga dura en mi mano. Era enorme y bastante gruesa. Lo masturbé, pero acabó muy rápido entre mis dedos…

Luego zambulló esa verga dura entre mis muslos apenas abiertos y se movió hacia adelante y atrás, hasta que volvió a acabar fuera de mis labios vaginales. Entonces sacó sus dedos de mi concha y guardó su pito chorreante dentro de los pantalones.
Un instante después llegamos a una estación y el subte quedó casi vacío. Nunca supe cuál de esos hombres me había dejado su semen entre mis muslos…

Al terminar mi relato, Víctor tensó su espalda y acabó dentro de mi concha, provocándome otro orgasmo tan intenso como el anterior. Luego cayó rendido de cansancio por el resto de la noche.

Al día siguiente mi adorado esposo me dijo que pasaría a buscarme a la salida del trabajo y regresaríamos juntos en el subte.
Yo entré por una puerta y Víctor por otra, de manera que pareciera que no íbamos juntos. Había dos tipos recargados contra una puerta que no funcionaba y yo me acerqué a ellos, parándome justo por delante. Quedaba entre nosotros espacio suficiente como para que no tuvieran pretexto de pegarse a mi cuerpo.

Víctor también se acercó y se ubicó entre ellos y yo, a un costado. Yo llevaba una falda corta, que levanté con cierto disimulo, haciendo como que me cuidaba de que nadie me viera. Entonces llevé mi mano directo a mis nalgas y comencé a frotarlas como si me picara la piel…

En la próxima estación Víctor acercó su mano a mi trasero y comenzó a acariciármelo con disimulo. El subte ahora se había llenado, haciendo que la gente se apretara un poco más. Pronto sentí una mano callosa acariciando mis nalgas y supe que no era mi esposo. Miré de reojo por sobre mi hombro y pude ver que uno de esos dos hombres era quien me estaba acariciando.

El tipo me sonrió y le susurró algo a Víctor. Enseguida sentí que colocaba su verga erecta entre mis muslos cerrados. Separé un poco mis piernas para mantener el equilibrio y el mismo Víctor bajó mi tanga hasta la mitad de mis muslos.
Entonces sentí que esa verga intentaba abrirse paso entre mis labios vaginales, que se habían humedecido al contacto. Arqueé un poco mi espalda para que ese tipo me penetrara. La gente alrededor nuestro ni se dio por enterada.

Su gruesa verga invadió mi vagina y el tipo comenzó a moverse muy suavemente, siguiendo el vaivén del subte. Comencé a suspirar muy despacio, hasta que Víctor se movió por delante de mí y me hizo callar comiéndome la boca en un beso profundo.

De repente sentí la llegada de un intenso orgasmo y rompí el contacto con los labios de mi esposo. Solamente el ruido producido por los frenos del subte ocultó un poco el largo gemido que escapó de mi boca…
El hombre enseguida sacó su verga y la guardó dentro de la bragueta, sin haber acabado en mi cuerpo, lo cual me decepcionó un poco y me dejó algo caliente…

Apenas bajamos al andén, se nos acercó un hombre joven, que había presenciado toda la escena. Me preguntó si podía terminar con él eso que había quedado inconcluso dentro del subte. Agregó que había un telo a dos cuadras de allí.

Miré a mi esposo, que sonrió asintiendo con la mirada. Le lancé un beso al aire y tomé la mano de ese chico, que prometía llevarme hasta el cielo en apenas dos cuadras…

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