Ella

Ella era mi compañera de banco en segundo año del secundario. No porque alguna de las dos lo haya decidido: Ella era nueva en el colegio y yo llegué tarde (casi como siempre) y el único banco libre que encontré el primer día de clase era el que estaba a su lado. Yo nunca tuve problemas para relacionarme con las personas. Ayudaba bastante mi aspecto físico, ya que siempre me sentí segura de mi misma por tener un cuerpo llamativo, ser rubia y ser alta. Ella era “rara”. Era bonita, si. Pero se vestía raro, hablaba lo justo y necesario y por lo general gustaba más estar sola que en grupos. Me supo susurrar una vez “Esto es una tortura”, ya que debiamos hacer un trabajo en un grupo de a cuatro. solo ella y yo. Ella vino a mi casa un viernes por la tarde. La idea era que se quedara el fin de semana, aprovechando los días lindos asi realizabamos el trabajo y de paso, disfrutabamos de la piscina. Decidimos relajarnos un poco y ducharnos para luego salir al jardín. Yo entré al baño y me quité la ropa sin mayores problemas. Repito, siempre me sentí segura de mi cuerpo. Pero Ella solo permaneció quieta, habiendose quitado solo la remera. Tenía bonitos pechos. No tan grandes como los míos (ya a esa edad yo ya tenía senos casi tan grandes como los tengo ahora). Yo no entendí por qué, hasta que se terminó de quitar la ropa. Su clítoris era del tamaño de un dedo meñique. Así de grueso. Así de largo. Yo no sabía que podía existir algo así. Y debo confesar que me excitó de una manera increíble. Yo no tenía problemas para manifestar lo que pensaba, nunca. Por lo que le confesé mi curiosidad y mi deseo. Ella no dijo nada. Pero se acercó, aún con la mirada baja. entender que si. Me agaché justo frente a su pubis. Era maravilloso. Mi excitación se incrementó de tal manera, que no pude contener mis manos, y comencé a masturbarme. Ella permanecía allí, inmóvil, sin decir nada. Pero su respiración se hizo intensa. Y eso me puso aún más caliente. De repente, tomó mi cabeza con sus manos y la acercó bruscamente hacia su clítoris. Estallé de calentura. Ella también. Me metí su enorme clítoris en la boca y se lo chupé, tal como si fuera un pene. Ella se excitó inmediatamente. Su clítoris se puso recto y duro. La erección de su clítoris en mi boca se hizo sentir. Sus jadeos, su firmeza al sujetar mi cabeza contra su pubis… Su leve temblor en las piernas. Decidí explorar su concha con mis dedos. Estaba muy mojada. Ni bien le introduje mi dedo anular, un gemido intenso, como un grito ahogado, una descarga magnífica se sobrevino. Soltó mi cabeza. Yo tenía la boca inundada. Me paré y ella me fue llevando hacia atrás mientras me besaba. Lengua cotntra lengua en una danza anal. No hubo juego previo conmigo. No hacía falta: yo ya era una fuente a punto de explotar. Se puso levemente en puntas de pie al mismo tiempo que jalaba mis caderas hacia ella. Nos mirábamos fija y tensamente a los ojos. Estallé de placer. Acabé fuertemente en ese mismo momento. Me agarra con sus manos fuertemente el culo. Me atrae hacia ella. Sentí la penetración mucho más fuerte. Sentí que estaba por acabar nuevamente.

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