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El técnico y la señora

Pleno Agosto y yo trabajando.. venga, que es viernes y este finde me voy de juerga. Pero me queda esta última visita, una señora a la que no le arranca el portatil. Trabajo sencillo, aún me dá tiempo a quedar a tomar unas birras seguro.
– ¡¡Riiiiing!!
– Si, ¿quién es?
– Soy el técnico, vengo por el ordenador.
– Ahh si si suba
Cuando por fin subo al cuarto piso sin ascensor, casi con la lengua fuera y arrastrando el portátil y la mochila, y encuentro a la señora esperándome en la puerta.
¡Que señora! Vaya cuerpo, vayas curvas se intuyen por debajo de la blusa blanca. La falda de secretaria bien ceñida le marca el culo bien firme. Yo si estoy firme ya..
– Buenas, soy Andrés, vengo a ver el portátil..
– Claro cariño, te estaba esperando, menos mal que viniste estaba desesperada con este cacharro.
Me invita a pasar y la sigo hasta una habitación convertida en oficina, encima de la mesa está el aparato que necesita de mi atención. Pero mis ojos van hacia otro lado. Creo que me ha pillado mirándola el escote, tiene dos hojales abiertos por donde puedo ver el negro sostén y algo de carne.
– ¿Ves? Enchufo el cable y ni se enciende la luz.
Se agacha a conectar el transformador, y descubro que debajo de esa prieta falda se hecha en falta ropa interior.
– Ya veo, ya veo..
– ¿Si? Uhm ahora parece que se enciende una luz..
Arranca el portátil. “Ding Dong Ding”, bienvenido a Windows.
– No lo puedo creer, le juro Andrés que traté de arrancarlo mil veces antes de llamarle..
– No se preocupe señora, esto suele ocurrir.. es como que el ordenador se asusta del técnico, nos detectan. – Le digo con un giño.
Arranca a reir a carcajadas. Me encanta su sonrisa. Es una mujer que acabada su jornada necesita el ordenador para comunicarse con su marido, pues el está lejos trabajando en otro país. Me lo cuenta mientras se rasca ligeramente el cuello, dejando ver más esos pechos..Ya no puedo evitarlo.
Ya ella se dió cuenta. Me mira y se las mira. Me mira y se abre la blusa de repente. Vuelve a mirarme, con su lengua recorriendo sus carnosos labios, y yo aprobecho para acercarme a acariciala.
– Hay cariño, no pienses mal, pero soy una mujer necesitada – me dice mientras me quita el cinturón.
– Señora, yo hoy he venido a ayudarla en lo que usted me pida. Si esto es lo que quiere estaré encantado de servirla.
Ya agarró la cola, la saca y con las dos manos la acaricia mientras va cogiendo forma.
Mis manos recorren su morena piel, aunque no tan firme despues de los años, si conserva un agradable tacto y exquisito sabor. Me encanta como huele, la recorro con mi lengua de lado a lado, y meto mi cabeza entre sus pechos.
– ¿Te gustan mis tetas? – me dice, sacándoselas de la copa del sostén – ¿Crees que aún son bonitas?
No me hace falta contestarle, directamente me engancho a ellas succionándo, lamiendo, mordiendo esos jugosos senos grandes y tiernos.
Mi erección ya es considerable y ella lo nota, acerca su boca y besa mi polla con cierta ternura. Poco a poco se va poniendo más lasciva lamiendo de arriba abajo, me tumba y desnuda para seguir con su lengua explorándo mi ano, mientras sus manos siguen arriba y abajo meneando mi rabo.
– ¡Señora que bueno! Esto no lo habia probado nunca. – Le digo mientras le agarro la cabeza, para seguir el ritmo de su mamada.
Tengo que pararla, quiero que se moje como no lo ha hecho en años, y ahora soy yo el que tiene su sexo en la boca. Mientras mis dedos la acarician mi lengua juega con su clítoris, tiene un sabor salado, ya está mojándose.
– Señora,- Le digo entre jadeos, – ¿quiere usted polla?
– ¡Siii Andrés, fóllame cielo, ¡fóllame!
Empiezo restregando mi capullo sobre su sexo, abriéndolo poco a poco, pero ella me agarra del culo apretándome fuerte contra ella, y así la penetro una y otra vez.
Con el calor, los flujos sexuales y los golpes, seguimos hasta caer rendidos y empapados.
– Andrés eres increible, vaya orgasmos me has dado.. – Me dice aún restregando su mano en su coño. – Tienes que volver otro dia.
– Por supuesto señora, pero disculpe pues ya tengo que marcharme, en el trabajo ya sabe.. – Le digo mientras voy vistiéndome.
– Claro Andrés, llamaré para decirles lo contenta que estoy con su servicio.
Nos despedimos con dos besos en la mejilla, muy profesionalmente.
Aún me dá tiempo a esa cervecita. ¡Van a flipar los amigos cuando se lo cuente!

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