El Tanga

Me había ofrecido una habitación en su casa, pues tras el divorcio no me había quedado muy bien económicamente, como para poder costearme el alquiler de un piso. Yo se lo agradecí mucho porque aunque nos unía una amistad de muchos años, convivir era distinto, podían crearse situaciones que enturbiasen esa amistad.

Llevaba ya tres semanas viviendo en casa de Lucia y Pablo cuando una mañana me encontraba en mi habitación, sentado frente a un pequeño escritorio con mi ordenador, cuando Lucia llamó a mi puerta con los nudillos para advertirme de que iba a salir, vale! le conteste yo, si quieres me encargo de hacer la comida, le dije a la vez que ella se marchaba. No! me contesto, ya está hecha, si quieres puedes tender la colada cuando termine la lavadora, que le quedan veinte minutos. OK respondí.

Cuando escuche la alarma de la lavadora, fui para sacar la ropa y tenderla. Eche toda la ropa en un barreño de plástico que tenían para ese fin y me dirigí a una habitación pues era allí donde tendía la ropa, comencé a colgar prendas, había ropa de todos, pero de repente me encontré con un tanga negro que la parte trasera era una especie de mariposa y la delantera era totalmente transparente, yo ya le había viso asomar ese tanga por la cintura del pantalón a Lucia, no pude evitarlo, una tremenda erección me sobrevino, la verdad es que desde el divorcio mis únicas relaciones sexuales habían sido conmigo mismo, no soy partidario de la prostitución y el divorcio me había dejado bastante tocado emocionalmente como para buscar otras relaciones tan inmediatamente, así que andaba bastante necesitado, lo que me llevo a comenzar a masturbarme allí mismo, con el tanga en mi mano tapando mi nariz, y con una excitación desmedida mientras imaginaba a Lucia con el tanga y nada más.

Me encontraba en plena acción, cuando escuche un carraspeo tras de mí, el típico carraspeo que se hace cuando quieres hacerte notar, volví la cara y vi a Lucia mirándome desde el pasillo, mientras yo con los pantalones por los tobillos, mi pene en la mano y su tanga en mi nariz, solo quería que me tragase la tierra.

Lo siento… no he podido evitarlo, fue lo único que acerté a balbucear. No te preocupes me dijo, dándose la vuelta y saliendo hacia el comedor.
Termine de tender, me guarde el tanga en el bolsillo del pantalón y salí de la habitación, no sabía que me iba a encontrar cuando estuviese frente a frente con Lucia.

La verdad es que trate por todos los medios de no encontrarme con ella pero escuché como me llamaba desde el comedor. Me sentía como un niño cuando le llaman para echarle la bronca.

Entré y me la encontré allí sentada en el sofá, con una sonrisa en la cara, y una pose muy relajada, algo que me tranquilizo al instante, me senté en el sillón contiguo al sofá donde estaba ella y comenzamos a hablar, le acabe explicando lo que había ocurrido y como me encontraba desde el divorcio, entonces ella me dijo algo que yo jamás hubiese imaginado, me propuso ayudarme a paliar mis necesidades sexuales, pero que no estaba dispuesta a follar, eso solo lo hacía con Pablo, que no tenía inconveniente en masturbarme e incluso hacerme una mamada, mientras recorría mi pierna desde la rodilla a mi pene por encima del pantalón.

Al cabo del rato me estaba haciendo la mejor felación que me habían hecho en la vida y yo entre el asombro y la excitación del momento termine corriéndome en su boca llenándosela de esperma que se le escurría por la comisura de sus labios mientras ella no dejaba de succionar, a continuación comencé a desnudarla y fui yo quien se empleó en un cunilingus que termino en un intenso orgasmo por su parte, nos arreglamos la ropa y continuamos nuestras tareas como si nada hubiese ocurrido.

Así comenzó una relación en la que menos follar, hicimos de todo, tuvimos sexo oral mutuo, caricias, nos masturbábamos y disfrutábamos como adolescentes, mientras estuve alojado en su casa.

Hace ya tiempo que me marche a un piso de alquiler pero aun guardo en mi cajón de la mesilla de noche el tanga negro del primer día y cada vez que lo veo no puedo evitar una erección inmediata.

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