El inicio de una puta (Fantasía)

Para llegar a casa de la escuela tenía que atravesar un pequeño parque alrededor de las 8 de la noche, tenía apenas 18 años.

Sin embargo, en una ocasión, por entretenerme con mis amigas, pues sabía que mis padres iban a salir a una reunión toda la noche decidí quedarme con ellas un poco más. Podríamos decir que ese fué mi error.

Yo me sentía muy segura, tal vez por las cervezas que me había tomado con mis amigas, o por la juventud no lo sé, sin embargo al llegar al parque sin dudar me metí en él como siempre lo hacía para atravesarlo. Justo a la mitad del camino, en una banca habían 2 hombres tomando unas cervezas, no dí mucha importancia al hecho aunque sentí sus miradas en mí.

Al pasar frente a ellos, uno me preguntó la hora, y mientras veía el reloj con la poca iluminación me distraje lo suficiente como para que ambos se levantaran de la banca y se me acercaran.

Mi distracción costó cara, sin mediar más palabras uno me tomó por la espalda tapándome la boca y poniendo una navaja en mi cuello y me dijo -Pinche putita, como grites o quieras correr te rebano con la navaja.

Yo sólo asentí mientras unas lágrimas rodaban sobre mi rostro.

Entre los dos me llevaron hacia una serie de árboles y matorrales crecidos, con un poco de iluminación pero lo suficientemente privado de la vista de cualquier posible transeúnte. Mientras el que me tenía tapada la boca y agarrada por atrás continuaba diciéndome que pobre de mí si gritaba, el otro con sus toscas manos de borracho albañil me desabotonaba la blusa y rompía mi sostén el cual liberó mis tetas que ya tenían de forma involuntaria los pezones parados listos para ser succionados.

El hombre en cuestión empezó a chuparlos con desesperación, yo seguía llorando e intentaba decir que no, sin embargo mis palabras no se escuchaban al tener la boca tapada.

Este borracho me lamía, mamaba, mordía y apretaba mis tetas de una manera que me empezó a excitar, luego con una de sus manos levantó mi falda y empezó a tocar mi panocha, yo no quería, sin embargo la sensación era demasiado agradable y empecé a gemir de placer. Este hombre le dijo al primero, -mira cabrón si es bien caliente esta putita ya tiene bien mojada la panocha y eso que apenas la he tocado.

El primer hombre me dijo: ¿Es cierto eso?, ¿Ya te mojaste puta?, ¿Te está gustando esto?, yo ya no sabía que decir y entre gemidos asentí, por lo que acto seguido el hombre me dijo, será que quieres verga?, yo asentí de nuevo por lo que soltó mi boca y me ordenó recostarme en el matorral.

Una vez habiendo obedecido, el segundo hombre me quitó las bragas y empezó a lamer mi concha, ahhhh que bien se sentía, el primer hombre me dijo que me levantara un poco, se bajó el cierre del pantalón y se asomó una verga de buen tamaño, y me dijo ¿quieres putita?, ¿Quieres esta verga?, sin más le dije que sí.

Acto seguido me dijo, pues cómetela puta. Al acercar su verga noté un olor no muy agradable y fruncí la naríz, al notarlo el tipo me dió un bofetón y me dijo, -nada de ascos perra, lámeme la verga que está llena de leche y la quiero sacar-, mientras me enseñaba nuevamente la navaja por lo que sin más tuve que abrir la boca y meterme esa verga en ella.

Apenas empezaba, cuando el otro hombre tras tenerme bien mojada de la panocha me metió sus dedos en ella, yo creo que han de haber sido como 3 de un jalón, situación que hizo que respingara un poco del dolor. Al que le estaba comiendo la verga me dió de nuevo un bofetón y me dijo, sin chillar puta, las perras como tú deben aguantar eso y más, mama puta mama bien mi verga. Y yo seguí sus órdenes.

Así me tuvieron lo que me pareció una eternidad mientras uno me metía los dedos en la panocha yo le seguía mamando la verga al otro, poco a poco y aguantando el dolor en mi panocha, el que me metía los dedos anunció con gran alegría que me había podido meter la mano, yo me espanté al escucharlo sin embargo me excitó más ése hecho y comencé a mamar con mayor deleite la verga del otro mientras me corría.

Entonces dijo al que se la estaba mamando, oye cabrón creo que esta puta ya está gozando bastante, ¿que tal si cambiamos de lugar?, y sin mucho preámbulo se cambiaron ordenándome que me pusiera en cuatro patas.

Órale perra, en cuatro patas como debes estar. Y así me puse. El, que ya tenía la verga bien mojada con mi saliva de la mamada que le puse me metió toda la verga en mi panocha empezando a bombear con furia. Mientras el otro me dijo, anda perrita, sácame esta leche que ya siento que se me revienta la verga. Sin más empecé a mamarle la verga mientras aguantaba las embestidas del otro cabrón en mi panocha, a estas alturas ya todos jadeábamos el que me cogía de repente me dió una embestida muy dura y me aventó su leche en mi panocha. Mientras que muy poco tiempo después el que recibía la mamada me aventó toda la leche que tenía en su verga en mi boca al tiempo que me agarraba del pelo y me metía la verga hasta adentro diciéndome, trágatela toda pinche perra no dejes que se te caiga nada.

Hice lo que pude, ambos cabrones traían demasiada leche, podía sentir cómo escurría ella entre mis piernas mientras que el que se corrió en mi boca me decía anda puta límpiame bien la verga. Una vez terminado, el otro le dijo, ahora deja que me la limpie a mí, esta putita está bien buena y caliente.

Mientras le limpiaba la verga al segundo hombre, el primero sacó su celular y nos empezó a tomar fotos de cómo le limpiaba la verga a su compañero, yo intenté esconder la cara pero el hombre me enseñó de nuevo la navaja y jalándome el pelo me dijo, – Nada, nada pendeja te vas a dejar y hasta vas a sonreir órale puta mientras me metía la verga en la boca. No quedó más remedio que obedecer.

Al terminar de limpiarle la verga, el hombre dijo: A ver puta, voy a revisar tu mochilita, y sin decir más la abrió sacando mi cartera y mi identificación. Mira pinche puta ya sé dónde vives, si no quieres perra que ponga las fotos que tomamos en los postes, nos vamos a ver cada sábado en donde yo te diga ¿estamos claros?, para empezar este sábado a las 4pm en esta banca.

Si señor, le respondí.

Mira cabrón -le dijo al otro sujeto- creo que ya encontramos a nuestra perrita ¿cómo la ves?.

Bien buena dijo el otro hombre, se rieron ambos, mientras yo recogía mi ropa y me vestía.

Salí corriendo de ahí, llegué a mi casa y de inmediato me metí a bañar mientras lloraba pues jamás esperé que una situación así me pusiera tan caliente y hasta hubiera disfrutado como nunca lo había hecho, claro no tenía gran experiencia en ese momento.

Finalmente me dormí, pensando ya en el encuentro del siguiente sábado, pero esa será otra historia.

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