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El inicio de una puta 4: El tercer sábado (Fantasí

El resto de la semana me la pasé pensando sólo en lo que iba a acontecer el siguiente sábado, no pude estudiar pues sólo me dedicaba a masajearme las tetas y a meterme los dedos en el chocho.

Para el viernes ya me sentía arder de excitación la panocha no dejaba de chorrear mis jugos y mis pezones no se ocultaban, tarde se me hacía por terminar la semana.

Finalmente llegó el sábado, que emoción no sé que experiencia me espere en esta ocasión, seleccioné para la cita una faldita estampada, una blusa delgadita de tirantes, mis sandalias, salgo de la casa sin calzones y sin brassier rumbo al punto de encuentro.

Esa ocasión el señor ya se encontraba sentado en la banca, Miguel su socio no se encontraba. Me senté y como siempre sin voltear a verme murmuró, sígueme puta.

Sin más fui detrás de él, atrás del centro comercial hay un paradero de camiones, con la mirada indicó a cual debía subir y pagó los pasajes. Con la mirada me guió hasta atrás, al ser terminal de camiones, el camión iba casi vació, el señor se sentó junto a mí y sin decir más metió la mano debajo de mi faldita.

Sonrió un poco cuando notó que no traía calzones. Le pregunté en voz baja, ¿señor a dónde vamos? Y me respondió con un tono seco, vamos a donde yo diga y por el tiempo que yo quiera así que no m*****es con tus preguntas.

A las pocas paradas el camión se comenzó a llenar, me dijo al oído que me levantara y me parara a la mitad del respaldo de su asiento, yo obedecí. Conforme el camión se iba llenando cada vez quedaba menos espacio para moverse. El señor se hizo el dormido y cruzó los brazos, con la mano que salía al pasillo del camión me empezó a sobar mi raja, al ir en un lugar público yo no podía ni gemir ni decir nada así que lo único que hice fue separar un poco las piernas para que me pudiera manosear a su antojo.

No faltó el listito que vió que mis pezones estaban bien parados y aprovechó el apretuje del camión para pararse y pegarse atrás de mí untándome su verga por las nalgas. A cada movimiento del camión yo sentía como su verga iba creciendo y endureciendo. Yo disimuladamente toqué al señor en el hombro e hice una seña hacia el hombre que se me embarraba y el señor lo único que hizo fue decir, hola Juan que gusto verte, lástima que esté lleno el camión acomódate lo mejor que puedas y disfruta el trayecto.

Parece ser que el tipo entendió y de inmediato se me pegó más por atrás y deslizó su mano por entre mis piernas, mi chocho ya estaba más que mojado y el tipo se dedicó a meterme los dedos en la concha. Al poco rato sentí como su verga se empezaba a deslizar por debajo de mi falda buscando ingresar en mi chocho, yo ya estaba tan caliente que lo único que pude hacer fue separar más las piernas para que me ensartara el desconocido.

Dios, que rico se sentía tener la verga adentro rodeada de tantas personas que ni idea tenía que me iban follando. Unos minutos después entre el vaivén del camión el tipo me llenó de mocos el orificio, se salió y le dijo algo al tipo que iba junto a él. Sin más preámbulos intercambiaron lugares y el otro señor comenzó a meterme sin más la verga.

Al poco rato de haber terminado el segundo desconocido el señor se levantó de su asiento y me dijo vámonos. Yo como siempre lo seguí.

Al bajar del camión me dio un pañuelo y me dijo ve atrás de ese árbol y límpiate que seguro se te está chorreando todo entre las piernas pinche puta.

Yo ya no dije nada y obedecí, efectivamente entre la corrida de los dos más mis propios jugos eso era una laguna.

Caminamos por una callejuela espantosa, no había pavimento eran unas chozas de cartón las que habían ahí, el señor me metió a una de ellas. Mientras me decía sígueme, lo cual obedecí.

Una vez dentro, noté que sólo un foco iluminaba la pequeña choza, había un catre al fondo, Miguel se encontraba sentado en una silla junto al catre, el señor me ordenó acercarme y así lo hice.

En el catre estaba un anciano, como de unos 90 años, desdentado y apestoso, el señor me llevó frente a él y le dijo, papá mira lo que te he traído, el anciano volteó a verme y se le iluminaron los ojos. Para que te animes continuó el señor, la traje para que sea tu enfermera el día de hoy, así que alístate que te va a bañar y a atender.

A ver Miguel, ve preparando la tina para su baño mientras voy por unas cervezas y unos tacos. Acto seguido Miguel descolgó una tina ovalada de metal y la fue llenando con agua. Tu putita dijo el señor, desvístete que vas a bañar a mi papá. Obedecí de inmediato.

El señor estaba bajo las cobijas, lo ayudé a levantarse del catre en cuestión. Era una peste la que despedía el anciano que nunca había sentido. Miguel me ordenó que lo desvistiera con cuidado, así lo hice hasta que lo dejé con el pañal que tenía bastante sucio con meados y excremento.

Acto seguido me ordenó que tomara unas toallitas húmedas, le quitara el pañal y lo limpiara, y así lo hice. Su flácida verga casi ni se asomaba entre los huevos, como pude lo limpié y acto seguido me dijo Miguel que lo metiera a la tina y lo bañara.

Con mucho cuidado empecé a bañarlo, con un bote le tiraba agua en la cabeza y lo empecé a enjabonar, en eso llegó el señor y me dijo, déjalo impecable pinche puta o te voy a chingar. Suavemente lo enjabonaba, cuando llegué a su verga con suavidad se la empecé a lavar, me tuve que inclinar sobre la tina y el anciano aprovechó para tomar una de mis tetas con la mano. Poco a poco su verga se empezó a endurecer y a parar, los huevos que anteriormente estaban como pasitas se empezaron a hinchar y empezó a gemir suavemente.

El señor al escucharlo se acercó y le dijo, ¿te gusta papá?, sí respondió el anciano, pues tranquilo que tendremos a la puta bastante rato. Empieza a enjuagarlo puta me dijo el señor y así lo hice.

Al terminar de bañarlo lo levanté de la tina y lo empecé a secar con una vieja toalla, lo llevé al catre y le puse una camiseta, el anciano a estas alturas ya me veía con gran lujuria y le dijo a su hijo, hijo ¿puedo acurrucarme con la puta?, y el hijo respondió, ¿acurrucarte? La traje ara que hagas lo que quieras con ella papá es tu cumpleaños y es tu regalo. Gracias hijo respondió el señor.

A ver puta dijo el padre, siéntate en el catre que tengo ganas de mamar esas tetas como si fuera tu bebé.
Me acomodé en el catre, lo acurruqué contra mi pecho y acto seguido empezó a succionar mis pezones como si nunca hubiera tenido una teta en su boca, sus manos apretaban mis tetas con desesperación y fuerza yo por mi parte acariciaba su cabeza como si fuera un bebé, aguantando las succiones que me daba.

Al mismo tiempo mi panocha se empezaba a humedecer, cuando el vejete se cansó de mamarme las tetas me ordenó que empezara a mamarle la verga, con suavidad inicié mi labor, chupé sus huevos y empecé a lamer la verga desde su base, poco a poco ésta se iba endureciendo, cuando ya estaba bien parada el anciano me tomó de la cabeza y empujó toda su verga en mi boca moviendo mi cabeza la metía y la sacaba, yo me sorprendí pues parecía que el señor ni energía tenía pero para ello agarró buena velocidad hasta que logró regarme toda la leche en la boca.

Después me dijo que quería comer mi panocha así que se recostó en el catre, yo subí a su cara y acerqué mi panocha a su boca, ésta ya escurría jugos al por mayor, el vejete empezó a lamer, chupar y succionar en mi panocha hasta que me corrí. Luego me dijo que le parara la verga de nuevo y que lo montara, así lo hice el vejete disfrutaba de lo lindo mientras su hijo y Miguel observaban desde otra esquina de la choza.

Tiempo después el vejete me llenó de leche la panocha, y quedó rendido, me dijo que quería descansar y mamar teta de nuevo así que me acomodé como al inicio, antes de mamar las tetas me pidió un beso, al ver esa boca desdentada y mal oliente pensé en negarme pero al ver al señor y Miguel las miradas fulminantes no quedó de otra que hacerlo.

El viejo metía su lengua en mi boca era asqueroso, me succionaba los labios me lamía la lengua, yo por mi parte tuve que devolver el beso, pasaba mi lengua sobre las encías y alguno que otro pedazo de diente, era realmente horrible, sin embargo de alguna forma me excitaba.

Acto seguido el viejo se acomodó y empezó a mamar tetas hasta que se quedó dormido. Miguel y el señor me llamaron a donde estaban y mientras el viejo dormía ellos me empezaron a coger. Horas después el anciano despertó y dijo que quería orinar, con la mirada el señor me dijo que tenía que hacer y acto seguido fui con el anciano, lo acomodé en la orilla del catre y le dije que me tirara su meada, y la empecé a tomar, acto seguido se me ordenó que le pusiera el pañal y lo acomodara para dormir.

Así acabó ese sábado, poco tiempo después emprendimos el camino de regreso, como cada sábado, llegué a bañarme y a masturbarme mientras recordaba todas las cosas que habían sucedido en el día.

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