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El inicio de una puta 3: El segundo sábado (Fantas

El siguiente sábado finalmente llegó, como siempre mis padres se fueron y yo sólo esperaba que dieran las cuatro de la tarde. Para la ocasión decidí ponerme un vestido sin tirantes un poco corto y unos zapatos de piso, me pinté los labios y salí a la banca de siempre.

Una vez ahí, a los pocos minutos llegó Miguel, cuando estuvo frente a mí sin detenerse sólo me dijo –sígueme- como siempre sólo obedecí.

Caminó algunas cuadras y yo como siempre iba unos pasos atrás de él preguntándome que sucedería en esta ocasión.

Finalmente llegamos a una casucha y entramos, una vez ahí me dijo siéntate y espera voy a avisarle al socio que ya llegamos, mientras salía de la habitación.

Unos minutos después regresaron ambos, el Señor, me dijo, vaya la puta ya llegó que bien a ver perra quítate ese vestido y los zapatos y sígueme, Sí señor, respondí y acto seguido quedé completamente desnuda y lo seguí.

Llegamos a una habitación donde estaban algunos hombres sentados alrededor de una mesa jugando barajas, todos se quedaron sorprendidos al verme entrar, acto seguido el señor dijo: a ver compadres les traigo algo de diversión mientras jugamos, puta ponte debajo de la mesa y empieza a mamar vergas que para eso te traje mientras seguimos jugando, empieza por mí.

Acto seguido obedecí me metí debajo de la mesa, le bajé el cierre del pantalón y comencé mi labor de mama vergas, cuando acabé con el señor y me tragué hasta la última gota de su leche continué con el siguiente y así sucesivamente, cuando acabé yo estaba muy cansada y la boca me dolía horrores, el señor me dijo, bien puta ahora que has terminado siéntate en esa silla que ahorita terminando esta mano vamos contigo. Simplemente obedecí.

Cuando acabaron su juego, el señor le dijo a Miguel, socio tráete las cosas, segundos más tarde el socio regresó con unas cuerdas y otras cosas. Ahora estate quieta agarró una cuerda y me empezó a amarrar en la silla, primero a la altura de la cintura, cruzó la cuerda por el frente haciendo una equis sobre mi pecho, por detrás de la silla pasó la cuerda y me ató un tobillo a una de las patas de la silla, y después el otro tobillo dejando mis piernas abiertas de par en par dejando al aire mi panocha, la cual ya estaba húmeda.

A ver compadres, vamos a manosear a esta perra para que se ponga a tono, los hombres se acercaron, uno de ellos de inmediato comenzó a frotar mi panocha, unos segundos después se humedecía rápidamente. Otro de ellos me agarraba las tetas desde atrás, apretando y soltando, pellizcando mis pezones, estirándolos y retorciéndolos hasta que se pusieron duros.

El señor mientras tanto se tomaba una cerveza viendo desde el sillón el espectáculo y Miguel se sobaba la verga para hacerla crecer. Una vez caliente, el señor dijo vamos a colgar la silla para que le cuelguen bien esas tetas.

Entre los cinco hombres suspendieron la silla con unas cuerdas, mis tetas colgaban libres el señor le dijo a Miguel que sacara la bolsa de herramientas, al fondo de ella el señor encontró y sacó unas pinzas con unas bolas de metal colgando de ellas, y les dijo a sus amigos que me pusieran una en cada pezón. El peso de las bolas en mis pezones hacía que éstos se estiraran bastante y el dolor era muy considerable, después el señor digo que balancearan la silla, con el movimiento el dolor se intensificaba y yo comenzaba a quejarme y a querer llorar. Situación que fue rápidamente corregida a base de bofetones diciendo que las perras putas no se quejan. A lo que respondí sí señor y aguanté el dolor.

Dejémosla colgando un rato dijo el señor, mientras se sentaban todos a ver el espectáculo y bebían una cerveza. Pasados unos minutos, uno de ellos se sacó la verga para sobársela, el señor le preguntó si estaba ya muy caliente con lo que veía y el otro respondió que sentía que la leche le estaba llenando lo huevos.

Acto seguido, el señor y Miguel decidieron bajar un poco la silla, una vez acomodada le dijeron al señor que con confianza me diera de comer su verga para ordeñarla. El tipo encantado se fue a donde yo estaba y sin más me dijo – a ver puta abre la boca que quiero que me saques toda la leche que traigo.

Yo obedecí y sin más me la dejó ir toda hasta la garganta, yo sentía que me ahogaba, el tipo me agarró del pelo y como la silla se mecía aprovechó para hacer el vaivén de su verga en mi boca, mientras los plomos de mis tetas se mecían para acá y para allá haciendo que me dolieran más. Pocos minutos después me aventó un chorro de leche en la boca, casi me estaba ahogando, el señor me gritó desde donde estaba, trágatela toda perra que para eso estás, y recuerda que debes dejarle la verga bien limpia.

Una vez terminado de ordeñar, el señor se acercó a donde estaba y vió que un poco de la leche se había caído al piso, sin más me dio una cachetada diciéndome que no debía yo desperdiciar nada de leche. Ordenó a Miguel que bajara la silla y me desatara. Una vez libre de mis ataduras pensé que ya había acabado todo, que ingenua me ví.

Acto seguido el señor me ordenó que lamiera el piso para tragarme las gotas que habían caído, mientras lamía el piso mi culo quedaba a la vista de todos, el señor preguntó si alguien quería cogerme mientras hacía la limpieza y uno de ellos aceptó.

Se fue hacia donde yo estaba e inició comiéndome la panocha, mientras lamía el piso aventé un pequeño quejido de placer. El señor no estaba en disposición de que yo estuviera gozando así nada más, por lo que se montó sobre mi espalda, agarró mis tetas estrujándolas muy duro y moviéndolas para un lado y otro las pesas que pendían de mis pezones agarraron velocidad eso me dolió mucho y dejé de disfrutar.

El que me comía el chocho se sacó la verga y me dijo que se la pusiera bien dura para que me la ensartara, le empecé a comer la verga en muy poco rato ésta ya se encontraba tiesa y lista para ser empinada en mi chocho. Sin pensarlo mucho el hombre se colocó atrás de mí y me la dejó ir sin más, no quedó más que imaginar el espectáculo de cómo estaba siendo follada como una perra, el hombre preguntó si debía sacar la verga para echar la leche y el señor dijo, nombre échasela toda para eso está para recibir leche.

Acto seguido el hombre acabó en mi chocho, y se colocó frente a mí para que le limpiara la verga. Una vez dejándola reluciente, el señor me dijo que me acostara para ver como salía la leche de mi panocha, así lo hice, para que después me dijera que metiera mis dedos en ella y me fuera tragando la leche con mis jugos. Yo obedecí, mientras ellos me veían haciéndose unas pajas.

Varios minutos después uno de ellos pidió pasar al baño porque quería tirar una meada, el señor respondió que en ese momento no funcionaba el baño pero que se meara en mi boca, así servía que me pasaran bien los mecos que me acababan de dar. Yo no lo podía creer, ¿no era suficiente lo que ya había sucedido? Pero no contento el señor dijo, aguanta un poco porque con las chelas seguro varios queremos mear, a ver puta camina y vamos al baño me dijo.

Métete a la tina ordenó, una vez dentro de la tina me dijo de rodillas y viendo hacia el frente. Acto seguido le dijo al hombre que me meara la boca, mientras me ordenaba que tuviera la boca bien abierta como un mingitorio.

Luego él se sacó la verga y me meó en la cabeza, Miguel se pasó al otro lado y también me aventó sus meados, el señor me preguntó que si me gustaba, como yo estaba tragando meados del otro solo pude medio asentir con la cabeza a lo que dijo bien puta te estás portando muy bien.

Cuando todos acabaron de mearme, tuve que limpiar vergas de nuevo, ya los tres invitados se empezaban a despedir. Mientras yo me quedé en la tina sin saber qué hacer. Pocos minutos después llegaron el señor y Miguel con unas cubetas de agua helada, sin decir más me las aventaron encima riéndose y diciendo que era para que no fuera apestando el ambiente a meados mientras caminaba por la calle.

Me dieron un trapo sucio para secarme y me dijo el señor que me vistiera, le dijo a Miguel que me encaminara y que estuviera lista para el siguiente sábado.

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