El cine porno

Quiero algo nuevo, no los mismos que siempre están aquí, ya casi a todos los conozco, pero a ti no te he visto, se ve que eres nuevo verdad, ¿Cómo dices que te llamas?, ¿te parece si nos sentamos y platicamos mejor?, bueno, si no quieres pues no, pero aquí todos venimos a lo mismo”El segundo piso alberga la sala de parejas, esta es una leyenda urbana, todos hablan de ella pero son pocos los que pueden decir algo al respecto, y es cierto, es hasta las 8 de la noche cuando comienzan a hacerse las reservaciones, se ubica al fondo de la última sala del segundo piso, es el único cuarto que tiene puerta y en el día no hay acceso a ella, la obscuridad que arraiga al lugar facilita escurrirse hasta esa puerta, pero no se puede abrir.

“Es un cuarto grande, no hay ni camas, solo planchas de cemento, te dividen solo cortinas, pero para poder entrar se necesita pedir permiso, no importa con quien vengas, te sale más barato que un motel, pero ahí ya no pagas 24 pesos del boleto, ya hay otra tarifa, pero va variando”, afirmó un hombre que hizo énfasis en no ser fotografiado ni citar el nombre. Hasta aquí, todo parece de lo más normal para tratarse de un cine el cual como función principal tiene títulos como “Gozo en el pozo”, pero dentro del cine existe un lenguaje, un sistema de signos y códigos para poderse identificar unos con otros, en el día únicamente hay hombres dentro del cine, hasta la noche comienzan a llegar las parejas, pero solo hasta entonces Los expertos y clientes asiduos dan menos rodeos, caminan por la banqueta, doblan en la entrada, saludan, pagan su cuota de 24 pesos, y avanzan, muestran el boleto, y una vez dentro se desplazan como en casa, entrando y saliendo, se acoplan de una manera perfecta con las instalaciones, coordinan el tiempo perfectamente para ver una y otra película a la vez en distintas salas y no perder detalle alguno.
No solo los varones entran a este cine. De vez en cuando, alguna dama acompañada de su “novio” asiste a las inmediaciones del lugar, y compra dos boletos para la zona del primer piso, un área reservada a parejas.
En el Pardavé también es posible ver películas pornográficas de distintas nacionalidades y temáticas. Españolas con nombres como “Más adentro” o “Tetanic”, o producciones gringas enfocadas a públicos con gustos exquisitos: “Poltergays” y “La princesa Nabo, primera trilogía de la amenaza travesti”, ejemplifican muy bien la variedad.

Es común que a los espectadores en este cine se les recomienden no llevar consigo celulares, carteras, relojes u otros objetos de valor, pues con la oscuridad y las “distracciones casuales”, podría haber algún vivo que les robe sus pertenencias mientras los otros retozan.
quien decidió construir un espacio de encuentro en Puebla para miem­bros de la comunidad gay. Tocas el timbre y te dan acce­so, tienes que subir 20 escalo­nes para llegar a la recepción, un joven de cerca de 25 años está detrás de la ventanilla de cristal; más allá, una toalla y otra tela acomodadas juntas, en pares, sobre una mesa. Locker o privado, tú eliges; pagas 70 pesos por el primero o 100 pesos por el segundo. Con cualquiera que elijas, te dan una toalla y la tela que es usada como pareo. Te proporcionan la llave con el número asignado, caminas unos pasos al frente y encuentras el área de lockers, con 100 de ellos en un espacio muy reducido y una banca donde los hombres se des­pojan de su ropa hasta donde se sientan cómodos. Caminas y lo primero que encuentras son dos escaleras; unas en dirección ascendente y otras descendente, pero si sigues tu paso y las ignoras, descubri­rás un área de privados, cuartos con una cama de 50 centímetros por 2 metros de largo. Entre pasillos oscuros, ilumi­nados por una luz azul tenue, lle­gas a la sala de video, 15 sillas de plástico y una pantalla plana conforman el lugar. Una pelícu­la porno gay se reproduce mien­tras seis hombres observan, algu­nos con la entrepierna abultada y los demás masturbándose, sin descaro, en completa desnudez. “Las escaleras que van para abajo son las que resguardan el menor pudor, el camino hacia la derecha te lleva hacia otra área de privados, el de la izquierda te lleva hacia el mismo diablo, se pone muy rico el ambiente, vas a encontrar de todo: fresas, cha­calones, viejitos, mucho chavo joven y sabroso”, comentó Car­los, joven de 20 años, estudian­te de Economía, que visitaba el lugar por quinta ocasión. Sujetos caminan de aquí para allá, toman cerveza y fuman, algunos en toalla, otros sólo con el pareo y otros más en ropa inte­rior o traje de baño. Un jacuzzi es lo primero que se deja ver, alre­dedor de siete hombres están en el interior, tres de ellos se besan, se acarician y hacen movimientos que poco dejan a la imaginación. Frente al jacuzzi, un cuarto; el vapor resultaba, para algunos, sofocante después de un tiempo. “Ya me abro, no aguanto”, dijo un señor mientras caminaba a la salida, a dos más no les importó el calor y practicaron sexo oral en presencia de los incontables espectadores debido a la poca visibilidad del espacio. Casi al lado se encuentra el cuarto oscuro, una recámara muy pequeña en donde si te vas a parar es porque quieres sexo; hombres altos, chaparros, delgados, gor­dos, jóvenes, adultos mayores, con toalla o desnudos… se besan, se masturban, practican sexo oral y, los más despreocupados, pene­tran a alguien más. Al fondo de este piso se encuentran los baños no del todo limpios y las regade­ras sin separación, en donde o te preparas para entrar o te preparas para despedirte del lugar. En el tercer piso están unos camastros y un techo de cristal que permite la entrada del sol; “El Solá­rium”, le llaman. Es la parte más vacía, sólo se ven a dos hombres. “Yo vengo acá porque no hay pena y nadie te juzga, vengo al jacuzzi, al vapor, a ver hom­bres desnudos o semidesnudos, a ver si alguien quiere pasar un rato agradable, porque aunque digan lo que digan, aquí se vie­ne a coger”, aseguró , un señor de 40 años que deja claro que el conservadurismo pobla­no no es impedimento para vivir “experiencias novedosas”, pues a los cines
estas historias las cuentan mis paisanos yo cuando chamaco me la machacaba algunas tardes con conpañeros de secundaria y despues de la prepa y algunas conpañeritas que tanbien por morbo asistian con nosotros y tambien aver como otros cogen el los pasillos de la sala

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