El ascensor fuera de servicio

En el edificio de Villa Urquiza donde vivíamos después de recién casados, cada tanto el ascensor quedaba fuera de servicio. El problema era que ocupábamos el noveno piso y era realmente complicado y cansador subir por las escaleras; en especial durante los días que regresaba cargada con las bolsas del supermercado…

Una mañana me harté al encontrar el ascensor descompuesto y fui directamente a reclamar y quejarme al encargado de edificio.
El hombre era bastante antipático y en general se lo veía de mal genio; siempre hosco y con cara de pocos amigos.

Escuchó pacientemente mi descarga de furia y luego me dijo que no tenía derecho a reclamar nada, ya que Víctor y yo llevábamos un par de meses de atraso en el pago de las expensas. Me puse colorada de vergüenza al reconocer que ese hombre tenía razón y entonces me dijo que era necesario dinero del consorcio para reparar el sistema de engranajes del ascensor…

Ya me retiraba avergonzada y sin decir nada más, cuando el hombre me detuvo diciendo que yo podría utilizar el ascensor, a cambio de un pago directo a él…
Dije que no tenía dinero y él respondió que podría pagarle de otra forma.
Algo curiosa le pregunté cuál sería esa otra manera y me susurró al oído:
“Cada vez que Usted quiera usar el ascensor, tendrá que chupármela…”
Me quedé mirándolo con cara de asombro y le pregunté si se había vuelto loco; pero vi que hablaba en serio cuando su mirada morbosa recorría mi cuerpo de arriba abajo.

Pero el hombre insistió en que lo llamara si quería utilizar el ascensor…

A la noche siguiente, al regresar de la oficina, se me ocurrió pasar por el supermercado y comprar algo para la cena. Al entrar al edificio recordé que el ascensor no funcionaba; así que me dirigí hacia las escaleras, bien cargada de bolsas, dispuesta a sufrir…
La voz del encargado me detuvo:
“Va muy cargada, señora… no quiere usar el ascensor…?”

Mirándolo con una sonrisa burlona acepté su propuesta. Entonces se acercó y me hizo entrar a la cabina. Cerró las puertas y arrancó pulsando el número de mi piso.
El tipo sonrió y me explicó que él había descubierto un pequeño truco con el cual podía hacer funcionar el ascensor, sin tener que repararlo. Pero agregó que nadie lo sabía y que ese servicio era exclusivamente para mí…
Yo lo escuchaba en silencio; esperando que no recordara la propuesta que me había hecho la mañana anterior; pero al llegar al sexto piso, pulsó el botón de parada y mirándome fijo a los ojos, comenzó a desabrocharse los pantalones. No supe qué hacer; pero el tipo había cumplido su promesa; así que ahora yo tenía que cumplir la mía…

Entonces dejé las bolsas en el piso y me puse en cuclillas frente al encargado. El hombre estaba muy bien dotado, a pesar de estar llegando a los sesenta años… Además tenía una muy buena erección, bien gruesa…
Abrí mi boca y tomé su verga, introduciéndola entre mis labios. Comencé a lamer despacio; pero el hombre se impacientó y me tomó la cabeza entre sus manos, obligándome a tragarme toda su gruesa pija dura…

Se la chupé con mucha energía y de repente sentí que mi propia concha se humedecía. Realmente tenía ganas de que me cogiera con todo, pero no quise que el hombre notara mi calentura…

De repente él me detuvo y me hizo incorporar. Pensé que estaba a punto de acabar, pero me equivocaba.
“Levántese la falda…” Me ordenó con un tono de voz bastante hosco…

Me negué, diciéndole que nuestro trato solo era chuparle la verga. Pero el tipo insistió, diciendo que ahora se le antojaba meterme la verga hasta el fondo y yo no podría evitarlo de ninguna manera…

Me sentí traicionada por su falta de palabra y lo amenacé con gritar; pero entonces él se rió a carcajadas, diciendo que ese sexto piso estaba totalmente deshabitado y por lo tanto, nadie oiría mi pedido de auxilio…
Pensé en resistir de alguna manera; pero entonces bajé mi mirada a esa magnífica verga erecta del hombre y me entregué en cuerpo y alma. Necesitaba sentir esa cosa enterrada en mi cuerpo.

Finalmente obedecí sus órdenes: me levanté la falda y corrí mi tanga a un lado. El hombre se acercó con su pija en ristre y me empujó contra el mamparo y se inclinó un poco para penetrarme así de frente a él.
Su verga me invadió sin resistencia y él sonrió al encontrarme húmeda:
“Ya lo ve, señora; Usted estaba queriendo esto…”
“Hijo de puta” Pensé para mis adentros; me encantó la manera como me empalaba su tremenda verga dura.
Realmente lo necesitaba…

El encargado empezó a darme un impetuoso mete y saca bastante furibundo y muy rítmico, mientras ambos sudábamos y nos movíamos al unísono. Su verga entraba y salía de mi concha con mucha facilidad, provocándome gemidos, jadeos y oleadas de placer.
Después de unos diez minutos de cogerme así de pie ambos terminamos juntos, aullando de placer al sentir nuestros orgasmos sincronizados en simultáneo.

Después de acabar, me quité la tanga para no mancharla con el semen que escapaba de mi vagina y se deslizaba por mis muslos. Me limpié mientras recuperábamos la respiración y nuestro puso normal. Luego el encargado puso nuevamente en marcha el ascensor, completando el viaje…

Descendí al llegar a mi piso sin saludarlo; sabiendo que en el futuro, debería dejarme coger por semejante tipo ordinario si quería evitar subir por las escaleras…

Caminé hasta mi departamento muy satisfecha, sintiendo el semen todavía tibio dentro de mi vagina.
Mi adorado Víctor estaba en la cocina, comenzando algunos preparativos para la cena. Sonrió al verme algo agitada y despeinada…
Me dijo:
“Mi amor, subiste por las escaleras… no te dijo el encargado que hoy por fin solucionaron la falla del ascensor…???”

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