EDUCANDO A MI ALUMNO

Por segunda vez le di una ojeada, estábamos en examen de filosofía. Arturo, uno de mis alumnos del secundario evidentemente se estaba copiando. Miraba de reojo para abajo, donde tenía un trencito entre sus piernas o algo parecido. Sus extremidades abiertas y desde el pupitre se percibía un bulto inmenso que metía miedo, – me dio un escalofrío de puta nomas de imaginarme esa cosa adentro de mi cuerpo -. Seguro que escondía algo el muy guacho.

Estaba sentado en el último banco, al final del salón de clase. Con carita de boludo el muchachón o se estaba masturbando o escondía algo entre sus piernas. Me quede absorta contemplando el panorama y mi cabeza volaba, mi libido me traicionaba, cuando empecé imaginarme el tamaño de ese pene.

Martita – no lo podes permitir me dije – me puse de pie y camine entre los bancos, donde estaban los seis o siete alumnos metidos cada uno en su examen, sin que se diera cuenta el copión. En absoluto silencio, me acerque por detrás del joven, me agache un poco y de sopetón le pegue un manotón.

Estaba con la bragueta abierta, así que agarre todo, estrujando huevos, pene y un celular que se fue deslizando hasta el suelo. Quedo pasmado. Su carita denotó un gesto de sorpresa y dolor mientras le apretaba los testículos con fuerza y le susurraba al oído –que tenés aquí guacho copión – un quejido y gimoteo entrecortado por el desconcierto y el sufrimiento, sus ojos se abrieron enormes y se llenaron de lágrimas, por favor profe me duele – llego a decir – perdóneme no lo hago más casi lloriqueando, pero se quedo sumiso a mi merced, como implorando, mientras yo aflojaba la presión un poco.

Me gusto la sensación, sufría, pero la verga despertó amenazante mientras me miraba y yo apretaba suave diciéndole chanchadas al oído, – así que te copias y te pajeas, cochino le decía – amasando aquel pedazo de carne tibio, enajenada por la situación viendo como salía la cabeza que se escapaba de mi mano.

Termine aflojando la presión y acariciando aquella boa mirándola absorta y con deseo que pulsaba a 20 centímetros de mi carita. Me tuve que contener – No Martita, no – para no cometer la macana de llevarla a mis labios, refregarla en mi rostro y que alguien en el salón se diera cuenta.

La acaricie, pasando mis dedos por el glande, agarre el celular del suelo – seguí con él escrito le mandé despótica – y volví para el pupitre, me volaba la adrenalina, todavía sentía la dureza del bulto tibio del guacho en mis manos.

Me pase los dedos por la nariz instintivamente, adoro el olor a pija, ese aroma a feromona de macho, sentí el bello tufillo a pene en mis manos de esa verga dura y palpitante que había manoseado. La frescura de esa edad en que pasas pensado solo en sexo, te sobra leche en el cuerpo que se desparrama y queda en la puntita con restos de cada paja.

No me puede resistir y me metí el dedo en la boca y chupe ese sabor delicioso. Estaba caliente y dueña de la situación que se había dado en forma inesperada.

Apretujé mis muslos para acrecentar el picor que subia de mi vagina y crispé los músculos de mi estomago, no pude oponer resistencia al apetito de pasarme una mano por mi conchita mientras saboreaba mi dedo entre los labios. Me hamacaba en el sillón con movimiento rítmico que me daba un placentero escozor mientras imaginaba a mi alumno siendo mi juégate sexual, un esclavo para mis bajos instintos.

Morocho, de manos grandes, veinte años, unas cejas espesas era un lindo becerro – Tendría experiencia en mujeres? Me dije – Martita hay que averiguarlo me decía mi puta interior, que estaba dominado a la dama patricia y correcta.

Termino el tiempo y lo alumno empezaron entregar los escritos, saludaban y salían del salón. Arturo quedo para el final, se paro y vino hacia a mi cuando salía el último alumno. Estábamos solos él y yo.

Dispense profe, – me dijo todo cohibido, yo sentada en el pupitre – hamacaba mis piernas cruzadas y lo miraba severa. Voy a cavilar si te perdono – le dije – ven luego a mi casa, te doy el celular y te digo que vamos a hacer – sin decirle a nadie, le advertí – sino te tengo que llevar a la dirección, y vas a perder el año, solo entre tú y yo. Le alcance un trozo de papel con mi dirección y le recalque – de tarde a las 5 te espero – . Le di un beso para tranquilizarlo y le pase mi mano por la bragueta, como sin querer, el guacho me miro asustado pero lleno de deseo. Como se quedo quitecito, proveche para comerle la boca con otro beso y mi lengua se introdujo en su boca, ávida de comerlo. Me había zafado y perdí mis estribos. Que puta Martita – me dije – mientras meneaba mis caderas por el pasillo y era un imán para los guchos. Mis nalgas balanceantes y mi sonrisa, es que me encanta excitarlos, me sentía una diosa deseada y estaba zafada.

Regresé a casa muy estimulada, mi madre se había ido con mi hermana todo el día para la Floresta un balneario cerca de Montevideo y estaría sola hasta la noche. Bueno sola no, con el guacho.

En casa, me prepare para recibirlo. A las tres estaba recién duchada, me puse un supositorio de vaselina en la conchita y otro en la cola para lubricarme. Jugué un rato en la cama con mi dilatador para abrir mis canales del placer, prontos para ese bulto que ya pulsaba dentro de mí. Dormite, me toque, me masturbe, adormile un ratito, y me puse en actividad.

Me peine y me vestí con una mini vaquero celeste con vuelitos blancos, tanga roja bien metida en mi rajita y una blusa blanca sin sostén desbotonada para mostrar mis pechos. Un maquillaje ligero y una tiara dorada con florcitas para el pelo y un toque de Carolina Herrera.

A las 5 en punto sonó el timbre del departamento. Yo estaba esperando el semental tomando una cerveza en el living. Me calcé con unos zapatos de taquito blancos que estaban tirados por el suelo y fui a la puerta a atenderlo.

Abrí y estaba el, pasa Arturo, – le dije – con vos dominante, atranqué la puerta y lo acarree del brazo al living zarandeando mis caderas, – el vino sumiso – nos acomodamos en el diván grande. Quieres tomar algo – le pregunte – yo estoy con cerveza, asintió con un ademan y un dale y le serví una jarra con cerveza. Estaba prolijo con unos bermudas verdes y una camisa azul que dejaba ver los pelitos de su pecho. Mmmm delicia, lo saboree como un postre que te llama por su presentación antes de degustarlo.

Me senté con él con las piernas arrolladas en el sillón y empecé a retarlo dulcemente como una madre a un hijo que ha hecho una travesura. Le pase una mano por la espalda mientras él se justificaba y pedía perdón.

Pronto intimamos y se rompió el hielo. Sus ojos se posaban en mis pechos que casi escapaban de mi blusa. Yo provocativa en cada movimiento casi dejaba ver mis pezones rosaditos. Belleza del juego de seducción. Al principio con disimulo mientras yo le susurraba cosas de una manera libidinosa entre risas y reproche por su actitud, después como un torrente inevitable.

Mi falda dejaba ver una generosa porción de mis muslos y cuando me movía de seguro también mi tanguita. Le pase mi mano por el pecho y le tire los pelitos con sensual sonrisa. Su bulto empezó a crecer y me miraba con deseo, ya lo tenía en mi poder. Intento tocarme las piernas pero le retire la mano.

Mando yo – le dije – . Muéstrame eso – señalando su bulto – con un gesto con la cabeza y acariciándole el pelo. Sácala quiero ver lo que tienes le ordene. Quedo suspendido un segundo y yo le desprendí la bragueta, lio como un resorte una verga gruesa y cabezuda. El olor a macho mesclado con mi perfume y la excitación que entre contaba la respiración, me dejo mareada, como fuera de mi tuve que contenerme para no comerla, haciéndome la indiferente. Era una delicia. Pero quería por un rato mandar yo, ser la dominante y no entregarme a satisfacerlo, mucho no me iba a durar me encanta ser pasiva y obediente al placer de mi macho como toda regalona. Todo para mí. Macho joven, bello, de buen estado físico y caliente para mi solita, lo iba disfrutar y ya lo estaba saboreando, se me hacía agua la boca, y tenía todos los sentidos acelerados a flor de piel.

Pajeate para mí – le ordene – la quiero ver crecer. El potrillo empezó a sobar su pija divina para mí mientras me comía con la mirada, yo emprendí a jugar con mis pechos sentada a su lado casi rozándonos, sin poder de dejar de contemplarla. Baile para el sintiendo su deseo al compás de Llévame volando a la luna. Me tire sobre el de rodillas y le ofrecía mis botones, me acariciaba las tetas, las coronas y los pezones sin dejar que el me tocara, apartando sus manos cuando intentaba asirme – Pajeate guchito le decía y lo escupí en la cara -.
Gimoteábamos y nos masturbábamos frenéticamente los dos. Me acosté en el sillón. Aparté mis piernas y le mostré mi vagina rosadita y peladita como un bebe, le pregunte – vos coges papi, verdad, tienes pareja – si me dijo sollozando de deseo sin parar de manosease – no te acabes le grite – porque sentí que se iba a acabar y el bajo el ritmo de la sobada. – Tu novia te la chupa nene, le investigue haciéndome la inocente – no me contesto apenas me deja que se la ponga un ratito. Me imagine la boba desperdiciando ese pedazo – y te da el culito, bebote – pregunte como si fuera obvio que sí, sus ojitos brillaban como un lobo en celo – No, No grito el – sentí que se iba y le apreté la verga para que no se acabara. Nos observamos repletos de fogosidad.

Nos terminamos de desvestir. Me saque la tanga y me separé de piernas en el sillón. Ven – le dije – chúpame la concha. Se puso de rodillas y metió su cabeza en mi vagina. Y le separé los labios mayores para que posara su boca. Pronto aprecié su lengua que halagaba toda. Mmm que goce más bello. Vas a chupar hasta que yo te diga. Sucedió una serie de gimoteos y susurros, el delirante de avidez agitaba su legua, aspiraba sorbía mis jugos, mamaba con ardor, me lisonjeaba, mientras yo con mis dedillos jugueteaba con mi clítoris, y acariciaba su cabeza.

Que deleite…. Mmm… el vigoroso exasperado por mí, se prendía a mis tetitas haciéndome penar, ambos sollozábamos. Lo tuve así casi media hora, pero me dio miedo que se me acabara y perderme su leche en mi cuerpo. La vagina pungente de tanta sobada, y la sensibilidad potenciada al máximo nivel.

Basta -le chille – deseo solo la putita de tu verga en mi concita. – Solo la puntita copión – el poso su mimbro en mi vagina y aguijoneo gradualmente, su fisionomía se desfiguro de regodeo mientras me penetraba, le di una bofetada que lo saco del sopor – te dije que solo la puntita – guarro obedece a tu profe. Apreciaba como mis belfas se abrieron por la coacción de la cresta de su pija, la cabezona se metió en mí y yo, desesperada soporté como desequilibrada el hambre de empalarme.
Dios su cabeza palpitaba y temblaba dentro de mi concha. Sentí como me acababa en una oleada de líquidos que corrían por mi cuerpo eléctricamente como anguilas. Ahora suave, suave, métela hasta el tronco, toda, y no te muevas divino, mi canal se abrió y quede empalada por esa boa bendita. Ahora papito quietito – le musite – que te voy a coger yo.

Comencé a contraer los músculos de mi vagina sintiendo como la apretaba adentro mío, ese cilindro repleto de vida y simiente golpeaba a cada apretujada, ambos tiritamos de placer, abrigaba ese taladro hasta casi mis ovarios, yo acariciaba en cada compresión su arpón, y todo mi ser se desgarraba con sus palpitaciones.

No soporte más, quería y necesitaba entregarme pasiva y atenta a mi macho, codiciaba ser de él y pase en el sopor de dominadora una esclava consentida – eso padre eres mío le susurraba al oído toda por favor- Mmm que placer indescriptible, – eso papito hazme acabar le suplicaba Uyyy … comenzó a mover frenéticamente aumentado el ritmo en estocadas mortales, estábamos al bode del delirio, y el nivel de nuestros gemidos eran gritos de locura hasta que aprecié venir un torrente de esperma que lleno mi organismo. Mmm… Mmm… locura dios, su miembro punzaba y largaba chorros de leche caliente en mi vagina, era yo la que gimoteaba de placer al transitar mi espina dorsal un orgasmo interminable que desfiguraba mi carita. Hay de las gozadoras, hay la vida que te da un semental lleno de bríos.

Cuando se calmó, nos quedamos exhaustos unos minutos abrazados, le debía una buena mamada, me fui a su miembro, delicia, limpie los restos de semen de su falo, y me pue a chupar con placer y desenfreno, pude apreciar la belleza de su pija en mi boca. Ms labios ansiosos colaboraban con la lengua y las succione, pronto irremediablemente se puso dura nuevamente.

Tengo un premio para ti mi bien – le dije – poniéndome de espaldas en el sillón chico, dándole todo mi culito a su vista. Lo ensalive, el como loco se puso a acariciarlo y lamerlo yo trastornada nuevamente, deslizo sus dedo en mi esfínter.

Se amoldó detrás mío, apartó bien mis ancas me salivó para aceitar y empapo su verga dura, amenazante poco a poco se posó en mi aberturita y abordó a forzar para ingresar. Me fui dilatando con un gran deseo.

De un sopetón suave pero sin respiro me ensarto hasta el fondo, se me escapo un baladro de dolencia, las paredes de mi recto la fueron recibiendo Ohoo encanto – Esooo macho le rogué – … .pero aguante el envión de ese barreno adentro mío… Mi esfínter se apartó hasta lo imposible y se coló por mi culito hasta hacerme bramar el cacho del centauro. Que goce de ser sometida así, mi culo se llenó del macho y sus meneos me hacían alucinar.

Toda el brío del semental dragando mi ser, me hacía doblar la cinturita por su peso y la fuerza de sus hundidas, Mmm quedaba como enajenado y eso me hechizaba el macho era mío, apisonaba mis pechos, sobando mis pezones, el me sodomizaba y yo lo disfrutaba. Jamás le habían dado tanto goce y yo lo sabía. Su pija me proveía el picor del deleite y el sufrimiento de ser llenada por el culo, y yo dócil lo dejaba hacer lo que apeteciera. Su verga iba de mi culo dilatado a mi concha en penetraciones hondas y sublimes.

Ingresaba y afloraba de mi colita que quedaba agrandada como una flor en primavera, eso lo enfureció más y más yo estaba en trance de orgasmo una electricidad me recorría toda y me cimbraba las rodillas, hasta que la pija agrietó su cabeza y como una manguera me atiborro el culito de leche caliente que me quemaba por la fricción recibida. Creo que flaquee por unos segundos mientras el orgasmo recorría mi cuerpo, la pequeña muerte y el exhausto se derribaba en el sillón. Nos fuimos calmando con la sonrisa de los bien gozados que fueron al cielo y volvieron…

Fumamos un cigarrillo y nos tomamos dos cervezas acariciándonos, su boa yacía en reposo y me ardía el culo, las mamas y la conchita me había recomido el guacho. Se vistió. Nos prometimos silencio y que teníamos de repetir pronto.

Lo despedí con un beso, en la puerta me dijo que nunca había gozado tanto. Seremos para siempre un buen recuerdo – le dije – . Fui al baño chorreando leche pegajosa y dolorida. Me di una ducha con bastante agua caliente, me puse una crema anestesia y me fui a la cama a esperar a mi mama para cena algo. Aunque ya me había comido el caballo. Maria Marta.

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