DESPUES DEL DEBUT

Unos días después del debut, yo seguía en casa de mi tía, ya que estábamos a punto de irnos todos de vacaciones con el camión a Marmira, como todos los años. Con nosotros venía siempre un matrimonio vecino de mi primo Beto. Ellos eran Omar, que trabajaba en la fábrica de mi familia, su mujer, Lilian, y dos niños pequeños.
Nos fuimos en el camión, debidamente entoldado y con varios colchones en el piso para que todos fuéramos más cómodos o durmiendo. Después de unos días, Omar se tuvo que volver porque se le acababan las vacaciones. Lilian era una mujer muy divertida; siempre hacía bromas y estaba revolcándose con nosotros en la playa o en el mar. Ella tendría unos 28 años o sea, unos 12 más que yo y unos 4 menos que mi primo Beto. Al día siguiente de que se fuera Omar, ella se puso a hacer lucha conmigo y con mi primo Fer (22 años) en la playa; la refregada fue
monumental. Yo en un momento le toqué el culo. Al dejar de jugar, me miró con una sonrisa muy cómplice. Yo no entendía nada. A la noche, Beto le dijo a Celia, su mujer, si quería ir al casino que tenía una corazonada; Celia declinó la invitación y le dijo a Lilian que le acompañara ella. Poco antes de salir, le pedí dinero a mi padre, y me fui con ellos, diciéndoles que me iba a las maquinitas y cuando se me acabara el dinero me volvía a casa. Cuando se me acabó el dinero, en lugar de irme a casa, me fui a la puerta del casino y le pregunté al portero si había visto salir a una pareja que la señora iba con un vestido rojo; me dijo que no sabía, pero que como no había mucha gente se fijaría. Al regresar, me dijo que estaban jugando en una mesa, y le dije si, cuando salieran, les podía
decir que su primo ya se había ido a casa, aceptando el encargo. En lugar de irme a casa, me fui a sentar detrás de un árbol de la plaza que está enfrente del Casino. Como a la media hora, los veo salir y que están hablando con el portero y cuando se van, enfilan en sentido contrario a la casa de la familia. Como media cuadra más atrás y por la acera de enfrente, los fui siguiendo, hasta que llegan al decampado de la estación ferroviaria, que era donde estaba estacionado el camión. Al llegar, Beto abre la puerta trasera de la caja y ayuda a subir a Lilian, cierra la puerta y sube por encima. Yo me acerque sigilosamente y escuché que ella decía “con cuidado, que no se rompa el cierre del vestido que es de tu mujer”; después de un largo silencio, escucho “guacha, como te gusta coger!!” y la voz de ella que dice “que bueno es tenerla otra vez después de tantos días”; gemidos, largos suspiros,
etc., etc.; me fui caminando rápidamente, entré en casa, donde todos dormían y me fui a dormir.
Al día siguiente, todos se van a la playa y Lilian se quedó limpiando porque le tocaba. Estaba con un traje de baño entero, quizás un número menos de su talle, por lo que se le marcaba muy bien el culo y las tetas; yo andaba dando vueltas por la casa y mirando ese espectáculo sin animarme a hacer ni decir nada, ya que era un pendejo.
Le pregunté como les había ido en el Casino y me respondió que muy bien, que habían ganado (¡¡ya lo creo!!) y se la habían pasado muy bien. Después fuimos juntos a la playa y le dije que no jugáramos más a la lucha, porque a mí me calentaba mucho y no quería que mi madre y Celia me vieran así.
Pasaron los años, yo me casé, me mudé e iba muy esporádicamente a la casa de mi primo Beto. Posteriormente, me divorcié y un día fui a tomar unos mates a la casa de mi primo. Allí me enteré que se habían distanciado de Lilian, cuando ésta se había separado de Omar, que dejó de trabajar en la fábrica.
Al salir de casa de Beto, me fui con el coche al otro lado de la ruta, lo dejé un tanto escondido y dando un rodeo, me fui a casa de Lilian; toqué el timbre y al abrirse la puerta, veo a una persona distinta que se sorprende al verme; me toma del brazo y me mete para adentro. “No sabés que hemos roto la amistad con tu familia?” me dice, respondiéndole yo que me había enterado y que por eso venía a visitarla si es que aún vivía allí. Le dije que me alegraba mucho de verla después de casi 14 años sin tener noticias de ella. Pasamos al comedor, me convidó con mate y luego le dije que los años pasan pero ella estaba un poco más delgada y linda. Estaba con unos vaqueros ajustados y una blusa no muy ceñida pero sin corpiño. Cuando me dí cuenta de todo esto le dije “gorda como querés que Celia no te raje de su casa. Siempre vas así vestida?” , entablándose el siguiente diálogo L: “no nene, es que viniste sin avisar, esperá que ya vengo”, Y: “no si no pasa nada, pero siempre te comiste a Beto con los ojos y a veces con otras partes también”, L: “vos estás loco, quién te dijo eso?”, Y: “mirá, un verano en Marmira escuché como disfrutabas del polvo de Beto, en el camión que estaba en el campito de la estación!!; te acordás?”, L (roja como un tomate): “hijo de tu madre, nos espiaste!!”, Y: “sí, porque estaba casi seguro que Beto te hacía los chiches”, L (sonriendo): “o sea que vos fuiste el hijo de puta que destapó la olla?”, Y: “no mamita, pero no hacía falta ser muy suspicaz para darse cuenta”, L: “bueno, eso ya pasó, y vos como estás tanto tiempo?, Y: “bien, me divorcié, me fui a vivir otra vez con la vieja y ahora estoy reponiendo un poco las relaciones que se habían enfriado por culpa de mi mujer y también a las amigas que hace mucho que no veo; porque sos mi amiga, no?”, L: “claro corazón”, Y: “ahora cuando venía del coche para aquí, me acordaba”, L: “donde dejaste el coche?”, Y: “tranquila lo escondí del otro lado de la ruta; te decía que me acordaba de nuestras luchas en la playa y de como me ponías; ahora volverías a jugar conmigo con 42 pirulos, creo?”, L: “porqué nó, si nos la pasábamos bien; esperáme que ya vengo. Se fue a la cocina y yo detrás de ella, puso la pava para calentar más agua para el mate y yo, desde detrás la abracé y le puse las manos sobre el vientre diciéndole, “no calientes más, dejá que ahora caliento yo” y me responde, “pero que le pasa a los de esta familia que viven alzados y me acosan siempre a mi?”. Haciéndome el ofendido me volví al comedor; ella vino detrás mío y me dijo que no me ofendiera, pero le había salido del alma. Le pedí que me lo explicara y se produjo éste diálogo: L: “bueno, ya
sabés que yo me encamaba con Beto, pero ahora venís vos y me acosás, que pasa?”, Y: “yo no te acoso,
simplemente que cuando era un pendejo vos me manoseabas como querías y yo tenía que hacerme el boludo; ahora, ya soy más grandecito e intento tener en mis manos lo que en aquella época quería pero no podía y me la hacías pasar mal; pero Beto y yo no somos toda esta familia”, L: “no, pero Fer, un año, yo estaba limpiando y haciendo las camas, entro, me tiró encima de una cama, me sacó la malla y me violó!!”, Y: “y vos te resististe?”, L: “sí, un poco”, Y: “sí, lo que tardó en ponértela!!”, L: “no me hagas reír”, Y: “no, vos te reís de los nervios, porque parece que, encima, te gustó”, L: “olvidate; bueno, contáme de vos”, Y: “ahora no puedo, me pusiste como cuando me la tocabas jugando”, L: “neneeeeeeeee!!!”, Y: (levantándome y parándome detrás de su silla): “estas tetas son poderosas y me gustaría tenerlas, ahora mismo en la boca”, L: (parándose y dándose vuelta): “sólo viniste a ésto o a saludar a una amiga?”, Y (desabrochándole la blusa y acercando mi boca a sus pezones): “creo que éste es el mejor saludo que te puedo dar después de tantos años y de algunas pajas que de pibe me hice soñando con tu cuerpo”, L: (apoyando su mano sobre mi pija que crecía y crecía): “perdón pero yo no tengo la culpa”, Y: “sí, porque si no hubieras jugado tanto conmigo y no me hubieras manoseado, no me hubiera calentado así, aunque en esta familia somos todos muy mujeriegos”, L: “ya me he dado cuenta”, Y (viendo que todo iba 10 puntos comencé a desabrocharle el vaquero y bajárselo): “que pancita tan fría que tenés”, L: “es que cuando llegaste me iba a abrigar un poco porque tenía frío, pero nos pusimos a charlar y se me pasó”, Y: “mamita, yo te voy a hacer entrar en calor; que mojadita tenés la bombachita!!, te hiciste pis?”, L: “que bobo, hacés reír a las piedras!!”, Y (bajando mi cara hasta su vientre): “pero esto no es una bombachita, este es el calzón que usaba mi abuela!!!”, L (riendo a carcajadas): “no, estas me las pongo para estar en casa porque me son más cómodas”. Le terminé de quitar toda la ropa, ella a mí, y me tomó de la mano y me llevó al dormitorio. Nos sentamos en el borde de la cama y me dio un beso en los labios, yo abrí mi boca y le puse mi lengua en sus labios; ella hizo lo mismo y el intercambio salival caldeó el ambiente. Yo no quería llevar la iniciativa, porque tenía claro que ella era una calentona y me gustaba ver como lo llevaba. Seguimos besándonos y comencé a acariciarle la espalda bajando hasta el culo, seguía por los muslos. En un momento la separé y comencé a pasar la lengua alrededor de sus pezones; comenzó a suspirar profundo y estiró su mano izquierda para tomar mi pija que estaba totalmente tiesa, diciéndome “si sabía que tenías esto hubiera tratado de encontrarte antes” y después “te la voy a comer toda y los huevos también”; yo me hacía el que no me enteraba y seguía haciendo círculos con mi lengua y sus tetas; de pronto, se echo un poco hacia atrás me tomó el brazo y me acostó junto a ella; se inclinó sobre mí y comenzó a besarme, primero, y a chuparme, después, la pija; cada chupadita era más profunda; la cabeza de mi pija sentía que más no podía entrarle, pero ella siguió y siguió, hasta que se metió también los huevos. Me dolía un poco la cabeza de la pija, pero estaba gozando al máximo, mucho más que lo que me había echo gozar Charo, que es mucho decir. Se la sacó de la boca y me preguntó “Te gusta pendejo; aún estoy un poco gordita, pero no creo que muchas minas te hayan hecho una mamada así; quietito que la mamada no acabó” y siguió mamando y metiéndosela en la garganta y a mis huevos en la boca; mi placer era tal, que mi cuerpo se contorneaba saltando en la cama. Se la volvió a quitar de la boca y me preguntó si no me gustaba chuparle la concha, respondiéndole que ella estaba tan activa que no me daba lugar; entonces, se puso encima mio, pasó su pierna al otra lado de mí y sólo lengüeteaba la cabeza de mi pija; acerqué mi boca y mi lengua a su concha súper empapada y comencé por el clítoris, que
sobresalía de esa concha como un pequeño pene; me lo chupé, succioné, me comí los labios de su concha, le
metí dos dedos jugando en su interior y luego de un ratito, me los quitó y me pidió que le acariciara el culo. Me llamó la atención, pero obedecí su orden. Después de un rato, se baja y se sienta encima mío, pero apuntaba mi pija a su culo; un poco desconcertado le pregunté que le pasaba y me pidió que la penetrara por el culo; la bajé, le pedí que se arrodillara y levantara bien el culo y se la comencé a introducir. Los “Ahh” eran cada vez más frecuentes, más largos y más suaves (al principio parecian de dolor). Cuando llegué al fondo, comencé a bombear y Lilian se vino con el primer orgasmo, seguí con más intensidad y después de un rato le dije que le iba a dejar la leche en el culito; me lo agradeció con otro orgasmo, poco después de que acabara. Se echó hacia adelante y se puso boca arriba y me dijo “nunca me había cogido nadie por el culo, pero no podes hacerme nada por la concha porque estoy en período de fertilidad y no quiero sorpresas, porque estoy haciendo un tratamiento en el Hospital Universitario y no quiero salirme de las instrucciones. Siempre quise saber como era que te rompan el culito, pero me daba vergüenza pedirlo y siempre me quedé con las ganas; pero un día me compré un consolador y me lo rompí yo solita, así que ya ves, podés decir que le quitaste el virgo del culo a la gorda”. Me quedé de piedra y le pregunté si su enfermedad era curable y/o contagiosa, diciéndome que el tratamiento dura más o menos 6 o 7 meses y no es contagioso. Luego me dijo que nos vistiéramos, porque quizás Omar trajera a los chicos o a lo mejor éstos venían en el ómnibus. Nos vestimos, nos fuimos al salón, charlamos un rato y
quedamos en vernos en la Ciudad cada vez que ella fuera al Hospital Universitario, esperando que no coincidiera con el período fértil, así nos podíamos ir al telo de Don Harry, que estaba casi al lado y echarnos unos tiritos. La primera vez que fuimos, me hizo otro sólo de clarinete, que al decirle que me iba a hacer acabar, paró, sólo me acarició y la penetré llenándola de leche; cerró la concha y las piernas de tal manera que me la tuvo dentro un largo rato, hasta que revivió y nos echamos un segundo acto. Apoteósico. Cuando terminó el tratamiento nos dejamos de ver. Varios años más tarde nos volvimos a ver en el entierro de Beto.
Todos lloramos mucho, pero Lilian, que estuvo presente de bastante lejos, creo que se quedó sin lágrimas por mucho tiempo.

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