Daniel

Entré al internado cuando tenía 18 años. Ingresé a cuarto año y en el curso éramos 25 ó 30 muchachos. En el grupo hice varios amigos y allí estaba .

tenía muy buena relación con todos, siempre estaba de buen humor. Era fácil saber dónde estaba, su risa, su cabello rubio ondulado y sus ojos azules sobresalían siempre.

Le gustaban los deportes, particularmente el fútbol en el que era muy bueno. Tal vez por eso tenía el cuerpo muy bien formado para su edad. Pude observarlo varias veces en las duchas al regresar de las prácticas, unos pectorales, vientre y piernas muy definidos, buena espalda , lindos brazos y un hermoso trasero.

No tardamos en hacernos amigos y en compartir largas charlas. Me gustaba su compañía y empecé a fantasear con él.

Un buen día tuve que ir a buscar algo a las habitaciones y decidí utilizar los sanitarios que estaban al fondo de las mismas. Al entrar me enfrenté con la puerta de los vestidores y en un impulso la abrí. Allí, colgado en una percha estaba el suspensor que utilizaba en las prácticas deportivas. Como hipnotizado tomé aquél trofeo y me metí en un sanitario. Me desnudé completamente y me coloqué el suspensor. Mi excitación era tan grande al tener sobre mi cuerpo aquella prenda, al sentir mis bolas y mi sexo donde habían estado los de él que tuve una erección impresionante. Me masturbé pensando en y derramé una gran cantidad de semen. Ya más tranquilo volví a vestirme, dejé el suspensor en su lugar y regresé con el grupo.

Con el tiempo esto se me hizo costumbre, nadie notaba mi ausencia y podía tener un desahogo a mis impulsos.

Llegué a acostumbrarme de tal manera que un buen día olvidé cerrar completamente la puerta del vestidor, ya me había desnudado y me había colocado el suspensor, no sentí entrar a nadie…pero cuando giré el cuerpo allí estaba .

Me sentía muy avergonzado, no sabía qué decir, era evidente lo que estaba haciendo y no tenía idea de cuál podría ser su reacción.

Pero sonrió, me tomó de la mano y me invitó a que fuéramos a las duchas. Entramos en una de ellas, cerramos la puerta y él también se desnudó. Yo me quité el suspensor, abrimos la ducha y nos abrazamos bajo el agua tibia. Nuestras bocas se juntaron en un beso caliente, apasionado. Nuestras lenguas exploraban nuestras bocas y se entrelazaban. Nos acariciamos con deseo y ternura. Nuestras vergas estaban durísimas y nos excitaba mucho sentirlas en contacto al abrazarnos.

Allí, bajo la ducha nos masturbamos mutuamente y extendimos cada uno su semen sobre el pecho del otro. Volvimos a abrazarnos, acariciarnos y besarnos. Nuestra excitación volvió a crecer y volvimos a acabarnos así abrazados.

Nos limpiamos, secamos y vestimos mientras nos decíamos cuánto nos habíamos deseado. Nos sentíamos felices, llenos de placer.

Regresamos con el grupo sin que nadie notara nada.

A partir de entonces comenzamos a hacer nuestras escapadas varias veces por semana. Fuimos descubriendo nuestros cuerpos y la manera de proporcionarnos placer.

Así estuvimos el resto de ese año y todo el año siguiente, hasta que al terminar la secundaria debimos separarnos.

, han pasado muchos años, pero donde quiera que estés quiero que sepas que jamás te olvidé ni a aquellos hermosos años del internado.

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