Convenciendo a la vecina part 1

Cuando llegue a vivir al barrio, de inmediato mi mujer se hizo amiga de nuestra vecina, y por ende también se creó una cierta amistad entre yo y su marido. Era habitual que compartiéramos entre ambas familias, éramos de la misma edad, todos de treinta y algo, misma situación económica, hijos de edades similares etc.

Pedro, su marido era un buen tipo , muy callado, algo tímido, por lo que conversamos siempre fue de pocos amigos, poca vida nocturna, pocas novias. Comparada su vida con la mía, éramos completamente distintos, yo por el contrario echaba de menos mi vida nocturna, la bohemia, mis mujeres etc. Físicamente también éramos muy distintos, yo soy alto y delgado, mientras el bajo y gordo, de lentes.

Su mujer, Maricela, mi vecina, también era muy parecida a él, en su vida juvenil. Mujer de muy pocos novios, muy controlada por sus padres, colegió de monjas, aunque de carácter muy distinto a el, mucho más sociable, conversadora y claramente dominante en esa relación. En muchas juntas que tuvimos y conversamos de nuestras vidas, como nos conocimos etc , ella decía que no había salido mucho a fiestas , que Pedro había sido casi su único novio, que no habían disfrutado mucho de su juventud , porque cuando estaban estudiando, ella quedó embarazada y tuvieron que casarse, luego llego su hija, y ya la vida matrimonial, luego el segundo hijo etc.

Mi vecina, físicamente era muy distinta a mi mujer. Era alta, pelo negro, ojos verdes, corpulenta , algo gorda pero sin exagerar, buenas tetas, pero lo que si sobresalía de sus características físicas, era un gigantesco culo, enorme, carnoso, que era imposible dejar de mirar, seas hombre o mujer. Unas caderas fenomenales, anchas a decir basta que eso la hacía lucir más gorda. Muchas veces conversamos con mi mujer respecto del culo de Maricela, y que según había confesado a mi mujer, era un trauma que la acompañó toda su vida, problemas con su ropa, tener que ajustar siempre sus pantalones, no bañarse en verano en la playa etc. Se sentía acomplejada de su “mega culo”, hasta que ya maduró y dejo de ser tema para ella. A veces a mi mujer, que no era para nada gorda, subía algo de peso y yo la m*****aba diciéndole que el culo se le estaba poniendo como la vecina , bromeando.

Mi mujer nunca pensó que una mujer de esas características podría llamarme la atención, pero estaba completamente equivocada. Me calentaba en extremo el gigantesco culo de mi vecina, me la imaginaba en cuatro patas, con toda esa carne para saciar mis morbosos deseos, en especial cuando compartíamos en su casa y se me pasaban algo las copas, lo admiraba a distancia, oculto de los ojos del resto.

Era habitual que el día sábado tiráramos una carne a la parrilla, en casa de ellos y que conversáramos y bebiéramos, donde a mí, ambas mujeres, me culpaba por ser una mala influencia para Pedro con el trago, ya que con pocas copas, mi vecino se embriagaba, mientras yo tenía mucha más resistencia pero todo en armonía.

Mi mujer nunca fue buena para trasnochar, y se marchaba temprano a nuestra casa, dejándome con los vecinos contando mis mil historias de salidas, bromas, peleas, aventuras etc, que ambos escuchaban con atención, muy distinta a sus vidas y se reían de mis aventuras de toda índole. Era ahí donde Pedro, pasándose de copas, a veces se quedaba hasta dormido, donde mi vecina, no le decía nada, solo se burlaba de él, incluso en dos ocasiones tuve que ayudarla a acostar a su marido que no se podía el cuerpo.

Una noche de esas , mi mujer ya en casa , Maricela lavando los platos en la cocina y yo con mi vecino en el patio de su casa, ya borracho, con los ojos perdidos, moviendo la cabeza de atrás hacia adelante, da vuelta un vaso sobre la mesa del patio. Me levante y le dije que iría a buscar algo para limpiar, entrando a la cocina, viendo a mi vecina con ambas manos en el lavaplatos y su enorme culo en un ajustado jeans (imposible que no le quedara ajustado). En un segundo planee lo que pasaría. Me acercaría por detrás y me refregaría contra ella al momento de sacar el paño que estaba a su lado, tan solo unos segundo mi verga estaría en contacto con esas carnes que tanto me calentaban. Así lo hice, diciéndole lo que había pasado y lo que venía a buscar, me coloque tras de ella, le coloque la mano en su cintura, tocando el comienzo de sus nalgas y presionándome contra ella, en un movimiento que tendría que haber sido más rápido si hubiese sido casual, sin embargo fue un poco más prolongado y ella se dio cuenta. Cuando salí por la puerta, me di vuelta y ella me estaba mirando sonriendo, en clara señal que le había gustado lo que había pasado.

Esa noche no paso nada más, luego de un rato, me fui a mi casa, despidiéndome como siempre con un beso en la mejilla, pero su mirada algo me decía.

Fue el lunes, cuando estando en mi oficina, ella me escribe por el MSN, saludándome. Una vez habíamos intercambiado un correo de bromas y de ahí a veces me escribía, pero solo para saludarme o preguntarme algo puntual. Esta vez fue solo una conversación casual, que se prolongo mucho más rato. Me mando unos chistes, yo le devolví otros. A veces mandaban alguna broma, pero ese día mando varios, converso más de lo normal. Lo mismo pasó el martes, incluso uno de sus correos de chiste, venia uno con un carácter algo erótico y luego en la conversación, algo me decía que me estaba coqueteando. El miércoles, nuevamente yo en mi oficina, me escribe saludándome y me pregunta si le puedo hacer el favor de conectarnos por webcam , porque había chateado con su hermana que estaba España y no habían podido verse y quería saber si era la cámara de ella o la de su hermana con el problema. Le dije que no tenía cámara en el Pc de la oficina, pero que la colocara de todas formas. Era como una colegiala ingenua coqueteando con el chico que le gusta, no le creí lo de la cámara, seguramente se quería mostrar para insinuarse . Eran las 10 de la mañana, ella no trabajaba, estaba sola en casa, era la señal que estaba esperando para ver si efectivamente mi vecina quería algo conmigo.

Encendió la cámara y tal como lo pensé, sin bata, solo con una camisa de dormir, pero se notaba que se había pintado los labios y se había arreglado el pelo, no era algo casual. Le dije que se veía bien la imagen, pero que mejor se levantara y se diera una vuelta para comprobar que efectivamente estaba bien la cámara

– ¿me ves bien?

– no tanto, a ver, por que no te paras y te das una vuelta para ver si la cámara funciona correctamente

– ja ja …. eres un fresco .. ja ja

– ja ja … es solo para comprobar que la cam funciona bien

– ¿estás con alguien en tu oficina?

– no, tengo una oficina para mi solo

– ¿así? … ( levantándose y dándose una pequeña vuelta , para volver a sentarse de inmediato riéndose)

– mmmm se ve muy bien vecina ( colocando un icono del monito con la lengua fuera)

– ja ja ja .. que fresco!

La verdad que se veía deliciosa en esa corta camisa de dormir, sus grandes tetas y su enorme culo, me dejaron muy caliente y dejando de lado el trabajo me dedique a chatear con ella. Ambos mostrábamos evidente interés, se notaba en su cara, siempre sonriente, dejándome ver solo el comienzo de sus pechos.

– ¿mucho trabajo?

– no, casi nada , estoy tomándome un café chateando contigo

– eso me hace falta, un café .. ¿me esperas un segundo un segundo porfa?

– ok

Se levantó y caminó muy sensualmente dándome la espalda, sabía muy bien que yo la estaba mirando, moviendo su culo hacia la puerta, incluso deteniéndose a recoger algo. Salió del cuarto y al rato vuelve con un café, quedándose de pie un minuto, como algo casual cerca de la computadora, para que la viera casi de cuerpo completo. Yo no perdía la imagen de mi culona vecina en camisa de dormir, mostrándose ingenuamente para mí. Le volví a decir que se veía muy bien en camisa de dormir y ella me respondió colocando “ ja ja ja , con un icono cerrándome un ojo. Continuamos chateando y ella no desconecto la cámara. Levantándose en varias oportunidades para ir al baño o que estaban tocando la puerta, excusas solo para calentarme más de lo que estaba.

Era evidente, que esa ingenua mujer, de colegio de monjas, fiel y abnegada esposa, le estaba pasando cosas conmigo. El sábado en la noche, nuevamente compartimos en el patio de su casa, la misma rutina de siempre, los 4 compartiendo unos tragos, conversando, mi mujer cerca de las 1 de la mañana se retira , quedamos los tres , ya con Pedro en notable estado de embriaguez. Me había preocupado de mantenerle siempre lleno el vaso, cosa que fuera como esos días que queda borrado, cosa que no me costó mucho. Marisela esa noche estaba muy bonita. Se había arreglado quizás más que de costumbre. Usaba un vestido blanco, holgado, que hacía que sus anchas caderas se vieran exquisitas. Toda la noche me prestó más atención, se reía mas, me atendía más. Cuando ya conversábamos casi los dos, porque Pedro se estaba quedando dormido, le dije que me prestara el baño. Me dijo que sí, pero que ocupara el grande que el otro estaba algo desordenado. Me acompañó , caminando delante de mí como si yo no supiera donde estaba el baño, dejando a su marido casi durmiendo en el patio. Movía su culo de lado a lado, dándome una perfecta visión de sus grandes nalgas. Apenas llegamos a este, la empuje hacia adentro y tomándola de la cintura, la besé. Mostrándose sorprendida por unos segundos, se entregó al beso, sintiendo casi de inmediato, como su vecino bajaba las manos hasta se generoso trasero y se lo apretaba con todas sus fuerzas, restregándose contra ella.

Fue un beso por ambos deseado, rico, jugoso. Ella solo me abrazaba, mientras yo me deleitaba agarrándole su enorme culo, atrayéndola fuertemente hacia mí, para que sintiera como me tenía. Lo corto, quiso salir, pero no la deje, nuevamente la bese diciéndole que su marido estaba borrado y continuó besándome por unos pocos minutos más, ya luego escapándose del baño. Caminamos por el pasillo, ella delante mío tratando de escapar. Poco antes de entrar a la cocina, la tomé por detrás y la apreté contra mi cuerpo, agarrándole las tetas y besándole el cuello. Quería salir, me pedía en silencio que la soltara, pero disfrutaba el contacto de mis manos sobre su robusto cuerpo y de ver y sentir como me tenía.

Llegamos al patio, su marido fumaba con su mirada perdida, sin saber que solo un minuto antes, habían manoseado a su mujer por todos lados. Conversábamos de cosas sin importancia, en las que el casi y nada participaba. Quise volver a repetirlo, le hacía gesto a ella y señas para que se entrara nuevamente a la casa, pero solo se reía y me movía la cabeza, diciendo que no. A las finales me tuve que ir. Ambos me acompañaron a la puerta, el a duras penas. Solo con un beso en la mejilla de despedida, pero ya había dado un importante paso. El lunes seguramente nos hablaríamos por internet y concertaríamos una cita para concretar lo que habíamos iniciado.

El lunes vi cuando se conecto, yo estaba ocupado con mi jefe, por lo que tuve que salir un rato de mi oficina y no le pude hablar. Ansioso volví a mi escritorio, pero no me había hablado. Le escribí yo, se demoro mucho en contestarme, hasta que lo hiso. Estaba extraña, no tan conversadora como la semana pasada y cuando le toque el tema me dijo que había sido una locura, que no podía volver a suceder. Que debíamos tenerle respeto a nuestras respectivas parejas, que no podíamos arriesgar nuestros matrimonios, en fin salió su lado religioso. Quise convencerla, pero no hubo caso, es más, me dijo que lo mejor era evitar conversaciones, se despidió y se desconecto.

Hasta ahí quedaron mis sueños de tener ese enorme culo para mí, pero dentro de todo, tenía razón, vivíamos muy cerca, el contacto era casi a diario, ella muy amiga de mi esposa, y Pedro, su marido me caía muy bien, por lo que dejaría las cosas así.

Pero el día martes, nuevamente me saludó y empezó a conversar conmigo. En ningún momento yo le insinué algo de lo ocurrido, hasta que luego de un rato, fue ella la que toco el tema y me confesó que no había podido dejar de pensar en lo que había o hubiese podido pasar. Me confesó que si había sido infiel a Pedro en su noviazgo de adolecente, pero que solo habían sido unos besos, no hubo sexo y luego de casarse, solo conmigo. Que se sentía muy atraída por mí, que le daba miedo que nos fueran a pillar, pero que a la vez deseaba juntarse conmigo en otro lugar, según ella solo una vez y de ahí nunca más. Obviamente le dije que sí, que me moría de ganas por estar con ella a solas , en un lugar donde no nos interrumpiera nada , y que estaba de acuerdo con su proposición de que fuese solo una vez y que prometía no volver a m*****arla.

También me confesó que Pedro había sido su segundo y último hombre (sexualmente hablando) , que el primero fue un novio de la niñez, que no tenía mucha experiencia y que le daba miedo , que con su inexperiencia , su poco mundo, contra mi mucho camino recorrido y muchas mujeres en mi lista , no le fuese a gustar ella en la cama. Obviamente le conteste que no era tanta la experiencia y que no haríamos nada que ella no quisiera.

Acordamos que el encuentro sería el jueves. Ella tenía reunión en el colegio de su hija, que no asistiría y que de paso le daba unas horas más, ya que antes lo había hecho de ir, después de la reunión a tomarse un trago con algunas de las otras mamás por lo que su esposo no sospecharía. Estaba muy nerviosa, planeaba donde dejar el auto, que no me pusiera perfume que la fuera a delatar, que yo tuviese una buena coartada etc, hasta que llego el día. A la hora señalada, por donde había planeado dejar su auto llegue cuando ella justo estaba estacionando. Rápidamente se bajo del auto y camino hacia el mío, subiéndose y pidiéndome que partiera de inmediato. Estaba muy nerviosa, se reía y me decía que pensó 100 veces antes de hacerlo, que incluso había pensado en llamarme y cancelar la cita. Ya había enfilado a las afueras de la ciudad donde estaba el motel que había seleccionado para comerme a la culona de mi vecina. Como un caballero le dije que si quería, a pesar que me moría de ganas de estar con ella, lo dejáramos hasta ahí, pero ella cerrando los ojos y tomando aire, me dijo que continuáramos.

Ya dentro del cuarto, mientras ella caminaba como león enjaulado por el cuarto, riéndose, en extremo nerviosa, yo acostado en la cama, ordenaba dos tragos. Cuando llegaron le pasé uno a ella, la que me pidió también un cigarro ( ella fumaba muy poco ) caminaba fumando y tomándose el trago, diciéndome lo nerviosa que estaba, mientras , yo fumando y bebiendo mi trago, admiraba su culo, tremendo pedazo de raja que se gastaba mi vecina y que esa noche sería mío. Pensaba en como la pondría, como le comería las nalgas, todas las cosas que le haría, ojalá que fuera caliente.

Le hice sentarse a mi lado, se reía nerviosa, jamás nunca había sido infiel a su marido casada, menos con su vecino. Le di un suave beso, el que tímidamente respondió. Le saque el vaso de la mano, la recosté sobre la cama y la bese nuevamente. Se notaba que el tema de la infidelidad era muy importante para ella. A pesar de estar ya ahí y que sentía deseos, no podía dejar de pensar en su marido y en el pecado que estaba a punto de cometer.

Muy calmadamente , para no asustarla , la seguí besando, acariciándole el pelo, bajando la mano hasta la cintura, sintiendo como se estremecía con mis caricias, hasta que baje hasta sus enormes nalgas , esas increíbles nalgas que me tenia loco, acariciándoselas suavemente, recorriéndolas , palmo a palmo comprobando el tamaño de sus dimensiones. Nada precipitado, hasta que comencé a sentir unos leves suspiros. Comencé a besar su cuello, y lleve una mano hacia una de sus tetas, apretándosela por sobre su ropa. Poco a poco fui desnudándola, primero soltando su blusa, luego besándole los pechos por sobre el sostén, mientras mi mano acariciaba su sexo por sobre el pantalón. Ella de espaldas en la cama, con sus brazos hacia atrás y sus ojos cerrados me dejaba actuar, sin hacer nada.

Le quité por completo su blusa, dejando sus ricas tetas de muy buen tamaño, desafiantes atrapadas en un sostén de encaje blanco. Le desabroche el broche de su pantalón y le baje el cierre, de inmediato le metí la mano dentro de este, acariciando suavemente su intimidad, sintiendo como se estremecía, para pasar luego mi mano bajo su calzón, encontrándome una abundante pelambrera, de pelos muy suaves, los que acaricie sin dejar de besarle los pechos y luego bajar un poco más, hasta sentir sus gruesos labios vaginales, sintiendo sus espasmos al sentir una mano distinta de la de su marido acariciando su parte más intima.

Suavemente se la toque, sintiendo la humedad de su sexo, gustoso de las caricias que mis dedos le daban, mientras la volvía a besar, sin dejar de dedearla.

Volví a atacar sus pechos, metiendo la mano bajo la espalda y con un rápido movimiento, en base a mis años de experiencia, en un segundo solté su sostén, dejando expuestas dos hermosas y grandes tetas blancas, algo caídas, con unas aureolas grandes, de pezones enormes de color rosados, que de inmediato fueron a parar a mi boca, chupándoselos fuertemente, y volviendo mi mano a su sexo.

Le devoré las tetas, se las chupe fuertemente, restregando mi cara contra ellas, manoseándoselas a mi antojo, sintiendo como eso le gustaba. Pero ya estaba bueno de preliminares, ahora iba por lo que me interesaba. Acostado a su lado, trate de bajar su pantalón, pero por el tamaño de sus nalgas y sus anchas caderas fue una misión imposible. Me paré delante de la cama, logrando con gran esfuerzo traspasar la barrera de sus nalgas, pero el pantalón quedo en sus gruesas piernas. Los tome de la parte de abajo y los tiré fuertemente, logrando al fin sacar esa prenda, mientras ella, con sus manos se tapaba la cara llena de vergüenza al verse así, tan expuesta ante su vecino.

Al fin con el pantalón en mis manos y mi vecina con sus piernas juntas, evitando que se le viera su sexo. Suavemente se las abrí, admirando lo que estaba a punto de comerme. Usaba un coqueto calzón, quizás no muy pequeño, pero entre sus gruesas piernas y tremendo culo, se veía diminuto. Me quede unos segundos admirando sus piernas gruesas, y su ropa interior que seguramente había sido elegida con especial cuidado para esa ocasión, viendo como a través de esta, el grosor de sus labios vaginales se marcaban perfectamente a través de la tela. Me saque todo lo que me quedaba de ropa, quedando desnudo delante de ella, con mi verga lista para lo que se venía.

Me abalance sobre ella, besando sus piernas, desde abajo hasta arriba, olor osando su sexo, sintiendo el olor a hembra caliente que de él emanaba. No pase por ahí sin darle unos besos en su vulva por sobre la tela, pero luego continué besando su estómago, sus tetas hasta quedar completamente sobre ella. Nos besamos por largo rato, alternando mis besos entre sus labios y sus tetas. Siempre con mi mano recorriendo todo su voluminoso cuerpo, especialmente su enorme y exquisito culo. Me coloque a su lado y afín sentí su mano apoderarse de mi verga , apretándola fuertemente , comenzándome a masturbar , mientras yo a su lado , me saciaba con sus pechos y aprovechaba de sacarle su última prenda , dejándola completamente desnuda.

A su lado, tocándonos suavemente nuestros sexos, luego de manosearle detenidamente su mojada concha, me monté sobre ella. Maricela con sus ojos cerrados, abría sus piernas alojando a su vecino entre ellas, respirando muy agitadamente sabiendo que sellaríamos nuestra infidelidad.

Tan solo con sentir la humedad de su concha, sobre la punta de mi verga, presione y entré con todo dentro de su cuerpo, sintiendo como se estremecía al sentir una verga muy distinta a la de su marido, llegando hasta lo más profundo de su cuerpo, apretándome fuertemente.

Al fin tenia a mi vecina desnuda entre mis brazos, con mis manos aferradas a su enorme culo mi cuerpo presionaba contra el de ella, enterrándosela fuertemente, sacando de inmediato gemidos de placer que inundaron todo el cuarto. Sin tregua mi verga entro una y otra vez en el cuerpo de mi vecina, dándole una follada espectacular. Me encantaba su cuerpo, las dimensiones de su culo me volvían loco, se lo apretaba fuertemente, sin importarme si le quedaran marcas de nuestro desliz.

Girándonos sobre la cama, fue ella la que quedo sobre mí, besándome apasionadamente, mientras mis manos apretaban su enorme culo a mi antojo. Colocó sus rodillas en la cama y comenzó a moverse deliciosamente, de arriba abajo, enterrándose mi verga, mientras sus enormes nalgas se movían, sonando como si estuviesen aplaudiendo con cada uno de sus movimientos, mientras sus tetas en mi cara eran chupadas con todas mis fuerzas. Luego se incorporó quedando completamente sentada sobre mi verga, con los ojos cerrados, su boca abierta jadeando, mí enorme vecina subía y bajaba enterrándose mi verga, agarrándose ella misma las tetas.

Era notable su peso sobre mi cuerpo, pero eso me gustaba más aun. Sus tetas colgando, su vientre algo abultado, su sexo peludo, muy distinto a la siempre bien rasurada concha de mi mujer, y su enorme culo sobre mi cuerpo, que sobresalía de lado a lado, realmente era exquisito. Varias veces estuvo a punto de hacerme acabar, con tanta presión sobre mi verga, pero logre aguantarme.

Luego de tenerla un buen rato así, le pedí que se colocara en cuatro patas, que me moría por ver su enorme culo en pompa. Le daba algo de vergüenza escucharme hablar así tan directo, pero de todas formas seguía mis instrucciones. Me pare a los pies de la cama y vi como ese enorme culo iba adoptando la posición solicitada.

Era un espectáculo realmente divino. El culo más grande de mi vida, de dimensiones descomunales ahí, delante mío, todo para mí. No me pude aguantar las ganas y comencé a besarle el culo como si en eso se me fuera la vida. MI vecina estaba nerviosa, jamás había estado tan expuesta o quizás con alguien tan degenerado como yo. Separándole las enormes nalgas le pase la lengua entre sus pliegues y hecho el culo hacia adelante, sintiéndose demasiado expuesta, pero tomándola de las caderas, la hice colocarse nuevamente como estaba y volví hacerlo. Se notaba nerviosa, pero se mantuvo como yo la quería. Mi lengua una y otra vez escudriño la intimidad de su ano, hasta que llegó a sentir como mi lengua trataba de introducirse en ese estrecho agujero que había utilizado hasta ese momento solo para defecar. Mi cara aprisionada entre sus gigantescas nalgas y mi lengua sacándole placeres nunca antes experimentado, hasta que intente meterle un dedo y ahí sí que se asusto y lo retiro completamente. La volví a colocar como estaba y comencé a comerle la concha, viendo como ahora si mi lengua hacia un efecto en mi vecina, la que de inmediato comenzó a quejarse. Una y otra vez, mi cara metida entre su nalgas, devorándole el mega culo a mi vecina, ese enorme culo que su marido ya solo lo acariciaba con cariño, mientras yo me lo engullía morbosamente.

Me levante, y tomándola de sus anchas caderas, vi como mi verga se perdía en sus voluminosas carnes, entrando por su concha hasta dentro, sacándole un fuerte grito mescla de dolor y placer. Como un perro en celo, aferrado a esas ancha caderas le di con todo, golpeado fuertemente mi cuerpo contra su culo, que se movía gelatinosamente amortiguando mis embestidas. Con furia le di y le di a mi vecina que ya no gemía, sino mas bien gritaba con la cogida que le estaban dando, hasta que sin poder aguantarse mas y escandalosamente comenzó a acabar gritando como si la estuviesen asesinando, echando el culo hacia atrás y dejándolo ahí con mi verga enterrada hasta el tope.

Aun sin acabar, por mucho rato me mantuve detrás de ella, jugando con su culo, metiéndosela suavemente, sacándosela por completa y volviéndosela a meter lentamente hasta el fondo, en esa estilante concha que ya no presentaba ninguna resistencia.

Mi vecina cayo de boca sobre la cama, con sus piernas abiertas, mostrándome en todo su esplendor su más grande cualidad. Sus nalgas carnosas desparramadas sobre la cama, mientras yo de pie , orgulloso de mi actuación, no perdía detalle de las carnes de mi vecina , sabiendo que solo me quedaban dos horas más para disfrutar del abundante cuerpo de mi vecina.

Tal como estaba, me subí a la cama y me deleite con su culo, besándoselo, mordiéndoselo, amasándoselo, confesándole lo mucho que me gustaba y las ganas que había tenido de tenerla así. A ella le gustaban mis caricias y solo me pedía que no la fuera a morder muy fuerte como para dejar alguna marca que la delatara. Le separé los cachetes y nuevamente mi lengua comenzó a entregarle placer, confesándome ahora ella que jamás había disfrutado tanto y que nadie le había comido el culo antes.

Me senté sobre ella, y comencé a jugar con mi verga entre sus enormes nalgas, restregándola, dejándola aprisionada entre ellas, masturbándome con ellas, hasta que abriéndoselas quedó su ano expuesto y como jugando se lo comencé a restregar ahí, diciéndole que me gustaría ver si por ahí también le entraría. Ella se rió y me dijo que ni loca, que la tenía muy grande y que ella era muy estrecha, pero no tuvo problemas de que jugara con la punta de mi verga y su estrecho agujero.

Me acosté a su lado, ella ahora ya no tan nerviosa, ya no había nada que hacer, el pecado estaba consumado y solo quedaba disfrutarlo. Se apoyo en mi pecho y con su mano me acariciaba los pelos de mi verga, las bolas y lo tomaba de la base dejándolo parado, diciéndome lo grande que lo tenía. Muy suavemente me comenzó a masturbar hasta que tímidamente fue bajando la cabeza y sentí como mi verga entraba a su boca, dándome una suave pero deliciosa mamada. Acostado de espalda, solo acariciándole los cabellos deje que mi vecina se deleitara con mi verga en su boca, siempre suave, haciéndome cariño en los testículos, sintiendo su lengua jugar con la punta de mi verga. Pero no podía desaprovechar la oportunidad de tener nuevamente ese culo en mi cara. La hice montarse sobre mí, y que me colocara su concha en la cara, en posición 69. Toda mi cara quedo sumergida entre sus grandes carnes y mi lengua recorrió todas sus partes, usando mis manos para abarcar todo su culo, separarle las nalgas, abrirle su concha y meterle la lengua lo más adentro que alcanzaba, notando como su mamada se hizo más fuerte, cada vez me apretaba mas la verga y a ratos se la sacaba de la boca para quejarse de placer escandalosamente mientras yo le separaba las nalgas y le pasaba la lengua por todos lados. Al rato entre quejidos me pedía que parara, que la iba hacer acabar, pero al contrario, con más ímpetu mi lengua. Casi arrancando se salió de la posición se salió de encima mío, diciéndome que le daba vergüenza acabar asi.

Se acostó sobre mí, cargándome todo su peso, me besó apasionadamente, mientras yo no dejaba de agarrarle las nalgas a mi antojo, diciéndole lo mucho que me gustaba. Se reía, disfrutaba como una niña mis caricias dejándose manosear, diciéndome que nunca la había follado tan rico como lo había hecho yo. Bajó y me volvió a chupar con muchas ganas. También me confesó que a su marido no se lo hacía porque le daba asco, mientras que conmigo no sabía que le pasaba y que le gustaba mucho sentir mi verga en su boca. Se rió cuando le pregunté si le gustaría que acabara en su boca y me dijo que no, que prefería que se la echara adentro de ella.

Nuevamente se subió sobre mí, pero esta vez dándome la espalda, dejándome a la vista su enorme culo subiendo y bajándose enterrándose mi verga. Al poco rato ya gemía de placer nuevamente. Luego yo arrodillado tras de ella nuevamente en cuatro patas le di con todo, fuertemente me la comencé a coger, afirmado de esas enormes caderas que fácil podían llegar a un metro de ancho , sin tregua , una y otra vez mi verga se perdió entre sus carnes golpeándola fuertemente consiguiendo que se viniera nuevamente y cuando yo estaba a punto de acabar , la saqué y me vine copiosamente entre sus nalgas , derramando mi leche entre sus generosas carnes.

Quedó de boca sobre la cama y yo acostado a su lado. Con mis dedos jugué con mi semen entre sus nalgas, repartiéndoselo por todos lados. Cansada pero completamente satisfecha descansamos un rato y ya cumpliéndose la hora, caminó desnuda al baño, moviendo su enorme culo de lado a lado para darse una ducha rápida , prestando especial atención a no mojarse el pelo para no ser descubierta.

Abandonamos el motel, la dejé en su auto , despidiéndonos rápidamente con un suave beso. Me dí una vuelta a petición de ella para no llegar juntos y cuando llegue a casa, ahí estaba su marido regando el jardín , saludándome muy amablemente sin saber que hace poco rato atrás , su culona mujer , había sido completamente mía …

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