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Conociendo al señor Manuel V

La naturalidad entre ambos iba creciendo, aunque es cierto que el señor Manuel estaba siempre un poco tenso con José en casa, algo normal, y mi labor calmar y a darle naturalidad ante los ojos de nuestro vecino.

La comida fue algo tensa, el señor Manuel estaba nervioso, y mi marido se dio cuenta. Acabamos de recoger, y José se quedó a solas conmigo acabado de barrer.

– María. ¿Has notado que Manuel estaba muy raro hoy en la comida?

– Claro que lo he notado. Yo creo que le da vergüenza lo que ha pasado, y no se atreve a mirarte a la cara como habrás comprobado. Le he contado también a él que te cuento todo lo que ha pasado, aunque no sé si lo cree del todo.

– Creo que tengo que hablar con él.

– José, por favor, ten cuidado. No sé si esto se nos está yendo de las manos.

– Tranquila, las cosas mejor hablarlas. No te preocupes.- Y salió de la cocina directo al baño.

Al terminar de fregar el suelo, vi que José se había sentado en el salón a ver la tele con Manuel, y yo me fui a lavar los dientes y ordenar los cajones. Desde allí podía medio escuchar la conversación, y mi marido no perdió tiempo en ir al grano.

– Bueno, amigo. Esta noche parece que por lo menos no hizo el bochorno y la tormenta posterior, así que María no habrá pasado miedo.

– Pues sí, al menos truenos no hubo, pero este calor no para. Mi piso es más fresco por la orientación, y eso se nota.

– Es verdad, en invierno es más frío el suyo, pero en verano lo debe agradecer.

– A ver si el próximo verano, os venís a casa algún día, y así descansáis mejor.

– María se va a poner muy contenta, con lo que le quiere.

Se hizo un silencio.

– Y yo a vosotros también os quiero mucho.

– No se ponga tan nervioso Manuel. Ya estoy al tanto de todo, Maria y yo nos contamos todo.

Se hizo un silencio nuevamente.

– No sé lo que ha pasado, perdona, José…. – Dijo nuestro vecino tartamudeando con la voz temblorosa.

– Manuel, no tiene que darme explicaciones, yo le di permiso a María, y ambos le tenemos mucho aprecio. Yo también disfruto con ello, aunque pueda parecer un cornudo, pero viniendo de usted, lo veo con naturalidad. Usted no es cualquiera.

– Pero esto no está bien, José…

– ¿Qué es lo que no está bien? Que la gente se quiera, y se confíe en la familia. Usted es algo más que un amigo, y se merece mucho cariño, algo que María está encantada de darle, y es como uno más de la familia.

– Ya, pero…

– Ni pero ni nada. Aquí la que manda es María, y si ella nos pide cariños… ¿O es que a usted no le ha gustado lo que ha pasado con ella?

– Claro que me ha gustado, pero es que me parece una situación tan fantasiosa e irreal.

– Irreal creo que para nada. Yo tampoco lo hubiera pensado, pero creo que, conociendo a María, y el aprecio que le tenemos, la situación es muy bonita, y debe quedar entre nosotros.

– Pero me da mucho apuro, no quiero hacer nada que os m*****e, ya que no tengo familia cercana, os siento como mi única familia.

– Tranquilo, será María la que lleve la situación. Solo quería que se relaje. Ahora le dejo ver la tele tranquilo, y yo voy a la habitación a descansar un poco más… Ya me entiende.

Yo estaba escuchando desde el baño muy nerviosa. Sudaba, y no precisamente de calor.

José me hizo un gesto que iba a la habitación, y yo acabé de recoger el cajón antes de ir. Primero entré en el salón, y di dos besos a Manuel haciéndole una caricia en la cara.

– Descanse. Ve como le queremos y apreciamos mucho.- Y me dirigí a mi dormitorio.

Al entrar estaba José completamente desnudo y tumbado en la cama, así que me quité mi camisola, quedándome en tanga. Me tumbé junto a él, nos comenzamos a besar tierna y muy lentamente. Poco a poco sus besos bajaron por mi cuello, hasta llegar a mis pechos. Cerré los ojos, y me dediqué a sentir sus labios y lengua saboreando mi piel y pezones. Cómo me gusta relajarme y sentir caricias y mimos sobre mi cuerpo desnudo.

José metió la mano en el cajón, y sacó mi juguete mientras seguía besando mi pecho. Estaba frío, y al apoyarlo en mi pezon vibrando, mi cuerpo se estremeció de placer. Ummmmm, cómo estaba sintiendo con los ojos cerrados, no perdía detalle de cada vibración, beso, caricia…

El juguete frío fue recorriendo con su punta suavemente todo mi cuerpo, y sus vibraciones me provocaban cosquillas de placer. Mi respiración iba tomando fuerza al paso por puntos más sensibles.

La punta acariciaba mis piernas, y, no sé cómo, pero Jose ya me había quitado la tanga. El juguete comenzó a acariciar alrededor de mi sexo, y notaba como me estaba mojando más y más. De pronto me introdujo un dedo en mi vagina sin ninguna resistencia, y acariciando mi punto G, el juguete lo subió hasta mi clítoris. Estaba totalmente entregada a su juego. Abrí mis piernas y me dejé hacer. Cuando me di cuenta, el placer era inmenso, y tenía cuatro dedos en mi interior. Intentó meter la mano, pero le paré, eso necesita tiempo, y me dolía, así que siguió un rato más con los cuatro dedos. Me tenía a punto de explotar. Entonces sacó los dedos, e introdujo el juguete, y mientras un húmedo dedo tocaba mi clítoris. Estaba tan excitada, que ya me dejaba hacer lo que quisiera.

Apoyó la punta del pene en mi culito, y sin darme cuenta había metido la cabeza de su polla en mi culito, que se abría y cerraba de placer. De pronto mi cuerpo explotó en un tremendo orgasmo, y José estaba tan excitado, que los latidos de mi ano sobre su glande le hicieron explotar en la entrada, sin haber tenido tiempo de introducir del todo su dura polla.

Nos quedamos tumbados uno al lado del otro, mientras yo me limpié con una toallita su semen, que salió fácilmente al correrse a la entrada, y rápidamente mi marido se durmió placidamente.

Cerré un poco la puerta del dormitorio, y para no hacer ruido, me fui al baño que usaba Manuel a lavarme. Al entrar, allí estaba nuestro vecino haciendo un pis, y sin ningún tapujo, me senté en el bidé a lavarme mi ano completamente desnuda.

– No se preocupe, siga a lo suyo. Que José duerme la siesta.

– No puedo, contigo así me pongo nervioso y no me concentro.- Me susurró bajito para no hacer ruido.- Y dejó lo que intentaba hacer.

Cogí una toalla pequeña, me sequé mis partes, y luego mi culo, dándole la espalda, y abriéndolo bien para secarlo.

– No se asuste, se corrió en la entrada de mi ano. No me mire así. Jugando con calma, el culo es muy placentero.

Y salí del baño para ponerme algo.

Tengo que reconocer que tenía muchas ganas de que llegara la noche, y ver si podía darle algo de cariño a Manuel.

(Continuará)

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