izmir escort bursa escort izmir bayan escort istanbul escort antalya escort izmir escort bayan izmir escort bursa escort bursa escort kızlar istanbul escort bayan gaziantep escort istanbul escort istanbul escort kızlar

Conociendo al señor Manuel I

Estuvimos durmiendo un buen rato, hasta que el señor Manuel se levantó para ir al baño, momento que yo también aproveché para acudir al aseo.

El señor Manuel entró a la cocina, para beber agua y sofocar un poco el calor de la noche, y yo me acerqué desnuda con idea de hacer lo mismo. Allí estaba él, con su pantaloncito de pijama de espaldas a la puerta. Me acerqué sin ningún pudor, y cogí la botella de agua fría para servirme un poco en otro vaso. Estaba completamente desnuda, junto a él. Le noté nervioso, intentando mirarme a los ojos.

– María. Esto que hemos hecho no está bien.

– Yo creo que ha estado muy bien. ¿Es que no le ha gustado?

– Me ha encantado. Nunca había hecho algo así, pero qué va a decir tu marido si se entera de esto.

– Ya le he dicho que muchas veces hemos fantaseado con algo así, y no hubiese consentido que yo hubiera hecho algo con otro hombre, pero con usted él no piensa lo mismo. Ya sé que es difícil de entender, pero hágame caso, y confíe en mí.

– No sé, María, pero no me siento bien.

– Usted no piense, y, de verdad, que solo puedo darle las gracias por estar en nuestra casa, y tanto José, como yo, somos muy felices por tenerle cerca.

– Sois muy buenos conmigo, pero entiéndeme, María, no acabo de comprender lo que dices.

– Manuel, usted no piense, esté tranquilo, y ahora debemos seguir descansando, pero cada uno en nuestra cama.

Me acerqué a él, y le di dos besos a la vez que me abrazaba a su torso desnudo, pudiendo sentir como mi cercanía volvía a aumentar ese bulto en su pantalón. Y acto seguido me fui andando delante de él hacia mi dormitorio.

Me metí en la cama, y con la semioscuridad de la noche y la poca luz de la calle que entraba por la ventana, intenté dormir. El señor Manuel en muy poco tiempo estaba roncando, pero yo no dejaba de darle vueltas a lo sucedido, y no conseguía caer dormida. Aproveché para en silencio masturbarme de nuevo, pero sin poder conciliar tras este silencioso orgasmo.

Ya estaba casi dormida del todo, cuando llegó José del trabajo. Sentí como entraba en la cocina, y me acerqué a recibirle. Entré a la cocina, y allí estaba sentado, con los pies ya fuera de los zapatos, y bebiendo un trago de agua. Al verme entrar desnuda, sus ojos se abrieron a más no poder con una gran sonrisa en su cara, y sentándome sobre sus rodillas, le di un beso pasional descargando mis nervios al juntar nuestras lenguas.

– ¡Uy! Aquí ha pasado algo… – dijo José.

– Calla, y te cuento en la cama.

Nos fuimos al dormitorio, y yo estaba hecha un manojo de nervios. Sentados en la cama, en la penumbra del cuarto, le fui contando paso a paso todo lo sucedido, y, al acabar, hubo unos segundos de silencio, que a mí se me hicieron eternos. José se levantó, sin decir nada, se quitó la camisa, la apoyó en una butaca que tenemos, y continuaba sin decir palabra. Yo estaba viniéndome abajo, sintiéndome sucia y una mala esposa, y con los ojos a punto de soltar lágrimas. Se quitó el pantalón y el bóxer dándome la espalda, mientras continuaba sin decir nada, Ya no podía contener las lágrimas, cayendo por mi rostro. Rápidamente se dio la vuelta, y apoyando una mano sobre mi hombro, me hizo caer de espaldas sobre la cama, abalanzándose sobre mí, y sin darme tiempo a reaccionar, me dio un morreo, a la vez que podía sentir su miembro duro como una piedra pidiendo guerra. Se colocó entre mis piernas, y una mano recorría mi nuca mientras me besaba, y la otra mi cuerpo.

– Cómo te quiero, María. Eres la mejor mujer del mundo.

Esas palabras me llenaron de emoción, y ahora mis lágrimas eran de ternura y amor hacia mi marido. El miedo se había disipado por completo, y me dejaba llevar por la pasión de José.

No recuerdo cómo sucedió, pero su polla estaba bailando dentro de mí, mis jadeos iban tomando intensidad, e hicimos el amor con ternura y pasión perdiendo la noción del tiempo que estaríamos besándonos y sintiendo su pene entrar y salir de mi húmedo sexo. Explotamos ambos a la vez, quedando rendidos en la cama uno junto al otro. Nunca olvidaré esa sonrisa y ternura de los momentos posteriores, y como me dio las gracias José por lo que había hecho, durmiéndose con una gran sonrisa. Así permanecí un rato junto a él, observándole, y disfrutando la imagen de cómo descansaba.

Me levanté, bajé la persiana del todo, y fui a lavarme un poco en el bidé. Al salir, me acerqué a la cocina para saciar la sed y el calor. Ahora la claridad de la mañana inundaba la casa Al volver, me detuve frente a la habitación del señor Manuel. No roncaba, y estaba tumbado con los ojos abiertos. Entré, me acerqué a él, sin ninguna vergüenza de que me viera desnuda, y me senté en el borde de su cama.

– Imagino que nos ha escuchado hacer el amor.

– Sí que os he oído, y me alegro mucho de que os queráis tanto. Me siento tan mal por lo sucedido.

– ¿Sabe qué ha pasado?

Me miró con ojos de sorpresa.

– Le he contado lo sucedido esta noche, y tenía que ver lo feliz que le he hecho, y con que dulzura y pasión me ha hecho el amor. Me ha dado las gracias, y dice que soy la mejor mujer del mundo. – Contándoselo con una sonrisa de tonta que no podía disimular.

– No sabes el peso que me quitas de encima. Aunque no lo entiendo que esto os haga tan felices, pero, solo verte esa cara de felicidad, merece la pena.

– Muchas gracias, Manuel.- Y me abracé a él, echándome encima suyo.

– ¡Pero Manuel!- le dije con una sonrisa y susurrando.- Si está su paquete contento de nuevo.

– Perdona, no sé qué ha pasado. Vete a descansar un poco más, que esto baja solo.

– No señor, si yo he provocado esto, yo también lo bajo.

El señor Manuel se quedó boquiabierto sin saber qué decir, y sin darle tiempo a que pronunciara palabra, saqué su polla del pantalón, y la empecé a acariciar.

Susurrándole al oído, le dije:

– Aquí a mis hombres se les acabó el desahogar solos.

Suavemente, comencé a acariciar su miembro, contemplándolo en todo su esplendor, y bajando un poco más su pantalón, dejé sus huevos también al aire.

Mi mano acariciaba sus suaves y grandes testículos, y mi otra mano recorría sus pechos, y con los dedos ponía duros sus pezones. Su polla estaba realmente hermosa, y, mojando de saliva mis dedos, comencé a acariciar su punta. Su pene estaba enorme, y a punto de explotar, así que la agarré con fuerza y comencé a subir y bajar mi mano, cada vez más rápido, hasta conseguir lo que andaba buscando. Aquel enorme miembro comenzó a escupir su maravilloso semen. Se sentía tan rico sus latidos en mi mano, dejando toda su barriga con unas cuantas gotas de su blanco líquido.

Cogí la camiseta del pijama que estaba en el suelo, y limpié todas las gotas con suavidad, mientras mi mano no soltaba su miembro que aún tenía algún pequeño latido. Me agaché, y di un beso la punta de su pene, pasando la lengua por su agujerito, pudiendo saborear la última gota que asomaba. Subí hasta su cara, y le di un pequeño beso en los labios.

– Ahora descansa un poquito más.

Y salí de su cuarto con la sensación de hacer felices a mis dos hombres.

(Continuará)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Bienvenidos al sitio oficial de historias sexuales! Durante más de dos décadas, hemos sido los líderes en historias porno hardcore anal cuentos de sexo. Con un amor por todas las cosas culo, sexrelatos.com te trae la mejor anal lesbiana, grandes tetas Milf relatos, follando culo interracial, hardcore películas de doble penetración, inserciones extremas, y mucho más.