Club sexual, primer encuentro.

Esperaba que mi idea sobre un club sexual arrancará. Y de qué manera lo hizo.
Por supuesto, mi historia guardará los mismo lineamientos que el club tiene: anonimato, sexo sin complicaciones ni ataduras de ningún tipo.
Así, dar inicio con este club fue que yo y esa “F” (en realidad ni siquiera intercambiamos nombres) decidimos encontrarnos en un hotel al sur de la CDMX.
Acordamos vernos el martes por la tarde. Sugerí un hotel que conozco y es de completa seguridad y que no está nada mal. Sirve para los propósitos de este club.
Llegué 10 minutos antes de lo acordado, para no hacer esperarla y que todo marche conforme a lo que fantaseamos.Entramos al hotel y después de pedir cuarto, nos dirigimos ya con ganas de iniciar. Al menos yo ya podía imaginar esos senos debajo de la blusa que F llevaba. Puede parecer raro, pero no platicar nada personal de cada uno, salvo cosas triviales como el tráfico o el clima, no hace sino aumentar la tensión sexual. Me di cuenta que, mientras más desconocido, más excitante.
Estando dentro, inmediatamente la sujeté por la cintura y comencé a besarle el cuello y restregar mi verga en sus nalgas, porque para ese momento, yo comenzaba a ponerme a mil.
Sin entrar en detalles, las mujeres de su edad aproximada me ponen super caliente, más la situación de ser desconocidos, yo ya estaba erecto, con mi verga queriendo salir.
Nos besamos con la ansiedad y la necesidad que procuramos experimentar, mientras yo agarraba sus senos grandes y me inclinaba para sentir con mi boca un perceptible calor de su entrepierna. Me calienta esa situación: el calor de una vagina queriendo esconderse detrás de la tela de su ropa interior, mientras pongo mi boca, contribuyendo apenas a humedecerla. Mientras beso su vagina por encima no puedo dejar de desear comerla por completo. Pero aún no es momento.
Así que decido levantarme para procurarme sus senos, los cuales ya están libres, por voluntad de F, al parecer. Lamer esos pezones endurecidos y saborear con desesperación sus tetas eran mi necesidad.
Ahora era turno de F ir a buscar mi pene, endurecido por sus manos. Se agachó, lo besó por encima de la ropa solo para inmediatamente quitarme la ropa y llevárselo a la boca. Comenzó a tragársela, mientras la lamía. Que rico oral me estaba dando porque su lengua relamía de arriba a abajo, para terminar de vez en cuando en un ligero mordisqueo de la cabeza. Eso no hacía sino prenderme más.
No quería terminar aún, asi que levantando a F, la llevé hasta la cama y la recosté (ni siquiera habiamos pasado de la entrada, jaja). Queriendo probar otra esa vagina, ahora sin ninguna barrera, le quité su falda, sus medias y su panti negra de encaje. Comencé a besar sus piernas, recorriendolas hasta llegar a ese vagina velludita y chorreante. La comí nuevamente, separando sus labios para que mi lengua jugara con su entrada y su clítoris. Mientras, mis manos procuraban alcanzar sus senos, acariciarlos y presionar su pezón endurecido. Acerqué mis dedos a su boca, para que los llenara de su saliva y los encaminara hasta su vahina. Ahora, mi lengua chupara su clítoris mientras que mis dedos acariciaban por dentro a su vagina.
Así continué, procurando saborear mis ricos jugos, directamente de su vagina o relamiendo mis dedos recién salidos de su cálida vulva.
F comenzó a moverse más rápido, así que mis dedos entraban y salían más y más rápido, hasta que me tomó de la cabeza y la apretó contra su vagina, al tiempo que me sujetó con sus piernas: “más rápido que ya me vengo, papi”
Que ricos líquidos recibí en mi boca.
Ella se tumbó sin fuerzas, pero mi verga estaba a mil, así que se la acerqué hasta su boca para que me la comiera. Sin dudarlo, ella se la llevó hasta su boca, me agarró de las nalgas y me marcó el ritmo que ella quería. Estaba a punto de venirme y así se lo hice saber, pero ella me dijo “todavía no, quiero que me la metas” para que a continuación me tumbara a un lado, siguiera mamandomela y finalmente sentarse sobre mi. Jugó un poco con ella, se la restregó en sus labios, me puso un condón y se la metió.
Que rico me montaba, primero lento y después rápido, dando movimientos circulares y de nuevo, un metesaca veloz.
Yo lo estaba disfrutando tanto, que por eso me levanté un poco para alcanzar esas tetas que brincaban frente a mi. Las comía con desesperación hasta que ella se las agarró y dejó mi cabeza en medio de ellas. Que rica forma de ahogarme.
La tomé por la cintura y la volteé para que ahora ella quedara abajo.
Levanté su pierna izquierda y la acomodé en mi pecho, me acerqué y se la metí. Primero lento, después tan rápido como podía.
A punto de venirme, la saqué, me quité el condón y acabé en su estomago hasta quedarme vacío.
Me dejé caer a un lado, exhausto.
“Que rico me la estoy pasando” Igual yo, le respondí.
Nos acercamos para besarnos, pero ahora lentamente, como si tuviéramos años de conocernos,
Tan lento que no nos dimos cuenta que ya queríamos otra vez.
“Vas a ver como ahorita hago que se levante” me dijo.
Y lo hizo.
Su lengua era tan hábil que no tardó en estar parado mi pene.
Entonces, tomó otro condón, me lo puso y se volteó, dándome la espalda.
Se sentó sobre mi, para meterse por completo mi verga.
Ver como sus nalgas revotaban al subir y bajar me tenía super caliente.
Siguió subiendo y bajando hasta que se cansó, y sin sacárselo, se acomodó de tal forma que se recargó en sus brazos. Mientras, yo alcanzaba a ver esas nalgas que me prendían tanto y tenía que contemplarlas de cerca.
Creo que ella lo intuyó, porque quería otra vez besar sus piernas hasta llegar a sus nalgas, pero ella se puso en cuatro, ofreciéndome esa vagina ansiosa por más verga.
Y yo igual de ansioso por metersela.
Y mientras la penetraba, no podía dejar de abrirle sus nalgas y acariciarlas, mientras apenas rozaba con mi pulgar su ano, que se fruncía con cada toque.
Me dieron más ganas de abrirlo poco a poco, para después metersela por allí, pero mejor para la próxima vez que nos veamos.
Porque habrá segunda vez.
Ella un poco fatigada, solo quedaba con sus nalgas levantadas, disfrutando de cada embestida, mientras recargaba el resto de su cuerpo en la cama.
Así que con mi mano izquierda crucé y cintura y busqué su clítoris, para acariciarlo.
Cuando ya quería venirme, le dije que ahora acabaría en su espalda y nalgas, pero se volteó y me dio una mamada, para terminar de venirme en su boca y sus tetas.
Que rico nos la habíamos pasado.
Descansamos un poco antes de decidirnos a vestirnos y salir.
Salimos del hotel y nos despedimos con un beso pequeño.
-Nos vemos la próxima-
-Claro que sí-
-bye-

Ojalá que el resto de las experiencias que nos dé este club sea igual de satisfactorio.

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