Cambio de imagen, cambio de vida 9

Ya hace dos semanas que me he incorporado a mi nuevo puesto de trabajo, tiempo que he estado muy ocupado para ponerme al día, entre que salgo temprano de casa y regreso cerca de medianoche mi mujer me ha insinuado que si tenía una amante, comentario que le contestaba diciéndole que no, que ella es la única mujer de vida, y acto seguido me la follo, aunque estuviera cansado, ya que para tener a mi mujer contenta después de haber aceptado este ascenso me puso una sola condición, que quería sexo casi a diario, una imposición difícil de rechazar.

Son las 10 de la mañana y la oficina está en pleno ajetreo, ya que hoy tenemos la visita de un par de fundadores de la empresa, y como siempre suele pasar han avisado con el tiempo justo, que considerados. El reloj de la recepción marca las 11:30 , y es en ese instante cuando llegan los jefazos, un par de hombres entrajados, de unos 60 años cada uno, o sea, unos jefes de la vieja escuela, detrás de ellos un par de mujeres de unos cuarenta y pocos, no sobresalen en exceso, morenas las dos, una el pelo corto con un vestido ajustado, la otra con el pelo largo y un conjunto de traje y americana entallado para resaltar su silueta.

Empezamos la reunión, a la cual asistimos Montse, nuestra secretaria Maria, nuestros jefes, sus respectivas acompañantes y yo, la reunión se alarga durante un par o tres de horas, tiempo en que repasamos todo tipo de papeleo, paramos un par de veces para tomar café, momento en que nos enteramos que las dos acompañantes que creíamos eran las secretarias personales son en realidad sus esposas, cuesta de creer ya que ellas están de muy buen ver y ellos se ven bastante viejos en realidad, seguimos con la reunión hasta la hora de comer, momento en que aprovechamos para relajarnos un poco más, nos comentan que se quedaran a dormir en un hotel cercano a la oficina para mañana a primera hora irse y que les apetecería invitarnos a cenar junto con nuestras respectivas parejas, tanto Montse como yo nos sorprendemos pero accedemos con mucho gusto.

Al poco le envió un mensaje a mi mujer para decirle que mis jefes nos han invitado a una cena, que venga sobre las 21:00 a la oficina arreglada y lista para ir a cenar, un simple OK de respuesta suena en mi móvil.

La jornada de trabajo ya está llegando a su fin, la tarde no se ha hecho tan pesada como creíamos, todo y un par de incidentes personales entre los jefes y sus esposas con unos cuantos reproches entre ellos, provocados por unas copas de más a la hora de comer.

Sobre las 20:00 mis jefes y sus esposas se fueron hacia el hotel para arreglarse, Montse por su parte eran la 20:15 que también se iba a casa a arreglarse. Yo no tengo tiempo de ir a casa, por suerte siempre dispongo de un traje y una camisa limpia en la oficina por si surge algún imprevisto como el de hoy. Mi móvil suena, es mi mujer.

– Cariño ya he llegado, estoy abajo en el parking, espero a que bajes?
– No, sube a la oficina, estoy solo terminando de arreglarme, además es pronto.

El ascensor se para en la planta, y Verónica sale al rellano, mis ojos no pueden evitar repasar cada centímetro de su cuerpo. Unas botas negras de caña alta hasta las rodillas, medias de rejillas muy fina, una falda de cuero negra, una blusa de seda roja abrochada lo justo para dejar ver un gran escote, un maquillaje nada cargado, solo los labios bien perfilados con un color carmín, y los ojos por una fina raya negra, el pelo medio alborotado termina un luc muy sexy.

– Veo que he acertado de lleno, jejejejeje.

Vamos al despacho para terminar de arreglarme, entro yo primero seguido de mi mujer. Una pregunta sale de su boca.

– Seguro que estamos solos del todo?
– Si, hace ya casi 10 minutos que no queda nadie más.

Sus manos me envuelven de repente, y un susurro llega a mi oído, “estate quieto, que te voy a desvestir y vestir”. Sus manos recorren mi torso y empieza por retirarme la americana, va dando vueltas a mi alrededor con el índice en todo momento apoyado encima mío, se detiene delante, me afloja el nudo de la corbata y la saca, sigue desabrochando los botones de la camisa y termina por sacarla, vuelve a dar vueltas a mi alrededor, mi respiración se acelera, me está excitando mucho. Verónica se detiene nuevamente delante mío pero esta vez de espaldas a mí y apoyándose encima mío, empieza a contorsionarse y se agacha para desatarme los zapatos, frotando en todo momento su culo contra mi entrepierna, me saca los dos zapatos y antes de incorporarse se levanta la falda para que pueda ver que no lleva ropa interior.

Verónica se incorpora acercándose a mí, provocándome, sus labios están a menos de un centímetro de los míos, nuestras respiraciones se mezclan mientras sus manos empiezan a desabrocharme los pantalones, en pocos instantes están desabrochados, y una de sus manos empieza a acariciar y a masturbar mi polla que ya está bien tiesa y dura, mientras sigue masturbándome me besa y muerde los labios, haciendo que mi excitación aumente más, me tiene extasiado.

Mi polla palpita dentro de su mano mientras no para de moverse, sabe que me tiene en su poder y que puede hacer con migo lo que quiera, me acelera y para, me acelera y para, no quiere que me corra, su intención es tenerme tanto tiempo como le sea posible con la polla dura y tiesa, un pequeño suplicio para mí y un juego muy excitante para ella.

De repente veo en la pared como el reloj marca ya las 21:00, mi mujer se da cuenta de ello y me suelta la polla, se aparta de mí y se sienta en la mesa con las piernas abiertas para que pueda ver su coño bien abierto y mojado.

– Empieza a vestirte, sino llegaremos tarde a la cena. Y ya te aviso que hoy tengo mucha hambre.

Mi primer instinto es lanzarme contra ella para follármela en ese instante, pero ella me detiene, mientras veo como saca del bolso una cosa, reconozco lo que es, son unas bolas chinas que hace tiempo que compramos, además estas vibran y se controla con un pequeño mando a distancia. Mi mujer se introduce las bolas chinas el coño y se levanta, se acerca hasta donde cuelga mi chaqueta e introduce el mando a distancia en el bolsillo mientras me mira con cara de perversión y dice.

– Espero que me tengas bien caliente durante la cena, mi coño tiene mucho apetito y no se conformara con poca cosa.

Termino de vestirme, y me coloco la chaqueta, meto mi mano en el bolsillo y agarro con fuerza el mando, a partir de ahora seré yo quien llevara el control durante la cena, literalmente. El ascensor se abre, entramos para bajar y dirigirnos al restaurante del hotel donde nos esperan para cenar, mi mano no deja apretar el mando pensando en lo que controla y donde está metido, seguro que esta cena será de lo más agradable.

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