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Cambio de imagen, cambio de vida 10

La oscura noche se cierne sobre nosotros, los 500 metros que separan el bloque de oficinas del restaurante se convierte en una agradable caminata bajo las luces de las farolas y el leve resplandor de la luna. La silenciosa calle solo se ve alterada por el sonido de los tacones de las botas de mi mujer que anda pausadamente pero firme, de repente un ligero zumbido casi imperceptible coincide con un leve tropezón por parte de mi mujer que se agarra a mí con fuerza, mientras me mira con una mirada llena de lujuria. Dentro de ella las bolas han empezado a vibrar, provocándole de inmediato placer que no intenta esconder.

– Te acuerdas hasta que nivel de potencia llegaban estas bolas?

Pero antes de que mi mujer pueda contestar subo al máximo el nivel de vibración de las bolas. Un grito jadeante recorre la calle al mismo tiempo que mi mujer se derrumba, arrodillándose, mientras su cuerpo entero se estremece de placer. El zumbido es más intenso, como si de un móvil se tratara, en mitad de la calle se aprecia con claridad, pero seguro que una vez dentro del restaurante será del todo inapreciable.

Bajo el nivel de vibración y lo dejo al mínimo, la respiración acelerada de mi mujer se calma recobrando un ritmo sosegado y tranquilo. Le ofrezco la mano para ayudarla a levantarse del suelo, se incorpora, y observo que el suelo justo en el mismo sitio donde se había caído de rodillas está muy mojado.

– No sé si has tenido tiempo de correrte, pero una cosa esta clara y es que tienes el coño muy mojado y chorreando. Seguro que si sigues así dejaras una gran mancha en la silla del restaurante.

– Me has dejados a medias y sí, tengo el coño que no para de chorrearme. Espero al menos que a lo largo de la velada me dejes correrme un par de veces. Y por lo que se refiere a la silla, casi seguro que terminara muy mojada y manchada.

Proseguimos el camino hasta el restaurante, una vez dentro esperamos apenas un par de minutos a que un camarero nos acompañe a la mesa que teníamos reservada. Al llegar veo como Montse ya se encuentra sentada en la mesa, se ha estirado el pelo, dejando que este le caiga ligeramente sobre el ojo derecho, un vestido corto de color rojo se ciñe sobre ella remarcando cada una de sus curvas, ni una sola arruga se marca en todo el vestido, de inmediato viene a mi mente la única respuesta para que un vestido como ese quede tan impecable, Montse tampoco lleva ropa interior.

Le pregunto por su acompañante y contesta que no ha podido acudir, que lo disculpen, hago las presentaciones entre mi mujer y Montse, momento en que aprovecho para palpar-le el culo y asegurarme de que efectivamente no lleva ropa interior, pero noto algo, juraría que es un plug anal, Montse termina de darle un par de besos a mi mujer y nos indica que nos sentemos a su lado, quedando yo entre ellas dos, Montse a mi derecha y Verónica a mi izquierda. Verónica se acomoda todo lo que puede a la silla, mordiéndose levemente los labios, e intentando reprimir sus instintos de coger y abrir las piernas para empezar a masturbarse al ritmo de las bolas que no cesan de estimularla.

De repente Montse me coge la mano, al tiempo que me susurra al oído.

– Sé que has notado lo que llevo puesto, pero este además también es vibrador con mando a distancia, ten y haz que esta cena sea lo más excitante posible.

En ese preciso instante llegan nuestros jefes con sus respectivas mujeres, nos levantamos y empieza una ronda de presentaciones y besos de saludos. Justo antes de que Montse tome asiento enciendo el mando que me ha dado provocándole un ligero salto y una leve risilla
.
La cena empieza con un consomé de marisco acompañado de un buen vino blanco, la conversación en la mesa es muy aburrida, ya que mis jefes no dejan de hablar de trabajo, y claro tanto yo como Montse hemos de estar por ellos, mientras tanto mi mujer entabla una cordial charla con sus esposas.

La cena me aburre y empiezo a jugar en serio con los mandos a distancia, empiezo a subir la potencia de las bolas de mi mujer, ella intenta mantener la compostura y las piernas juntas bajo la mesa, pero le cuesta, se apoya en la mesa con el brazo izquierdo mientras sigue hablando con las esposas de los jefes, mientras con la mano derecha empieza a acariciarse el coño.

Ahora subo la potencia del plug de Montes, una leve risilla se le escapa, haciendo que se contonee para sentarse justo en el borde de la silla, mi mano derecha se dirige en el acto por debajo de la mesa hasta su coño, empiezo a masturbarla, con la máxima discreción posible. Cuando empiezo a notar los dedos de mi mano mojados paro, y subo mas la potencia del plug.

Me inclino sobre mi mujer para hacer ver q le digo algo al oído y aprovecho para meter mi mono en su coño que ya esta sumamente mojado. Los flujos de ambas se mezclan en la palma de mi mano, pero mi mujer no esta tan excitada como Montse, subo aún más la potencia del plug, y veo como Montse aprieta fuerte las piernas, vuelvo meter mi mano en su coño, y le meto dos dedos enteros sin ningún esfuerzo. Terminamos el primer plato, me levanto, y me excuso para ir al servicio, detrás mío Montse, hace lo mismo.

Los servicios están al final de un pasillo, antes veo un par de puertas, son unos pequeños almacenes. Me escondo en uno de ellos, y espero a que Montse pase, la veo, avanza con paso firme, pero veo como cruza las piernas para poder controlar la excitación que le esta produciendo el plug.

La asalto por la espalda y arrastro hasta el almacén, sin que tuviera tiempo a reaccionar, y la empujo de cara a la pared. Le subo el vestido hasta la cintura y veo por primera vez el juguete q lleva puesto, un plug brillante de color azul turquesa se muestra en todo su esplendor, dejando oír un ligero zumbido que sale del culo de Montse. Me agacho y empiezo a lamerle el coño, chupando todo el flujo que tiene, Montse se estremece, esta excitadísima, subo al máximo la vibración del plug, sin cesar de chuparle el coño, esta combinación provoca un gran orgasmo en ella, haciendo que se corra en mi boca.

Me levanto, bajo la vibración del plug a la mitad, me acerco a ella y le susurró al oído:

– Será mejor que volvamos a la mesa, pero esto quiero que siga donde está.

Le paso la mano por el culo mientras le aprieto el plug para que lo note más intensamente. Montse no me contradice, en su cara se esboza una gran satisfacción por el orgasmo anterior mezclado con un gran deseo sexual.

Salgo del almacén y me dirijo al servicio a limpiarme las manos, y a enjuagarme la boca. Cuando regreso a la mesa Montse ya está sentada y me mira con una grata sonrisa. Tomo un par de sorbos de vino, y me inclino hacia mi mujer para poder preguntarle al oído como esta y de paso poder meter mi mano en su entrepierna.

Tiene el coño mojadísimo, empiezo a acariciárselo mientras entablamos una conversación con la dos mujeres de mis jefes sobre el hotel y el restaurante, mis caricias provocan en ella que empiece a excitarse de forma exponencial, paro unos segundos, los que necesito para poner sus bolas a la máxima vibración posible. Verónica casi no puede controlar la excitación q recorre todo su cuerpo, se incorpora levemente para poder sentarse en la punta de la silla y así poder abrir bien las piernas.

Mi mano ha vuelto a su coño y no deja de acariciarlo, en pocos segundos noto como una gran cantidad de flujo empieza a salir de dentro de ella, se está corriendo, al tener mi mano en su coño evito que un chorro salga disparado, haciendo que su corrida caiga al suelo.

Tan pronto ha terminado le digo al oído:

– Segunda vez que te corres hoy, y aún no hemos empezado el segundo plato. Te quedas con eso metido y así de fuerte, a ver
cuántas veces te corres hasta el final de la cena.

Empiezan a traer los segundos, seguimos con la cena que está muy caliente en todos sus frentes y sobre todo debajo de la mesa.

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